Reportajes
Cannes 2012, día 23: Jaime Rosales, On the Road de Kerouac en cine y un sorprendente Leos Carax
La jornada de hoy alterna sus géneros, sus formas de producción, su elenco de actores. Nada une “Sueño y silencio” de Jaime Rosales, “Holy Motors ” de Leos Carax y “On the Road” de Walter Salles, excepto el amor evidente al cine como forma de expresión artística que puede permitirse todas las audacias, aunque éstas sean contradictorias. Se pasa así de la simplicidad absoluta al fresco histórico y moral de una generación a través de las piruetas de un autor singular.
Sueño y silencio se presentaba en la Quincena de Realizadores, en un lugar histórico, pues la sala está situada en lo que fue el antiguo Palacio de los Festivales. La nueva película de Jaime Rosales no se parece en nada a las anteriores. Ha rodado en blanco y negro, salvo dos planos, sin diálogos, y en consecuencia sin verdaderas explicaciones. Sin duda se trata de un cine difícil que aleja a algunos espectadores, pero al mismo tiempo sumamente simple. Rosales desea que su película se parezca a la realidad, donde un arquitecto puede ser un arquitecto y la profesora de un instituto una profesora de instituto. Sus intérpretes son esta vez, eso sí, verdaderos actores.
Jaime Rosales: fiel a sí mismo, fiel al cine
Y el tema que aborda es un drama familiar, que descubrimos poco a poco, que atañe a un matrimonio que vive en Francia y pasa sus vacaciones en España. Allí un accidente causa la muerte de la hija más joven. Ninguna explicación suplementaria se nos suministra, incluso sobre el drama mismo. Se trata, ha dicho Rosales en la rueda de prensa que ha seguido a la proyección de la película, de transmitir sentimientos más que ideas, incluso si aquí se comprende que el esfuerzo por sobrellevar el duelo familiar inspira los sentimientos.
Todo se cuenta en tomas únicas que pueden durar varios minutos, de la forma más simple y más concisa posible. La película describe así el paso del tiempo que cierra las heridas y que las hace soportables. Como se ve, nada más lejos, en el cine de Rosales, que el tipo de historias que triunfan hoy en las pantallas del mundo. Aquí no hay ningún efecto especial ni ningún espectáculo, incluso si a cada secuencia se descubre la intención del cineasta, su forma de hacer cine no admite medias tintas. O se acepta o se rechaza.
Leos Carax: metamorfosis con polémica al canto
El Festival propicia su primera polémica con Holy Motors, de Leos Carax. La prueba, la mezcla de aplausos y protestas confundidos al finalizar la proyección. Carax conoce la canción pues su carrera desde Boy Meet Girl (1984) hasta Pola X (1999), pasando por su película más famosa, Los amantes del Pont-Neuf (1991), ha estado siempre acompañada de división de opiniones y resultados comerciales mediocres, lo que ha dificultado su carrera. Cinco películas en casi treinta años no es un balance alentador. Se trataba esta vez de volver a tomar contacto con el publico y borrar la mala impresión dejada por Pola X.
Hay que decir que Holy Motors consigue polarizar la atención sobre su protagonista, Mr Oscar, un hombre poderoso que parte en su “limousine” gigante para acudir a una serie de citas. Denis Lavant juega a Fregoli cambiando cada vez de aspecto. Sera así sucesivamente banquero, mendiga, monstruo, acordeonista, asesino, víctima, agonizante, padre de familia y hombre normal, sólo que este hombre normal es esperado en su casa por una esposa transformada en orangután. Todo ello se diría gratuito, pero en su excepcional diversidad se ofrece como objeto de curiosidad y de intriga. Sus desplazamientos y metamorfosis forman parte de una emisión de telerrealidad, ciertos indicios podrían sugerirlo, pero no hay nada de seguro en esta hipótesis. Mas bien deberíamos inclinarnos por una metáfora sobre la vida humana, poblada, eso si, por alusiones constantes al cine o a su cine. En esta óptica puede comprenderse la máscara que adopta al final Edith Scob la misma, que llevaba la actriz en Los ojos sin rostro de Georges Franju. La película de Carax intriga, sorprende, irrita, parece a veces una broma pesada, pero termina por interesar e incluso por emocionar. Es, en todo caso una prueba de imaginación quizá y un motivo real de sorpresa.
La esperadísima adaptación de “On the Road” de Jack Kerouac
Dos ideas dominaban antes de la proyección de On the Road, adaptación de la famosa novela de Jack Kerouac. La primera, que el libro resume la ideología libertaria de la época que va producir el fenómeno de la contracultura americana, la segunda la larga espera, más de medio siglo, con la que la obra nos legaba su versión cinematográfica. Y todo el mundo coincidía en que la adaptación al cine era sumamente arriesgada. Era necesario un presupuesto consecuente, en una obra que contiene una libertad de tono difícil de adaptar a las normas de la moral americana. El sexo y la droga son determinantes en la novela y podían alejar de las salas al publico mas joven, por la previsible calificación.
El prestigio de Walter Salles le ha permitido contar la historia sin disminuir su lado provocador. On the Road es una película que describe las derivas sexuales y morales de sus protagonistas, un grupo de jóvenes entre los que se cuenta Jack Kerouac, que van a recorrer el país al final de los años cuarenta. Los personajes reales cambian de nombre. Sal Paradise (Sam Riley), aprendiz de escritor,va a hacerse amigo de Dean Moriarty (Garret Hedlund), joven sin cultura y de apetito sexual sin medida. En torno a ellos giran todos los otros personajes. Y su itinerario está poblado de traiciones, compromiso, consumo de drogas y golpes bajos, de los que sólo quedará a salvo la amistad.
Ideológicamente hay muy poco salvable en la filosofía del grupo, pues contiene el germen de todos los errores de nuestra época en el terreno de las costumbres. Walter Salles, que no oculta en ningún momento las fallas del grupo, consigue al final transmitir un sentimiento de compasión, sobre todo hacia Dean -Sal se salvará por su condición de escritor-, cuya vida no puede ser más que un fracaso. El elenco de jóvenes actores es excelente; aparte de los ya citados es preciso citar a Kirsten Dunst y Kristen Stewart, al fin liberada de los vampiros de Crepúsculo.
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Panorámica previa de nuestro enviado especial Jorge Collar
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