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Biografía

Richard Curtis

Richard Curtis

63 años

Richard Curtis

Nació el 08 de Noviembre de 1956 en Wellington, Nueva Zelanda
Filmografía
Yesterday

2019 | Yesterday

Jack Malick vive en Suffolk, Gran Bretaña, y está a punto de tirar la toalla en lo relativo a su sueño de triunfar en el mundo de la canción. A pesar del apoyo de Ellie Appleton, su amiga de toda la vida, que además de ser profesora de matemáticas en un colegio, ejerce de “manager amateur”, no hay forma de llamar de atención. Hasta que una noche, volviendo a casa en bicicleta, sufre un accidente debido a un inexplicable apagón mundial de doce segundos. Se despierta con heridas leves en un hospital, y tras ser dado de alta, sus mejores amigos se quedan boquiabiertos cuando le escuchan tocar con la guitarra “Yesterday”, de Los Beatles. ¿Los qué? Nadie ha oído hablar de John, Paul, George y Ringo. Jack se mueve en una realidad alternativa, en que casi todo es igual que antes, pero Los Beatles no han triunfado nunca, son desconocidos. Y se abre ante Jack la posibilidad de alcanzar el éxito, presentando como propias unas canciones que el mundo ignora por completo. Original film de aires caprianos, hace pensar en ¡Qué bello es vivir!, aunque en vez de plantearnos qué habría ocurrido si George Bailey nunca hubiera existido ni hecho por tanto las buenas obras que hizo, aquí toca mirar a un mundo sin la magia musical de Los Beatles, y a la introducción por tanto de sus canciones de un modo muy diferente: al protagonista le toca recordar partitura y letras, un proceso de reconstrucción no tan sencillo, darlas a conocer luego por primera vez en un contexto contemporáneo, y conseguir que alguien crea en él como les ocurrió en otra existencia en sus inicios a los componentes de la banda de Liverpool. El británico Richard Curtis, a partir de una idea de Jack Barth, ha pergeñado una comedia romántica optimista y positiva, de mimbres muy sólidos, en la línea de sus libretos originales más brillantes, los de Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill, Love Actually y Una cuestión de tiempo. Y por primera vez ha colaborado en una película con su compatriota Danny Boyle, que ya ofreció una curiosa muestra del género, Una historia diferente, además de un film encantador de aire entre mágico y milagroso, Millones. El resultado es una película deliciosa, con una historia de amor in crescendo entre el joven que encuentra el triunfo por caminos inesperados y la chica sencilla que siempre le ha amado, aunque el otro no se entere; en tal sentido están muy bien el desconocido Himesh Patel –en Gran Bretaña le conocen por la serie EastEnders, pero Yesterday es su primera película de cine–, que lleva todo el peso de la película, y que actúa y canta muy bien, y la consagrada Lily James, que sabe brillar con un papel a priori poco lucido. Las letras de las canciones sirven para ir desarrollando el progreso de la relación con momentos que exigen “Help!” o recordar que “All You Need Is Love”. No falta una reflexión, con mucho humor, sobre el lado más delirante del mundo de la música, las servidumbres de la fama, las técnicas de marketing, la ambición de las discográficas. A tal efecto hay personajes secundarios muy simpáticos, como el cantante Ed Sheeran haciendo de sí mismo, el amigo desastre Rocky –Joel Fry, que recuerda a Rhys Ifans en Notting Hill–, la manager interpretada por Kate McKinnon, los papás de Jack, Sanjeev Bhaskar y Meera Syal, entre otros. O las dudas acerca de si resulta moralmente correcto adueñarse del trabajo ajeno, aunque exista la coartada de dar a conocer así una obra genial, en tal sentido Jack sería un hombre con una misión; eso sí, vivirá con el temor a ser descubierto como una suerte de impostor. Y entre medias hay gags divertidísimos, sobre algunos otros cambios que se han producido en esta realidad alternativa.

