Libros
"Metrópolis", de Thea von Harbou
Metrópolis (Thea von Harbou, con ilustraciones de Tomás hijo, 230 págs, Ediciones T&T)
Un año antes del estreno en 1927 de la película Metrópolis, dirigida por Fritz Lang y coescrita con su esposa entonces Thea von Harbou, ella escribió la novela homónima en que se basa. Por supuesto existen inevitables diferencias entre el film y lo plasmado en el papel, siempre hay matices que se pierden en una traslación a pantalla, mientras que en negro sobre blanco hay amplio espacio para descripciones detalladas y alusiones simbólicas directas, la fuerza de las imágenes cinematográficas aumenta en el caso que nos ocupa con la impronta expresionista y los fantásticos decorados y diseños realizados para la ocasión.
Estamos en el futuro, con la mecanizada e imponente ciudad de Metrópolis dominada por una casta privilegiada de la que es cúspide Joh Fredersen, amo y señor frío y cerebral, que no ve personas en los otros seres humanos, es despiadado incluso con sus empleados más cercanos, y también se muestra distante y muy pragmático con su hijo Freder. El remedo maquinista del padrenuestro, un antipadrenuestro, por así decir, o las referencias a una nueva Torre de Babel, subrayan la inspiración bíblica, a la que se da una vuelta para ofrecer una suerte de parábola sobre el mundo del futuro, que cien años después de ser escrita, demuestra cierta vigencia, cuando alrededor vemos los efectos de las redes sociales y la inteligencia artificial.
La novela de von Harbou, que denuncia la diferencia de clases y la explotación que hacen los poderosos de los más desfavorecidos, habla de cómo en esta sociedad aún hay signos espirituales del pasado, como la catedral coronada con la Virgen María, o un edificio más antiguo aún, con el símbolo de Salomón. Desde luego Freder, impelido por la imagen de una mujer, María, acompañado con niños, que interpela a los hijos de los ricos, presentándolos como hermanos suyos, se siente removido por dentro, pues no encuentra las respuestas que busca en su padre, que luego sabemos que no es tal: hay unos orígenes trágicos en la muerte de su madre, Hel, y en la conexión con Rotwang, el inventor atormentado creador de otro icono femenino, el robot María, como respuesta a Joh en la petición de trabajadores más eficaces que los humanos para sostener la ciudad. De este modo Freder presenta cualidades mesiánicas, aunque aquí renunciando a su padre, terrenal más que celestial.
Nos encontramos ante un clásico de la ciencia ficción y el fantástico, aunque von Harbou está menos reconocida que otros referentes indiscutibles del género como H.G. Wells o Mary Shelley, sin duda por la lacra de sus conexiones con el nazismo, que la condujeron al ostracismo tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Antes había terminado la relación con Lang, con quien estuvo casada entre 1922 y 1933, él marchó a Estados Unidos y ella se quedó, y aunque no reconectaron, él basó sus dos últimas películas, La tumba india y El tigre de Esnapur, en una obra de Thea.
Esta edición de la novela está muy cuidada, tanto en lo relativo a la traducción y versión al español, como en el papel y las maravillosas imágenes que ilustran la obra, de Tomás hijo. Además se incluyen dos apéndices, que dan cuenta de la película de Lang y la recuperación del metraje completo del film, tras la mutilación censora, y de la trayectoria de von Harbou.
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