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"Bernardo Bertolucci", de Enric Alberich
Bernardo Bertolucci (Enric Alberich, , Cátedra, colección Signo e Imagen / Cineastas, 310 págs)
Ejemplar análisis de la obra del cineasta italiano Bernardo Bertolucci (Parma, Emilia-Romagna, Italia, 16/03/1941), escrito con un estilo periodístico directo, que facilita muchísimo su lectura. Escrito desde la admiración, aunque con la distancia necesaria para no caer en el apasionamiento subjetivo o la ceguera de otros estudios, proporciona las claves necesarias para entender sus películas, y anima al descubrimiento o al redescubrimiento de Bertolucci, lo que al lector le toque.
Antes de proceder al estudio pormenorizado de cada una de sus películas, Alberich entrega cien valiosas páginas, que incluyen una introducción-resumen de lo que supone la filmografía del director italiano, más una biografía donde resulta fundamental conocer la influencia de su padre Attilio en la formación artística, pues siendo él escritor, le introdujo en la poesía, la pintura, y el jazz, y también le facilitó la compra de una cámara de 16 mm, con la que hizo sus primeros cortos amateur, siendo aún un adolescente.
Acierta el autor al señalar esa vida temprana de Bertolucci, donde su pertenencia a una clase acomodada le facilita el estudio de literatura moderna en la universidad, pero el atractivo que ofrece en él la lucha política de izquierdas le lleva a esa situación paradójica de ser marxista y burgués. Como bien señala Alberich, “la obra de Bertolucci se configura como un conjunto sumamente original, en el que se dan la mano la devoción marxista, la conciencia burguesa y una mirada que, tamizada por su sensibilidad artística, deviene aristocrática”.
En el recorrido por la carrera de Bertolucci, no se deja de recordar su amistad y primeros pasos junto a Pier Paolo Pasolini en Accattone, el temprano debut en el largo con 21 años gracias a La cosecha estéril (1962), y la pasión que puso en Antes de la revolución (1964), film personal pero no bien acogido, que le llevan a otros trabajos no brillantes, una etapa de crisis antes de reencauzar su carrera con La estrategia de la araña (1970), basada en un texto de José Luis Borges.
Se nos recuerda una sensibilidad estética, donde se diría que la poesía ha encontrado el camino por el que debe discurrir una narración audiovisual. Pero también las ideas políticas de cuño marxista y muy sesentayochistas, o sus ideas sobre la sexualidad, muy de la época, donde pesa el nihilismo o el punto de vista freudiano en elementos como la figura paterna, el complejo de Edipo, el incesto, y los comportamientos obsesivos. La mirada de Bertolucci es empática hacia los personajes, incluso cuando se trata de los más odiosos, a la vez que trata la postura del encerramiento en uno mismo.
Entre las paradojas que señala Alberich respecto a Bertolucci, se encuentra el hecho de ser víctima de la incomprensión de conservadores y progresistas, los primeros criticarían los pasajes más escandalosos de títulos como El último tango en París (1972), los otros dirían que se ha vendido al capital aceptando la financiación de Hollywood o algunos recursos narrativos supuestamente poco audaces, como ocurriría en Novecento (1976). De todas maneras, también llegarían, todo se equilibra –un poco al menos, ciertos contestatarios nunca están de acuerdo con nada– las alabanzas, de Hollywood con la lluvia de los Oscar de El último emperador (1987), momento de algo parecido a la gloria popular, para alguien tan representativo del cine de autor, y que incorporó numerosos elementos autobiográficos y personales en sus filmes, incluso cuando adapta obras literarias, el caso de El cielo protector (1990) basado en Paul Bowles, donde el desierto de las imágenes convive con el desierto íntimo de los personajes, su desazón interior.
Por supuesto, a lo largo de las páginas no se deja de mencionar la influencia de su esposa desde 1978, Clare Peploe, también cineasta, de su cuñado y coguionista Mark Peploe, del productor Jeremy Thomas, o de los directores de fotografía Vittorio Storaro y Carlo Di Palma, entre otros.
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