7/10
Mamma Mia! Una y otra vez

2018 | Mamma Mia! Here We Go Again

Diez años después de la película Mamma mia! y veinte después del musical creado para los escenarios por Catherine Johnson, inspirada en las canciones del grupo sueco Abba, llega esta secuela-precuela –que ambas condiciones presenta la cinta–, a través de una trama sencilla, simple excusa para el divertimento, las canciones y las coreografías, y el empeño, conseguido, por hacer que el espectador se sienta bien, porque triunfa el amor. Tras la muerte de su madre Donna, Sophie ha planificado la reapertura de su hotel, situado en Kalokairi, una idílica y perdida isla griega. Pero su amado Sky, arquitecto, está en Nueva York, y seguramente no se presentará en la inauguración, además de que le ha salido trabajo en la Gran Manzana; tampoco es previsible que se presenten dos de su tres padres –nunca supo cuál de los tres hombres a los que amó Donna es su padre biológico–, ni su abuela americana, excéntrica, una bruja. Pese a todo no ceja en los preparativos, a los que ayudan las otras dos componentes de Dynamo y amigas de Donna, Tanya y Rosie, y que están coordinados por Fernando, un gerente que es una joyita. El relato de esa puesta a punto se entrelaza con la narración de cómo una jovencita Donna recién graduada que viaja por Europa conoció a Harry, Sam y Bill, y llegó a la preciosa isla helénica. Ambas líneas acaban confluyendo en el clímax, pensado con inteligencia, un canto, nunca mejor dicho, a la maternidad. En esta ocasión el guión corre a cargo del también director Ol Parker, conocido sobre todo por los libretos de El exótico hotel Marigold y su secuela, y por Ahora y siempre, cinta romántica con enferma terminal. Aunque también figura acreditada Johnson, la autora del musical, y Richard Curtis, especialista en tramas ligeras que tocan el “cuore”, como Love Actually. Y captan la idea ligera, que es celebrar la “joie de vivre”, la “alegría de vivir”, algo a lo que contribuye poderosamente la selección de las canciones y su inserción en la narración de modo que no aparezcan postizas; ahí la intervención de Benny Andersson y Björn Ulvaeus se muestra también de enorme importancia. Todos los temas funcionan muy bien, aunque brilla especialmente la escena correspondiente a “Waterloo”, que transcurre en París, con Lily James y Hugh Skinner, de fantástica coreografía. También destaca el arranque de “When I Kissed the Teacher”, que transforma una formal ceremonia de final de curso en la universidad, en una auténtica fiesta. Parker sabe además ser visualmente elegante en algunas transiciones entre presente y pasado, o salvar distancias entre personajes, como las que separan a Amanda Seyfried y Dominic Cooper cuando cantan “One of Us”. Otro de los pasajes que eleva el corazón, es el de la llegada de una muchedumbre en barco, que se dirige a la inauguración del hotel, mientras escuchamos “Dancing Queen”. Con reparto de lujo, donde repiten muchos de los actores del film original, unos tienen mayor presencia que otros, pero todos da la impresión de que se lo han pasado en grande con sus apariciones; hasta Meryl Streep se ha apuntado a la fiesta, mientras que la presencia novedosa de Cher casi a los postres, sirve para que escuchemos su potente chorro de voz. De todos modos, si alguien brilla con especial intensidad en el film, ésa es Lily James, la versión juvenil de personaje de Streep: la actriz tiene la pasta de una auténtica estrella, canta y baila muy bien, y encarna a la perfección el idealismo ingenuo que se deja llevar por los sentimientos y por su afán de disfrutar de lo que le ofrece la vida, una óptica algo superficial, pero coherente con la idea de entretenimiento en que consiste el film. También están bien Jeremy Irvine, Josh Dylan y Hugh Skinner, Jessica Keenan Wynn y Alexa Davies, que ofrecen las composiciones jóvenes de los personajes de Pierce Brosnan, Stellan Skarsgård y Colin Firth, Christine Baranski y Julie Walters. Y Andy García sabe conceder empaque a su latino personaje.

6/10
Agu Trot de Roald Dahl

2015 | Roald Dahl's Esio Trot

Romántica adaptación de un cuento de Roald Dahl en cuyo guión ha intervenido el especialista Richard Curtis (Love Actually, Una cuestión de tiempo), con la producción de los hermanos Weinstein. Sigue al solterón ya jubilado Mr. Hoppy, tímido hasta la médula, que se ha enamorado de Mrs Silver, la viuda que acaba de mudarse al piso que está debajo del suyo. Incapaz de confesarle sus sentimientos, y sabedor de la frustración de ella porque su querida tortuga Alfie no crece, orquesta un elaborado y complejo plan que supone comprar un centenar de tortugas, para darle el cambiazo sin que ella se dé cuenta, y así piense que su mascota está engordando. Será una muestra de aprecio que tal vez le facilite declarar lo que alberga su corazón. Con un inteligente uso de la banda sonora, atravesada de canciones con la voz desgarrada de Louis Armstrong, como "A Kiss to Build a Dream On", se imprime a la narración un tono melancólico. Puede cansar y distraer un poco la existencia de un narrador con rostro, que interviene con frecuencia, incluso con su hijita, aunque el recurso es simpático. En cualquier caso el film se sigue con agrado, gracias las maravillosas composiciones interpretativas de Dustin Hoffman y Judi Dench. Introduce además un contrapunto humorístico frustrante Mr. Pringle, un vecino que sólo mira su propio ombligo, interpretado por Richard Cordery.

6/10
Trash. Ladrones de esperanza

2014 | Trash

Un hombre que huye de la policía, arroja la cartera que buscaban al vacío, y va a parar a un camión de la basura, que la deposita en uno de los vertederos de Río de Janeiro, donde decenas de niños de las favelas se ganan la vida rebuscando entre los escombros. Acaba encontrándola el pequeño Rafael, que comparte el dinero que había en su interior con su amigo Gardo. Pronto el lugar se llena de agentes a la búsqueda de la cartera perdida, pero los chicos callan, preguntándose qué pueden tener de valioso unos papeles con números, unas fotos de un hombre con una niña, una tarjeta de lotería, una estampita de San Francisco de Asís y una llave. Con ayuda de Rato van a ir averiguándolo poco a poco, pero metiéndose en numerosos líos; por suerte les echan un cable el padre Julliard, el sacerdote que desde su pequeña iglesia hace una gran labor social, y la voluntaria Olivia. Adaptación de una novela de Andy Mulligan, convertida en guión por Richard Curtis –el cuentista de Love Actually–, y dirigida por Stephen Daldry, especialista en historias de jóvenes, piénsese en Billy Elliot y Tan fuerte, tan cerca. Muchos son los puntos de comparación que pueden establecerse para este cuento con tres chavales protagonistas que procuran hacer lo correcto, algo que han aprendido en la iglesia. Se podría hablar de un Slumdog Millionaire a la brasileña, si tomamos la referencia fílmica más reciente y obvia, o de aventuras entre Charles Dickens y Mark Twain, si nos ponemos más literarios y pensamos en pilletes de buen corazón en un contexto de pobreza y corrupción, donde se enfrentan a grandes villanos, pero cuenta también con la ayuda de personas de buen corazón. El arranque del film, es de una trepidación que deja sin aliento e intriga, está maravillosamente rodado y editado. Pero luego la narración se estanca un poco, porque las situaciones acaban siendo algo repetitivas. Los chicos se ven inmersos en una especie de juego de búsqueda del tesoro, en que deben descifrar el enigma de unos números y una llave, que conducen a otras pistas, y sufren a lo largo del metraje muchos momentos de persecución, servidos con ritmo desigual. En cualquier caso la historia atrapa por varios motivos. Los chavales, unos recien llegados –Rickson Tevez, Eduardo Luis, Gabriel Weinstein–, son muy naturales, y los secundarios angloparlantes –Martin Sheen, Rooney Mara– y brasileiros –Wagner Moura, Selton Mello– están muy bien escogidos. Además es excelente el diseño de producción, parece un sinsentido decirlo, pero con la cámara de Adriano Goldman, los vertederos resultan bellos. El recurso de los niños hablando a cámara acaba cobrando sentido, y se perdona cierta ingenuidad en los planteamientos por el carácter de fábula del film. El clímax en el cementerio responde a ese carácter de aventura contemporánea que se busca ofrecer.

