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Biografía

Peter Morgan

Peter Morgan

57 años

Peter Morgan

Nació el 10 de Abril de 1963 en Londres, Reino Unido
Filmografía
Bohemian Rhapsody

2018 | Bohemian Rhapsody

Vibrante biopic del cantante Freddie Mercury (1946-1991), centrado en los años en que lideró el grupo británico Queen, desde que inició su andadura allá por 1970 hasta el mítico concierto Live Aid celebrado en Wembley en 1985, seis años antes de la muerte del genial artista. Tras las cámaras se sitúa Bryan Singer (Sospechosos habituales, X-Men), cineasta poco acostumbrado a tratar en pantalla a personajes reales. Sin embargo, el resultado es excelente. Estamos con toda seguridad ante una de las mejores películas jamás filmadas sobre una banda de música. La historia, ideada por los prestigiosos Peter Morgan (The Crown) y el guionista Anthony McCarten (La teoría del todo, El instante más oscuro), sitúa a Freddie como eje alrededor del cual gira toda la trama, pero se aleja de la hagiografía al dar mucho peso a los demás personajes, los cuales sirven siempre de contrapunto a la excentricidad del cantante. De hecho, llama mucho la atención lo equilibrados que son los demás miembros del grupo –Brian May, Roger Taylor, John Deacon– y también la amada Mary Austin, frente a la vida disoluta y desordenada de Mercury. Asistimos así a la evolución del grupo, desde que se incorporó Freddie (entonces aún con su apellido real, Bulsara) y cambió el nombre de Smile por el de Queen, hasta que se convirtió en uno de los conjuntos de rock and roll más célebres de la historia. Fueron quince años que dan para mucho: discusiones, traiciones, errores, perdones, egoísmos, amistad y amor. Y éxito, mucho éxito. Freddie Mercury murió a los 45 años de una neumonía provocada por el SIDA, después de una vida llena de excesos –drogas, alcohol, promiscuidad homosexual– que sólo le trajeron soledad. El guión de McCarten incide especialmente en este punto, de manera que pinta el interior del cantante como un agujero negro –¡cuánto patetismo hay en la escena del juego de luces en la distancia!–, un vacío que él intentaba llenar con todo tipo de distracciones: gente, gatos, objetos, fiestas. En realidad, la infelicidad de Freddie Mercury se fue agravando conforme se abandonaba al libertinaje y al capricho de los aprovechados, y a la vez se iba distanciando de quienes de verdad le querían. Se habla así con acierto del entorno del artista, a quienes se concede el tiempo oportuno, de Mary (qué dulce Lucy Boynton), del asistente Paul (Allen Leech), del mánager Jim Beach (Tom Hollander) y sobre todo de los miembros del grupo, unos tipos que eran todo lo opuesto de su compañero. Y también hay tiempo para algunos golpes de humor. Musicalmente Bohemian Rhapsody es una pasada. Bryan Singer se luce sin duda en la planificación de algunos momentos puntuales, como por ejemplo el que narra la composición de We Will Rock You en el estudio. Pero sin duda se llevan la palma las escenas de los conciertos. Hay que tener en cuenta que Queen es probablemente el grupo que mejor ha sabido conectar con el público en el escenario. Es algo que Freddie Mercury hacía como nadie, una auténtica explosión de gestos, de posturas forzadas y de andares llamativos de desbordante teatralidad. Y todo esto Bryan Singer lo traslada con maestría a la pantalla. Para ello ha encontrado al actor perfecto. Durante todo el film Rami Malek (Mr. Robot) parece ser el propio Freddie Mercury, pero cuando se mueve sobre el escenario el espectador creerá que está ante un documental, tan sublime es su trabajo. El Oscar planea sobre él. Y aunque el conjunto pueda tener algún leve altibajo, la última media hora de película es sencillamente apoteósica. Para muchos espectadores será una experiencia profundamente nostálgica (pueden caer algunas lágrimas, qué duda cabe), para otros es una oportunidad de oro para descubrir (o redescubrir) a uno de los grupos de rock and roll más legendarios de la historia.

