Festival de San Sebastián 2015
La increíble pujanza del cine latino en todas partes... menos en la sección competitiva de San Sebastián
El cine iberoamericano está de moda. Por lo menos entre los cinéfilos y en los festivales, el 2015 es decididamente su año. El Festival de Venecia lo demostró por partida doble, con el León de Oro para la cinta venezolana Desde allá, todo un logro al ser la primera vez que un film de ese país competía en la Mostra, y con el premio para el mejor director concedido al argentino Pablo Trapero por El clan. Por otro lado El club del chileno Pablo Larraín obtuvo el Gran Premio del Jurado en Berlín, el mexicano Michel Franco fue premiado en Cannes por el guión de Chronic, y la Cámara de Oro de este mismo festival fue para la colombiana La tierra y la sombra, de César Augusto Acevedo.
Todas las películas que acabo de mencionar se han podido ver en San Sebastián, pero claro, no a concurso, formaban parte de las secciones Horizontes Latinos o Perlas de Otros Festivales. Las cintas latinas que compiten este año por la Concha de Oro son en tal sentido decepcionantes: ya he hablado en crónicas del festival de las olvidables Eva no duerme y El apóstata; Truman es desde luego más española que argentina, y de la horrorosa El rey de la Habana, coproducción de España con República Dominicana, hablaré con más detalle en mi próximo artículo del festival. O sea, que aquí no parece probable que haya premios para estos filmes, a excepción de la mencionada Truman.
No es fácil hacer cine en Iberoamérica. Los festivales parece conformar un marco inmejorable para lograr financiación, con iniciativas como Cine en Construcción. También asoman padrinos, el cine argentino viene contando con el apoyo de Gerardo Herrero y Pedro Almodóvar, los mexicanos Gabriel Ripstein y Michel Franco respaldan algunos de los filmes que he citado antes, y Francia es un país generoso en apoyar los talentos emergentes. En general abundan las historias duras y desgarradas, de corte social, con trasfondo ideológico, en la visión del mundo, la sexualidad, el amor, el sentido de la vida. La duda que me surge es si los proyectos que salen adelante tienen en algún caso el sesgo que desean los que los apadrinan, o si la libertad creativa es absoluta. En un mundo ideal, así sería. Pero no vivimos en un mundo ideal.
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