6/10
Mary y Martha. El coraje de dos madres

2013 | Mary & Martha

La madre de George descubre que sufre acoso escolar y decide llevárselo con ella a África para vivir una vida paradisiaca. Sin embargo, la malaria se cebará en la familia, al igual que en la de otra mujer. Ellas son Mary y Marta y sus vidas van a cambiar para siempre. Sentido drama producido para la televisión que cuenta con el inestimable trabajo de las prestigiosas Hilary Swank y Brenda Blethyn. La historia es dura, por momentos triste, pero el guión del gran Richard Curtis resalta la inabarcable esperanza del ser humano. Dirige el competente Phillip Noyce (Salt).

6/10
Una cuestión de tiempo

2013 | About Time

Richard Curtis, veterano guionista de Cuatro bodas y un funeral y Notting Hill, debutó como realizador con la excelente Love Actually, pero decepcionó en cierta medida con su segundo trabajo, Radio encubierta. Ahora recupera la forma como director y guionista en Una cuestión de tiempo, mezcla de drama y comedia, con elementos fantásticos. Una cuestión de tiempo tiene como protagonista a Tim, un joven de 21 años, que el día de Año Nuevo tiene una inesperada conversación con su padre. Éste le desvela el secreto de la familia: los varones pueden viajar en el tiempo. Aunque esto no les permite ir más atrás de su nacimiento, sí que tienen la capacidad de rebobinar hasta el punto de su vida que deseen, lo que resulta muy útil para arreglar pequeños errores. Aunque en un principio no le cree, tras seguir sus instrucciones vuelve a la fiesta de Nochevieja anterior, donde no logró besar a la chica que le había deslumbrado. A los espectadores les vendrán a la mente inmediatamente títulos como Regreso al futuro y sobre todo Atrapado en el tiempo, con cuya trama tiene muchas similitudes, salvo porque aquí el protagonista puede elegir a qué punto de toda su existencia quiere regresar, y no sólo vuelve a revivir el mismo día. Paradójicamente, Una cuestión de tiempo no proporciona una sensación de déjà-vu, sino que logra cierta frescura. Quizás, algunos detractores argumentarán que Una cuestión de tiempo busca de forma demasiado evidente emocionar, o que la voz en off del protagonista a veces se alarga. Pero Curtis acierta al explotar sus puntos fuertes, una capacidad increíble para componer diálogos vitalistas e ingeniosos, y su especialidad en la creación de secundarios estrambóticos memorables. Tampoco se le da mal crear momentos 'mágicos', como aquél en el que la pareja protagonista se puede ver por primera vez, tras una larga conversación a oscuras. Rachel McAdams (To the Wonder, Sherlock Holmes), que realiza una interpretación muy espontánea, es quizá el nombre con más tirón internacional del reparto, pues tiene a su lado a Domhnall Gleeson, un actor que sorprende y logra cargar con la mayor parte del metraje, si bien hasta ahora se le conoce más bien por haber sido secundario en títulos como Anna Karenina o las dos últimas entregas de Harry Potter. Brilla especialmente Bill Nighy, actor fetiche del realizador presente en sus dos anteriores films, muy humano en su papel de progenitor. A diferencia de lo que ocurría en casi todos los trabajos anteriores de Richard Curtis, esta vez el británico no se limita a las risas o los buenos sentimientos, sino que pretende mostrarse algo más reflexivo, en torno a temas sobre el aprovechamiento del tiempo, la importancia de preocuparse por los demás y la necesidad de afrontar antes o después las grandes tragedias de la vida, por muchas triquiñuelas que se pongan en práctica para postergarlas.

