Reportajes
Estiloso Gus Van Sant, negativo Seidl y coral Jaime Rosales
Gus Van Sant es un viejo cliente del Festival de Cannes. En 2003 se marchó con la Palma de Oro bajo el brazo por Elephant, que contaba los prolegómenos de una de las más trágicas masacres acaecidas en las escuelas americanas. El año pasado venía con Last Days, sobre los estragos de la droga en la vida de una gran figura del rock. Hoy vuelve con Paranoid Park, adaptación de una novela de Blake Nelson.
Y todo indica que vamos a encontrar los mismos elementos de base de Elephant, quizá con consecuencias menos trágicas. Será pues el mismo ambiente de una escuela americana en Portland, donde Alex (Gabe Nevins), adolescente apasionado de skateboard, e hijo de padres con problemas matrimoniales, es el causante de un trágico suceso que pesará rápidamente sobre su conciencia. Durante la hora y media de película, el director mostrará la desesperación del protagonista, al no tener a nadie a quién confiarse, ni familia ni verdaderos amigos.
La forma adoptada por el autor de Elephant no ha evolucionado demasiado, y la película puede en consecuencia parecer un puro ejercicio de estilo. La cámara sigue al personaje en planos a veces interminables, y muestra minuciosamente sus gestos. En ocasiones vuelve sobre lo ya narrado, como ya hacía en Elephant, para reconstruir lo sucedido mediante las piezas de un rompecabezas que ofrecen una visión objetiva de los hechos, pero sin profundizar en las motivaciones. Quizá aquí las cosas son más simples, pues el núcleo del dilema trata realmente de un accidente que Alex no ha deseado y ante el cual siente el horror de una persona normal. Quizá lo que ha interesado al autor del libro y a Gus Van Sant es la soledad de su personaje, en una edad en que hubiera necesitado un interlocutor para aclarar los hechos. En fin, una vez más en este festival nos encontramos con un planteamiento que no concluye. Esperamos una solución para los problemas de Alex, pero antes de recibirla encontramos la palabra fin.
“Import-Export”, de Ulrico Seidl
Las relaciones entre el Este y el Oeste son el tema de la película austriaca de Ulrich Seidl, y más en concreto entre Austria y Ucrania. El panorama que nos presenta el realizador no augura nada positivo en estas relaciones. Para ello cuenta la aventura de una joven ucraniana, Olga (Ekaterina Rak), madre soltera, que después de haber intentado una efímera carrera en la pornografía por Internet, se marcha a Viena para trabajar en los servicios de limpieza de un hospital para ancianos moribundos. Por su parte, Paul (Paul Hofman), joven austriaco, conoce un destino también difícil. Después de ser agredido por un grupo de jóvenes, pierde su empleo y termina por marchar a Ucrania en compañía del amante de su madre, un individuo al que sólo parece interesarle la bebida y el sexo. Su trabajo, un poco surrealista, es el de instalar máquinas automáticas de distribución de caramelos en barrios desfavorecidos.
Seguiremos así estos dos mundos en paralelo, donde todo es negativo. Los dramas de un hospital de ancianos; las aventuras eróticas de un individuo poco recomendable. Tanto al Este como al Oeste, las cosas van mal y nadie puede esperar mejorar su condición atravesando la frontera. Ésta es la conclusión nada optimista a la que llega Ulrich Seidl. Lo peor es que el director austriaco tiene una propensión a comunicar su pesimismo con imágenes terriblemente brutales, cuando aborda el tema sexual o el de la violencia. Una complacencia sospechosa en este afán de provocación que ha producido en Cannes reacciones negativas. Seidl insiste en que su intención es la de despertar las conciencias de los espectadores sobre los verdaderos problemas de Europa, pero ello no impide que su visión minimalista de la realidad tenga tendencia a reducirla a sus aspectos más negativos.
“La soledad”, de Jaime Rosales en la sección “Un certain regard”
La soledad es la segunda película de Jaime Rosales y su segunda visita a Cannes. La primera tuvo lugar en 2003, con Las horas del día, en el marco de la “Quincena de realizadores”, donde obtuvo el premio de la Crítica Internacional. Su proyecto actual ha sido terminado gracias a la ayuda de la Cinéfondation de Cannes y de CineMart del Festival de Rotterdam.
En esta película coral, todo parece estar regido por las leyes de la vida cotidiana, que afectan a los acontecimientos y a las reacciones entre varios personajes, la mayoría unidos por lazos familiares. Adela (Sonia Almarcha) y su bebé abandonan su pueblo del País Vasco para comenzar una nueva vida en Madrid. Se alojan con Carlos (Luis Villanueva) e Inés (Miriam Correa), que tienen necesidad de compartir los gastos del apartamento. La madre de Inés, Antonia (Petra Martínez) es quizá el personaje clave de la historia. La película, que cuenta las relaciones –en principio triviales–, entre la gran variedad de personajes presentados, pone el acento en la idea de la soledad. No hay que esperar grandes acontecimientos.
Jaime Rosales se permite sin embargo una novedad técnica: la “polivisión”. Se trata de un sistema que ya hemos visto en el cine americano y que consiste a dividir la pantalla en dos partes, en las que se filma la misma escena. Ello obliga a un cierto ejercicio de atención, pues los personajes salen por la derecha y entran en el campo de la cámara por la izquierda. Jaime Rosales admite que se trata de un procedimiento “experimental” que permitiría observar más de cerca las reacciones de sus intérpretes. Es posible que algo se gane con el sistema, pero el resultado no es demasiado convincente en este caso, pues dada la multitud de personajes, corre el riesgo de añadir una cierta confusión a la narración. Ésta, por otra parte, se caracteriza por su fluidez y por el tono justo de los diálogos, que parecen captados de una realidad sin sombra de artificio. Con todo, los excesivos 130 minutos de película, que se explican por la duración de algunos planos, pueden ser la causa de una cierta dificultad suplementaria para el espectador.
Alec Baldwin pulsa el botón del pánico
Alec Baldwin vuelve al terreno del thriller de acción con “Panic Button”, un nuevo largometraje en el que compartirá pantalla con Jeremy Piven y David A. R. White, dentro de una producción que ya está en pleno rodaje en varias localizaciones de Estados Unidos.
Las estrellas de Hollywood que no se pierden un partido del Mundial de Fútbol
El Mundial de 2026 se está consolidando no sólo como el mayor torneo de selecciones de la historia por su formato ampliado y su despliegue en Estados Unidos, México y Canadá, sino también como un evento de altísima visibilidad mediática en el que las gradas de algunos partidos han adquirido un carácter casi de alfombra roja. En especial en encuentros disputados en ciudades estadounidenses como Los Ángeles o en la inauguración en México, la presencia de celebridades de Hollywood ha sido un elemento recurrente y ampliamente documentado por distintos medios internacionales.