Blog de Hildy
El Oscar previsto de "The Artist" da que hablar y ladrar
Foto: AMPAS Estoy contento con el triunfo de The Artist . Repito, estoy contento. No entiendo el sentido de la diversión que tienen algunos a
Foto: AMPAS
Estoy contento con el triunfo de The Artist. Repito, estoy contento. No entiendo el sentido de la diversión que tienen algunos a la hora de seguir los Oscar, y a los que parece que sólo les estimula que se rompan todas las previsiones, o el poder hincar su afilado colmillo en la yugular del pobre actor o actriz vestidos de modo zarrapastroso. Otros, en cambio, son hooligans de algunas películas, que ríete tú de los fans incondicionales del Madrid y del Barça. Qué razón tiene mi vecino bloguero al sacar las vergüenzas de ciertos seguidores de La invención de Hugo, con argumentaciones dignas de un hincha transmutado en teórico del balompié tras ingerir alguna bebida energética. Me encanta la peli de Martin Scorsese, y puedo entender que a alguien le parezca mejor que The Artist -aunque no es mi caso-, pero de ahí a soltar afirmaciones categóricas de que esa peli será olvidada mientras que Hugo ocupará el centro de la galaxia fílmica dentro de unos años media un abismo. Y me alegra que el italoamericano haya saldado su deuda pendiente con el cine familiar, al igual que hizo Roman Polanski hace unos años con su Oliver Twist (2005).
A lo mejor habría sido una sorpresa monumental ver que Moneyball, contra pronóstico, ganaba el Oscar a la mejor película; o que el sleeper del pasado verano, Criadas y señoras (The Help), era distinguida como mejor título del año. Desde luego, habría sido un shock, y eso que me encantan ambas pelis. O que recibía el premio al mejor director... Terrence Malick, por El árbol de la vida, que por supuesto no podía recogerlo porque no estaba en la sala. Que el mejor actor de reparto era Max Von Sydow, y que todos los españoles -además de Woody Allen, je- se llevaban inesperado premio a casa. Nos gusta salirnos de la rutina, la sorpresa de lo extraordinario, pero también debemos valorar el gustazo de que se cumpla lo previsto, sobre todo si se hace más o menos justicia: no conozco a nadie encantado con el vértigo de una crisis económica que no se supo o no se quiso ver venir, pienso que la mayoría de la gente hubiera preferido vivir la rutina de créditos para todos, gasta, gasta, gasta, no hay problema... Sí, a veces lo previsible, como el tercer Oscar para Meryl Streep, tampoco está tan mal, caramba.
Uno de los lloriqueos más manidos para la ocasión es decir que los hermanos Weinstein han realizado maniobras orquestales en la oscuridad para lograr el Oscar de The Artist. No sé, también me llama la atención las capacidades que se reconocen a los distribuidores de la cinta en Estados Unidos para ganar premios, algo parecido a la teoría de la conspiración versión Oscar; lejos de mí negar que saben moverse, pero supongo que la calidad del film también tendrá que ver algo en que haya ganado, ¿no?
Acabo hablando de cosas que nadie habla. En la alfombra roja me han llamado la atención la actriz iraní Leila Hatami, protagonista de Nader y Simin, una separación, elegantísima de blanco y con velo, no sé si su vestido será creación de un modisto de postín extranjero, o simplemente una prenda iraní de maravilloso gusto. Y cómo no, me gustó ver a la madre Dolores Hart con su hábito de benedictina, sin complejos. No ganó el corto God is the Bigger Elvis, pero en fin, será que no tenía el respaldo de los Weinstein, digo yo.
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