Reportajes
Maribel Verdú
A mediados de los 80 se convirtió en la actriz española de moda, por sus trabajos con Vicente Aranda, Montxo Armendáriz y Fernando Trueba. En los 90, su película Belle Epoque ganaba el Oscar, y protagonizó La buena estrella, uno de los mejores títulos que dio el cine español aquella década. Y después... Pues después poca cosa, porque lo cierto es que Maribel Verdú llevaba un tiempo de capa caída. Hasta que ha podido demostrar su valía con El laberinto del fauno. Este drama fantástico de Guillermo del Toro ha vuelto a colocarla en lo más alto. Ahora, se la vuelven a disputar los cineastas de moda y estrena el thriller El niño de barro. Ha llegado el momento de la Verdú.
El niño de barro aborda temas escabrosos. ¿Puede ser distendido el rodaje de una película así?
Si a mí me afectasen las películas que ruedo, teniendo en cuenta que me meto en dramones, como El laberinto del faunoo La buena estrella, estaría perdida. Intento evitar que me afecte demasiado. Sé cuándo tengo que interpretar, y cuándo no. Yo estoy en el rodaje, tranquilamente, fumando un cigarrito, y cuando me dicen que vamos a rodar, me concentro en ese momento y lo hago. Mientras tanto, trato de relajarme. Reconozco que en la escena del barro, con el niño, uno de los momentos cumbres de la película, lo pasé mal. Es una de las más duras de mi vida. Fue difícil de rodar, porque hacía mucho frío, llovía, estaba todo lleno de barro y estuvimos toda la noche repitiendo tomas. Estaba tan angustiada que hasta llegaba a llorar. Pero intento desconectar en cuanto acaba mi trabajo.
La película se sitúa en Buenos Aires, a principios del siglo pasado. ¿Lo que cuenta tiene una lectura actual?
Ése es el principal valor de la película. Cuenta cosas horripilantes, como en la secuencia del pederasta que quiere fotografiar a una niña desnuda. En 2007, ocurre más que nunca, pues se trafica con ese tipo de fotos por internet. En España se destapan muchos casos, por lo que leo en los periódicos. También existen casos de asesinos sueltos a los que se tarda en condenar, o que salen libres enseguida.
Otro de esos temas es la violencia doméstica.
El laberinto trataba también ese tema. Era una mujer que creía que le debía un favor al tipo que la maltrataba, y por eso se dejaba pegar. Creo que eso pasa a menudo. Por suerte, existen hombres muy distintos con una mentalidad mucho más positiva y con ellos eso no pasa. Creo que los maltratadores son acomplejados, y que la gente que no tiene complejos no es violenta.
Ha estado mucho tiempo perdida, sin rodar, y ahora vuelve a estar en el candelero. ¿Se lo debe a El laberinto del fauno?
Simplemente fue porque no me ofrecían nada que me gustase. Ahora me vuelven a llegar historias que me gustan o directores que me convencen. Así que me lo tomé con tranquilidad y pensé que ya saldría algo. De repente llegó "mi gordo maravilloso", el mexicano Guillermo del Toro, y va y me redescubre para el público español. Tiene gracia la cosa. De todas formas, tengo que decir que El niño de barro y la película de Gracia Querejeta me las han ofrecido antes de que se estrenara El laberinto. Así que puedo decir que estoy en racha. Creo que Guillermo me ha dado suerte.
El laberinto del fauno ganó tres Oscar. Tú estuviste en Hollywood. ¿No te ha entrado el gusanillo de trabajar allí?
No, porque simplemente no tengo esa ambición en mi vida. Sólo existe un tipo de éxito en la vida que es vivir como deseas. Yo vivo como deseo. Vivo mejor aquí. Eso ya, cuestión de gustos, supongo, pero yo no puedo estar mucho tiempo en Los Ángeles.
¿Y qué tal en Latinoamérica? Porque últimamente rueda mucho por allí.
Allí me siento como en casa. A mí llévame a México o a Argentina. Es que en esos países no siento que estoy a muchos kilómetros de distancia. En Estados Unidos creo que la gente vive para trabajar, yo trabajo para vivir, y no conecto con ellos. Cosas que pasan. En México tuve mucho éxito con Y tu mamá también. Sólo por una película me conocen tanto como aquí. Me paran por la calle y todo.
Tiene gracia que nunca me hayan dado un premio en mi vida y que el primero me lo hayan dado en México. Me han dado el Ariel de Plata a la mejor actriz por El laberinto del fauno. Me hacen sentir muy querida. No estoy acostumbrada. Yo ya estoy familiarizada con la idea de no ganar nunca. Llega la presentadora, da la lista de nominados y encima dice: "Y la ganadora es la señora...", así que pensé que la ganadora era alguien muy mayor, y estaba convencida de que había perdido. Así que cuando dijo mi nombre, me quedé completamente en blanco. Casi me da un ataque. Hice todas esas cosas que se ven en la tele, cuando el actor que ha ganado no sabe qué hacer. Le di un beso al "gordo", que andaba por allí.
Sí que te dieron un premio del CEC, por La buena estrella.
Y el premio Ondas. Pero nunca un Goya. De todas formas, me lo he pasado bien cuando he ido a la Ceremonia de los Goya. Me da igual. Lo celebro y todo. No vivo esperando que me den el Goya.
Dijo el otro día Vicente Molina Foix que el cine español había decaído en calidad y había dejado de ser punto de referencia en Latinoamérica. ¿Cree que tenía razón?
Depende de qué películas haya visto él. Quizás tiene razón. Creo que hacemos películas maravillosas, pero también algunas muy malas. Supongo que también pasa en el cine latinoamericano, y en el estadounidense. Voy a ver Azul oscuro casi negro y me sorprendo de las cosas tan interesantes que podemos llegar a hacer. Todavía recuerdo Habana Blues, que me impactó mucho. Pero por el contrario, si Vicente Molina Foix fue a ver Lisístrata, se habrá quedado horrorizado.
¿Le puedes poner una nota al cine español?
No, tendría que valorar cada película por separado. Es como el cine estadounidense, hay grandes bodrios, pero también se hacen cosas maravillosas. Y también depende de los gustos de cada uno. Yo prefiero el cine independiente, que es más intimista. El cine francés da un poco de todo. Cuerda me deja maravillada, pero Lisístrata se merecería un cero.
¿Puedes hablarnos de las películas que has rodado últimamente?
He rodado en México La zona, de Rodrigo Plá. Ahí hago un papel muy pequeño, pero me daba igual, porque me interesaba muchísimo la película. Antes de aceptar, hablé con Guillermo del Toro, y en cuanto le dije que el director era Rodrigo Plá me aconsejó que aceptara sin pensarlo. "Ése tío es el siguiente", me dijo. Se refería a que es el próximo latinoamericano en llegar a la cumbre como Iñárritu o él mismo. Es también un dramón, pero por suerte luego hice Oviedo Express, con Gonzalo Suárez, que es divertida y cómica. Y luego la de Gracia Querejeta, Siete mesas (de billar francés), que habla de temas interesantes, de la vida cotidiana de las personas, de cosas que nos pueden pasar a todos. Pero no es sólo drama, sino que tiene momentos distendidos. Es la única película de Gracia en la que ha añadido comedia.
Me gusta mucho el teatro, me gustaría volver a las tablas algún día. Es lo que más me interesa. Pero ruedo tanto últimamente, que de momento no tengo tiempo para los escenarios. Siempre lo tengo pendiente.
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