6/10
War Horse (Caballo de batalla)

2011 | War Horse

Vísperas de la Primera Guerra Mundial en Inglaterra. El tozudo Ted Narracott se empeña en comprar un caballo pura sangre para las tareas de su granja pagando un elevado precio, por una estúpida rivalidad con el terrateniente que le arrienda sus tierras. Su joven hijo Albert se ocupará de domar a Joey para lograr lo que parece imposible, que sea capaz de arar un campo. Las dificultades económicas obligarán a vender al caballo al ejército, el primer paso de un emocionante periplo para el animal, que se prolonga a lo largo de toda la contienda. Notable adaptación de la novela de Michael Morpurgo, que estaba narrada con talento desde el punto de vista del caballo del título. Steven Spielberg y sus dos guionistas Richard Curtis y Lee Hall han renunciado a intentar trasladar esta óptica a la pantalla, un desafío del que seguramente podían haber salido escaldados, lo que no obsta para que en un buen puñado de escenas Joey sea protagonista principal, y exista una clara fidelidad al original. De modo que el film sigue un enfoque más tradicional, en la línea del western Winchester 73, en que vemos cómo el caballo pasa por distintas manos que se ocupan de él, la primera de ellas y la más importante la del joven Albert. Ello permite presentar distintos escenarios y personajes donde cambia el tono, pero siempre está presente la humanidad, seres de carne y hueso con ilusiones, y que al tiempo sufren diversas penalidades: los padres sufridores, el oficial de palabra, los adolescentes obligados a alistarse, el cuidador de caballos, el abuelo que se ocupa de su nieta enferma... Hay acierto en un reparto sin grandes estrellas pero sí con grandes actores. No se hurta el horror de la guerra y el inevitable miedo, pero no hay regodeo en mostrar sus peores efectos, prevaleciendo en cambio el tono épico, la idea del cumplimiento del deber y de la lucha como “brothers in arms”, en el combate todos son hermanos aunque hayan podido tener diferencias. Ayuda mucho a la atmósfera la formidable partitura musical de John Williams. En realidad gran parte del equipo habitual de Spielberg -el director de fotografía Janusz Kaminski, el montador Michael Khan, la productora Kathleen Kennedy...- ayudan a que la ambientación sea perfecta. Hay mucha cinefilia y maravilloso clasicismo en el film de Spielberg, mucho más logrado que su otro trabajo de 2011, la tarea imposible de llevar Tintín satisfactoriamente a la pantalla grande. Enmarcan el film pasajes deudores de John Ford, el desafío en la granja del primer acto, o la escena con el sol poniéndose con que se llega al final. Pero entre medias hay guerra, mucha guerra, la maravillosa carga de la caballería, o las trincheras que nos retrotraen a Stanley Kubrick y sus Senderos de gloria. Hay momentos maravillosos, que sólo el talento de un gran cineasta sería capaz de pasar satisfactoriamente del papel a la pantalla: destaca esa versión equina de la tregua de Feliz Navidad, o aquel que no es cuestión de destripar y que podríamos calificar de “milagroso”, con un “ciego que ve” y un incrédulo que no mete las llagas en ningún costado como Santo Tomás, pero casi.

8/10
Radio encubierta

2009 | The Boat That Rocked

El director Richard Curtis (1956) es un enamorado de la música, como pudimos comprobar en su primera película detrás de las cámaras, la hiperromántica Love Actually. En esta segunda película, el director neozelandés afincado en Inglaterra, se deja llevar por esa pasión –y, la verdad, durante demasiado tiempo– para pergeñar una historia que gira completamente en torno a la música de su juventud. Lo que se cuenta es lo de menos, una mera excusa bastante peregrina; aquí lo que importa es simplemente recordar e idealizar nostálgicamente los felices años sesenta, las canciones que sonaban entonces y los sueños despreocupados de la juventud. 1966. Los adolescentes y jóvenes del Reino Unido viven entusiasmados con el 'rock and roll' y con la nueva música que escuchan en las emisoras de radio. Pero se trata de emisoras piratas, que eluden las licencias del gobierno. Y es que la nueva música es una manifestación más de la relajación de las costumbres y de la máxima juvenil imperante de vivir sin reglas ni censuras. Y el gobierno, claro, no aprueba esa actitud, por lo que decide cerrarlas. La emisora más famosa, pesadilla del ministro Dormandy (Kenneth Branagh), es Radio Rock, que emite desde un barco que flota en el Mar del Norte y cuya programación ininterrumpida es seguida por millones de personas. Hasta allí llega el joven Carl (Tom Sturridge), que ha sido expulsado del colegio. Su madre le envía a pasar una temporada con su padrino Quentin (Bill Nighy), que resulta ser el dueño de la emisora. Carl conocerá en el barco a todos los hombres que trabajan en Radio Rock, tipos de todo pelaje con una única cosa en común: su fanatismo rockero y pasión por las nuevas bandas que hacen furor en el público. Entre ellos destacan el grueso Dave (Nick Frost), inteligente y con un cruel sentido del humor; el buenazo de Simon (Chris O'Dowd), que busca un amor de verdad; y los norteamericanos Gavin (Rhys Ifans) y el Conde (Philip Seymour Hoffman), que compiten por ser las estrellas de la emisora. La película es indudablemente divertida. Es fácil imaginarse qué tipo de situaciones pueden darse entre un grupo de hombres encerrados en un barco, y Curtis sabe sacar partido con frecuencia a chistes fáciles de temática sexual, alardeados con el lenguaje procaz tan propio de su estilo (y algunas imágenes más explícitas cuando suben las mujeres al barco). Sin embargo, toda esa picante diversión, aderezada con la mejor música, cae a menudo en la patochada y corre el riesgo de resultar muy reiterativa, ya que Curtis prácticamente abandona lo que mejor sabe hacer: el romanticismo de sus otros guiones, como los de Notting Hill o El diario de Bridget Jones. Y es una pena, porque al quedarse sólo con el ambiente coral del barco, descuida demasiado a cada personaje, se centra en lo anecdótico y olvida más que otras veces los detalles importantes (no hay ni una sola escena memorable, ni tronchante ni emotiva). Y así resulta demasiado fácil caer en los lugares comunes de una época idealizada hasta la saciedad, con topicazos que agotan porque uno se los sabe de memoria. Capítulo aparte merece la música, a todas luces extraordinaria. Curtis se emplea a fondo y procura que esté muy presente en casi todas las escenas. El espectador podrá disfrutar de una amplia representación de los mejores músicos de los sesenta, desde The Rolling Stones, los Beatles y The Who, hasta Jimi Hendrix, Leonard Cohen, The Supremes o The Kinks, por nombrar sólo a unos pocos. En cuanto a los actores, destaca sin lugar a dudas el poderoso talento de Philip Seymour Hoffman.

