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Biografía

M. Night Shyamalan

M. Night Shyamalan

49 años

M. Night Shyamalan

Nació el 06 de Agosto de 1970 en Mahé, Pondicherry, India

Mago del suspense bis

01 Diciembre 2002

Espectros, superhéroes, extraterrestres. Problemas de comunicación, familias en crisis, dudas de fe. ¿Pueden  combinarse cine de género e ideas? ¿Con qué palabras mágicas se logra? ¿Abracadabra, ábrete sésamo, shazam? No. El conjuro de cuento de las mil y una noches es M. Night Shyamalan.

Nacido en India en 1970 aunque genuinamente americano, residente desde niño en su amada Filadelfia, Shyamalan tuvo claro desde los 12 años lo que quería hacer en la vida. Una película titulada En busca del arca perdida fue decisiva. El cine de Steven Spielberg y George Lucas le chiflaba, y se convirtió en necesaria referencia en su meta de ser cineasta. Como ellos, quería llegar a la gente, ser popular.

Una escena de El sexto sentido resume la filosofía narrativa de Shyamalan. El psiquiatra infantil Malcolm charla con el pequeño Cole, que está muy asustado. Para distraerle, empieza a contar un aburrido cuento de un príncipe que viaja en coche. El niño le interrumpe y dice: “Tú nunca antes habías contado un cuento”. Y le explica que para captar el interés hay que añadir sorpresas, como que el coche se queda sin gasolina.

Así son las películas de Shyamalan. Director y guionista de sus historias, sabe insertar ideas de cierto calado en un cine de género, mezcla de suspense y fantástico. Y el plato resultante agrada a estómagos a prueba de bombas y paladares exigentes. Decir “padres e hijos, marido y mujer, deberían hablar”, “hay que usar los talentos que uno tiene”, “Dios existe y cuida de ti”, “tenemos que reconocer las señales diarias que hacen la vida llevadera”, no tiene por qué resultar aburrido. La intriga, los misterios por resolver, cautivan a todo los públicos. ¿Por qué no utilizarlos para hablar de cosas cotidianas? Familia, infancia, comunicación, fe, muerte, introspección, son traspasados por el rayo de lo extraordinario. Las almas en pena de El sexto sentido nos hablan de diálogo (“la próxima vez que veas un muerto háblale, pregúntale qué quiere”), los superhéroes de El protegido nos recuerdan que todos tenemos cualidades por descubrir, el clérigo que ha perdido la fe en Señales nos interpela a interpretar correctamente la realidad que nos rodea.

Contador de historias nato, heredero del maestro Alfred Hitchcock en su manejo de los recursos del suspense, una marca de fábrica del cineasta consiste en ofrecer un final sorprendente, luz que obliga a releer las películas desde el principio, atendiendo a inesperadas revelaciones. Su modelo confeso a tal efecto son títulos como Psicosis y El planeta de los simios.

No siempre fue así. En Los primeros amigos abordó una historia fascinante: la búsqueda de Dios emprendida por un niño cuyo abuelo acaba de fallecer. Aparte de diferencias creativas con el productor Harvey Weinstein, tuvo que soportar la etiqueta en The New York Times de propagandista religiosa. De ahí extrajo Shyamalan una lección: “No puedes trabajar con la presunción de que el público, el que sea, tiene tus mismos sentimientos, o comparte tu sistema de valores o lo que sea. De modo que si quieres plasmar eso, tienes mucha faena por delante a la hora de dar cuerpo al film. ¿Cómo les hablas y les dices ‘Vamos a crear un mundo’? Con el lenguaje y medios fílmicos, y lo que he escrito, ¿qué puedo hacer para que esa persona se sienta más próxima a mi modo de ver las cosas?”. La respuesta, en sus películas.

Filmografía
Glass (Cristal)

2019 | Glass

David Dunn, Kevin Wendell Crumb, Elijah Price. También conocidos como "El Protector", "La Bestia" y "El señor Cristal". Van a coincidir como inquilinos de un centro psiquiátrico donde les evalúa la doctora Ellie Staple, desea que se curen de su dolencia, creerse especiales, auténticos superhéroes. Fuera, sus seres queridos –Joseph, el hijo de David, Casey, antigua víctima de Crumb, y la madre de Elijah– siguen inquietos su evolución. En el final de Múltiple, M. Night Shyamalan dejaba la puerta a unir el universo de esta película con el de El protegido. Y en efecto, han pasado los años, y David sigue usando sus talentos de superhéroe, encapuchado con su impermeable, tratando de dar caza a la Bestia, que sigue con sus numerosas personalidades dando guerra, y últimamente ha secuestrado a unas cheerleadres. Shyamalan prepara el terreno con estos prolegómenos para centrar la acción en el manicomio, donde Elijah sigue maquinando ideas por ser algo más que una simple némesis de David, como recuerdan bien los admiradores de El protegido. En su momento denominé a Shyamalan como "el nuevo mago del suspense". Sigo convencido de su enorme talento. Pero también de que ha perdido el norte. Sus mejores filmes siguen siendo El sexto sentido y El protegido. Poco conocido del gran público, me pareció fantástico su primer trabajo de entidad, Los primeros amigos. Tras entregar unas logradas El bosque y Señales, empezó a hacer agua con La joven del "ídem", y tocó fondo con Airbender: el último guerrero, simplemente fallida por infantiloide. Desde ahí ha ido remontando, pero nunca al nivel de antaño. Con Múltiple y ahora Glass (Cristal) procura reverdecer sus laureles, pero aún le queda camino. Y es que la sensación es que aún le queda espacio a Shyamalan para madurar, se diría que se encuentra encantado con la idea de crear su propia franquicia de superhéroes, aunque me temo que Marvel y DC quedan todavía un poquito por delante. De acuerdo, la película está bien armada, y la trama nos depara alguna sorpresa, pero de algún modo, en los temas de fondo se limita a revisitar con cerebral frialdad ideas de los otros filmes de los que es deudora. Cuesta empatizar con los personajes, aunque estén encarnados por un buen plantel de 7 magníficos actores, Bruce Willis, Samuel L. Jackson, James McAvoy, Sarah Paulson, Anya Taylor-Joy, Spencer Treat Clark y Charlayne Woodard.

6/10
Servant

2019 | Servant | Serie TV

Una de las primeras series producidas por Apple para su servicio Apple TV+, con el que pretende plantar cara a Netflix y compañía. Se trata de una cuidad producción de terror inquietante, compuesta de capítulos de media hora, creada por el especialista en series televisivas Tony Basgallop, y que ha contado con M. Night Shyamalan para la dirección de algunos episodios, además de que el cineasta figura acreditado como productor ejecutivo. Se supone que ofrece el tipo de historias que interesan al director de El sexto sentido, e incluye algunos de sus guiños habituales, como el hecho de que la acción transcurre en Filadelfia, y en que hace uno de sus típicos cameos, emulando a Alfred Hitchcock. La acción transcurre casi en un escenario único, la elegante mansión con bodega incluida que ocupa el matrimonio Turner, compuesto por Dorothy y Sean. Ella trabaja en televisión como periodista, con reportajes a piel de calle, mientras que él es chef y crítico culinario, y la mayor parte de su tarea la hace en casa. Recientemente han contratado a una niñera, la inquietante Leanne Grayson, tremendamente reservada. Debe cuidar a su bebé Jericho, aunque en realidad no existe tal bebé, que murió repentinamente, una tragedia que Dorothy no ha podido superar. Hasta el punto de que sigue una peculiar terapia con un muñeco que hace las veces de Jericho, y que da la impresión de que la madre cree a pies juntillas; lo más curioso es que Leanne le sigue el juego como si creyera que el crío es de verdad. Aunque de entrada el planteamiento logra intrigar, da la impresión de ser una trama alargada artificialmente, que daba como mucho para una película de hora y media. De modo que hay que insistir una y otra vez en el comportamiento anormal de Dorothy, en las rarezas de Leanne, y en el escepticismo de Sean, éste respaldado por el de su cuñado Julian; no faltarán además las pesquisas sobre el background de Leanne, a la que Dorothy conoció inicialmente en redes sociales. Y se juega con el sonido y los ángulos de cámara para crear una atmósfera bizarra, también con innecesarias ideas morbosas como la del lamento de Dorothy por no poder dar el pecho a Jericho, u otros detalles sexuales poco justificados. Se ha apostado por actores desconocidos, únicamente los fans de Harry Potter caerán en la cuenta de un actor pelirrojo es nada menos que Rupert Grint, Ron Weasley en la saga de películas del niño mago.

5/10
Múltiple

2016 | Split

En todas las películas, para su mayor disfrute, conviene saber del argumento cuanto menos mejor. En las del director de El sexto sentido, con más razón. Por no desvelar de más, pongamos que en el punto inicial la joven Casey espera con dos amigas que su padre –que será quien conduzca– se meta en el coche, pero cuando se abre la puerta irrumpe un desconocido con aspecto siniestro. Después de que su carrera hiciera aguas, con las fallidas Airbender: el último guerrero y After Earth, M. Night Shyamalan empezó a recuperarse con la correcta La visita, que venía a ser una reinvención de sí mismo, sin renunciar a su propia personalidad y a sus constantes. Se podría decir que Múltiple supone un paso más en esa línea. Esto significa que, al menos en apariencia, se trata de un thriller sencillo, en comparación con obras como La joven del agua, que como el anterior trabajo transcurre casi en un único escenario. Engancha más, estamos ante su obra más sólida de la última década, pues otra vez crea una atmósfera inquietante, labor que se le da mejor que a nadie, pero no la estropea con humor grotesco, utiliza de forma modélica las largas secuencias dialogadas, incluye un par de sustos y secuencias de suspense para no ver antes de irse a dormir, y no falta alguna sorpresa que dejará boquiabierto sobre todo a los incondicionales. Nada de esto funcionaría sin las trabajadas interpretaciones del reparto, en el que sobresalen sobre todo los dos antagonistas principales, la cada vez más en alza Anya Taylor-Joy, que dio muestras de su notable talento en La bruja, y el siempre sorprendente James McAvoy que esta vez sale airoso de interpretar a un psicópata con múltiples personalidades muy diferentes sin caer en lo forzado. Temáticamente, enlaza con algunas obras previas del realizador, pues aborda la comunicación; de nuevo aparece la figura del psiquiatra que trata de llegar al interior de su paciente, aquí una mujer, la veterana Betty Buckley, que ya aparecía con el realizador en El incidente. Y también las consecuencias del sufrimiento, que puede dar lugar al victimismo, y al nacimiento de la maldad en quien ha padecido mucho, o por el contrario puede servir para autosuperarse, como se vio en otro conocido título del cineasta.

