Entrevistas
La pareja del año
Son los dos grandes astros del cine actual. Nicole Kidman lleva ya algún tiempo en la cima, pero Hugh Jackman consigue la gran hazaña de eclipsarla por momentos. Ambos dieron una rueda de prensa en Madrid para presentar Australia.
En este film, Hugh Jackman demuestra sus habilidades como cowboy. ¿Es Jackman apasionado del western?
Hugh Jackman: Estoy pensando que no sería ninguna tontería dejar de ser actor y hacerme cowboy. No lo había pensado antes, pero lo iba a disfrutar mucho. Estaría en mi salsa. Siempre fue mi sueño. Pero creo que estaría muerto en cinco años. Durante las secuencias de caballos hubo dos o tres momentos peligrosos, tras los cuales me sentía contento de poder seguir vivo.
Yo siempre he sido muy aficionado al western. Supongo que fue decisivo para que aceptara este guión que tiene muchos elementos de este género. Eso me encantó. A veces es un western, aunque de repente el film cambia por completo y parece otra cosa distinta, porque algunas secuencias me recuerdan a Memorias de África o El mago de Oz. Para un actor es muy gratificante que tengas que trabajar en registros diferentes.
Esa mezcla de géneros normalmente desconcierta a los actores. ¿Es muy complicado cambiar de registro en la misma película?
H.J.: Pues voy a ser muy sincero. No fue nada fácil, porque yo me sentía muy inseguro. En algunas secuencias no sabía si queríamos provocar risa o llanto o qué. No sabía cómo iban a funcionar en la pantalla. Era como estar rodando cuatro o cinco películas a la vez. Es una película muy original y diferente. Mi secreto es que decidí confiar ciegamente en Baz Luhrmann. Es un hombre muy seguro, que tiene siempre todo bajo control. Y me ha ido muy bien dejándome llevar.
Nicole Kidman: Ciertamente, el director lo tenía todo tan controlado que yo sentí que todo iba a ir como la seda. Además, trabajaba con grandes actores, que son capaces de cambiar de registro. Menos mal, porque es muy difícil hacer reír, si no tienes gente que sepa hacer réplicas de comedia. Y lo mismo con el drama. Con este reparto, todo ha ido sobre ruedas.
¿Qué ha supuesto para ambos rodar en su tierra natal?
N.K.: Llevo trabajando desde los 14 años, primero en Australia, donde rodé varias películas. Así que a muchos miembros del reparto les conocía y ha sido una experiencia única volver a trabajar con ellos después de tanto tiempo. Además, el film contaba con grandes figuras como Jack Thompson y Bryan Brown, que en mi país son dos auténticos iconos. Esta película es muy importante para mí, porque da a conocer la historia de mi país en el extranjero.
H.J.: Para mí lo más gratificante es que por fin, después de 8 años, he podido rodar hablando con mi propio acento, sin fingir que soy de otro lado (risas). De vez en cuando eso está muy bien y ya me tocaba. Yo admiro mucho lo que ha hecho Nicole Kidman, porque ella rodaba con acento británico. Y claro, rodar con acento británico en Hollywood se puede hacer, pero en Australia, cuando todos a tu alrededor hablan con acento australiano, que es el tuyo propio, es complicado no dejarse llevar.
También está muy bien haber rodado en Australia, una película que se titula precisamente Australia. Y además, hemos filmado en paisajes increíbles, con aborígenes que son personas excelentes y muy hospitalarios. Y además tuve tiempo de pasear con mi hijo y de cocinar, así que ha sido un rodaje milagroso para mí.
¿Era importante dar a conocer que los aborígenes lo pasaron mal cuando el gobierno les quitaba a los niños mestizos?
H.J.: Hace dos días recibí una carta que me envió una mujer que da clases a los aborígenes del norte de Australia. Los niños de 13 y 14 años habían escrito sobre la película y me incluía el texto de uno de los niños. Decía que se sentía orgulloso de ser aborigen y de ser australiano, porque unos compatriotas habían rodado una película que contaba la verdad. Sólo por eso, creo que la película ha hecho más que cualquier gobierno, porque simplemente muestra que eso ha pasado. Sólo por eso, aunque la película fuera un fracaso absoluto, me siento como parte de algo que ha sido muy importante.
N.K.: Yo también pienso lo mismo. El cine llega al público joven, que desconoce esta realidad y la da a conocer, lo que es muy importante a la hora de evitar que vuelva a ocurrir algo similar. En una escena que tenía que rodar, me quitaban al niño protagonista, y cuando terminamos el plano, uno de los extras aborígenes se acercó a mí. Me dijo que se había emocionado muchísimo viéndome actuar. ‘Hace cincuenta años, ese niño era yo’, me comentó. Es muy gratificante para un actor que te ocurra algo así.
Las películas de Baz Luhrmann tienen escenarios espectaculares y vestuarios muy detallados. ¿Ayuda a los actores trabajar con tanto lujo de detalles?
N.K.: He trabajado con Luhrman dos veces, en Moulin Rouge y en este film. Y en ambos casos los escenarios y los trajes eran absolutamente geniales. Se nota que trabaja codo con codo con Catherine Martin, su mujer. Y creo que gracias a ambos consigo llegar a niveles de realismo interpretativo que en otros rodajes no consigo.
Creo que la parte fundamental del trabajo de un actor es la creación del personaje. Es muy complicado llegar a sentir lo que él debía sentir, y expresarse y andar como debería hacerlo él. Y ayuda muchísimo tener un traje detalladísimo, que te da muchas pistas, sobre cómo tiene que ser esa persona a la que vas a dar vida. Si el traje es cómodo, se moverá de forma distinta a cómo lo haría si normalmente lleva un traje incómodo, etc.
H.J.: Nunca he trabajado con un director que tuviera un vestuario tan detallado, y que prestara tanta atención a todo. Así, me recortaban la barba todos los días, para evitar que cambiara. Para las secuencias en las que montábamos a caballo tenía tres pares de pantalones distintos. Cuando tenía que subirme al animal eran más largos, porque así la tela me protegía mejor las piernas. Luego había otro distinto, más corto, de diseño, para las secuencias en las que estoy de pie. Y un tercero, más cómodo, para cuando tenía que andar. ¡No me había pasado jamás nada igual!
Hugh Jackman acaba de ser elegido el hombre más sexy del mundo por la revista People. ¿Qué se siente al recibir este título?
H.J.: Lo peor fue que cuando se supo que yo había ganado, recibí una llamada de George Clooney. Me dijo que yo no era el más sexy, que si había sobornado a alguien. Y que me fuera olvidando de salir en Ocean’s 14. Estaría borracho (risas).
Cuando se lo conté a mi mujer arqueó una ceja. Dijo que ya sabía que yo era el hombre más sexy del mundo. Por eso se casó conmigo. A continuación, me dijo que le explicara el sistema de selección. Se quedó pensativa un rato y me dijo: ¿Qué pasa, que Brad Pitt no se presentaba?
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