Reportajes
50 años de películas que han hecho historia. Entrega 1
"Easy Rider. Buscando su destino" (1969), de Dennis Hopper
¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? No siempre, pero hay películas a las que el paso del tiempo no les afecta, y sirven para identificar una época en que el mundo tal vez cambió. Es el caso de "Easy Rider. Buscando mi destino", de Dennis Hoper, estrenada en 1969, hace ahora 50 años.
El próximo mes de mayo se cumplen 50 años de la primera proyección pública de Easy Rider. Buscando mi destino, por la que su director y coprotagonista Dennis Hopper fue premiado en Cannes, su obra fue considerada la mejor primera película del festival. La mirada subversiva y contracultural que la atravesaba no impidió que lograra luego dos nominaciones a los Oscar, por su guión –escrito por el propio Hopper, otro de los actores, Peter Fonda, que ejercía también de productor, y Terry Southern– y por la interpretación como actor de reparto de Jack Nicholson, magnético en su breve aparición en la pantalla.
Siendo una película surgida en el contexto contestatario de mayo del 68, si uno no la ha visto recientemente podría tener en su imaginario la falsa impresión de que ha debido envejecer mal. Pero no, la realidad es que la película se ve perfectamente, e incluso desde la distancia puede pensarse que conserva su vigencia. Pues supo intuir el hastío de una generación que buscaba algo diferente a lo que le legaban las generaciones pasadas –unos valores que se reconocían pero que debían ser revisados y puestos al día–, hastío todavía no resuelto, y que ahora han heredado unos jóvenes que se esfuerzan por tirar hacia delante en tiempos de banalidad y redes sociales, el desconcierto vital persiste más vigoroso que nunca.
Ese deseo de libertad no implica necesariamente su cumplimiento, y hasta se puede uno encontrar atado a nuevas cadenas. Los 60 trajeron consigo el consumo de drogas y su banalización como forma de escapismo. Los protagonistas venden droga como forma fácil de ganarse de la vida y poder ejecutar su plan de cabalgar sin ataduras como “riders” en las carreteras con sus motos Harley-Davidson personalizadas. Y no sólo son consumidores, sino que la ofrecen como forma de camaradería, es lo que ocurre con George, que cuando le proponen probar la marihuna reconoce tener ya un problema de adicción con el alcohol. Incluso los actores reconocieron haber trabajado colocados durante el rodaje para ambientarse –con marihuana, no con LSD o cocaína–, algo que se nota claramente en los pasajes más bizarros de la película.
Hopper, Fonda y Southern no manejaban un libreto cerrado, el espíritu de la época dictaba por dónde debía discurrir la narración, improvisada a ratos. Acertaron en no negar lo que de positivo encerraba la tradición de los mayores, simbolizada en esa numerosa familia del inicio, un estadounidense con mujer mexicana, y la bendición de la mesa antes de comer. Pero no dejaban de provocar, al describir su estancia en la comuna hippy, donde el plano que va recorriendo los rostros de todos los integrantes, tiene algo de momento litúrgico desacralizado. Aunque las imágenes más provocativas llegan en las escenas de sexo en el cementerio, con la voz en off de algunas oraciones, un curioso mejunje de Eros y Tánatos en que parece decirse que nuestras plegarias no son escuchadas, lo que invita a plegarse a lo inmediato, el hedonismo de gratificación inmediata, aunque nos aguarde, incluso más cerca de lo que pensamos, la inevitable muerte.
Pero el idealismo de contornos poco definidos que propone el film choca con la dura realidad de los inmovilistas con prejuicios bien arraigados, que no soportan a unos jóvenes que visten de modo raro y que se constituyen en reproche viviente con su inconformismo. En cambio, en un grupo de jovencitas adolescentes sí despiertan curiosidad e ilusión estos moteros, intuyen que la vida tiene mucho que ofrecerles, más allá de un provincianismo racista y poco respetuoso con las personas. La brutal paliza que recibe George, y el tremendo desenlace, casi comparable a los bombardeos de la guerra de Vietnam la liquidación de Wyatt y Billy –adiós al capitán América–, rebajan las esperanzas de este estilo de vida alternativo.
PD: Se me ocurrió escribir este artículo cuando vi que la película estaba disponible para su visionado en Netflix, y que ahora cumple medio siglo de existencia.
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