6/10
Wayward Pines

2015 | Wayward Pines | Serie TV

Primera incursión de M. Night Shyamalan en el mundo televisivo, con una miniserie intrigante que transcurre en un pueblo de Idaho, Wayward Pines, cuyo aspecto hace pensar en Twin Peaks de David Lynch, con la que comparte cierta sensación buscada de desconcierto en el espectador, aunque el tono es claramente diferente. La trama arranca con la llegada del agente del servicio secreto Ethan Burke a Wayward Pines con magulladuras, como si hubiera sufrido un accidente, y de hecho es ingresado en un hospital; el motivo del viaje era tratar de averiguar el paradero de dos agentes, desaparecidos desde hace algún tiempo. Por otro lado, el servicio secreto y su familia tienen noticias de que el vehículo de Ethan ha ardido en un accidente, y su compañero ha muerto carbonizado, pero de él no saben nada. La impresión es que Ethan malherido se encuentra atrapado en un mundo paralelo, pues no puede contactar con el exterior, y las personas que le atienden –el psiquiatra y la enfermera del hospital, un sheriff local, etcétera– hablan con él con una extraña amabilidad, como si tuvieran algo que ocultar. Adaptación de las novelas de Blake Crouch, con un aire intrigante que hace pensar en historias tipo Cuentos asombrosos o En los límites de la realidad. Terreno por tanto muy adecuado para Shyamalan, que dirige el piloto de la serie y figura como productor ejecutivo, aunque no ha intervenido en los guiones. El principal atractivo es la atmósfera envolvente que hace que el espectador dude de en que terreno se mueve. Con un reparto muy atractivo de grandísimos secundarios (a Matt Dillon le acompañan Terrence Howard, Juliette Lewis, Toby Jones y Melissa Leo, entre otros), la producción está cuidada, y sin alcanzar cotas de máxima excelencia, es más que digna.

6/10
La visita

2015 | The Visit

Becca y Tyler, hermanos adolescentes, van a pasar unos días en la solitaria casa de los abuelos, con los que su madre soltera cortó toda relación al quedarse embarazada siendo una jovencita. La estancia podría ser el inicio de la deseable reconciliación, y Becca, aspirante a cineasta, está dispuesta a grabar toda la estancia con su cámara de vídeo, para así montar un documental sobre el tema. Será una buena sorpresa para su madre, que no estando aún preparada para el reencuentro, se va de crucero con su nuevo novio, un hispano. El caso es que los recién conocidos abuelos, a pesar de su aspecto bondadoso y un supuesto historial de servicio a su comunidad, resultan ser bastante siniestros. M. Night Shyamalan se esfuerza por reinventarse mientras vuelve en parte a sus orígenes, tras las fallidas películas Airbender: El último guerrero y After Earth. Lo acaba de hacer con su incursión en el formato de serie televisiva en Wayward Pines y ahora con La visita, una irregular cinta de terror de bajo presupuesto, humor algo siniestro y desconcertante, y actores poco conocidos. La idea es jugar con el aire documental que propicia el hecho de que Becca esté rodando precisamente un documento sobre su visita a unos abuelos que están deseando conocerles a ella y a su hermano, y así desdibujar las líneas entre realidad y ficción, al estilo de El proyecto de la bruja de Blair o la ya larga saga de Paranormal Activity. A ello se suma la poderosa personalidad visual de Shyamalan, y su capacidad de crear atmósferas inquietantes, aquí prescindiendo además de partitura musical; aspectos que combina, algo arriesgadamente, con algo de crítica social a las familias desestructuradas, y con un humor negro e incluso gore y decididamente grotesco, que a veces se antoja algo pasado de rosca. Da la impresión de que en esto último intenta emular el humor algo socarrón del mago del suspense en sus bromas de Alfred Hitchcock presenta, a quien también se cita claramente con ideas y algún plano, en homenaje a Psicosis.

5/10
After Earth

2013 | After Earth

El adolescente Kitai Raige trabaja duro para convertirse en ranger y que su padre, el legendario comandante Cypher, esté orgulloso de él. Pero el riguroso progenitor mantiene las distancias, le culpa en el fondo de la muerte de su predilecta hija Senshi. Pese a todo, y a instancias de su esposa Faia, Cypher se esfuerza en estrechar lazos y se lo lleva en una expedición espacial que termina con la nave estrellándose en la Tierra, convertida tras algún tipo de cataclismo no explicitado en un planeta hostil. Con las dos piernas rotas, Cypher sólo puede confiar en su hijo para encontrar la baliza que permita enviar una señal de auxilio, situada en la cola del aparato, que ha caído a unos 100 kilómetros. Pero quizá ande suelto por ahí un ursa, una letal criatura alienígena. Will Smith ha imaginado una historia de ciencia ficción de corte familiar, que le permite volver a trabajar con su hijo Jaden Smith tras En busca de la felicidad. Y ha confiado el proyecto a un M. Night Shyamalan en horas bajas, que firma el guión con Gary Whitta, conocido por el libreto del film postapocalíptico El libro de Eli. Aunque se la trata de revestir de elementos futuristas ecológicos que hablan de una nueva civilización tras echar a perder la habitabilidad de la tierra, y de peligrosas criaturas, After Earth ofrece en el fondo una historia bastante sencilla de acercamiento entre padre e hijo. La idea sería que Cypher aprendería a no culpabilizar a su vástago de una tragedia, y Kitai, más allá de querer complacer a su padre y lograr su aprobación, alcanzaría, hasta cuerto punto, un grado de madurez. Por ello podemos decir simplemente que el film es medianamente entretenido, y contiene buenas escenas de acción en un contexto de supervivencia. Probablemente el lienzo es demasiado grande para narración tan elemental, o dicho de otro modo, se podía contar lo mismo con un presupuesto más ajustado. Pero claro, la película está concebida para generar dólares con el gancho Will Smith e hijo más la mano en el timón de un director de prestigio como Shyamalan, lo cual significa hacer las cosas a lo grande grandísimo, lo exija o no la historia. Al director de El sexto sentido le está tocando emprender la senda de historias no tan personales tras el fiasco de Airbender: El último guerrero. Se le puede reconocer en algunas señas de identidad como el sonido para la creación de atmósferas, el tinte ecológico que conecta con El incidente, y la mitigada trascendencia, presente en esa señal de hincar la rodilla para pensar con claridad; y para mal, aunque está contenido, en el rollete de explicar criaturas al estilo de las ninfas de La joven del agua. Los actores de After Earth están bien, aunque con contados registros, Jaden Smith de adolescente asustado y capitidisminuido por la presión paterna, Will Smith en plan serio, parece estar pensando “voy a interpretar a Obama enfadado” o algo así.

5/10
Airbender: El último guerrero

2010 | The Last Airbender

Giro radical en la carrera de M. Night Shyamalan, que aunque se mantiene en el género fantástico, renuncia a su tono adulto habitual, así como a reservarse, como hasta ahora, un papel. Por primera vez parte de un material ajeno. En concreto, el realizador adapta Avatar: The Last Airbender, una serie animada de Nickelodeon. El director de El sexto sentido la descubrió porque la seguían sus hijas, y se declara también seguidor incondicional. Airbender: El último guerrero está concebido como el inicio de una saga, y de hecho se limita a ser el arranque de la historia con final abierto. A pesar de que la serie es americana, su estética y argumento beben de las series de animación manga. Se desarrolla en un mundo dividido en cuatro reinos: Aire, Agua, Tierra y Fuego. En cada lugar, hay maestros capaces de controlar el elemento correspondiente. La Nación del Fuego trata de conquistar las otras tierras, aniquilando a todos los que se resistan. La Nación del Aire ha sido invadida, y está a punto de correr la misma suerte la del Agua. Allí, la joven maestra del agua Katara y su hermano Sokka practican tranquilamente sus técnicas cuando descubren en el hielo a un niño, Aang, que asegura ser el Avatar, personaje al que aluden las profecías. El Avatar es el único que puede controlar a los cuatro elementos, y gracias a esto podría detener el avance de la Nación del Fuego y recuperar el equilibrio... Es posible que Shyamalan haya aceptado ceñirse al juego de las superproducciones para cambiar de aires, tras las habituales críticas negativas que le han caído, sobre todo en Estados Unidos, cuando ha rodado películas muy personales de altura. Quizás ha pensado que podría complacer a Nickelodeon con una adaptación muy fiel del original, y al tiempo ofrecer reflexiones sobre la superación personal y el sacrificio. Pero en la práctica, Shyamalan no ha logrado preservar sus señas de identidad, y su película es más plana que una tabla de planchar. Sus personajes son arquetipos de héroes o malvados, sin ningún atisbo de humanidad. Hablan con frases grandilocuentes, de tebeo barato, que Tarantino podría parodiar en sus películas. Así las cosas, ningún actor consigue resultar creíble, ni siquiera Dev Patel, que tan buen sabor de boca dejó como protagonista de Slumdog Millionaire. El argumento es pueril, repetitivo, y sobre todo aburrido. Su supuesto fondo se reduce a bocanadas de misticismo oriental y new age bastante superficiales. Y lo que es más grave, fallan sus coreografías, supuestamente espectaculares, que podrían haber salvado el conjunto. Ninguna de ellas sorprende, y están filmadas en una cámara lenta que llega a resultar tediosa.