8/10
The Crown (3ª temporada)

2018 | The Crown | Serie TV

La tercera temporada de The Crown arriesga, y mucho, con el cambio casi al completo del reparto, empezando por la actriz que interpreta a Isabel II, Olivia Colman, que reemplaza a Claire Foy. Porque en realidad no ha pasado un largo período de tiempo entre los hechos narrados en la segunda temporada y la que aquí arranca. Sin embargo, se logra el milagro de que aceptemos la propuesta, con un original artificio, mostrando a la reina la nueva serie de sellos que el servicio postal propone con su efigie, y en que se reemplaza a Foy por Colman. Y en efecto, es de esperar que para las próximas temporadas, el contar con una actriz de más edad sea acertado, no hay que exagerar a la hora de mostrar su envejecimiento. La serie creada por Peter Morgan continúa con el esquema que tan eficaz se ha demostrado previamente. Van avanzando los años 60 y 70, hasta el jubileo de la reina, y somos testigos de algunos acontecimientos políticos y sociales que debe afrontar Gran Bretaña, de los que no es el menor la recesión económica, lo que implica un rescate por los “primos” americanos, y protestas del sector minero. También de momentos estelares de la historia de la humanidad, como la llegada del hombre a la Luna. Y ello con los primeros ministros que semanalmente despachan con la Reina, esas audiencias a las que se incorporan Harold Wilson, laborista, muy bien interpretado por Jason Watkins, que le da un aire popular, tranquilo, torpón y pragmático adecuados, y el gris Edward Heath. Además, se presentan otros sucesos dramáticos de envergadura, como la tragedia de la escuela de Aberfan, por el colapso de una escombrera, que da pie a uno de los momentos más emotivos. Hay mucha inteligencia en el enfoque de Morgan, que procura que en cada episodio se aborden cuestiones que quedan cerradas, como por ejemplo la estancia de Carlos en Gales para aprender el galés, antes de ser proclamado príncipe; lo que no impide que se desarrolle posteriormente el personaje del joven heredero, que se siente desconectado de su familia, incomprendido hasta el punto de acabar sintonizando con el duque de Windsor,  también por su primera historia de amor, con una tal… Camilla. Así, las cuestiones de estado conviven con los acontecimientos familiares de un clan tan singular como el que preside la reina Isabel II, donde no se pueden dar pasos en falso, por una opinión pública que lo escruta todo. Tiene mucha fuerza el desarrollo de Felipe de Edimburgo –está mejor Tobias Menzies, que su predecesor joven, Matt Smith–, sobre todo con sus crisis de la mediana edad, y el modo en que maneja la llegada de un nuevo pastor para el servicio religioso de los domingos. La dificultad de madurar y aceptar la propia edad y posición que la vida nos ha deparado también afecta a la princesa Margarita, muy bien interpretada por Helena Bonham Carter, o a lord Mountbatten, al que da vida Charles Dance. Y resulta sorprendente el personaje de la princesa Alicia, la madre de Felipe, a la que se concede un inesperado papel redentor. Imposible e innecesario es describir en estas líneas todos los conflictos y situaciones que se plantean. Baste decir que Morgan no se pierde en una madeja cada vez más complicada y rica en matices, y que sabe dotar de unidad al conjunto, con resonancias que encantarían al mismísimo Willliam Shakespeare.

9/10
The Crown (2ª temporada)

2017 | The Crown | Serie TV

Segunda entrega de la serie creada por Peter Morgan, que describe el reinado de Isabel II de Inglaterra, abarca el período histórico correspondiente a los dos primeros ministros que suceden a Winston Churchill, Anthony Eden y Harold Macmillan, o sea, el período entre 1955 y 1963. Lo que no impide la introducción de oportunos flash-backs que amplían el lienzo de esta inteligente mirada a la corona británica, en relación a un oscuro secreto del duque de Windsor en los años de la Segunda Guerra Mundial, y al período de formación en férrea disciplina en el internado escocés Gordonstoun de Felipe de Edimburgo. De nuevo Morgan demuestra ser un maestro en la creación de los diálogos de los personajes, llenos de contenido y emociones, y aprovecha bien las idas y venidas a las dependencias de la reina, las distintas audiencias. En los primeros episodios, da la impresión de que se quiere centrar la mirada en uno u otro personaje, y se echa en falta la fuerza arrolladora de algunos personajes de la primera temporada, en especial de Winston Churchill; además, hay que aceptar que Isabel II ha perdido la bisoñez a la hora de asumir tempranamente un reinado que no esperaba. Pero se van desarrollando temas de fondo de entidad, y la serie va creciendo paulatinamente hasta alcanzar verdadera estatura. Uno de esos temas, primordial, es el del matrimonio. En primer lugar el de Isabel y Felipe, donde el amor mutuo es indudable, pero las tiranteces y altibajos también asoman, por la sensación de escaso protagonismo de él, y el peso de su función real en ella, que obliga a veces mirar a otro lado, ejercer la diplomacia y sutiles formas de expresión para expresar lo que se lleva dentro. Gracias al magnífico trabajo de Claire Foy y Matt Smith, esto está muy bien planteado. Más problemática resulta la presentación de la vida sentimental de la princesa Margarita tras su traumática ruptura con Townsend, pues su nueva relación con el fotógrafo Tony Armstrong-Jones adolece de cierta languidez, y se presenta la vida bohemia y libertina de él con un erotismo de papel couché algo manido, muy de publicidad de perfume de lujo. Pero sirve para abordar distintas caras de la vida conyugal, en lo relativo a la mujer y al varón, lo que también incluye, con mayor brevedad, el divorcio de un íntimo amigo de Felipe, y la acidez que preside la relación de los Macmillan, Harold y Dorothy, o el matrimonio del presidente Kennedy. Otra cuestión importante es la necesidad que tiene la institución monárquica de adaptarse a los nuevos tiempos, que es tratada con fuerza usando un episodio auténtico en el capítulo "Marionettes", cuando el entonces barón Altrincham se atrevió a criticar abiertamente los discursos de Isabel II, poco pegados a la vida real de sus súbditos, y también al abordar el encuentro con John F. y Jackie Kennedy. Sobre los desafíos políticos, quizá se apuntan algunos problemas como la crisis del canal de Suez, o con las colonias de África afectadas por la guerra fría, pero quedan en un plano menor, quizá porque los primeros ministros en esta ocasión tienen menos fuerza dramática que un Churchill. Resultan especialmente valiosos los episodios dirigidos por Stephen Daldry, como el titulado “Paterfamilias”, en que traza un paralelismo entre la formación del príncipe Carlos y la que tuvo su padre Felipe, lo que sirve para tratar el tema de la educación, donde se hace necesario tratar de modo desigual a unos hijos que nunca son iguales. Se nota en el magnífico resultado que el director ha trabajado con buenos resultados antes con adolescentes, recuérdese que hablamos del director de Billy Elliot, Tan fuerte, tan cerca y Trash. Ladrones de esperanza.

