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Nota decine21
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Reina y patria

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Queen and Country

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Sinopsis oficial

Reina y patria

1952. Bill Rohan, de 18 años, pasa su vida soñando en la casa de su familia, a orillas del río, a la espera de ser llamado a filas por dos años por el servicio militar obligatorio. Cada mañana, Bill nada en el río y anhela suspira por una bella muchacha que pasea en bicicleta a través de los caminos cercanos al río. Ese idilio se romperá ante la dura realidad del campo de entrenamiento. Allí, se encontrará con Percy, un bromista amoral, y juntos trazarán la caída del sargento Bradley, su incesante torturador. Percy y Bill son rivales y antagonistas, pero poco a poco forjarán una profunda amistad. Tras el entrenamiento básico, muchos reclutas serán enviados a luchar contra los chinos en la Guerra de Corea, pero Bill y Percy serán asignados a un claustrofóbico campo de entrenamiento, parecido a una prisión, donde serán instructores. Esa presión vivida queda paliada con las excursiones al aire libre, durante las que Bill se enamorará de la chica equivocada

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Reina y patria
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Crítica decine21.com

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7
Historias de la mili
Historias de la mili

Casi tres décadas después de rodar Esperanza y gloria (1987), el octogenario John Boorman vuelve a acometer una película de ribetes autobiográficos donde su alter ego se llama Bill (o William, como se empeña en llamarla su "Ophelia") Rohan. De nuevo con mirada nostálgica y agridulce seguimos al que entonces era un niño que sufría los bombardeos londinenses en compañía de su madre y su hermana mayor, mientras el padre hacía la Segunda Guerra Mundial. Ahora Bill es un joven de 19 años al que la patria le reclama para hacer el servicio militar, en los años en que se desarrolla otra guerra, la de Corea. Pero en vez de tocarle combatir se convierte en sargento instructor con su compañero Percy Hapgood. Son tiempos en que le apasiona el cine, surgen las primeras atracciones amorosas, y se cuestionan esas "vacaciones pagadas por el ejército", con un cumplimiento del reglamento al grito de ordeno y mando que a veces adquiere tintes surrealistas, lo que invita a la rebeldía o al escaqueo puro y duro.

Existía el riesgo de que esta continuación se convirtiera en innecesaria y fallida revisitación de una época por quien fue su protagonista y que viviría anclado de algún modo en sus recuerdos del pasado; pero no, Reina y patria pasa a ser la otra tabla de un poderoso díptico que sabe pintar bien una época, la de la juventud donde todavía aletean esas esperanza y gloria a que aludían el título del otro film. El acierto es pintar seres humanos con virtudes y defectos, siempre anhelantes de amor y felicidad, aunque no siempre sepan cómo alcanzarlos, lo que produce una inevitable tensión que lleva al sufrimiento. Hay risas de buena ley, sin caer en el trazo grueso de la caricatura cuartelera, Boorman sortea los riesgos de lo grotesco: de modo que reímos, aunque algo haya de patético, en el perezoso profesional con hernia Redmond, o en el robo del reloj urdido por Hapgood; mientras que del sargento que sólo vive para el código militar, acabaremos teniendo datos para considerar que no deberíamos juzgarle precipitadamente, cada uno a su manera es víctima de los odios que conducen a las guerras. Y aunque hay amor en el seno de la familia Rohan, las heridas nunca acaban de cicatrizar del todo, y ahí aletean las experiencias de la madre durante la guerra, o de la hermana que se convirtió en madre siendo poco más que una adolescente.

El guión que firma el propio Boorman sabe entralazar las historias de cuartel, con las de familia, y los romances, incluida la misteriosa Ophelia, que permite abordar los dramas de esas clases altas cuyo destino en los años 50 empieza a estar en entredicho. La paleta fotográfica de colores ocres, la música, ideas como la retransmisión televisiva de la coronación de Isabel II, ayudan a dar al film el tono deseado algo crepuscular de final de una época. El reparto está muy bien escogido, las piezas encajan aunque el único actor que se mantiene del original es David Hayman, el padre del protagonista. A Callum Turner le toca llevar el peso del film, su peripecia es la del director, y lo hace bien. Otros actores con los que el espectador tal vez no esté familiarizado, como Pat Shortt y Caleb Landry Jones, dan el tipo de esa clase de soldado cobarde y divertido, o del insensato para unas cosas y timorato para otras.

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