4/10
El incidente

2008 | The Happening

Un día en Nueva York, como otro cualquiera. ¿O no? Es temprano, y comienza un extraño fenómeno, que tiene su foco en Central Park. La gente se queda como atontada, empieza a divagar, y finalmente atenta contra su propia vida. La primera explicación que surge es la del ataque terrorista: una nube tóxica afectaría al cerebro anulando el instinto de la propia conservación. Pero a medida que incidentes similares se repiten en distintos lugares de la costa Este de Estados Unidos, tal explicación se revela insuficiente. En cualquier caso, los asustados ciudadanos se llevan el equipaje imprescindible y tratan de viajar al interior del país. Uno de ellos es Elliott, profesor de ciencias en un instituto de Filadelfia, cuyo matrimonio pasa una mala racha, sin razón aparente. Le acompaña en la huida su esposa Alma, y un colega profesor con su hijita. M. Night Shyamalan vuelve a mostrar su “mano de santo” a la hora de crear suspense, una atmósfera en que un plano del simple mecerse de las ramas de un árbol por el viento, acompañado del sonido y la música adecuadas, logran estremecer al más “pintado”. Realmente son inquietantes los sucesos que acontecen en el film, sobre todo por su origen desconocido, la falta de una explicación racional de los mismos. Toda la trama pivota alrededor del personaje de Elliott; acostumbrado a usar el método científico y enseñarlo a sus alumnos para resolver problemas, también es alguien abierto a que algunas cosas en el universo se resisten a las explicaciones convencionales. Ese enfoque de que el hombre no puede encontrar las razones de todo, la apertura al misterio, resulta tremendamente atractivo. Frente a su anterior film, La joven del agua, muy artificioso al hablar de ninfas y otras zarandajas, aquí Shyamalan opta por una narración directa, casi minimalista, evocadora de grandes temas, que no se queda en las hojas que impiden ver el árbol. Ahí fuera hay una siniestra amenaza, y hay que sobrevivir a toda costa. Punto pelota. A partir de esa premisa, esqueleto elemental, cabe dotar de significado a los pasajes: lanzar una advertencia de corte ecologista, y hablar –tema recurrente del cineasta– de la importancia de la comunicación y la comprensión entre las personas, algo abordado a través del matrimonio Elliott-Alma y de la niña que deben custodiar. Poderosísima es la escena de los tres saliendo de sus respectivos refugios, a modo de acto redentor a través del amor. Y se juega a un interesante contraste entre lo artificial e impostado ­–esa casa piloto en la que se refugian–, y la naturalidad en el trato. También se aborda la tentación del aislamiento ante los problemas –tema que ya abordó en El bosque–, lo que puede degenerar en manías de diversa índole, inclusive el recurso a la violencia. Shyamalan entrega un buen film de género, técnicamente impecable, que habla de miedos muy actuales, y de dificultades familiares también muy comunes. Eso sí, en ese ir a lo esencial se queda uno con la sensación de que a la película le falta algo de chicha, y que utiliza algún truco de guión demasiado obvio o de relleno. Estamos ante una gran serie B de un director A. Hay pasajes terroríficos, más sanguinolentos de lo habitual en el cineasta, aunque acuda a veces al fuera de campo, o evite el puro plano repulsivo. Y al tiempo sabe producir miedo con escenas casi fantasmagóricas, o con elementos cotidianos. Ese recurso a las plantas, con la paradoja de que pueden hacernos temblar –en un montón de pasajes, tal vez recordando otros vegetales inquietantes, las vainas gigantes de La invasión de los ladrones de cuerpos– o reír –otro momento que no es cuestión de destripar–, es ilustrativo de la pericia narrativa de Shyamalan. Su deuda con Alfred Hitchcock y Los pájaros a la hora de crear miedo con la cotidianeidad es clara y funciona. También, algo muy meritorio de una película de género, sabe dotar de humanidad a sus personajes. Sobresale especialmente Mark Wahlberg, con su cara de sufridor cuando mira a su esposa sin saber qué debe hacer para superar sus diferencias; en la escena de distensión en que hace una confidencia a Alma, correspondiendo a la que la otra le hizo; y cuando logra ganarse la confianza de su pequeña acompañante.

6/10
La joven del agua

2006 | Lady in the Water

Cleveland Heep se encarga del mantenimiento de un edificio, aunque no es ésa su verdadera profesión. Tipo de cara triste, instalado en la rutina, huye de su pasado a través de un trabajo que le obliga a relacionarse con los vecinos del inmueble, aunque sin verdadero trato interpersonal. Su actual preocupación es el chapoteo que se escucha por la noche en la piscina, y que atribuye a alguien que se cuela para bañarse aprovechando la oscuridad. En realidad se trata de Story, una ‘narf’ o ninfa acuática, joven de corazón puro y extraordinarias cualidades, que huye de unas terribles criaturas. Ha definido M. Night Shyamalan como un “cuento para escuchar antes de acostarse”, y eso es exactamente. Aunque fiel a su filmografía (El sexto sentido, El protegido, Señales, El bosque), esa trama le sirve para explorar los temas que le interesan, constantes que viene repitiendo en todo su cine: la fe, la incomunicación, la necesidad de ocuparse de los otros, el empleo de los propios talentos, el papel que a cada uno toca desempeñar en esta vida… De este modo, con formato de thriller, e incluso de cuento de terror, hace pensar, lo que no es poco. Sin embargo, desde el punto de vista puramente argumental, La joven del agua está menos lograda que sus otros filmes. Asegura el cineasta que llevaba tiempo dando vueltas a la idea de crear su propia mitología, al estilo de J.R.R. Tolkien, J.K. Rowling y Roald Dahl. Si es así, aún le queda mucho camino por recorrer, pues la historia de ninfas y monstruos se revela esquemática en exceso, y embarullada a la hora de inventar palabras y hechos de esas criaturas. Y el modo de presentarla –la abuela de una joven oriental conoce, por suerte, todo o casi sobre las ‘narf’– no resulta especialmente ingenioso. Por suerte, Shyamalan es un director de gran personalidad, con un mundo propio. De modo que incluso con una trama más débil de lo habitual cuenta su historia con poderío. Ayuda en el aspecto visual la fotografía de Christopher Doyle, y el diseño artístico del inmueble de Martin Childs; y el uso del sonido y la partitura de James Newton Howard contribuyen a la buscada atmósfera inquietante.

6/10
El bosque

2004 | The Village

Repetirse o no repetirse, he ahí el dilema. M. Night Shyamalan, que escribe, dirige y produce este film, lo tiene claro: él no se repite, aunque sus detractores se empeñen en ver otra cosa. Lo que sí hace es aprovechar un género inmensamente popular, el de suspense, para abordar cuestiones de entidad e interpelar al espectador. Y cuenta con el uso de caminos narrativos inesperados, que enganchan. Por eso la experiencia de ver sus filmes sin saber mucho de ellos, apenas lo imprescindible, se agradece. Se disfrutan más. Finales del siglo XIX. Un pueblecito aislado, rodeado por un bosque. Sus habitantes viven en relativa alegre camaradería, todos se conocen, con frecuencia tienen comidas al aire libre, todos juntos. Son gobernados por un grupo de mayores, que resuelven los problemas de la comunidad. Pero, única limitación, han acordado no salir nunca del pueblo, pues en el bosque habitan unas horribles criaturas, ‘los que no se pueden nombrar’. Mientras no traspasen los límites del villorrio, podrán vivir en paz. Pero de lo contrario… Nuevos desafíos para Shyalaman, brillantemente superados. El primero, crear su primera protagonista femenina fuerte, el de la ciega Ivy. Tal personaje sirve para plantear la existencia de varios tipos de ceguera; y conduce a una delicada historia de amor, con la escena del porche, resuelta con maestría. Y hay aún más amores, amores secretos no confesados. Y secretos, secretos no comunicados. Porque la cuestión de la transparencia, de mostrar las cosas como son, de hablar claro, sigue presente en el cineasta de origen hindú. Y luego está el miedo. Miedo distinto del terror (aunque hay un pasaje en el bosque, donde Ivy bien podría ser bautizada como ‘Caperucita amarilla’, de enorme fuerza, capaz de asustar a cualquiera), y de más largo alcance de lo que podría parecer. Se trata del miedo al exterior, a un peligro que nunca ha sido afrontado en serio. Permanecer enclaustrados en el pueblecito tiene su contrapartida: faltan medicinas y otras cosas buenas, a las que se ha renunciado para evitar a los monstruos. Controlar esta historia no es tan sencillo. Para crear la atmósfera precisa, la puesta en escena es esencial. Y el director sabe mover todas sus fichas: el sonido y la música, tan cruciales en su cine; los movimientos de cámara, con un inesperado uso del zoom; el diseño artístico del pueblo, en localizaciones invernales, y no en estudio… Los personajes y su desarrollo son importantes. Shyamalan sigue probando que es un excelente director de actores. En el film reúne a un reparto de aúpa (Joaquin Phoenix, Adrien Brody, William Hurt, Sigourney Weaver, Brendan Gleeson), que maneja bien, e incluso se permite jugar a lo Hitchcock en Psicosis, con la desaparición a mitad de trama de un actor.

8/10
Señales

2002 | Signs

El plano con que se inicia Señales es un magnífico botón de muestra del dominio de la narrativa cinematográfica alcanzado por el director y guionista de origen hindú M. Night Shyamalan. Vemos en una mesita de noche una foto de rostros sonrientes, un clérigo rodeado de su familia. De pronto el clérigo, que está acostado en la cama, se despierta sobresaltado de una pesadilla. Al incorporarse, la fotografía queda oculta. De modo gráfico no exento de intriga, Shyamalan resume el tema de la película: la angustia de una familia, apagada tras la muerte de la madre en accidente de tráfico. Acontecimiento especialmente traumático para el padre Graham Hess, pastor presbiteriano que ha visto removidos los cimientos de su fe, hasta el punto de colgar el traje clerical. Y lo que le sostiene, el amor a sus dos hijos, parece no acabar de bastar. Aunque le eche una mano su hermano Ferrill, que generosamente se ha venido a vivir con ellos. Una lectura superficial del film podría llevar a definirlo como la versión Shyamalan de Encuentros en la tercera fase. Pero las señales que aparecen en los campos de maíz de Graham, y que provocan la desazón mundial (¿será un fraude?, ¿constituyen las pistas de aterrizaje de una invasión alienígena?) no son un puro divertimento ni una especulación vacía. El director filma con extraordinaria fuerza, planifica con ángulos novedosos. Crea atmósferas inquietantes, apoyado en la banda sonora y en los efectos de sonido. Y hace mil y una variaciones sobre un mismo tema, la incomunicación, mal endémico, de modo paradójico, en nuestra sociedad mediática. Aunque los filmes de Shyamalan tienen una veta indudablemente sobrenatural, resulta decisivo también el cuidado de su aspecto realista. Están llenos de pequeños detalles cotidianos, y de golpes de humor (el uso que se hace en el film del papel de plata no tiene precio), que para nada están metidos con calzador. El director asegura que “las películas sobrenaturales suelen tener una especie de pliego de descargos al principio, que viene a decir algo así como que nada de lo que van a ver es real, etcétera, etcétera. Yo intento prescindir de ese etcétera, etcétera.”

