Entrevistas
El fin de semana en París de Roger Michell y Hanif Kureishi
Roger Michell y Hanif Kureisni ha formado un tándem director-guionista bien avenido, como demuestran “Mother” y “Venus”. Ahora repiten colaboración en “Le Week-End” una historia sobre cómo puede perdurar el amor en el matrimonio, a pesar de las cosas que separan.
Quisiera preguntarle a Hanif Kureishi de dónde surge la necesidad de contar esta historia sobre la crisis en las relaciones a una edad madura.
Hanif Kureishi: Mis historias siempre tienen que ver con nuestras vidas y con lo que le pasa a la mayoría de la gente. Normalmente las personas están en pareja, entre una pareja y otra, o son solteros. Estos temas cotidianos son maravillosos para una película, en mi opinión. La idea era muy sencilla: ¿qué puede pasar cuando un marido y su esposa van a París y están allí varios días? ¿De qué hablan? ¿Qué hacen? ¿Qué ocurre? Un punto de partida simple.
En el film hay un par de apuntes que no se circunscriben a la pareja, como el momento del hijo, que entra hablando por teléfono, y el amigo. ¿Qué idea tenía sobre esto el guionista? ¿Cómo lo ha plasmado el director en la pantalla?
Roger Michell: La idea surgió hace siete años: una pareja que iba a celebrar el 30 aniversario de su boda a París. En esa época no teníamos ni idea de cómo iba a terminar el film, si iban a seguir juntos o se iban a separar. Fuimos los dos a París, como la extraña pareja, dimos una vuelta e hicimos las mismas cosas que figurarían en el guión, como subir al Sacré-Cœur y todo eso. Habíamos contemplado una escena en la que Jim [Broadbent] estuviera en el tren preguntándose si la mujer va a volver o no, así que la recreamos también, como todo el recorrido que se ve en la película. Fuimos a un hotel horrible, muy barato, en el que Hanif siempre se quejaba de la comida [risas]. Todo lo que sale en la pantalla nos pasó a nosotros, como que por ejemplo llegamos al Sacré-Cœur sin aliento.
Respecto a la inclusión del hijo hablando por teléfono, la idea se nos ocurrió cuando estábamos en Los Ángeles después de nuestra película conjunta anterior, Venus, con Peter O'Toole; Kevin Loader, productor de aquel film, y su mujer, nos contaban que acababan de comprar su nueva casa. Nada más entrar, encontraron ratas, y estaban muy preocupados porque tenían un bebé pequeño. De ahí sacamos la idea para la subtrama.
Se cuenta con mucho sarcasmo la relación con el hijo, que es un poco caradura, que no les deja en paz.
R.M.: La voz que sale en el teléfono es la de mi hijo... Acaba de irse de casa, pero aún no tiene niños. Precisamente lo que ha querido meter Hanif Kureishi en el guión es el síndrome del nido vacío, o sea, qué ocurre después de que los hijos abandonan el hogar y hacen su vida. ¿Qué pasa con los padres?
Uno de los temas principales de la película es el éxito o el fracaso. Se ve muy bien en el personaje de Jeff Goldblum. ¿Por qué les interesaba esta cuestión?
H.K.: En torno a la edad de los 60 años, es inevitable que cada persona reflexione sobre lo que ha vivido, y si ha tenido algún sentido lo que se ha hecho. Todo se juzga en relación con el éxito o el fracaso. Uno se pregunta si ha sido un buen escritor, o un buen marido, buen hijo, buen amigo... Todos nos planteamos qué tipos de personas somos y también si hemos sido coherentes con nuestros ideales de cuando éramos jóvenes.
R.M.: Realmente el personaje de Jeff Goldblum es muy superficial. Es la antítesis del de Jim Broadbent, la otra cara de la moneda, la versión del éxito. Es guapo, rico, y se ha deshecho de su primer matrimonio porque era incómodo para él, así que va a tener una niña con su nueva y guapa esposa. Pura fachada. Por dentro tiene muchas dudas, se odia a sí mismo...
H.K.: Como lo hacemos nosotros [risas].
Hace pocos años tuvimos la suerte de tener aquí a Julia Roberts, protagonista del film de Roger Michell Notting Hill. ¿Podrían ser los personajes de esta película un poco como los de aquélla pero 30 años después?
R.M.: No veo que estos encajen muy bien con Notting Hill, pero es una idea intrigante. Espero poder recuperar al guionista Richard Curtis. [suena a cierto sarcasmo]
Quería pedirles una reflexión acerca de la situación del cine en este momento en que el cine para las grandes masas, pensado para la gente joven, parece que está bajando en interés. Los adolescentes prefieren internet y otras cosas. En cambio, el cine para gente mayor, como en el caso de Le Week-End, parece que interesa más.
R.M.: Lo que pasa ahora es que los mayores son cada vez más jóvenes. Se está empujando esa barrera de la edad cada vez más hacia atrás. Si tienes 60 años, eso no significa que tu vida se haya acabado. Se habla mucho en la película de eso. Es un nuevo comienzo. La gente de esa edad se imagina una nueva vida. Precisamente en Reino Unido el pico de divorcio se produce ahora por encima de los 60 años.
H.K.: También por el efecto Viagra, los mayores se consideraban acabados en el terreno sexual y ahora no.
Habiendo en su currículum películas muy taquilleras, ¿siente mucha presión a la hora de hacer una película pequeña?
R.M.: Si hago cuatro películas, una será una producción grande en Estados Unidos, pero tres en casa, más humildes. Precisamente utilizo los beneficios de la grande para financiar las otras. Mi corazón está más en estas últimas. Me siento bien haciendo las películas de gran presupuesto, pero al mismo tiempo el rodaje de las otras es más divertido. A la vez tienes más control sobre el contenido, y puedes trabajar más con los escritores y los actores.
Antes han dicho que hicieron juntos todo lo que se ve en la película como una pareja. ¿Qué más han compartido en la elaboración de esta película aparte del proceso de escritura del guión? ¿La elección de los actores quizá?
H.K.: Nos conocemos desde hace mucho tiempo. Desarrollamos algunos proyectos juntos. Nuestro intervalo habitual suele ser de seis a siete años entre uno y otro. Así que igual estamos aquí de nuevo dentro de ese tiempo.
R.M.: Somos como un matrimonio. Lo nuestro en realidad no tiene nada de divertido y nos odiamos [risas].
Lo que hicimos juntos fue desarrollar el guión sobre todo.
Con respecto a las parejas profesionales, quisiera preguntarle a Hanif Kureishi si mantiene el contacto con Stephen Frears, con el que hizo películas como Mi hermosa lavandería.
H.K.: Soy buen amigo de Stephen.
¿Alguna idea de volver a trabajar juntos tras Le Week-End?
H.K.: Es buena idea, aunque ahora Roger parece que ha encontrado una nueva “pareja”, Peter Morgan. [risas finales]
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