Reportajes
La nostalgia irlandesa llega al certamen
Festival de Cannes 2014, día 22: Ken Loach, los formatos audaces y la parábola rusa
El Festival de Cannes comienza a enfilar la recta final, y las películas de interés no dejan de llamar la atención, el Jurado presidido por Jane Campion tiene bastantes opciones para dar su veredicto final.
Ken Loach vuelve a Cannes, ¿cuántas van ya?, más de una docena, casi dulces dieciséis, con abundantes premios, una Palma de Oro incluida. Esta vez arranca su historia en Estados Unidos, algo nada habitual en su filmografía, aunque la acción sigue inmediatamente en Irlanda. Pues Jimmy’s Hall sigue a un exiliado, James Gralton, lider comunista irlandés, que vuelve del exilio, a la granja familiar, pero con la ilusión de que los cambios políticos recientes en el país permitan una nueva era. Y el “hall” del título, un salón de baile, puede ser un lugar para reunirse, hablar, expresar las propias ideas, construir. O no, si las fuerzas conservadoras lo impiden.
Como se ve, la historia es muy Loach y su guionista habitual Paul Laverty, y el film permite escenas de charla colectiva que tan bien se le dan al director, una celebración de la comunidad. De este modo se mezcla la nostalgia con la carga ideológica marca de fábrica del artista británico, “una especie de Innisfree ideologizado” ha descrito con acierto Javier Ocaña en El País.
Mientras, el canadiense Xavier Dolan sigue donde suele, sorprendiendo formalmente, este veinteañero es audaz y plástico en sus películas, pero también fuerza las cosas demasiado, y sus desgarradores dramas suelen resultar demasiado minoritarios, aunque con indudable garra. Mommy muestra un Canadá donde los adolescentes problemáticos pueden ser entregados a las autoridades públicas, para que se hagan cargo de ellos, y muestra la relación entre un adolescente y su madre, complicada por la hiperactividad del chico. Lo que más ha sorprendido del film es su formato vertical durante casi 80 minutos, sólo luego se retoma el clásico formato horizontal. Lo que sorprende, aunque complica la composición de los planos, en cualquier caso hay que reconocer al cineasta su afán innovador.
Finalmente Leviathan llega desde Rusia, y algunos han leído el film de Andrey Zvyagintsev como un alegato antiPutin, una especie de parábola a partir de la disputa entre un alcalde y un lugareño, porque el primero quiere hacerse con un terreno del ogtro, para realizar sus particulares planes, y de una oferta amistosa se pasa a exigencias y presiones mayores.
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