7/10
El protegido

2000 | Unbreakable

David es el único superviviente de un trágico accidente de tren. Lo que cabe calificar de milagroso, quizá lo sea, por qué no. ¿Tiene David un don, como los superhéroes de los cómics? ¿Es Elijah el “profeta” que le ha reconocido tras vislumbrar varias “señales”? Son interrogantes que asaltan a un David sumido en una profunda crisis personal. Sobre él planean la posible separación de su mujer, y la mirada perpleja de su hijo adolescente, que necesita el apoyo sólido de un padre, creer en él. Tras El sexto sentido el director M. Night Shyamalan nos conduce a otra historia de ribetes sobrenaturales, repleta de sorpresas. Contar lo normal entreverado con lo extraordinario, ése es el don como narrador de Shyamalan. Eduardo Serra, el director de la fotografía, asegura que Shyamalan le subrayó que “la película habla sobre todo de personas, de la relación entre un hombre, una mujer, y su hijo”. Se nos puede mostrar algo tan peculiar como un presunto chiflado (estupendo Samuel L. Jackson), empeñado en que David (un no menos estupendo Bruce Willis) es un superhéroe. Puede estar sembrado el film de momentos inquietantes (¡qué gran creador de atmósferas es Shyamalan!), como los del accidente, la caída por la escalera del metro, la irrupción en la casa asaltada por un criminal, la caída a la piscina. Pero todo ello está atravesado por una corriente eléctrica de normalidad que humaniza la historia, hasta hacer creíble lo increíble. ¿Quién no conoce una familia con problemas? O mejor aún, ¿quién no ha pasado personalmente por alguna dificultad? Shyamalan aborda el tema de la comunicación de uno con los suyos de un modo atractivo. Por ser algo que a cualquier espectador atañe, en mayor o menor medida, la cuestión podía abordarse de modo anodino, sin conseguir despertar el interés. Al unirla el director con un tema más amplio –David tratando de encontrar su sitio en el mundo, de conocerse tal y como es–, lo ordinario pasa a convertirse en algo extraordinario, que merece la pena ser observado.

8/10
El sexto sentido

1999 | The Sixth Sense

Malcolm Crowe es un psicólogo infantil de reconocido prestigio. Una noche, cuando está en casa con su esposa, recibe la visita de un antiguo paciente, ya adulto, totalmente trastornado. El hombre hiere a Malcolm y posteriormente se suicida. Un año después, el psicólogo no ha logrado superar los hechos. Hay un distanciamiento de su mujer, y su pericia con los niños no parece dar buenos resultados con el pequeño Cole. El inteligente crío de ocho años tiene un extraño comportamiento, y vive en un permanente estado de miedo. Cuanto más intenta ayudar a Cole, más parecidos encuentra Malcolm entre los síntomas del niño y los de su antiguo paciente. Y punto. No diremos ni una palabra más de un argumento que logra algo raro en el cine actual: sorprender. La anterior película de M. Night Shyamalan, Los primeros amigos, que pasó algo inadvertida, ya revelaba algunos temas presentes en El sexto sentido: el mundo de la infancia, el sentido de la vida y de la muerte, la fuerza de la fe y del amor. Aquí se añade, además, la atmósfera de thriller inquietante, perfectamente lograda. Shyamalan crea suspense mediante una planificación y montaje impecables, y con la sugestiva partitura de James Newton Howard, que casa con las imágenes a la perfección. La película, además de inquietante, sabe perfilar relaciones humanas. Amistad entre niño y psicólogo, entre niño y madre, entre psicólogo y esposa, entre esposa y un tipo que empieza a interesarse por ella. Saber hablar, saber escuchar, a todos: a los vivos y a los muertos. Conocer las necesidades de los otros, y satisfacerlas en la medida de las posibilidades de uno. Creer. Resulta asombroso que un puñado tal de temas sugerentes pueda ir servido en una película de género, que cabalga entre el terror y el suspense; y junto a ello, con enorme naturalidad, se muestra la existencia de una vida después de la muerte, la necesidad que todos tenemos de descansar en paz, el refugio que puede ofrecer, a un alma atribulada, la quietud de una iglesia.

8/10
Los primeros amigos

1998 | Wide Awake

Joshua es un chaval de 10 años al que le toca madurar deprisa. Recientemente ha muerto su abuelo, católico fervoroso, al que estaba muy unido. Su ausencia le lleva a plantearse muy en serio, en ese curso, una misión especial: buscar a Dios. Singular film, estructurado en tres actos –búsqueda, preguntas y respuestas sobre Dios­– que combina puntos de comedia, que le ocurren a Joshua en una escuela de monjas, con los interrogantes inquietantes que se hace: ¿por qué los seres queridos mueren?, ¿por qué hay enfermedad y sufrimiento?, ¿por qué los amigos lo pasan mal?, ¿por qué parece que Dios no escucha? Después del increíble éxito en cine de El sexto sentido (2º film en recaudación en Estados Unidos en 1999, sólo superado por La amenaza fantasma), es el momento de mirar atentamente esta película del mismo director, M. Night Shyamalan, que con tan sólo 26 años apunta ya sólidas dotes narrativas y unos temas propios. Night asegura haberse inspirado en recuerdos de su propia infancia. El final, de ribetes sobrenaturales, resulta totalmente inesperado.

7/10
Glass (Cristal)

2019 | Glass

David Dunn, Kevin Wendell Crumb, Elijah Price. También conocidos como "El Protector", "La Bestia" y "El señor Cristal". Van a coincidir como inquilinos de un centro psiquiátrico donde les evalúa la doctora Ellie Staple, desea que se curen de su dolencia, creerse especiales, auténticos superhéroes. Fuera, sus seres queridos –Joseph, el hijo de David, Casey, antigua víctima de Crumb, y la madre de Elijah– siguen inquietos su evolución. En el final de Múltiple, M. Night Shyamalan dejaba la puerta a unir el universo de esta película con el de El protegido. Y en efecto, han pasado los años, y David sigue usando sus talentos de superhéroe, encapuchado con su impermeable, tratando de dar caza a la Bestia, que sigue con sus numerosas personalidades dando guerra, y últimamente ha secuestrado a unas cheerleadres. Shyamalan prepara el terreno con estos prolegómenos para centrar la acción en el manicomio, donde Elijah sigue maquinando ideas por ser algo más que una simple némesis de David, como recuerdan bien los admiradores de El protegido. En su momento denominé a Shyamalan como "el nuevo mago del suspense". Sigo convencido de su enorme talento. Pero también de que ha perdido el norte. Sus mejores filmes siguen siendo El sexto sentido y El protegido. Poco conocido del gran público, me pareció fantástico su primer trabajo de entidad, Los primeros amigos. Tras entregar unas logradas El bosque y Señales, empezó a hacer agua con La joven del "ídem", y tocó fondo con Airbender: el último guerrero, simplemente fallida por infantiloide. Desde ahí ha ido remontando, pero nunca al nivel de antaño. Con Múltiple y ahora Glass (Cristal) procura reverdecer sus laureles, pero aún le queda camino. Y es que la sensación es que aún le queda espacio a Shyamalan para madurar, se diría que se encuentra encantado con la idea de crear su propia franquicia de superhéroes, aunque me temo que Marvel y DC quedan todavía un poquito por delante. De acuerdo, la película está bien armada, y la trama nos depara alguna sorpresa, pero de algún modo, en los temas de fondo se limita a revisitar con cerebral frialdad ideas de los otros filmes de los que es deudora. Cuesta empatizar con los personajes, aunque estén encarnados por un buen plantel de 7 magníficos actores, Bruce Willis, Samuel L. Jackson, James McAvoy, Sarah Paulson, Anya Taylor-Joy, Spencer Treat Clark y Charlayne Woodard.

6/10
Múltiple

2016 | Split

En todas las películas, para su mayor disfrute, conviene saber del argumento cuanto menos mejor. En las del director de El sexto sentido, con más razón. Por no desvelar de más, pongamos que en el punto inicial la joven Casey espera con dos amigas que su padre –que será quien conduzca– se meta en el coche, pero cuando se abre la puerta irrumpe un desconocido con aspecto siniestro. Después de que su carrera hiciera aguas, con las fallidas Airbender: el último guerrero y After Earth, M. Night Shyamalan empezó a recuperarse con la correcta La visita, que venía a ser una reinvención de sí mismo, sin renunciar a su propia personalidad y a sus constantes. Se podría decir que Múltiple supone un paso más en esa línea. Esto significa que, al menos en apariencia, se trata de un thriller sencillo, en comparación con obras como La joven del agua, que como el anterior trabajo transcurre casi en un único escenario. Engancha más, estamos ante su obra más sólida de la última década, pues otra vez crea una atmósfera inquietante, labor que se le da mejor que a nadie, pero no la estropea con humor grotesco, utiliza de forma modélica las largas secuencias dialogadas, incluye un par de sustos y secuencias de suspense para no ver antes de irse a dormir, y no falta alguna sorpresa que dejará boquiabierto sobre todo a los incondicionales. Nada de esto funcionaría sin las trabajadas interpretaciones del reparto, en el que sobresalen sobre todo los dos antagonistas principales, la cada vez más en alza Anya Taylor-Joy, que dio muestras de su notable talento en La bruja, y el siempre sorprendente James McAvoy que esta vez sale airoso de interpretar a un psicópata con múltiples personalidades muy diferentes sin caer en lo forzado. Temáticamente, enlaza con algunas obras previas del realizador, pues aborda la comunicación; de nuevo aparece la figura del psiquiatra que trata de llegar al interior de su paciente, aquí una mujer, la veterana Betty Buckley, que ya aparecía con el realizador en El incidente. Y también las consecuencias del sufrimiento, que puede dar lugar al victimismo, y al nacimiento de la maldad en quien ha padecido mucho, o por el contrario puede servir para autosuperarse, como se vio en otro conocido título del cineasta.

6/10
La visita

2015 | The Visit

Becca y Tyler, hermanos adolescentes, van a pasar unos días en la solitaria casa de los abuelos, con los que su madre soltera cortó toda relación al quedarse embarazada siendo una jovencita. La estancia podría ser el inicio de la deseable reconciliación, y Becca, aspirante a cineasta, está dispuesta a grabar toda la estancia con su cámara de vídeo, para así montar un documental sobre el tema. Será una buena sorpresa para su madre, que no estando aún preparada para el reencuentro, se va de crucero con su nuevo novio, un hispano. El caso es que los recién conocidos abuelos, a pesar de su aspecto bondadoso y un supuesto historial de servicio a su comunidad, resultan ser bastante siniestros. M. Night Shyamalan se esfuerza por reinventarse mientras vuelve en parte a sus orígenes, tras las fallidas películas Airbender: El último guerrero y After Earth. Lo acaba de hacer con su incursión en el formato de serie televisiva en Wayward Pines y ahora con La visita, una irregular cinta de terror de bajo presupuesto, humor algo siniestro y desconcertante, y actores poco conocidos. La idea es jugar con el aire documental que propicia el hecho de que Becca esté rodando precisamente un documento sobre su visita a unos abuelos que están deseando conocerles a ella y a su hermano, y así desdibujar las líneas entre realidad y ficción, al estilo de El proyecto de la bruja de Blair o la ya larga saga de Paranormal Activity. A ello se suma la poderosa personalidad visual de Shyamalan, y su capacidad de crear atmósferas inquietantes, aquí prescindiendo además de partitura musical; aspectos que combina, algo arriesgadamente, con algo de crítica social a las familias desestructuradas, y con un humor negro e incluso gore y decididamente grotesco, que a veces se antoja algo pasado de rosca. Da la impresión de que en esto último intenta emular el humor algo socarrón del mago del suspense en sus bromas de Alfred Hitchcock presenta, a quien también se cita claramente con ideas y algún plano, en homenaje a Psicosis.

