Zona friki
José Sacristán nos comparte la lección de humildad que le dio Fernando Fernán Gómez
En el madrileño Teatro Bellas Artes, José Sacristán se marcará un más difícil todavía: resucitar sin ouija la voz de Fernando Fernán Gómez en “El hijo de la cómica”. Un monólogo que no es un monólogo, sino un “Fernán-ólogo”: palabras prestadas, recuerdos compartidos y confidencias de camerino que suenan a vida vivida, no a texto aprendido.
La función (si quieres verla corre, porque en el momento de escribir este artículo casi no quedan localidades), se pasea por la infancia y juventud del maestro, con madre actriz, vocación a contracorriente y más tablas que Ikea. Hay de todo: memoria familiar, historia del teatro, algo de España (ese género en sí mismo) y reflexiones sobre el oficio de actor, que aquí es casi religión… pero con apuntador.
José Sacristán no imita: invoca. No interpreta: intermedia. Más que actor, médium con carnet. Y así, entre frase y frase, va reconstruyendo a ese Fernando Fernán Gómez de carne, hueso y mala leche ilustrada, hasta dejarnos ver al niño que se escondía detrás del coloso cultural. Un retrato íntimo, melancólico y con ese humor que no pide permiso: entra, se sienta… y se queda.
En un programa televisivo, acabo de ver al veterano actor contando que recibió una cura de humildad de Fernando Fernán Gómez. “Yo nací en Chinchón y Marlon Brando en Omaha, Nebraska”, explica. “Vas a Chinchón y dices Marlon Brando y saben quién es. Vas a Omaha, en Nebraska, y dices Pepe Sacristán y ni dios sabe quién es. Estas curas de humildad las aprendía de Fernando Fernán Gómez".
Imagínate la escena en Nebraska. Un agricultor de Omaha, con su gorra de John Deere, un peto vaquero y un palillo en la boca: — "Excuse me, sir... do you know Pepe Sacristán? The actor from La Colmena?"
El de Nebraska se queda mirando el horizonte, mastica un poco de paja y dice:
—¿Pepe qué? ¿Sacristán? ¿Eso es un tipo de salsa para los tacos?
Sus palabras me han hecho pensar. El éxito es peligroso. Escribes dos reseñas en Decine21, te piden tres fotos en el metro y ya te crees el ombligo del mundo. A mí me pasó el otro día: me reconocieron en la cola del súper y ya me sentía el Brad Pitt de mi bloque. Así que me viene bien esta bofetada de realidad. Si José Sacristán, que es una institución, acepta que en Omaha no se enteran de quién es, ¿qué nos queda a los demás? Puedes tener una voz que suena a madera noble y a historia del cine... pero cruzas el charco y eres, literalmente, un señor con bigote que camina con mucha elegancia.
Y eso nos pasa a todos, cada uno en su escala: tú eres el “crack” de la informática en tu oficina, pero llegas a Silicon Valley y te conviertes en el que apaga y enciende el router; tú eres el que mejor hace la paella en tu familia, pero vas a Valencia y pasas a ser, sin anestesia, “el que ensucia el arroz con cosas”.
“El hijo de la cómica” está en cartel desde el 29 de abril de 2026 en el Teatro Bellas Artes, de Madrid.
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