Jean-Jacques Annaud
82 añosPremios: Oscar (1) Ver más
El caso de Jean-Jacques Annaud es una singularidad en el cine francés. Su amor por la naturaleza, su pasión por la historia, el amor al arte, y una conciencia de que la aventura es la aventura, ha configurado una interesante filmografía en que arde la cinefilia por todos sus poros.
Jean-Jacques Annaud nació en 1943 en Juvisy-sur-Orge, Francia, y fue el hijo único de un ferroviario y una secretaria de dirección. No tener hermanos le convirtió en un niño peculiar que pasaba gran parte de su tiempo refugiado entre libros. Su amor absoluto por el cine se despertó muy a edad temprana, y quizá por la profesión de su progenitor, le marcó el visionado de la película de La batalla del raíl (1946), de René Clément.
Como le atraían las películas, estudió cine en la escuela técnica de Vaugirard y, posteriormente, se graduó en el prestigioso IDHEC (Institut des Hautes Études Cinématographiques) en París en 1964. Pero no se conformó con conocimientos técnicos, cultivó su pasión por las humanidades, y más específicamente por la historia y el arte, licenciándose en Historia de la Edad Media y Arte Medieval en la Universidad de la Sorbona. Sus conocimientos sobre el románico y el gótico terminarían definiendo gran parte de su identidad artística, y no extraña que la novela emblemática de Eco encontrara eco en él, o el drama del incendio de Notre Dame.
Annaud comenzó a foguearse profesionalmente a finales de la década de 1960 en el ámbito de la publicidad, un sector donde se convirtió en un realizador sumamente prolífico. Su talento en los anuncios comerciales fue tal que fue laureado repetidamente por sus spots, como “Les Chinois” para la casa de cubertería de lujo Chritofle y “Le ballet” para una marca de alimentación infantil.
Su salto al cine de ficción se produjo tras un encuentro clave: el director François Truffaut le presentó al productor Claude Berri, propiciando las condiciones para que pudiera sacar adelante su ópera prima. Su debut formal llegó con Blancos y negros en color (1976), inspirada en sus vivencias durante el servicio militar en Camerún. Esta cinta tuvo una carrera comercial accidentada y un sonado fracaso de taquilla en Francia en su estreno original bajo el título La victoria en Chantant. Sin embargo, el destino de la película dio un vuelco espectacular tras ser rebautizada y distribuida internacionalmente, hasta el punto de terminar ganando el Oscar a la Mejor Película en Lengua Extranjera, curiosamente no representando a Francia, que la ignoró por completo, sino a Costa de Marfil, al tratarse de una coproducción y haberse rodado en ese país.
A continuación Annaud dirigió El cabezazo (1979), una singular y ácida comedia negra ambientada en el mundo del fútbol que hablaba de la hipocresía pueblerina, del modo en que se consideran las agresiones sexuales y el mundo de la fama. Luego, a partir de la década de 1980, la trayectoria de Annaud destacó por su ambición formal, se trataba de producciones costosas y de espectacular lienzo, que podían competir de tú a tú con Hollywood, un poco en la línea de lo que más tarde haría también su colega Luc Besson.
Viajó a la prehistoria en En busca del fuego (1981) y luego a un medievo oscurantista con la aclamada adaptación de Umberto Eco, El nombre de la rosa (1986), historia de detectives y filosófica con unos sublimes Sean Connery y Christian Slater. Como adaptar una novela que combina semiótica, teología e intriga detectivesca parecía una misión suicida optó por descargar la versión fílmica de muchas elucubraciones intelectuales y potenciar en cambio la atmósfera visual y la estructura de thriller propiamente fílmicas. Si Eco no se quejó demasiado del resultado, muy distinta fue la reacción de Marguerite Duras hacia Annaud por la adaptación de su novela El amante (1992) Duras, autora de ego colosal con un estilo literario fragmentario, hipnótico e introspectivo, chocó frontalmente con la mirada carnal de Annaud. Ella quería que la película reflejara la literatura del silencio y la memoria en la Indochina colonial, pero el cineasta apostó por una fuerte carga erótica y un esteticismo visual apabullante que le disgustaron profundamente. El choque fue tan crudo que la escritora renegó del proyecto y publicó “El amante de la China del Norte” a modo de contrapropuesta.
Curiosamente, Annaud repitió el concepto de “extranjero en tierra extraña” y lo elevó a una escala épica y geopolítica en Siete años en el Tíbet (1997). Aquí es el alpinista austríaco Heinrich Harrer (interpretado por Brad Pitt) quien se ve empujado por la Segunda Guerra Mundial a refugiarse en la sagrada y aislada ciudad de Lhasa. Y el choque cultural ya no es una barrera que destruye, sino una fuerza transformadora: quien era un hombre occidental arrogante y egocéntrico, conoce el budismo y entabla una particular relación con el joven Dalái Lama, y resalta el contraste entre las prisas y la violencia de uno y la compasión, la lentitud y la riqueza espiritual del otro en el Tíbet de antes de la invasión de China. El film tiene algo de la visión idealizada de Hergé en “Tintin en el Tibet”.
Siguiendo con temas históricos más tarde abordó la Segunda Guerra Mundial y un duelo de francotiradores en Stalingrado, Jude Law y Ed Harris, en la potente Enemigo a las puertas (2001). Es notable su tendencia a usar un tono documental entrelazado con elementos de ficción, un rasgo que nació con En busca del fuego y que volvió a coronar en su largometraje Arde Notre Dame (2022), donde recreó con meticulosidad y realismo el incendio de la catedral de París. En los guiones le ayudó mucho Gérard Brach, pero la última colaboración antes de su fallecimiento, la peculiar comedia mitológica en tierras españolas Su majestad Minor (2007), fue algo parecido al fiasco.
Consiguió grandes hitos narrativos cediendo el protagonismo al reino animal, con rasgos que les acercaban a los humanos, con obras como El oso (1988), Dos hermanos (2004) (centrada en dos tigres) y El último lobo (2015), ambientada en Mongolia.
En 1995 se convirtió en pionero visual al filmar Las alas del coraje, un experimento de apenas 40 minutos rodado en IMAX 3D, con cámaras que pesaban toneladas, centrado en las hazañas de los pilotos Jean Mermoz y Antoine de Saint-Exupéry. El espíritu de aventura también tiñó la producción Oro negro (2011), una épica de ambientación árabe que contó en su reparto con Antonio Banderas.
En el año 2018 expandió sus fronteras hacia las producciones por entregas dirigiendo la miniserie dramática La verdad sobre el caso Harry Quebert , adaptando el exitoso bestseller homónimo de Joël Dicker. Pero el resultado no pasó de discreto.
En el ámbito civil e institucional, ha recibido los máximos honores de la República Francesa y del entorno cultural europeo. Es Caballero de la Orden Nacional del Mérito, Caballero de la Orden de las Palmas Académicas y Comendador de las Artes y las Letras. A nivel cinematográfico acumula múltiples premios César. Además, ostenta una de las mayores distinciones de la intelectualidad gala al ser electo miembro de la prestigiosa Academia de Bellas Artes (perteneciente al Instituto de Francia), donde ocupa precisamente el sillón que antes perteneció a su admirado René Clément.
En lo que respecta a su vida familiar, Jean-Jacques Annaud mantiene una vida estable alejada de los focos mediáticos. Está casado con Laurence Duval Annaud desde el año 1982 y fruto de este matrimonio tiene dos hijas, Juliette y Louise.