5/10
After Earth

2013 | After Earth

El adolescente Kitai Raige trabaja duro para convertirse en ranger y que su padre, el legendario comandante Cypher, esté orgulloso de él. Pero el riguroso progenitor mantiene las distancias, le culpa en el fondo de la muerte de su predilecta hija Senshi. Pese a todo, y a instancias de su esposa Faia, Cypher se esfuerza en estrechar lazos y se lo lleva en una expedición espacial que termina con la nave estrellándose en la Tierra, convertida tras algún tipo de cataclismo no explicitado en un planeta hostil. Con las dos piernas rotas, Cypher sólo puede confiar en su hijo para encontrar la baliza que permita enviar una señal de auxilio, situada en la cola del aparato, que ha caído a unos 100 kilómetros. Pero quizá ande suelto por ahí un ursa, una letal criatura alienígena. Will Smith ha imaginado una historia de ciencia ficción de corte familiar, que le permite volver a trabajar con su hijo Jaden Smith tras En busca de la felicidad. Y ha confiado el proyecto a un M. Night Shyamalan en horas bajas, que firma el guión con Gary Whitta, conocido por el libreto del film postapocalíptico El libro de Eli. Aunque se la trata de revestir de elementos futuristas ecológicos que hablan de una nueva civilización tras echar a perder la habitabilidad de la tierra, y de peligrosas criaturas, After Earth ofrece en el fondo una historia bastante sencilla de acercamiento entre padre e hijo. La idea sería que Cypher aprendería a no culpabilizar a su vástago de una tragedia, y Kitai, más allá de querer complacer a su padre y lograr su aprobación, alcanzaría, hasta cuerto punto, un grado de madurez. Por ello podemos decir simplemente que el film es medianamente entretenido, y contiene buenas escenas de acción en un contexto de supervivencia. Probablemente el lienzo es demasiado grande para narración tan elemental, o dicho de otro modo, se podía contar lo mismo con un presupuesto más ajustado. Pero claro, la película está concebida para generar dólares con el gancho Will Smith e hijo más la mano en el timón de un director de prestigio como Shyamalan, lo cual significa hacer las cosas a lo grande grandísimo, lo exija o no la historia. Al director de El sexto sentido le está tocando emprender la senda de historias no tan personales tras el fiasco de Airbender: El último guerrero. Se le puede reconocer en algunas señas de identidad como el sonido para la creación de atmósferas, el tinte ecológico que conecta con El incidente, y la mitigada trascendencia, presente en esa señal de hincar la rodilla para pensar con claridad; y para mal, aunque está contenido, en el rollete de explicar criaturas al estilo de las ninfas de La joven del agua. Los actores de After Earth están bien, aunque con contados registros, Jaden Smith de adolescente asustado y capitidisminuido por la presión paterna, Will Smith en plan serio, parece estar pensando “voy a interpretar a Obama enfadado” o algo así.

5/10
Airbender: El último guerrero

2010 | The Last Airbender

Giro radical en la carrera de M. Night Shyamalan, que aunque se mantiene en el género fantástico, renuncia a su tono adulto habitual, así como a reservarse, como hasta ahora, un papel. Por primera vez parte de un material ajeno. En concreto, el realizador adapta Avatar: The Last Airbender, una serie animada de Nickelodeon. El director de El sexto sentido la descubrió porque la seguían sus hijas, y se declara también seguidor incondicional. Airbender: El último guerrero está concebido como el inicio de una saga, y de hecho se limita a ser el arranque de la historia con final abierto. A pesar de que la serie es americana, su estética y argumento beben de las series de animación manga. Se desarrolla en un mundo dividido en cuatro reinos: Aire, Agua, Tierra y Fuego. En cada lugar, hay maestros capaces de controlar el elemento correspondiente. La Nación del Fuego trata de conquistar las otras tierras, aniquilando a todos los que se resistan. La Nación del Aire ha sido invadida, y está a punto de correr la misma suerte la del Agua. Allí, la joven maestra del agua Katara y su hermano Sokka practican tranquilamente sus técnicas cuando descubren en el hielo a un niño, Aang, que asegura ser el Avatar, personaje al que aluden las profecías. El Avatar es el único que puede controlar a los cuatro elementos, y gracias a esto podría detener el avance de la Nación del Fuego y recuperar el equilibrio... Es posible que Shyamalan haya aceptado ceñirse al juego de las superproducciones para cambiar de aires, tras las habituales críticas negativas que le han caído, sobre todo en Estados Unidos, cuando ha rodado películas muy personales de altura. Quizás ha pensado que podría complacer a Nickelodeon con una adaptación muy fiel del original, y al tiempo ofrecer reflexiones sobre la superación personal y el sacrificio. Pero en la práctica, Shyamalan no ha logrado preservar sus señas de identidad, y su película es más plana que una tabla de planchar. Sus personajes son arquetipos de héroes o malvados, sin ningún atisbo de humanidad. Hablan con frases grandilocuentes, de tebeo barato, que Tarantino podría parodiar en sus películas. Así las cosas, ningún actor consigue resultar creíble, ni siquiera Dev Patel, que tan buen sabor de boca dejó como protagonista de Slumdog Millionaire. El argumento es pueril, repetitivo, y sobre todo aburrido. Su supuesto fondo se reduce a bocanadas de misticismo oriental y new age bastante superficiales. Y lo que es más grave, fallan sus coreografías, supuestamente espectaculares, que podrían haber salvado el conjunto. Ninguna de ellas sorprende, y están filmadas en una cámara lenta que llega a resultar tediosa.

4/10
El incidente

2008 | The Happening

Un día en Nueva York, como otro cualquiera. ¿O no? Es temprano, y comienza un extraño fenómeno, que tiene su foco en Central Park. La gente se queda como atontada, empieza a divagar, y finalmente atenta contra su propia vida. La primera explicación que surge es la del ataque terrorista: una nube tóxica afectaría al cerebro anulando el instinto de la propia conservación. Pero a medida que incidentes similares se repiten en distintos lugares de la costa Este de Estados Unidos, tal explicación se revela insuficiente. En cualquier caso, los asustados ciudadanos se llevan el equipaje imprescindible y tratan de viajar al interior del país. Uno de ellos es Elliott, profesor de ciencias en un instituto de Filadelfia, cuyo matrimonio pasa una mala racha, sin razón aparente. Le acompaña en la huida su esposa Alma, y un colega profesor con su hijita. M. Night Shyamalan vuelve a mostrar su “mano de santo” a la hora de crear suspense, una atmósfera en que un plano del simple mecerse de las ramas de un árbol por el viento, acompañado del sonido y la música adecuadas, logran estremecer al más “pintado”. Realmente son inquietantes los sucesos que acontecen en el film, sobre todo por su origen desconocido, la falta de una explicación racional de los mismos. Toda la trama pivota alrededor del personaje de Elliott; acostumbrado a usar el método científico y enseñarlo a sus alumnos para resolver problemas, también es alguien abierto a que algunas cosas en el universo se resisten a las explicaciones convencionales. Ese enfoque de que el hombre no puede encontrar las razones de todo, la apertura al misterio, resulta tremendamente atractivo. Frente a su anterior film, La joven del agua, muy artificioso al hablar de ninfas y otras zarandajas, aquí Shyamalan opta por una narración directa, casi minimalista, evocadora de grandes temas, que no se queda en las hojas que impiden ver el árbol. Ahí fuera hay una siniestra amenaza, y hay que sobrevivir a toda costa. Punto pelota. A partir de esa premisa, esqueleto elemental, cabe dotar de significado a los pasajes: lanzar una advertencia de corte ecologista, y hablar –tema recurrente del cineasta– de la importancia de la comunicación y la comprensión entre las personas, algo abordado a través del matrimonio Elliott-Alma y de la niña que deben custodiar. Poderosísima es la escena de los tres saliendo de sus respectivos refugios, a modo de acto redentor a través del amor. Y se juega a un interesante contraste entre lo artificial e impostado ­–esa casa piloto en la que se refugian–, y la naturalidad en el trato. También se aborda la tentación del aislamiento ante los problemas –tema que ya abordó en El bosque–, lo que puede degenerar en manías de diversa índole, inclusive el recurso a la violencia. Shyamalan entrega un buen film de género, técnicamente impecable, que habla de miedos muy actuales, y de dificultades familiares también muy comunes. Eso sí, en ese ir a lo esencial se queda uno con la sensación de que a la película le falta algo de chicha, y que utiliza algún truco de guión demasiado obvio o de relleno. Estamos ante una gran serie B de un director A. Hay pasajes terroríficos, más sanguinolentos de lo habitual en el cineasta, aunque acuda a veces al fuera de campo, o evite el puro plano repulsivo. Y al tiempo sabe producir miedo con escenas casi fantasmagóricas, o con elementos cotidianos. Ese recurso a las plantas, con la paradoja de que pueden hacernos temblar –en un montón de pasajes, tal vez recordando otros vegetales inquietantes, las vainas gigantes de La invasión de los ladrones de cuerpos– o reír –otro momento que no es cuestión de destripar–, es ilustrativo de la pericia narrativa de Shyamalan. Su deuda con Alfred Hitchcock y Los pájaros a la hora de crear miedo con la cotidianeidad es clara y funciona. También, algo muy meritorio de una película de género, sabe dotar de humanidad a sus personajes. Sobresale especialmente Mark Wahlberg, con su cara de sufridor cuando mira a su esposa sin saber qué debe hacer para superar sus diferencias; en la escena de distensión en que hace una confidencia a Alma, correspondiendo a la que la otra le hizo; y cuando logra ganarse la confianza de su pequeña acompañante.

