Blog de Hildy
Películas nucleares: o cómo el cine aprendió a amar (y temer) al átomo
“Hoy he aprendido una nueva palabra: bomba atómica”. Esta frase la pronuncia Jim Graham –un Christian Bale entonces niño– en El imperio del sol ,
“Hoy he aprendido una nueva palabra: bomba atómica”. Esta frase la pronuncia Jim Graham –un Christian Bale entonces niño– en El imperio del sol, siguiendo el juego de aumentar su vocabulario que le ha inculcado el prisionero americano Basie, inmenso John Malkovich. Y en efecto, el chico es testigo del hongo nuclear provocado por una de las dos bombas arrojadas por los americanos en la Segunda Guerra Mundial, en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.
Nos da miedo la energía atómica, hemos sido testigos de su poder destructivo como arma, y su uso pacífico tiene algo de incontrolable que nos inquieta. Lo estamos viendo estos días, en que tras el terremoto y tsunami sufridos por Japón, vemos ahora que sus centrales nucleares tienen serios problemas, cuya resolución no está clara mientras escribo estas líneas. En el fondo parece que nadie sabe nada, unos crean alarma, otros tratan de calmar, y mientras el miedo crece.
El cine alrededor del átomo y su energía es abundante, y en primer lugar ha fijado su atención en la bomba atómica. Un film tempranero fue Principio o fin (1947), rodado con tono casi documental, y donde no se cuestiona la decisión de arrojar la bomba; en esa línea va también El gran secreto. Otros títulos de interés son Los héroes de Telemark y La casa de la calle 92, donde la idea es evitar que los alemanes tengan la bomba. O el que Roland Joffé –ahora de moda con Encontrarás dragones– pergeñó acerca del “padre” de la bomba en Creadores de sombras.
El tema de los efectos de la radioactividad que se siguieron en Japón tras las bombas fue abordado en toda su crudeza por Shohei Imamura en Lluvia negra. Los traumas atómicos también están bien presentes en Hiroshima, mon amour, de Alain Resnais. El tema evidentemente ha marcado a los japoneses, como demostró Akira Kurosawa al firmar Rapsodia en agosto en 1991.
En la guerra fría, el miedo a una confrontación nuclear fue grande, y lo reflejaron títulos como Punto límite, Teléfono rojo volamos hacia Moscú y Trece días. En 1983 impactó el telefilm El día después, que pintaba los efectos de una guerra nuclear con cierta truculencia. Incluso existía la paranoia de tener un refugio nuclear en casa, idea que dio pie a Buscando a Eva.
Las armas nucleares como instrumentos en manos de terroristas han dado pie a filmes como el tomclancyero Pánico nuclear, con el inefable analista de la CIA Jack Ryan, o la trepidante serie televisiva 24.
Si finalmente fijamos la atención en las centrales nucleares, el film clave sobre la seguridad de las mismas es El síndrome de China, que coincidió con la crisis en 1979 de Harrisburg. Una central era el marco del intrigante asesinato de un ingeniero en El alquimista impaciente, con una pareja de guardias civiles investigando. En Al límite la hija de Mel Gibson trabaja con material radiactivo en una empresa de seguridad nacional.
Y por supuesto, no podemos olvidarnos de Homer Simpson, que trabaja bastante distraidamente en la central nuclear de Springfield en Los Simpson.
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