4/10
Las vacaciones de Mr. Bean

2007 | Mr. Bean's Holiday

Mr. Bean nació en una serie televisiva británica a comienzos de los 90, convirtiendo en una celebridad mundial a su protagonista, el cómico Rowan Atkinson. En 1997, Mr. Bean dio el salto a la gran pantalla, en Bean, lo último en cine catastrófico. Desde entonces, Atkinson ha encarnado a otros personajes, igualmente histriónicos y desastrosos, en títulos como Johnny English y Secretos de familia, que han dado buenos resultados en taquilla, pero que no han logrado igualar en popularidad a las aventuras de Mr. Bean. La anterior película respetaba poco el original de la pequeña pantalla, donde el personaje apenas mascullaba alguna palabra, y todo el humor se basaba en gags que recordaban a las comedias mudas de Buster Keaton y Charles Chaplin. Tampoco acababa de funcionar el hecho de que fuera una historia larga, cuando al personaje le iban mejor los sketches de corto recorrido. Conscientes de tales defectos, los guionistas, el desconocido director Steve Bendelack y el propio Rowan Atkinson se han puesto de acuerdo para solucionarlos. El protagonista sólo dice tres palabras en todo el film, y además, éste tiene estructura de ‘road movie’, lo que permite engarzar situaciones aisladas de lo más dispares, que aún así hacen avanzar el conjunto. Los demás personajes, apenas hablan, o lo hacen en francés o ruso.  En tiempos de la comedia zafia y grosera estilo Borat, se agradece un humor sano, de corte clásico, deudor de los cómicos citados y del francés Jacques Tati, pues el título homenajea claramente a su película Las vacaciones del señor Hulot. Aunque sus pretensiones son mínimas, responde sobradamente a las expectativas de un público que busca ‘echar unas risas’. A veces, consigue que al espectador se le salten las lágrimas, como en la secuencia del restaurante, y la del autostop.

5/10
Bridget Jones: sobreviviré

2004 | Bridget Jones: The Edge Of Reason

Por fin, Bridget ha conseguido comprometerse con el abogado Mark Darcy, el hombre de sus sueños. Aparentemente, es el hombre ideal: atractivo, inteligente, tolerante con las acciones de Bridget, etc. Pero esta insufrible mujer ve amenazas por todas partes, pues siente celos de cualquier fémina que se acerque a su amado. Sobre todo, de la nueva ayudante de Mark, una atractiva y alta mujer que parece querer alejarla de él. Para colmo de males, reaparece el mujeriego Daniel Cleaver, antiguo jefe de Bridget con el que mantuvo una horrible relación. Vuelve la treintañera más neurótica y exageradamente llena de complejos de la pantalla, interpretada por Renée Zellweger, en una secuela en que también reaparecen Colin Firth y Hugh Grant. La directora Sharon Maguire ha sido sustituida por el cineasta británico Beeban Kidron, correcto autor de cintas como Antonia y Jane o A Wong Foo, gracias por todo, Julie Newmar. Y bien, lo que podía haber sido un sainete actualizado, una especie de retrato de costumbres, que hubiera convertido a su protagonista en todo un icono generacional, en realidad se queda en una comedia ligera, y en ocasiones algo gamberra. Eso sí, la risa está asegurada con gags sencillos pero efectivos al estilo de las telecomedias. Además, Kidron le saca jugo a las múltiples y sonoras canciones de la banda sonora. Versiona muy libremente la segunda novela sobre el personaje, de la periodista Helen Fielding, en la que Bridget convivía con Darcy para constatar que el hombre de sus sueños era también un ser humano con algún defectillo. Lo único que ha quedado en su traslación a la pantalla ha sido el título y el viaje a Bangkok.

