Reportajes
San Sebastián, día 24: el arte de Fernando Trueba y las chicas de Laurent Cantet
Hoy llegan a concurso dos títulos muy diferentes, ambos con presencia francesa, tan importante este año en el Festival de San Sebastián. Por un lado tenemos a una reflexión sobre la creación artística de la mano de Fernando Trueba en “El artista y la modelo”. Mientras que Laurent Cantet sorprende marchando a Canadá para rodar una historia de delincuencia femenina, “Firefox”.
Fernando Trueba tenía un hermano escultor, Máximo, fallecido en accidente, a quien dedica la que tal vez sea su película más ambiciosa, El artista y la modelo, una mirada al creador y su esfuerzo por lograr la obra de arte perfecta, la belleza completada que justifique toda una vida. Sólo así se entiende el abrupto final de la cinta, insatisfactorio a mi entender dentro de una cinta de bastante interés, pero que que vendría a señalar que una vez alcanzada lo que parecía una quimera inalcanzable, uno puede dejar ya este mundo en paz.
La cinta, con guión coescrito por Trueba y Jean-Claude Carrière, sigue al escultor octagenario Marc, que durante en la Francia ocupada de la Segunda Guerra Mundial encuentra la modelo ideal para su trabajo en Mercè, una joven española exiliada tras la guerra civil. Posará desnuda para él en su cabaña en el bosque, lejos del mundanal ruido, intentando que no se le escape esa gran obra de arte que pretende ejecutar.
El director rueda en blanco y negro, sin música, con sonidos naturales, un estilo sencillo de comunión con la naturaleza que podría hacer pensar en Jean Renoir y Una partida de campo. No se nos quiere agotar con la descripción prolija de los personajes, de modo que las apariciones de un miembro de la resistencia, los niños curiosos, la sirvienta de pueblo, el marmolista, o el oficial alemán, están muy medidas; incluso da la sensación de que con el cura los coguionistas se han mordido la lengua para no distorsionar el dibujo del edén donde el artista crea. Se agradece el esfuerzo de moverse en el terreno de la sobriedad, y la ausencia de morbo en los estudios al natural del artista. Por supuesto late la pregunta de si el artista puede permanecer insensible a la persona que tiene delante y a su belleza, mientras trata de encontrar otra que quedará esculpida en piedra. Realmente Jean Rochefort hace un gran trabajo con su personaje protagonista, a sus 82 años demuestra una vez más su talento actoral.
Bienvenidos a la utopía femenina
Cantet demuestra su pulso narrativo, y el buen trabajo que puede hacer con un grupo de actrices no profesionales, después de convocar un taller para seleccionar el reparto, al estilo de lo que ya hizo en La clase. El aire idealista, la convivencia bajo el mismo techo, las reglas secretas y el ser como hermanas, finalmente sometidos al duro baño de la realidad, conectan el film con títulos como El club de los poetas muertos, o las distintas versiones de El señor de las moscas, según la novela de William Golding. Pues la sociedad creada no es perfecta, y sus acciones resultan cuestionables, aunque puedan sentirse marginadas con motivo; desde actitudes apuntadas levemente como el racismo, hasta un golpe que las convierte en auténticas criminales, pasando por las rencillas y los celos. Surgen las dudas serias dudas con su actitud hacia una familia de buena posición, que acogen a una de ellas en su hogar, y el modo en que puede traicionarse la confianza. Con la estrecha unión entre las chicas, Cantet juega la carta de la ambigüedad, su conexión es tan fuerte, su actitud con los hombres es tan despegada, a excepción de un caso aislado, que ante la distintas muestras de ternura femenina deja flotando la sombra de la duda lésbica.
Crónicas anteriores
San Sebastián 2012, día 21, "El fraude"
San Sebastián 2012, día 22, "Blancanieves" y "Argo"
San Sebastián 2012, día 23: "El muerto y ser feliz" y "En la casa"
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