Leviafan
- Duración: 02h 20 min
- Género: Drama
- Público apropiado: Adultos
- Valoraciones: decine21 (9) | usuarios (8.2)
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- Título original: Leviafan
- Año: 2014
- Fecha de estreno en España en cines : 01-01-2015
- Fecha de estreno en España en Cameo: 08-04-2015
- País: Rusia
- Dirección: Andrey Zvyagintsev
- Intérpretes: Yelena Lyadova, Vladimir Vdovichenkov, Aleksey Serebryakov, Anna Ukolova, Kristina Pakarina, Roman Madyanov, Sergey Pokhodaev, Aleksey Rozin
- Guión: Andrey Zvyagintsev, Oleg Negin
- Fotografía: Mikhail Krichman
- Distribuye en cine: Golem
- Distribuye en formato doméstico: Cameo
Premios
Oscar
2015
Nominada a 1 premio
- Película en lengua extranjera
Goya
2016
Nominada a 1 premio
- Película europea Andrey Zvyagintsev
Festival de Cannes
2014
Ganadora de 1 premio
- Guión original Oleg Negin
Contenidos (de 0 a 4 ¿qué es esto?)
Reparto
Sinopsis oficial
Leviatán
Kolia vive en una pequeña ciudad próxima al mar de Barents, en el norte de Rusia. Es dueño de un taller de coches que está cerca de la casa donde vive con Lilya, su joven esposa, y Romka, su hijo de un matrimonio anterior. Vadim Sereyich, el alcalde de la ciudad, está empeñado en hacerse con el negocio, la casa y las tierras de Kolia. Primero le ofrece dinero, pero Kolia no concibe la vida sin su taller y sus tierras, y sobre todo, sin poder contemplar la belleza natural que le ha rodeado desde que nació. Ante la negativa de Kolia, Vadim Sereyich decide emplear métodos más expeditivos.
Crítica Leviatán (2014)
Érase una vez en Rusia
Kolya, un modesto mecánico dueño de un taller, cuenta con la ayuda de Dmitri, un antiguo camarada de armas, abogado en Moscú, para ayudarle a obtener una justa compensación por la expropiación de su casa en una ciudad costera, una decisión arbitraria del alcalde Vadim para hacerse ahí una lujosa mansión. Viudo casado en segundas nupcias con Lilya, y padre de un hijo adolescente, Roma, se deja guiar por el muy seguro Dmitri, que conocedor de bastantes acciones corruptas del alcalde, cree que podrá presionarle para que Kolya reciba lo suyo.
Obra maestra del gran director Andrei Zvyagintsev (El regreso, Elena), una historia poderosa que atrapa entre sus fotogramas de modo sublime las grandezas y miserias del alma rusa. Con tono trágico y fatalista, tenemos un cuadro completo de la actual realidad de Rusia, donde no faltan las ironías, como el tiro al blanco a los retratos de antiguos mandatarios soviéticos, donde a la observación de que falta alguno más actual, se contesta con ironía que, ya se sabe, a los rusos “nos falta perspectiva histórica”; o tal vez, cabría añadir, libertad para hablar con nombre y apellidos de Vladimir Putin, aunque bastante es que se puede sugerir de este inteligente modo su presencia-ausencia.
Pero más allá de esta alusión, el drama que atraviesan Kolya y alrededores sirve para crear personajes inolvidables, que luchan por salir adelante y tropiezan, que se quieren pero que también se traicionan, que desean hacer lo que hay que hacer pero que se dejan llevar por pulsiones de las que luego se arrepienten. Y estos vaivenes anímicos se ven agitados y precipitados por las constantes sociales del postcomunismo, donde las mafias y la corrupción imperan como antaño, y en que la hipocresía se ampara bajo una capa de falsa religiosidad.
El tema de la actuación de Dios y el recurso a la religión en la vida de los hombres se mueve en coordenadas muy rusas, que hacen pensar en Fiódor Dostoyevski, de modo que se fustigan los formalismos externos para tranquilizar la conciencia o las connivencias de la jerarquía ortodoxa con los poderes fácticos, con su discurso paradójicamente claro y ambiguo. Y se aborda la angustia de las personas de a pie –Kolya interpelando a su pope, Dmitri cansado de que le pregunten si cree en Dios–, que puede conducir a decisiones fatales que rompen el alma. Los actores, encabezados por Aleksey Serebryakov, están sensacionales.
Sorprende la fluidez narrativa del guión de Zvyagintsev y Oleg Negin, servido visualmente gracias a la cámara de Mikhail Krichman, con la inteligencia de empezar y terminar con un juicio, la dosificación y sobriedad de los datos que se van aportando de los personajes, a veces con simples imágenes, una fotografía colgada en la pared basta. Y hasta el compositor habitual del cineasta, Andrei Dergachyov, renuncia a componer una banda sonora, la música apenas asoma, para limitarse –y no es poco– a diseñar el envolvente sonido de la película, la atmósfera donde los personajes respiran, o mejor sería decir, se ahogan, por un sistema que les limita la capacidad de desarrollarse plenamente como personas.
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