9/10
The Crown

2016 | The Crown | Serie TV

Una verdadera joya seriófila, manejada con mano firme por su creador, Peter Morgan, que se ha especializado en escribir guiones basados en personajes auténticos en títulos como El último rey de Escocia, Las hermanas Bolena, The Damned United, El desafío. Frost contra Nixon o Rush, aunque sin duda su libreto más conocido es el de La reina, por el que logró la nominación al Oscar. Y aquí justamente retoma al personaje protagonista de ese film, la reina Isabel II de Inglaterra, pero en su juventud, los primeros años de su reinado con las dificultades de adaptarse a su papel de monarca en un mundo cambiante y recién salido de la Segunda Guerra Mundial. En parte se inspira en su propia obra de teatro "The Audience", estructurada alrededor de las audiencias de la reina con sus diferentes primeros ministros. Llama la atención la solidez del entramado argumental, donde nada es simple o tópico, cada escena está escrita con mimo, las situaciones y los diálogos son de una inusitada brillantez, la introducción de algunos flash-backs con Isabel niña nunca son caprichosos. Y se recogen con rigor los hechos históricos, los últimos años del reinado de Jorge VI, con una enfermedad cuya gravedad oculta a los más allegados, el matrimonio por amor de Isabel con Felipe de Edimburgo, el acceso al trono de la inexperta Isabel, y cómo debe aprender sobre la marcha su papel, poner en práctica lo que conoce en teoría y más. Están recogias, por supuesto, las relaciones con el primer ministro Winston Churchill, casi octogenario, y que viene a despachar con ella semanalmente. A lo largo de diez capítulos, servidos por grandes directores, empezando por Stephen Daldry, se despliegan muchos temas de enorme calado. Por supuesto el significado de la Corona, y su capacidad aglutinadora de un pueblo y un imperio, junto a un encorsetamiento que puede ser frustrante y anulador de la propia personalidad. Se habla de sentido del deber y de sacrificio, de la capacidad para estar a la altura de un puesto de grandísima responsabilidad, pero en cuyo desempeño se puede infligir heridas a los seres más queridos, además de que toca lidiar con políticos que por la bisoñez y el hecho de ser mujer, la miran con condescendencia. Se juega al paralelismo de los dos hermanos –Jorge VI obligado a reinar ante la abdicación de su hermano Eduardo VIII, que prefiere seguir ser fiel a su amor plebeyo, Wallis Simpson– con las dos hermanas, hijas de Jorge, Bertie, con una princesa Margarita enamorada del antiguo caballerizo de su padre, el famoso capitán Townsend, un hombre divorciado. Y también hay espacio para los nuevos tiempos, hay moldes que resulta necesario romper, aunque las tradiciones sean importantes y puedan tener cientos de años de historia. Los ancianos decrépitos deben ceder el testigo a los jóvenes, aunque sea necesario reconocer en algunos casos, Churchill, su servicio extraordinario a la nación. El pueblo debería poder ver la coronación de su reina por televisión, aunque alguno piense que eso vulgariza una función sagrada. En fin, los temas están trenzados maravillosamente, labor de orfebrería de guión, con las vicisitudes de las personas, que son de carne y hueso, y cuyos problemas implican al espectador. Se puede sugerir que el colonialismo debe terminar, o que con la contaminación es un problema auténtico. Todo con un esfuerzo de producción formidable: reconstrucción de la época, dirección artística, vestuario, fotografía, maquillaje, una banda sonora soberbia de Hans Zimmer y Rupert Gregson-Williams... Los actores están muy bien escogidos, no hay personaje pequeño, ninguno es una caricatura, de todos puedes entender sus razones, desde un secretario de la reina a un ministro. Resulta obligado destacar las interpretaciones de John Lithgow, colosal Winston Churchill, increíble todo lo relativo a su retrato pictórico, y de Claire Foy, que sabe dar a su reina una sabia mezcla de fragilidad, sensatez, buena voluntad, carácter...