6/10
La joven del agua

2006 | Lady in the Water

Cleveland Heep se encarga del mantenimiento de un edificio, aunque no es ésa su verdadera profesión. Tipo de cara triste, instalado en la rutina, huye de su pasado a través de un trabajo que le obliga a relacionarse con los vecinos del inmueble, aunque sin verdadero trato interpersonal. Su actual preocupación es el chapoteo que se escucha por la noche en la piscina, y que atribuye a alguien que se cuela para bañarse aprovechando la oscuridad. En realidad se trata de Story, una ‘narf’ o ninfa acuática, joven de corazón puro y extraordinarias cualidades, que huye de unas terribles criaturas. Ha definido M. Night Shyamalan como un “cuento para escuchar antes de acostarse”, y eso es exactamente. Aunque fiel a su filmografía (El sexto sentido, El protegido, Señales, El bosque), esa trama le sirve para explorar los temas que le interesan, constantes que viene repitiendo en todo su cine: la fe, la incomunicación, la necesidad de ocuparse de los otros, el empleo de los propios talentos, el papel que a cada uno toca desempeñar en esta vida… De este modo, con formato de thriller, e incluso de cuento de terror, hace pensar, lo que no es poco. Sin embargo, desde el punto de vista puramente argumental, La joven del agua está menos lograda que sus otros filmes. Asegura el cineasta que llevaba tiempo dando vueltas a la idea de crear su propia mitología, al estilo de J.R.R. Tolkien, J.K. Rowling y Roald Dahl. Si es así, aún le queda mucho camino por recorrer, pues la historia de ninfas y monstruos se revela esquemática en exceso, y embarullada a la hora de inventar palabras y hechos de esas criaturas. Y el modo de presentarla –la abuela de una joven oriental conoce, por suerte, todo o casi sobre las ‘narf’– no resulta especialmente ingenioso. Por suerte, Shyamalan es un director de gran personalidad, con un mundo propio. De modo que incluso con una trama más débil de lo habitual cuenta su historia con poderío. Ayuda en el aspecto visual la fotografía de Christopher Doyle, y el diseño artístico del inmueble de Martin Childs; y el uso del sonido y la partitura de James Newton Howard contribuyen a la buscada atmósfera inquietante.

6/10
El bosque

2004 | The Village

Repetirse o no repetirse, he ahí el dilema. M. Night Shyamalan, que escribe, dirige y produce este film, lo tiene claro: él no se repite, aunque sus detractores se empeñen en ver otra cosa. Lo que sí hace es aprovechar un género inmensamente popular, el de suspense, para abordar cuestiones de entidad e interpelar al espectador. Y cuenta con el uso de caminos narrativos inesperados, que enganchan. Por eso la experiencia de ver sus filmes sin saber mucho de ellos, apenas lo imprescindible, se agradece. Se disfrutan más. Finales del siglo XIX. Un pueblecito aislado, rodeado por un bosque. Sus habitantes viven en relativa alegre camaradería, todos se conocen, con frecuencia tienen comidas al aire libre, todos juntos. Son gobernados por un grupo de mayores, que resuelven los problemas de la comunidad. Pero, única limitación, han acordado no salir nunca del pueblo, pues en el bosque habitan unas horribles criaturas, ‘los que no se pueden nombrar’. Mientras no traspasen los límites del villorrio, podrán vivir en paz. Pero de lo contrario… Nuevos desafíos para Shyalaman, brillantemente superados. El primero, crear su primera protagonista femenina fuerte, el de la ciega Ivy. Tal personaje sirve para plantear la existencia de varios tipos de ceguera; y conduce a una delicada historia de amor, con la escena del porche, resuelta con maestría. Y hay aún más amores, amores secretos no confesados. Y secretos, secretos no comunicados. Porque la cuestión de la transparencia, de mostrar las cosas como son, de hablar claro, sigue presente en el cineasta de origen hindú. Y luego está el miedo. Miedo distinto del terror (aunque hay un pasaje en el bosque, donde Ivy bien podría ser bautizada como ‘Caperucita amarilla’, de enorme fuerza, capaz de asustar a cualquiera), y de más largo alcance de lo que podría parecer. Se trata del miedo al exterior, a un peligro que nunca ha sido afrontado en serio. Permanecer enclaustrados en el pueblecito tiene su contrapartida: faltan medicinas y otras cosas buenas, a las que se ha renunciado para evitar a los monstruos. Controlar esta historia no es tan sencillo. Para crear la atmósfera precisa, la puesta en escena es esencial. Y el director sabe mover todas sus fichas: el sonido y la música, tan cruciales en su cine; los movimientos de cámara, con un inesperado uso del zoom; el diseño artístico del pueblo, en localizaciones invernales, y no en estudio… Los personajes y su desarrollo son importantes. Shyamalan sigue probando que es un excelente director de actores. En el film reúne a un reparto de aúpa (Joaquin Phoenix, Adrien Brody, William Hurt, Sigourney Weaver, Brendan Gleeson), que maneja bien, e incluso se permite jugar a lo Hitchcock en Psicosis, con la desaparición a mitad de trama de un actor.

8/10
Señales

2002 | Signs

El plano con que se inicia Señales es un magnífico botón de muestra del dominio de la narrativa cinematográfica alcanzado por el director y guionista de origen hindú M. Night Shyamalan. Vemos en una mesita de noche una foto de rostros sonrientes, un clérigo rodeado de su familia. De pronto el clérigo, que está acostado en la cama, se despierta sobresaltado de una pesadilla. Al incorporarse, la fotografía queda oculta. De modo gráfico no exento de intriga, Shyamalan resume el tema de la película: la angustia de una familia, apagada tras la muerte de la madre en accidente de tráfico. Acontecimiento especialmente traumático para el padre Graham Hess, pastor presbiteriano que ha visto removidos los cimientos de su fe, hasta el punto de colgar el traje clerical. Y lo que le sostiene, el amor a sus dos hijos, parece no acabar de bastar. Aunque le eche una mano su hermano Ferrill, que generosamente se ha venido a vivir con ellos. Una lectura superficial del film podría llevar a definirlo como la versión Shyamalan de Encuentros en la tercera fase. Pero las señales que aparecen en los campos de maíz de Graham, y que provocan la desazón mundial (¿será un fraude?, ¿constituyen las pistas de aterrizaje de una invasión alienígena?) no son un puro divertimento ni una especulación vacía. El director filma con extraordinaria fuerza, planifica con ángulos novedosos. Crea atmósferas inquietantes, apoyado en la banda sonora y en los efectos de sonido. Y hace mil y una variaciones sobre un mismo tema, la incomunicación, mal endémico, de modo paradójico, en nuestra sociedad mediática. Aunque los filmes de Shyamalan tienen una veta indudablemente sobrenatural, resulta decisivo también el cuidado de su aspecto realista. Están llenos de pequeños detalles cotidianos, y de golpes de humor (el uso que se hace en el film del papel de plata no tiene precio), que para nada están metidos con calzador. El director asegura que “las películas sobrenaturales suelen tener una especie de pliego de descargos al principio, que viene a decir algo así como que nada de lo que van a ver es real, etcétera, etcétera. Yo intento prescindir de ese etcétera, etcétera.”

7/10
El protegido

2000 | Unbreakable

David es el único superviviente de un trágico accidente de tren. Lo que cabe calificar de milagroso, quizá lo sea, por qué no. ¿Tiene David un don, como los superhéroes de los cómics? ¿Es Elijah el “profeta” que le ha reconocido tras vislumbrar varias “señales”? Son interrogantes que asaltan a un David sumido en una profunda crisis personal. Sobre él planean la posible separación de su mujer, y la mirada perpleja de su hijo adolescente, que necesita el apoyo sólido de un padre, creer en él. Tras El sexto sentido el director M. Night Shyamalan nos conduce a otra historia de ribetes sobrenaturales, repleta de sorpresas. Contar lo normal entreverado con lo extraordinario, ése es el don como narrador de Shyamalan. Eduardo Serra, el director de la fotografía, asegura que Shyamalan le subrayó que “la película habla sobre todo de personas, de la relación entre un hombre, una mujer, y su hijo”. Se nos puede mostrar algo tan peculiar como un presunto chiflado (estupendo Samuel L. Jackson), empeñado en que David (un no menos estupendo Bruce Willis) es un superhéroe. Puede estar sembrado el film de momentos inquietantes (¡qué gran creador de atmósferas es Shyamalan!), como los del accidente, la caída por la escalera del metro, la irrupción en la casa asaltada por un criminal, la caída a la piscina. Pero todo ello está atravesado por una corriente eléctrica de normalidad que humaniza la historia, hasta hacer creíble lo increíble. ¿Quién no conoce una familia con problemas? O mejor aún, ¿quién no ha pasado personalmente por alguna dificultad? Shyamalan aborda el tema de la comunicación de uno con los suyos de un modo atractivo. Por ser algo que a cualquier espectador atañe, en mayor o menor medida, la cuestión podía abordarse de modo anodino, sin conseguir despertar el interés. Al unirla el director con un tema más amplio –David tratando de encontrar su sitio en el mundo, de conocerse tal y como es–, lo ordinario pasa a convertirse en algo extraordinario, que merece la pena ser observado.

8/10
El sexto sentido

1999 | The Sixth Sense

Malcolm Crowe es un psicólogo infantil de reconocido prestigio. Una noche, cuando está en casa con su esposa, recibe la visita de un antiguo paciente, ya adulto, totalmente trastornado. El hombre hiere a Malcolm y posteriormente se suicida. Un año después, el psicólogo no ha logrado superar los hechos. Hay un distanciamiento de su mujer, y su pericia con los niños no parece dar buenos resultados con el pequeño Cole. El inteligente crío de ocho años tiene un extraño comportamiento, y vive en un permanente estado de miedo. Cuanto más intenta ayudar a Cole, más parecidos encuentra Malcolm entre los síntomas del niño y los de su antiguo paciente. Y punto. No diremos ni una palabra más de un argumento que logra algo raro en el cine actual: sorprender. La anterior película de M. Night Shyamalan, Los primeros amigos, que pasó algo inadvertida, ya revelaba algunos temas presentes en El sexto sentido: el mundo de la infancia, el sentido de la vida y de la muerte, la fuerza de la fe y del amor. Aquí se añade, además, la atmósfera de thriller inquietante, perfectamente lograda. Shyamalan crea suspense mediante una planificación y montaje impecables, y con la sugestiva partitura de James Newton Howard, que casa con las imágenes a la perfección. La película, además de inquietante, sabe perfilar relaciones humanas. Amistad entre niño y psicólogo, entre niño y madre, entre psicólogo y esposa, entre esposa y un tipo que empieza a interesarse por ella. Saber hablar, saber escuchar, a todos: a los vivos y a los muertos. Conocer las necesidades de los otros, y satisfacerlas en la medida de las posibilidades de uno. Creer. Resulta asombroso que un puñado tal de temas sugerentes pueda ir servido en una película de género, que cabalga entre el terror y el suspense; y junto a ello, con enorme naturalidad, se muestra la existencia de una vida después de la muerte, la necesidad que todos tenemos de descansar en paz, el refugio que puede ofrecer, a un alma atribulada, la quietud de una iglesia.

