Blog de Hildy
Un problema con las películas Marvel: los malos son malos, con demasiada frecuencia
Suena a paradoja, pero es una verdad como un templo. Los malos deben ser buenos en una película, y más si es una película de superhéroes. Por supuesto no me refiero a su bondad, los malos se guían por la mala voluntad y realizan malas acciones, sino a que deben ser personajes bien definidos y descritos, con su motivaciones bien desarrolladas. Si no es así, la película cojea, o hasta puede que se dé un buen tortazo.
Christopher Nolan –y quizá antes Tim Burton– es la excepción, las adaptaciones de los cómics de DC a la pantalla no suelen dejar buen sabor de boca, aunque títulos recientes como Batman v Superman: El amanecer de la justicia o El escuadrón suicida hayan funcionado en taquilla. Descartado que sean clave sus “imaginativas” tramas, abundan los mamporros y son bastante elementales, se diría que el punto fuerte de estas adaptaciones son los villanos, los malos son buenos, es decir, tienen una fuerte personalidad, entendemos sus traumas, o nos asusta su irracionalidad. Sin duda que el Joker es el máximo exponente de esto que digo, poco importa si le da vida Jack Nicholson, Heath Ledger o incluso Jesse Eisenberg, el personaje es poderoso e icónico, como un Darth Vader o un Vito Corleone, por citar dos hitos de la maldad que interesan por su humanidad.
Con Marvel parece que ocurre al revés. Las tramas suelen ser poderosas, y potencian ideas como aquella de Spider-Man de que “todo gran don, conlleva una gran responsabilidad”. Ahora triunfa en las carteleras Doctor Extraño, y nadie puede negar que Benedict Cumberbatch otorga al personaje principal cierto carisma, su ego es puesto a prueba por un accidente, y debe emprender un viaje sobre todo interior. La trama tiene cierta chispa, con diálogos cuidados y divertidos puntos de amor. Pero nadie me dirá que el villano es memorable, porque la verdad es que resulta algo patético ver a un grandísimo actor como el danés Mads Mikkelsen entregando a un malo malote, malote, no por sus acciones execrables, sino por su falta de carisma y su hieratismo. No es Kaecilius un personaje “bigger than life”, ni mucho menos. En la misma línea debo decirme que no me apasionan el Duende Verde de Spider-Man, ni siquiera Loki, el hermano de Thor, por citar otros ejemplos.
Los chicos de Netflix, que son muy listos, pienso que han advertido esta debilidad, y en sus series televisivas Marvel sí han cuidado a los villanos, que son terroríficos en sus diversas variantes. Kilgrave y su don psíquico en Jessica Jones, Wilson Fisk como una suerte de Ciudadano Kane que quisiera ser apreciado por los neoyorquinos o el antihéroe castigador de Frank Castle en Daredevil, el gángster Cottonmouth o el sanguinario hermanastro Diamondback de Luke Cage, sí son malos buenos, perturbadores, que tocan algún punto sensible del espectador.
Sería bueno que las películas de cine de Marvel tomaran nota de una debilidad, que si fuera de DC, diría que a la larga puede ser kriptonita para sus películas. Siempre hay que cuidar a todos los personajes, y a los villanos más si cabe, para que no sean grotescos o insulsos.
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