Zona friki
Señor Jonathan Rhys Meyers: Drácula no puede vender bombillas
Corren malos tiempos para los apasionados de Drácula , una de mis novelas favoritas de todos los tiempos que ha dado lugar, a varias de mis
Corren malos tiempos para los apasionados de Drácula, una de mis novelas favoritas de todos los tiempos que ha dado lugar, a varias de mis películas más apreciadas, como Nosferatu, de F.W. Murnau, o Drácula (1958), de Terence Fisher. Tras la reciente continuación literaria de la inmortal novela de Bram Stoker, de cuyo texto no quiero acordarme, donde el conde era el bueno, llegó el infausto film de Dario Argento que contaba como guionista con nada menos que con Enrique Cerezo (y se notaba que así era), en el que el chupasangres se convertía ¡en una mantis religiosa gigante! Por no hablar de la degradación crepuscular que ha sufrido el género por obra y gracia de los vampiros que cocinan spaghetti de Stephenie Meyer.
Así las cosas tenía bastante miedo al abordar Drácula (2013), la serie televisiva con la que Jonathan Rhys Meyers –tan irlandés como Stoker– pretende regresar al olimpo del estrellato televisivo tras la finalización de la serie Los Tudor. Pero ni en mis pesadillas más inquietantes habría podido imaginar un despropósito semejante.
Empieza mal, para qué vamos a negarlo. Mucho saqueo del interesante Drácula, de Bram Stoker, como si los guionistas no se hubieran molestado en leer la novela, dando por hecho que Francis Ford Coppola es la fuente original. Que si homenajes a mansalva a las nuevas tecnologías de la época por allí, que si Mina es la reencarnación del amor original del protagonista, etc., etc. Por no hablar de cambios que no aportan nada, con un Renfield negro que no está loco y Jonathan Harker ejerciendo la profesión menos recomendable del mundo, porque trabaja de periodista.
Y lo que ya merece que todos los ‘stokerófilos’ del mundo nos reunamos para clavarle una estaca en el corazón a Jonathan Rhys Meyers es el pequeño detalle de que en esta producción, el personaje central pasa a ser un comerciante... ¡de bombillas! Señores ‘teleastas’, a ver si pueden entender que el rey de los vampiros no puede vender lucecitas porque... ¡Drácula es el príncipe de las tinieblas!
Lo que se ha quedado en completa oscuridad y no sé si volverá a encenderse es la pantalla de mi televisor.
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