6/10
Love Actually

2003 | Love Actually

Para los amantes de las películas románticas, Richard Curtis es un viejo conocido. De su talento nacieron los guiones de Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill o El diario de Bridget Jones, sin lugar a dudas tres cumbres de la comedia romántica actual. Respecto a la Love Actually, el mismo Curtis explica que tenía demasiadas historias de amor en la cabeza y no tenía tiempo para esperar a que se filmaran todas. Así que decidió fundir todos esos guiones en uno solo y ponerse por primera vez él mismo detrás de la cámara. El resultado es un collage de diez pequeñas historias de amor protagonizadas por una variada galería de personajes cuyas vidas se entrelazan de algún modo. El experimentado guionista no comete el error de repetirse. Así somos testigos de amores entre jefes de estado y empleadas; de maridos y esposas; de hermanos y hermanas; de hijos y padres; de amistades duraderas, y, cómo no, de romances entre hombres y mujeres con situaciones vitales tan normales como distintas y originales. Las diferentes tramas son simultáneas en el tiempo y están ambientadas en los días próximos a la Navidad. A Curtis le sirve este “truco” para arrancar de sus personajes sentimientos hondos, de tal forma que, cada uno a su modo, experimente la necesidad de sincerar su corazón. Y ahora que el cine suele derivar con demasiada frecuencia hacia historias frustrantes, hay que agradecerle a Richard Curtis su talante esencialmente optimista, una declaración de principios con la que no duda en iniciar la película. Este enfoque es compatible, sin embargo, con las licencias que se toma a la hora de explicitar escenas de burda grosería, que aunque sirvan a la postre para reivindicar el amor verdadero, resultan sorprendentes en una comedia de este perfil. Para dar buen acabado a su cóctel romántico, el director cuenta con un reparto de aúpa, con muchos de los mejores actores británicos actuales. Y lo demuestran en escenas delirantes (Hugh Grant), emocionantes (Colin Firth), surrealistas (Bill Nighy), mágicas (Keira Knightley) o desgarradoras (Emma Thompson), por enumerar sólo las más emotivas. Sin duda, el mundo iría mucho mejor si se hiciesen más películas como ésta, porque después de verla dan ganas de ser bueno de verdad y brindar con champán con el amor de tu vida.

7/10
El diario de Bridget Jones

2001 | Bridget Jones's Diary

El diario de Bridget Jones nació como una columna de la periodista Helen Fielding, donde con ácido humor describía lo que se suponía era el punto de vista de una mujer treintaañera que todavía no ha dado con su lugar en el mundo. El éxito condujo a una novela aún más exitosa; el salto a la pantalla era un paso cantado, que se ha saldado igualmente con una calurosa acogida. El diario es la excusa para articular los pensamientos de Bridget Jones, quien es joven, niña y avejentada al tiempo; joven por edad física, niña por su frecuente comportamiento pueril, y avejentada por la desilusión que a menudo le domina. Muchos espectadores de su edad pueden verse reflejados en el personaje, bordado por Renée Zellweger. Superados por los altibajos emocionales, las ilusiones (a veces pura imaginación, sin visos de realidad) apenas les duran unos instantes. Sin una visión trascendente en la que anclar su vida, andan a la deriva, movidos por los volubles vaivenes de sus sentimientos. Estamos ante un film hijo de su época. Frívolamente divertido, con buenos gags y un triángulo amoroso donde Bridget, finalmente, encontrará a su príncipe azul. La desconocida Sharon Maguire dirige con oficio, y, entre bromas y veras, deja caer, aunque sea en forma de leves apuntes, algunas ideas críticas acerca del tonteo erótico en la oficina o la incapacidad de expresar los propios sentimientos.

6/10
Notting Hill

1999 | Notting Hill

William es el dueño de una tienda de libros de viajes en Londres, en el barrio de Notting Hill. Un día entra a la tienda Anna Scott, actriz hiperfamosa de Hollywood, pero a la que el poco cinéfilo William no reconoce. Lo que sí surge es el flechazo instantáneo. Pero cortejar a una persona tan famosa, que no puede dar dos pasos sin que le asalten los admiradores, resulta ser bastante complicado. Pese a todo Anna se siente atraída por el torpe y tímido William: disfruta visitando el piso que comparte con el inefable Spike, o tratando con gente normal, como son los familiares de William. ¿Será posible este amor entre un desconocido y una estrella, carne de cañón para columnas de cotilleo y paparazzi desaprensivos? Esta película es una verdadera delicia, en la tradición de las mejores comedias de Hollywood tipo Historias de Filadelfia. Hay lugar para el humor, servido con ingenio. Tenemos una historia de amor atractiva, en la que tienen fiel reflejo las distintas dificultades a superar. Y contamos con dos actorazos como la copa de un pino: Julia Roberts, a la que bien podríamos calificar como la Katharine Hepburn de nuestro tiempo, y Hugh Grant, que trata de seguir los pasos de un James Stewart o un Cary Grant. El guión es de Richard Curtis (que dio el golpe en su día con Cuatro bodas y un funeral) y la dirección la acomete Roger Michell (Titanic Town, Persuasión). A las muchas y divertidas situaciones del film se ha sumado el descubrimiento del actor Rhys Ifans, que da vida a Spike, el cutre y maloliente compañero de piso de Hugh Grant, quien pese a su aspecto externo tiene buen corazón.

7/10
Bean, lo último en cine catastrófico

1997 | Bean

Salto a la pantalla grande del popular cómico británico, después de triunfar en televisión. En esta ocasión Bean es enviado como especialista en arte a un museo de Los Ángeles, que acaba de adquirir una obra maestra de la pintura. Sin proponérselo, Bean causará muchos problemas a su anfitrión, director del museo, aunque todo se resolverá felizmente. Rowan Atkinson, el principal motor del film, desarrolla una trama esquemática y sólida a la vez, que sostiene bien los gags, francamente divertidos. Algún pasaje, más grosero, lo salva, en parte al menos, la candidez del personaje protagonista. Como en la serie televisiva, el actor basa su humor en la expresión corporal y gestual de un personaje torpón, al estilo de Peter Sellers y de los modelos clásicos del cine cómico mudo. De todos modos, cierto temor a la respuesta que podía tener un film sin diálogos –recuérdese el fracaso de Palace, película muda de Tricicle– lleva a introducir algunos para hacerlo digerible a un público amplio.

