Reportajes
Negociaciones rápidas y sin furia
Apertura de "relaciones diplomáticas" entre Hollywood y Cuba: la historia de cómo "Fast & Furious 8" pudo rodarse en La Habana
El guión de Chris Morgan para “Fast & Furious 8” incluía localizaciones cubanas, y es que la película arranca con Dom y Letty de luna de miel en La Habana, y el desafío de inventar la Milla Cubana como pistoletazo de salida de la historia.
La cultura automovilística cubana forma parte del tejido social de Cuba y hacía tiempo que los productores deseaban situar una historia en la isla. Pero la inexistencia de relaciones con Estados Unidos imposibilitaba hacerlo, pues se quería rodar Fast & Furious 8 de verdad en La Habana, y no tomar un país caribeño distinto y pretender que estuviéramos en Cuba. Era lo que se había hecho en películas anteriores, como El padrino II, donde una parte importante de la trama transcurre en la Cuba de Fulgencio Batista. Por supuesto, la situación dio un vuelco cuando el presidente Obama dio el visto al restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre EE.UU. y Cuba, incluso desplazándose al país gobernado con mano de hierro por Raúl Castro.
Dom siente una afinidad natural por el país, algo totalmente lógico, según explica Chris Morgan: "Cuba es conocida por su cultura automovilística, y si alguien puede sumergirse en esa cultura, es Dom Toretto. Lo sabe todo de coches antiguos y entiende lo que significa mantenerlos en buen estado. El ingenio cubano permite que esos coches sigan funcionando con piezas sacadas de un cortacésped, un barco o un tractor. Es el auténtico espíritu del tuning que Dom entiende tan bien".
Ambos consiguieron solventar las suspicacias políticas entre los dos países. Tras numerosas conversaciones telefónicas y reuniones con José Cabañas, embajador cubano en EE UU, así como con altos funcionarios del Departamento de Estado, las cosas empezaron a encajar. Aunque Fottrell tuvo que lidiar con una larga lista de requisitos legales impuestos por el Departamento de Estado con el fin de conseguir los permisos y autorizaciones de traslado de actores, técnicos, equipo y coches a Cuba.
Al tratarse de territorio desconocido para el cine de Hollywood, Fottrell y su equipo realizaron varios viajes de reconocimiento en busca de decorados, infraestructura necesaria, equipo técnico e incluso actores. Cuando los productores y los ejecutivos de Universal se reunieron con altos funcionarios del gobierno de Raúl Castro para explicarles en líneas generales cómo se desarrollaría el rodaje, descubrieron, toda una cura de humildad, que ni siquiera conocía la existencia de la popular saga. Sin embargo, fueron muy amables y el gobierno cubano autorizó el rodaje. Jugó a favor del “placet” el hecho de que se corriera la voz de que los productores de Fast & Furious querían rodar en La Habana, pues el entusiasmo alcanzó tal nivel entre la gente joven que resulta imposible decir que no.
Sin embargo, fueron necesarios varios meses de preparación y conversaciones, tanto en Estados Unidos como en Cuba, para estudiar la situación de forma realista, diseñar un plan y, una vez obtenida la aprobación de ambos gobiernos, preparar in situ las dos semanas de rodaje en la isla durante el mes de abril.
Justamente el rodaje empezó un mes después de la histórica reunión entre el presidente Obama y el presidente Castro. Ese día, un equipo artístico compuesto por actores estadounidenses y cubanos se reunió para filmar una alegre fiesta de tuning y una carrera a todo gas aplaudida por los habitantes de La Habana.
El equipo estadounidense se quedó asombrado ante los magníficos automóviles clásicos que aún recorren las calles de la ciudad flanqueadas por preciosos edificios coloniales, o ante el famoso hotel Nacional y el no menos famoso malecón, que une la Vieja Habana con el Vedado.
Uno de los momentos más vibrantes del rodaje tuvo lugar con las tomas aéreas realizadas desde un helicóptero conducido por el veterano piloto Fred North. El innovador trabajo de cámara aérea y los vuelos rasantes sobre La Habana para filmar la carrera en las calles marcaron otro día histórico para Cuba. Por primera vez, un helicóptero estadounidense entraba en el espacio aéreo nacional.
"La idea de rodar algunas tomas con un helicóptero cuajó rápidamente", explica Richard Klein. "Los primeros días de rodaje fueron increíbles, toda La Habana se paralizó. La gente salía de sus coches, a los balcones, a la calle con tal de ver el helicóptero. Fueron momentos mágicos, sabíamos que hacíamos historia".
La emoción se palpaba en las calles. Para el equipo cubano y los habitantes de La Habana era una prueba tangible de cómo iba a cambiar la relación con Estados Unidos. La emoción de los cubanos conquistó al equipo estadounidense.
F. Gary Gray resume lo que fue el rodaje en la isla: "Queríamos una primera secuencia genial para la película, pero también queríamos enseñar que Cuba es un país increíble con gente asombrosa. Gran parte de La Habana es algo único en el mundo. Toda la ciudad es una obra de arte repleta de cultura e historia. Queremos que la gente del mundo entero sienta Cuba como nosotros la sentimos".
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