8/10
Stuart Little

1999 | Stuart Little

¿Qué es mejor ser, cola de león o cabeza de ratón? El ratoncito Stuart Little lo tiene claro. Él es quien es. Y está muy orgulloso de su condición ratonil. De modo sencillo, sin didactismos empalagosos o demasiado obvios, el film defiende el derecho de todos a ser de determinada forma. A hacer valer aquello de que "cada uno es hijo de su padre y de su madre". Estamos ante un film encantador, pensado con rara inteligencia para el público familiar. La escena en que el matrimonio Stuart acude al orfanato para adoptar un niño es paradigmática a este respecto. Aportación del guionista M. Night Shyamalan (El sexto sentido), es un golpe sorpresa que engancha al espectador: marido y mujer observan a los niños variados que pululan por ahí, y cuando ven a un ratoncito solo y triste… no manifiestan extrañeza. Tampoco cuando se pone a hablar, y les explica que ningún humano quiere adoptarle por ser de otra especie. En cierto modo la historia es el reverso de Babe, el cerdito valiente: si ahí un cerdito no se resignaba a su destino seguro, el matadero, y decidía ser perro ovejero, aquí tenemos a un ratón que acepta su condición, sin que ésta le empequeñezca o acompleje. La otra línea vertebral del guión la constituye el derecho que todos tenemos, o más bien necesidad, de pertenecer a una familia: de querer y sentirnos queridos por los nuestros. Así el guión se enriquece con las dificultades de George para aceptar a su hermano adoptivo, la aparición de la auténtica familia de Stuart, o la difícil relación con un gato. Y todo servido con mucho sentido del humor. Historia entrañable –o sea, con entrañas–, comparable a las dos entregas de Toy Story, en el sentido de que, por muy maravillosa que sea la animación, esos films tienen entidad por sus personajes y lo que les ocurre. Rob Minkoff, que codirigió El rey león, lo ha entendido perfectamente, y envuelve la historia de una atractiva atmósfera, mágica e irreal, en la que parece que el tiempo se haya detenido. La concepción del film recuerda a títulos infantiles inteligentes: los dos Babe debidos a George Miller; y una pequeña delicia, El peque se va de marcha, con guión de John Hughes y dirección de Patrick Read Johnson. En el reparto puede verse a la ganadora del Oscar Geena Davis, al genial doctor House (Hugh Laurie) y al niño de Jerry Maguire Jonathan Lipnicki. En España fue Emilio Aragón el que puso la voz al ratoncito, mientras que en Estados Unidos fue Michael J. Fox.

7/10
Los primeros amigos

1998 | Wide Awake

Joshua es un chaval de 10 años al que le toca madurar deprisa. Recientemente ha muerto su abuelo, católico fervoroso, al que estaba muy unido. Su ausencia le lleva a plantearse muy en serio, en ese curso, una misión especial: buscar a Dios. Singular film, estructurado en tres actos –búsqueda, preguntas y respuestas sobre Dios­– que combina puntos de comedia, que le ocurren a Joshua en una escuela de monjas, con los interrogantes inquietantes que se hace: ¿por qué los seres queridos mueren?, ¿por qué hay enfermedad y sufrimiento?, ¿por qué los amigos lo pasan mal?, ¿por qué parece que Dios no escucha? Después del increíble éxito en cine de El sexto sentido (2º film en recaudación en Estados Unidos en 1999, sólo superado por La amenaza fantasma), es el momento de mirar atentamente esta película del mismo director, M. Night Shyamalan, que con tan sólo 26 años apunta ya sólidas dotes narrativas y unos temas propios. Night asegura haberse inspirado en recuerdos de su propia infancia. El final, de ribetes sobrenaturales, resulta totalmente inesperado.

7/10
Glass (Cristal)

2019 | Glass

David Dunn, Kevin Wendell Crumb, Elijah Price. También conocidos como "El Protector", "La Bestia" y "El señor Cristal". Van a coincidir como inquilinos de un centro psiquiátrico donde les evalúa la doctora Ellie Staple, desea que se curen de su dolencia, creerse especiales, auténticos superhéroes. Fuera, sus seres queridos –Joseph, el hijo de David, Casey, antigua víctima de Crumb, y la madre de Elijah– siguen inquietos su evolución. En el final de Múltiple, M. Night Shyamalan dejaba la puerta a unir el universo de esta película con el de El protegido. Y en efecto, han pasado los años, y David sigue usando sus talentos de superhéroe, encapuchado con su impermeable, tratando de dar caza a la Bestia, que sigue con sus numerosas personalidades dando guerra, y últimamente ha secuestrado a unas cheerleadres. Shyamalan prepara el terreno con estos prolegómenos para centrar la acción en el manicomio, donde Elijah sigue maquinando ideas por ser algo más que una simple némesis de David, como recuerdan bien los admiradores de El protegido. En su momento denominé a Shyamalan como "el nuevo mago del suspense". Sigo convencido de su enorme talento. Pero también de que ha perdido el norte. Sus mejores filmes siguen siendo El sexto sentido y El protegido. Poco conocido del gran público, me pareció fantástico su primer trabajo de entidad, Los primeros amigos. Tras entregar unas logradas El bosque y Señales, empezó a hacer agua con La joven del "ídem", y tocó fondo con Airbender: el último guerrero, simplemente fallida por infantiloide. Desde ahí ha ido remontando, pero nunca al nivel de antaño. Con Múltiple y ahora Glass (Cristal) procura reverdecer sus laureles, pero aún le queda camino. Y es que la sensación es que aún le queda espacio a Shyamalan para madurar, se diría que se encuentra encantado con la idea de crear su propia franquicia de superhéroes, aunque me temo que Marvel y DC quedan todavía un poquito por delante. De acuerdo, la película está bien armada, y la trama nos depara alguna sorpresa, pero de algún modo, en los temas de fondo se limita a revisitar con cerebral frialdad ideas de los otros filmes de los que es deudora. Cuesta empatizar con los personajes, aunque estén encarnados por un buen plantel de 7 magníficos actores, Bruce Willis, Samuel L. Jackson, James McAvoy, Sarah Paulson, Anya Taylor-Joy, Spencer Treat Clark y Charlayne Woodard.

6/10
Múltiple

2016 | Split

En todas las películas, para su mayor disfrute, conviene saber del argumento cuanto menos mejor. En las del director de El sexto sentido, con más razón. Por no desvelar de más, pongamos que en el punto inicial la joven Casey espera con dos amigas que su padre –que será quien conduzca– se meta en el coche, pero cuando se abre la puerta irrumpe un desconocido con aspecto siniestro. Después de que su carrera hiciera aguas, con las fallidas Airbender: el último guerrero y After Earth, M. Night Shyamalan empezó a recuperarse con la correcta La visita, que venía a ser una reinvención de sí mismo, sin renunciar a su propia personalidad y a sus constantes. Se podría decir que Múltiple supone un paso más en esa línea. Esto significa que, al menos en apariencia, se trata de un thriller sencillo, en comparación con obras como La joven del agua, que como el anterior trabajo transcurre casi en un único escenario. Engancha más, estamos ante su obra más sólida de la última década, pues otra vez crea una atmósfera inquietante, labor que se le da mejor que a nadie, pero no la estropea con humor grotesco, utiliza de forma modélica las largas secuencias dialogadas, incluye un par de sustos y secuencias de suspense para no ver antes de irse a dormir, y no falta alguna sorpresa que dejará boquiabierto sobre todo a los incondicionales. Nada de esto funcionaría sin las trabajadas interpretaciones del reparto, en el que sobresalen sobre todo los dos antagonistas principales, la cada vez más en alza Anya Taylor-Joy, que dio muestras de su notable talento en La bruja, y el siempre sorprendente James McAvoy que esta vez sale airoso de interpretar a un psicópata con múltiples personalidades muy diferentes sin caer en lo forzado. Temáticamente, enlaza con algunas obras previas del realizador, pues aborda la comunicación; de nuevo aparece la figura del psiquiatra que trata de llegar al interior de su paciente, aquí una mujer, la veterana Betty Buckley, que ya aparecía con el realizador en El incidente. Y también las consecuencias del sufrimiento, que puede dar lugar al victimismo, y al nacimiento de la maldad en quien ha padecido mucho, o por el contrario puede servir para autosuperarse, como se vio en otro conocido título del cineasta.

6/10
La joven del agua

2006 | Lady in the Water

Cleveland Heep se encarga del mantenimiento de un edificio, aunque no es ésa su verdadera profesión. Tipo de cara triste, instalado en la rutina, huye de su pasado a través de un trabajo que le obliga a relacionarse con los vecinos del inmueble, aunque sin verdadero trato interpersonal. Su actual preocupación es el chapoteo que se escucha por la noche en la piscina, y que atribuye a alguien que se cuela para bañarse aprovechando la oscuridad. En realidad se trata de Story, una ‘narf’ o ninfa acuática, joven de corazón puro y extraordinarias cualidades, que huye de unas terribles criaturas. Ha definido M. Night Shyamalan como un “cuento para escuchar antes de acostarse”, y eso es exactamente. Aunque fiel a su filmografía (El sexto sentido, El protegido, Señales, El bosque), esa trama le sirve para explorar los temas que le interesan, constantes que viene repitiendo en todo su cine: la fe, la incomunicación, la necesidad de ocuparse de los otros, el empleo de los propios talentos, el papel que a cada uno toca desempeñar en esta vida… De este modo, con formato de thriller, e incluso de cuento de terror, hace pensar, lo que no es poco. Sin embargo, desde el punto de vista puramente argumental, La joven del agua está menos lograda que sus otros filmes. Asegura el cineasta que llevaba tiempo dando vueltas a la idea de crear su propia mitología, al estilo de J.R.R. Tolkien, J.K. Rowling y Roald Dahl. Si es así, aún le queda mucho camino por recorrer, pues la historia de ninfas y monstruos se revela esquemática en exceso, y embarullada a la hora de inventar palabras y hechos de esas criaturas. Y el modo de presentarla –la abuela de una joven oriental conoce, por suerte, todo o casi sobre las ‘narf’– no resulta especialmente ingenioso. Por suerte, Shyamalan es un director de gran personalidad, con un mundo propio. De modo que incluso con una trama más débil de lo habitual cuenta su historia con poderío. Ayuda en el aspecto visual la fotografía de Christopher Doyle, y el diseño artístico del inmueble de Martin Childs; y el uso del sonido y la partitura de James Newton Howard contribuyen a la buscada atmósfera inquietante.

