Zona friki
Apología del vampiro emocional de “Lo que hacemos en las sombras”: siete tipos de cinéfilos tóxicos
Suelo huir de las series basadas en películas, que se empeñan en contar en ochenta capítulos lo que antes se ha narrado en dos horas, sin añadir nada nuevo, recuérdese Abierto hasta el amanecer o la recién estrenada Hanna. Pero me convence Lo que hacemos en las sombras, da tanta risa como la película de los mismos autores, Jemaine Clement y Taika Waititi. Mantienen el formato de falso documental, cámara en mano, pero han optado por mostrar nuevos chupasangres, Nandor, Laszlo y Nadja, que comparten piso en Staten Island (Nueva York). Un vampiro muy antiguo les visita para recordarles que debían conquistar el país, pero ellos han estado muy ocupados pasándoselo en grande y ni habían iniciado esa tarea. Lanzan un nuevo capítulo cada jueves en HBO.
Lo malo es que se trata de los más realistas. Que levante la mano quien no haya conocido a sujetos así. O inician una conversación que no te interesa nada y se tiran así horas, hasta acabar totalmente con tu energía. O te agotan con ocupaciones desagradables, como rascar una pizarra con las uñas. Sin duda, producen más escalofríos que los que directamente te muerden en la yugular.
En el mundo de los aficionados al séptimo arte también hemos detectado diferentes tipos de cinéfilos vampíricos. Cuidado con ellos, porque son bastante tóxicos.
Lista de los distintos vampiros cinéfilos con los que conviene no hablar de cine:
1. El sarcástico. Te cuestiona a base de ironía, en teoría fina, pero nada más lejos de la realidad. Te lanza dardos envenenados que acaban poco a poco con tu autoestima. Que vas a ver cine español, pues te dice algo así como que “estupendo, eliges muy bien las películas. Los directores patrios nos proporcionan placeres inesperados”. Te repetirá varias veces que “eres un crack” y “tienes un olfato fino para elegir obras maestras, como Airbender, el último guerrero, de M. Night Shyamalan, que se notaba a la legua que iba a ser especial“. Si notan que te ofenden te advierten de que “todo ha sido una broma”, pero seguirán agobiándote de la misma forma.
2. El vampiro pesimista. Siempre ve el paquete de palomitas medio vacío. Todo le parece mal, así que nadie puede convencerle de que algo va a salir bien. Segundas partes nunca fueron buenas, y antes se hacía mejores películas. ¿Para qué hacen remakes si no aportan nada al original? Pedro Almodóvar tenía gracia cuando hacía humor espontáneo, ahora ya se podría retirar. El cine le parece caro, las televisiones ponen demasiados anuncios, y Netflix te condena a no moverte del sillón, porque te lanza episodio tras episodio de tu serie favorita. O sea que nada le gusta.
3. El pusilánime. Todo les parece genial, por lo que cuando acaba la conversación no te han aportado nada. O sea que si llegas un día argumentando que las películas buenas son las de Hollywood, que están pensadas para el espectador, te dan la razón. Pero si al día siguiente defiendes las europeas, frente a la gran industria, también te dirán que genial. Pueden volverte loco.
5. El agresivo. Como se te ocurra decirle que no te ha gustado la última entrega de La guerra de las galaxias se lo toma como una ofensa personal, o sea que parece que has osado meterte con tu madre. ¿Cómo no te puede gustar el género de superhéroes? ¡No entiendes absolutamente nada de cine! Cuidado, porque son capaces de pegarte en un momento dado, sobre todo si escribes blogs corrosivos que no se casan con nadie, como por ejemplo éste.
6. El vampiro criticón. Aspiraba a sustituir a Carlos Boyero, escribiendo reseñas mortíferas en El País, pero se quedó en reponedor de supermercado. Ahora sistemáticamente te lleva la contraria en todo lo que digas. Que te gustó la última de Martin Scorsese, pues no, estabas equivocado, el cineasta ya no es lo que era, y está en franca decadencia. Tú estás equivocado y él tiene la verdad absoluta. Por supuesto, aprovechará que te ha visto para poner a caldo tu forma de vestir, o tu forma de pensar, ya que nada le parece bien.
7. El ideológico. El peor con diferencia, porque lo politiza todo. O sea, que el western justifica el genocidio indio, y las películas de Walt Disney esconden peligrosos mensajes imperialistas de Estados Unidos, basta darse cuenta de que Elsa, de Frozen. El reino del hielo en realidad vive en un lujoso palacio, por lo que se idealiza a la clase alta y enseña a los niños a aspirar a riquezas que luego nunca tendrán, y los siete enanitos van silbando y felices a trabajar, y eso que están explotados en una mina de diamantes. Por supuesto, todas las películas de Hollywood ensalzan a la sociedad heteropatriarcal y ayudan a la perpetuación de roles de género machistas. ¡Faltaría más! Sólo les gustan las películas de Ken Loach, pero si acaban mal, tiene un par de ellas un poco positivas que son “cuentos” para “ilusos”.
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