Zona friki
Luc Besson se dirige al público con poca capacidad cerebral en "Lucy"
En España –como sabéis– le tenemos mucho cariño a los franceses, desde tiempos de la Guerra de la Independencia. No sé si será por eso que tenemos términos en el lenguaje que aluden a la patrie de les enfants, como “despedirse a la francesa” –no despedirse–, “tortilla francesa” –sin nada–, o “chimenea francesa” –la que no funciona–. En cine una peli puede ser 'muy americana', pero tendrá su público, mientras que sí es muy francesa, la gente huirá en masa, salvo cuatro cinéfilos locos.
Así las cosas, se puede clasificar como admirable la gestión que realiza Luc Besson de su compañía, Europacorp, con la que está llevándose a mansalva a estrellas yanquis a París a rodar producciones posteriormente muy competitivas en la pantalla. Tradicionalmente el cineasta distinguía dos tipos de films: los que producía y guionizaba con libretos muy similares y tan rutinarios que posiblemente se los escribía un programa de ordenador (Transporter, Wasabi, Taxi Express) y los que firmaba como director, que tenían mucha más vida (León –El profesional–, Nikita).
Pero ahora el galo ha tenido la loca idea de inaugurar una ciudad del cine en la capital francesa que le quite el puesto a Hollywood, y quizás por eso necesita constantes chorreos de dinero. Así que no contento con avalar un centenar de títulos en las últimas dos décadas, ha puesto el turbo, y sus películas como director han dejado de distinguirse de las otras, o sea que son igual de malas. Es lo que ocurre con su último trabajo.
Si esta tesis pseudocientífica diera lugar a una cinta de acción sin ambiciones, pues haces un esfuerzo para creértelo todo y ya está. Pero no, resulta que Lucy tiene pretensiones filosóficas y cuando se pone a reflexionar sobre la evolución del género humano, la burra siente una necesidad enorme de acudir al cuarto de baño más cercano. Para tragarte la peli hasta el final tienes que renunciar al 90 por ciento de tu sesera.
Pero lo peor que puedes hacer cuando estás filmando una película mala es señalar con el dedo la genialidad. Y resulta que en los peores momentos de Lucy, Besson ha tenido la genial idea de meter referencias a 2001, una Odisea del espacio, ahí es nada, y claro las comparaciones son odiosas, su mono deudor de Stanley Kubrick es lo más ridículo que ha dado el cine desde John Cusack interpretando a Nixon con una nariz estúpida, en El mayordomo, y hasta saca un dinosaurio, estilo Terrence Malick, en El árbol de la vida. Encima, este engendro ha dado dinero en taquilla. Vivir para ver.
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