6/10
El bosque

2004 | The Village

Repetirse o no repetirse, he ahí el dilema. M. Night Shyamalan, que escribe, dirige y produce este film, lo tiene claro: él no se repite, aunque sus detractores se empeñen en ver otra cosa. Lo que sí hace es aprovechar un género inmensamente popular, el de suspense, para abordar cuestiones de entidad e interpelar al espectador. Y cuenta con el uso de caminos narrativos inesperados, que enganchan. Por eso la experiencia de ver sus filmes sin saber mucho de ellos, apenas lo imprescindible, se agradece. Se disfrutan más. Finales del siglo XIX. Un pueblecito aislado, rodeado por un bosque. Sus habitantes viven en relativa alegre camaradería, todos se conocen, con frecuencia tienen comidas al aire libre, todos juntos. Son gobernados por un grupo de mayores, que resuelven los problemas de la comunidad. Pero, única limitación, han acordado no salir nunca del pueblo, pues en el bosque habitan unas horribles criaturas, ‘los que no se pueden nombrar’. Mientras no traspasen los límites del villorrio, podrán vivir en paz. Pero de lo contrario… Nuevos desafíos para Shyalaman, brillantemente superados. El primero, crear su primera protagonista femenina fuerte, el de la ciega Ivy. Tal personaje sirve para plantear la existencia de varios tipos de ceguera; y conduce a una delicada historia de amor, con la escena del porche, resuelta con maestría. Y hay aún más amores, amores secretos no confesados. Y secretos, secretos no comunicados. Porque la cuestión de la transparencia, de mostrar las cosas como son, de hablar claro, sigue presente en el cineasta de origen hindú. Y luego está el miedo. Miedo distinto del terror (aunque hay un pasaje en el bosque, donde Ivy bien podría ser bautizada como ‘Caperucita amarilla’, de enorme fuerza, capaz de asustar a cualquiera), y de más largo alcance de lo que podría parecer. Se trata del miedo al exterior, a un peligro que nunca ha sido afrontado en serio. Permanecer enclaustrados en el pueblecito tiene su contrapartida: faltan medicinas y otras cosas buenas, a las que se ha renunciado para evitar a los monstruos. Controlar esta historia no es tan sencillo. Para crear la atmósfera precisa, la puesta en escena es esencial. Y el director sabe mover todas sus fichas: el sonido y la música, tan cruciales en su cine; los movimientos de cámara, con un inesperado uso del zoom; el diseño artístico del pueblo, en localizaciones invernales, y no en estudio… Los personajes y su desarrollo son importantes. Shyamalan sigue probando que es un excelente director de actores. En el film reúne a un reparto de aúpa (Joaquin Phoenix, Adrien Brody, William Hurt, Sigourney Weaver, Brendan Gleeson), que maneja bien, e incluso se permite jugar a lo Hitchcock en Psicosis, con la desaparición a mitad de trama de un actor.

8/10
Señales

2002 | Signs

El plano con que se inicia Señales es un magnífico botón de muestra del dominio de la narrativa cinematográfica alcanzado por el director y guionista de origen hindú M. Night Shyamalan. Vemos en una mesita de noche una foto de rostros sonrientes, un clérigo rodeado de su familia. De pronto el clérigo, que está acostado en la cama, se despierta sobresaltado de una pesadilla. Al incorporarse, la fotografía queda oculta. De modo gráfico no exento de intriga, Shyamalan resume el tema de la película: la angustia de una familia, apagada tras la muerte de la madre en accidente de tráfico. Acontecimiento especialmente traumático para el padre Graham Hess, pastor presbiteriano que ha visto removidos los cimientos de su fe, hasta el punto de colgar el traje clerical. Y lo que le sostiene, el amor a sus dos hijos, parece no acabar de bastar. Aunque le eche una mano su hermano Ferrill, que generosamente se ha venido a vivir con ellos. Una lectura superficial del film podría llevar a definirlo como la versión Shyamalan de Encuentros en la tercera fase. Pero las señales que aparecen en los campos de maíz de Graham, y que provocan la desazón mundial (¿será un fraude?, ¿constituyen las pistas de aterrizaje de una invasión alienígena?) no son un puro divertimento ni una especulación vacía. El director filma con extraordinaria fuerza, planifica con ángulos novedosos. Crea atmósferas inquietantes, apoyado en la banda sonora y en los efectos de sonido. Y hace mil y una variaciones sobre un mismo tema, la incomunicación, mal endémico, de modo paradójico, en nuestra sociedad mediática. Aunque los filmes de Shyamalan tienen una veta indudablemente sobrenatural, resulta decisivo también el cuidado de su aspecto realista. Están llenos de pequeños detalles cotidianos, y de golpes de humor (el uso que se hace en el film del papel de plata no tiene precio), que para nada están metidos con calzador. El director asegura que “las películas sobrenaturales suelen tener una especie de pliego de descargos al principio, que viene a decir algo así como que nada de lo que van a ver es real, etcétera, etcétera. Yo intento prescindir de ese etcétera, etcétera.”

7/10
El protegido

2000 | Unbreakable

David es el único superviviente de un trágico accidente de tren. Lo que cabe calificar de milagroso, quizá lo sea, por qué no. ¿Tiene David un don, como los superhéroes de los cómics? ¿Es Elijah el “profeta” que le ha reconocido tras vislumbrar varias “señales”? Son interrogantes que asaltan a un David sumido en una profunda crisis personal. Sobre él planean la posible separación de su mujer, y la mirada perpleja de su hijo adolescente, que necesita el apoyo sólido de un padre, creer en él. Tras El sexto sentido el director M. Night Shyamalan nos conduce a otra historia de ribetes sobrenaturales, repleta de sorpresas. Contar lo normal entreverado con lo extraordinario, ése es el don como narrador de Shyamalan. Eduardo Serra, el director de la fotografía, asegura que Shyamalan le subrayó que “la película habla sobre todo de personas, de la relación entre un hombre, una mujer, y su hijo”. Se nos puede mostrar algo tan peculiar como un presunto chiflado (estupendo Samuel L. Jackson), empeñado en que David (un no menos estupendo Bruce Willis) es un superhéroe. Puede estar sembrado el film de momentos inquietantes (¡qué gran creador de atmósferas es Shyamalan!), como los del accidente, la caída por la escalera del metro, la irrupción en la casa asaltada por un criminal, la caída a la piscina. Pero todo ello está atravesado por una corriente eléctrica de normalidad que humaniza la historia, hasta hacer creíble lo increíble. ¿Quién no conoce una familia con problemas? O mejor aún, ¿quién no ha pasado personalmente por alguna dificultad? Shyamalan aborda el tema de la comunicación de uno con los suyos de un modo atractivo. Por ser algo que a cualquier espectador atañe, en mayor o menor medida, la cuestión podía abordarse de modo anodino, sin conseguir despertar el interés. Al unirla el director con un tema más amplio –David tratando de encontrar su sitio en el mundo, de conocerse tal y como es–, lo ordinario pasa a convertirse en algo extraordinario, que merece la pena ser observado.

8/10
El sexto sentido

1999 | The Sixth Sense

Malcolm Crowe es un psicólogo infantil de reconocido prestigio. Una noche, cuando está en casa con su esposa, recibe la visita de un antiguo paciente, ya adulto, totalmente trastornado. El hombre hiere a Malcolm y posteriormente se suicida. Un año después, el psicólogo no ha logrado superar los hechos. Hay un distanciamiento de su mujer, y su pericia con los niños no parece dar buenos resultados con el pequeño Cole. El inteligente crío de ocho años tiene un extraño comportamiento, y vive en un permanente estado de miedo. Cuanto más intenta ayudar a Cole, más parecidos encuentra Malcolm entre los síntomas del niño y los de su antiguo paciente. Y punto. No diremos ni una palabra más de un argumento que logra algo raro en el cine actual: sorprender. La anterior película de M. Night Shyamalan, Los primeros amigos, que pasó algo inadvertida, ya revelaba algunos temas presentes en El sexto sentido: el mundo de la infancia, el sentido de la vida y de la muerte, la fuerza de la fe y del amor. Aquí se añade, además, la atmósfera de thriller inquietante, perfectamente lograda. Shyamalan crea suspense mediante una planificación y montaje impecables, y con la sugestiva partitura de James Newton Howard, que casa con las imágenes a la perfección. La película, además de inquietante, sabe perfilar relaciones humanas. Amistad entre niño y psicólogo, entre niño y madre, entre psicólogo y esposa, entre esposa y un tipo que empieza a interesarse por ella. Saber hablar, saber escuchar, a todos: a los vivos y a los muertos. Conocer las necesidades de los otros, y satisfacerlas en la medida de las posibilidades de uno. Creer. Resulta asombroso que un puñado tal de temas sugerentes pueda ir servido en una película de género, que cabalga entre el terror y el suspense; y junto a ello, con enorme naturalidad, se muestra la existencia de una vida después de la muerte, la necesidad que todos tenemos de descansar en paz, el refugio que puede ofrecer, a un alma atribulada, la quietud de una iglesia.

8/10
La trampa del mal

2010 | Devil

M. Night Shyamalan lleva años y años escribiendo historias que con el paso del tiempo podrían convertirse en películas. El imaginativo guionista y director ha llegado a concebir tantas que en cierto momento se ha dado cuenta de que nunca podrá dirigirlas todas. Como algunas de ellas tenían muchas posibilidades de convertirse en películas de interés, decidió usarlas en un proyecto que ha llamado “The Night Chronicles”, que se inaugura con La trampa del mal. La premisa es bastante sencilla. Cinco extraños –un mecánico, un comercial de colchones, una mujer mayor, una chica y un guardia de seguridad– coinciden en un ascensor de un edificio de oficinas que visitan por variopintos motivos. En principio, se supone que va a ser el típico viaje rápido y rutinario en ascensor, pero sin motivo aparente, éste se queda parado. Mientras intentan arreglar el problema desde el exterior, se corta fugazmente la luz y la mujer más joven sufre una agresión... Una de las personas atrapadas está atacando a los otros... Según la opinión de Ramírez, vigilante latino muy religioso que está viendo el interior del ascensor por las cámaras de seguridad, uno de los cinco es el mismísimo diablo... La historia de Shyamalan ha sido reconvertida en guión por Brian Nelson, autor de la interesante Hard Candy. El autor de El sexto sentido ejerce como productor, apadrinando al joven cineasta John Erick Dowle, responsable de Quarantine. Dowle dirige con corrección y crea cierta tensión, al tiempo que en la línea del cine de Shyamalan, intenta introducir algunas reflexiones, en este caso sobre la fe, el mal y el perdón. Se queda en una cinta convencional, en algunos momentos –sobre todo en el epílogo– falta sutilidad, y es inevitable pensar qué habría ocurrido de dirigirla el mismo Shyamalan, pero tiene su interés.

5/10

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