6/10
Cuatro bodas y un funeral

1994 | Four Weddings And A Funeral

Comedia romántica sobre un grupo de personas que se reúnen en cuatro bodas y en un funeral, como reza el título de la película. En estos eventos se entablan relaciones de amistad, hay reencuentros y, por supuesto, surge el amor. El protagonista es Charles (Hugh Grant) que no ha sentado la cabeza, pero todo cambia cuando conoce a Carrie, papel que interpreta la, siempre deliciosa, Andie MacDowell. La película tuvo dos merecidas nominaciones a los Oscars como mejor película y guión.

5/10
Blackadder's Christmas Carol

1988 | Blackadder's Christmas Carol

Divertidísima comedia negra inspirada en el célebre "Cuento de Navidad" de Charles Dickens, y adaptada con sarcástico sentido del humor por uno de los grandes de la comedia británica, Richard Curtis, responsable de éxitos como Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill o Love Actually. El reparto reúne a varios nombres célebres del cine británico, que en 1988 quizá no tenían todavía la vitola de la fama, pero que con el tiempo se han convertido en estrellas. El telefilm, de apenas 45 minutos, ha alcanzado con los años el 'status' de película de culto.

6/10
La víbora negra

1983 | The Blackadder | Serie TV

Hilarante y muy exitosa 'sitcom' británica que agrupa cuatro temporadas con diferentes nombres –'The Blackadder' (1983), 'Blackadder II' (1986), 'Blackadder Tercero' (1987), 'Blackadder y van Cuarto' (1989)– todas ellas protagonizadas por el cómico Rowan Atkinson (en uno de los papeles que más fama le han dado) y escrita en su mayor parte por Richard Curtis (Love Actually) y Ben Elton. La serie, de una comicidad impresionante, narra la historia de Inglaterra desde el siglo XV hasta principios del XX, a través de las aventuras del codicioso y rastrero Edmund Blackadder (Rowan Atkinson), un tipo que a lo largo de las épocas va asumiendo diferentes ocupaciones (príncipe, noble, mayordomo, capitán del ejército). Le acompaña siempre en sus andanzas su criado Baldrick (Tony Robinson).

6/10
Una cuestión de tiempo

2013 | About Time

Richard Curtis, veterano guionista de Cuatro bodas y un funeral y Notting Hill, debutó como realizador con la excelente Love Actually, pero decepcionó en cierta medida con su segundo trabajo, Radio encubierta. Ahora recupera la forma como director y guionista en Una cuestión de tiempo, mezcla de drama y comedia, con elementos fantásticos. Una cuestión de tiempo tiene como protagonista a Tim, un joven de 21 años, que el día de Año Nuevo tiene una inesperada conversación con su padre. Éste le desvela el secreto de la familia: los varones pueden viajar en el tiempo. Aunque esto no les permite ir más atrás de su nacimiento, sí que tienen la capacidad de rebobinar hasta el punto de su vida que deseen, lo que resulta muy útil para arreglar pequeños errores. Aunque en un principio no le cree, tras seguir sus instrucciones vuelve a la fiesta de Nochevieja anterior, donde no logró besar a la chica que le había deslumbrado. A los espectadores les vendrán a la mente inmediatamente títulos como Regreso al futuro y sobre todo Atrapado en el tiempo, con cuya trama tiene muchas similitudes, salvo porque aquí el protagonista puede elegir a qué punto de toda su existencia quiere regresar, y no sólo vuelve a revivir el mismo día. Paradójicamente, Una cuestión de tiempo no proporciona una sensación de déjà-vu, sino que logra cierta frescura. Quizás, algunos detractores argumentarán que Una cuestión de tiempo busca de forma demasiado evidente emocionar, o que la voz en off del protagonista a veces se alarga. Pero Curtis acierta al explotar sus puntos fuertes, una capacidad increíble para componer diálogos vitalistas e ingeniosos, y su especialidad en la creación de secundarios estrambóticos memorables. Tampoco se le da mal crear momentos 'mágicos', como aquél en el que la pareja protagonista se puede ver por primera vez, tras una larga conversación a oscuras. Rachel McAdams (To the Wonder, Sherlock Holmes), que realiza una interpretación muy espontánea, es quizá el nombre con más tirón internacional del reparto, pues tiene a su lado a Domhnall Gleeson, un actor que sorprende y logra cargar con la mayor parte del metraje, si bien hasta ahora se le conoce más bien por haber sido secundario en títulos como Anna Karenina o las dos últimas entregas de Harry Potter. Brilla especialmente Bill Nighy, actor fetiche del realizador presente en sus dos anteriores films, muy humano en su papel de progenitor. A diferencia de lo que ocurría en casi todos los trabajos anteriores de Richard Curtis, esta vez el británico no se limita a las risas o los buenos sentimientos, sino que pretende mostrarse algo más reflexivo, en torno a temas sobre el aprovechamiento del tiempo, la importancia de preocuparse por los demás y la necesidad de afrontar antes o después las grandes tragedias de la vida, por muchas triquiñuelas que se pongan en práctica para postergarlas.

6/10
Radio encubierta

2009 | The Boat That Rocked

El director Richard Curtis (1956) es un enamorado de la música, como pudimos comprobar en su primera película detrás de las cámaras, la hiperromántica Love Actually. En esta segunda película, el director neozelandés afincado en Inglaterra, se deja llevar por esa pasión –y, la verdad, durante demasiado tiempo– para pergeñar una historia que gira completamente en torno a la música de su juventud. Lo que se cuenta es lo de menos, una mera excusa bastante peregrina; aquí lo que importa es simplemente recordar e idealizar nostálgicamente los felices años sesenta, las canciones que sonaban entonces y los sueños despreocupados de la juventud. 1966. Los adolescentes y jóvenes del Reino Unido viven entusiasmados con el 'rock and roll' y con la nueva música que escuchan en las emisoras de radio. Pero se trata de emisoras piratas, que eluden las licencias del gobierno. Y es que la nueva música es una manifestación más de la relajación de las costumbres y de la máxima juvenil imperante de vivir sin reglas ni censuras. Y el gobierno, claro, no aprueba esa actitud, por lo que decide cerrarlas. La emisora más famosa, pesadilla del ministro Dormandy (Kenneth Branagh), es Radio Rock, que emite desde un barco que flota en el Mar del Norte y cuya programación ininterrumpida es seguida por millones de personas. Hasta allí llega el joven Carl (Tom Sturridge), que ha sido expulsado del colegio. Su madre le envía a pasar una temporada con su padrino Quentin (Bill Nighy), que resulta ser el dueño de la emisora. Carl conocerá en el barco a todos los hombres que trabajan en Radio Rock, tipos de todo pelaje con una única cosa en común: su fanatismo rockero y pasión por las nuevas bandas que hacen furor en el público. Entre ellos destacan el grueso Dave (Nick Frost), inteligente y con un cruel sentido del humor; el buenazo de Simon (Chris O'Dowd), que busca un amor de verdad; y los norteamericanos Gavin (Rhys Ifans) y el Conde (Philip Seymour Hoffman), que compiten por ser las estrellas de la emisora. La película es indudablemente divertida. Es fácil imaginarse qué tipo de situaciones pueden darse entre un grupo de hombres encerrados en un barco, y Curtis sabe sacar partido con frecuencia a chistes fáciles de temática sexual, alardeados con el lenguaje procaz tan propio de su estilo (y algunas imágenes más explícitas cuando suben las mujeres al barco). Sin embargo, toda esa picante diversión, aderezada con la mejor música, cae a menudo en la patochada y corre el riesgo de resultar muy reiterativa, ya que Curtis prácticamente abandona lo que mejor sabe hacer: el romanticismo de sus otros guiones, como los de Notting Hill o El diario de Bridget Jones. Y es una pena, porque al quedarse sólo con el ambiente coral del barco, descuida demasiado a cada personaje, se centra en lo anecdótico y olvida más que otras veces los detalles importantes (no hay ni una sola escena memorable, ni tronchante ni emotiva). Y así resulta demasiado fácil caer en los lugares comunes de una época idealizada hasta la saciedad, con topicazos que agotan porque uno se los sabe de memoria. Capítulo aparte merece la música, a todas luces extraordinaria. Curtis se emplea a fondo y procura que esté muy presente en casi todas las escenas. El espectador podrá disfrutar de una amplia representación de los mejores músicos de los sesenta, desde The Rolling Stones, los Beatles y The Who, hasta Jimi Hendrix, Leonard Cohen, The Supremes o The Kinks, por nombrar sólo a unos pocos. En cuanto a los actores, destaca sin lugar a dudas el poderoso talento de Philip Seymour Hoffman.

4/10
Love Actually

2003 | Love Actually

Para los amantes de las películas románticas, Richard Curtis es un viejo conocido. De su talento nacieron los guiones de Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill o El diario de Bridget Jones, sin lugar a dudas tres cumbres de la comedia romántica actual. Respecto a la Love Actually, el mismo Curtis explica que tenía demasiadas historias de amor en la cabeza y no tenía tiempo para esperar a que se filmaran todas. Así que decidió fundir todos esos guiones en uno solo y ponerse por primera vez él mismo detrás de la cámara. El resultado es un collage de diez pequeñas historias de amor protagonizadas por una variada galería de personajes cuyas vidas se entrelazan de algún modo. El experimentado guionista no comete el error de repetirse. Así somos testigos de amores entre jefes de estado y empleadas; de maridos y esposas; de hermanos y hermanas; de hijos y padres; de amistades duraderas, y, cómo no, de romances entre hombres y mujeres con situaciones vitales tan normales como distintas y originales. Las diferentes tramas son simultáneas en el tiempo y están ambientadas en los días próximos a la Navidad. A Curtis le sirve este “truco” para arrancar de sus personajes sentimientos hondos, de tal forma que, cada uno a su modo, experimente la necesidad de sincerar su corazón. Y ahora que el cine suele derivar con demasiada frecuencia hacia historias frustrantes, hay que agradecerle a Richard Curtis su talante esencialmente optimista, una declaración de principios con la que no duda en iniciar la película. Este enfoque es compatible, sin embargo, con las licencias que se toma a la hora de explicitar escenas de burda grosería, que aunque sirvan a la postre para reivindicar el amor verdadero, resultan sorprendentes en una comedia de este perfil. Para dar buen acabado a su cóctel romántico, el director cuenta con un reparto de aúpa, con muchos de los mejores actores británicos actuales. Y lo demuestran en escenas delirantes (Hugh Grant), emocionantes (Colin Firth), surrealistas (Bill Nighy), mágicas (Keira Knightley) o desgarradoras (Emma Thompson), por enumerar sólo las más emotivas. Sin duda, el mundo iría mucho mejor si se hiciesen más películas como ésta, porque después de verla dan ganas de ser bueno de verdad y brindar con champán con el amor de tu vida.

7/10

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