9/10
Premonición

2015 | Solace

Un serial killer está actuando. No parece haber un nexo de unión entre las víctimas, entre ellas un niño, pero coincide el "modus operandi", una incisión sin saña en la nuca con un estilete, se diría que el asesino buscaba una muerte inadvertida. El veterano detective del FBI Joe Merriwether decide pedir ayuda a su amigo John Clancy, antiguo colaborador que dejó de trabajar con la policía y lleva una vida solitaria por un drama familiar, y que tiene un peculiar don, una intuición superdotada que le permite tener conocimientos de sucesos pasados y futuros; la idea no convence a su socia investigadora, la psiquiatra Katherine Cowles, que considera el supuesto talento una patraña. El brasileño Afonso Poyart tuvo cierta repercusión en su país en 2012 con la cinta gangsteril Dos conejos, y ahora emprende su aventura en Hollywood con un thriller de buena factura, visualmente vistoso a la hora de presentar las premoniciones, en las persecuciones y sobre todo en ciertas escenas en que un mismo personaje se multiplica en el mismo plano. Aquí adapta un guión ajeno, del dúo Sean Bailey y Ted Griffin, con alguna idea ingeniosa –sobre todo en el modo de relacionar al asesino con Clancy, y en los motivos de sus asesinatos–, pero también con elementos flojos, desde que ponemos cara al asesino, la cosa se desbarata y el final con su epílogo sobre todo, produce cierto sonrojo. En cualquier caso es una película medianamente resultona, que se deja ver, mientras que Anthony Hopkins sigue demostrando que es un gran actor, que eleva el nivel de cualquier film con su sola presencia. Curiosamente, al igual que ocurría en El silencio de los corderos, compone un personaje que colabora con los federales sin formar parte de ellos.

4/10
Rush

2013 | Rush

En 1976 el mundo de la Fórmula 1 vivió uno de los duelos deportivos más recordados de la historia. Dos pilotos descollaban sobre el resto. Por un lado, James Hunt, británico, de actitud chulesca, amigo de fiestas y de mujeres, impulsivo hasta la imprudencia en carrera; por otro, Niki Lauda, austriaco, calculador, metódico y de vida ordenada, un genio en la estrategia en pista y en la puesta a punto de su bólido. El título de campeón del Mundo estaba completamente abierto... Vibrante film deportivo que recrea el mundo de las carreras en los años 70 del siglo pasado, pero que va más allá del puro deporte. Los que quedaron maravillados con el multipremiado documental Senna, disfrutarán sin duda con Rush, en donde el mundo del motor y la velocidad está capturado de modo magistral, en una especie de homenaje romántico a una época que ya es leyenda en la Fórmula 1. De hecho, quizá el mayor logro de Rush es el haber sabido trasladar en cada plano al espectador a la década de los 70, de modo que en ocasiones –y exagerando un poquito– la película se parece más a una crónica que a una ficción. Esto, claro está, no se debe sólo a la pura narrativa de los hechos, sino sobre todo al conjunto de las imágenes, con una elección de vestuario y de colores muy adecuada, y una saturación en el uso de la luz que resulta fascinante, nostálgica. Es indudable que, aunque tenga sus detractores, Ron Howard se ha convertido poco a poco en un perfeccionista, capaz de bordar este tipo de películas, y no es la primera vez que recrea con éxito momentos históricos para contar historias de ficción inspiradas en la realidad, véase Apolo 13, Una mente maravillosa, Cinderella Man o El desafío. Frost contra Nixon. La película es ante todo un duelo de personalidades. Dos hombres, dos contrincantes, dos caracteres opuestos que llegaron a unirse en el mundo de la Fórmula 1 y que, misteriosamente, establecieron un nexo de unión que acabó llegando más allá del deporte. En este sentido la entidad de la película va creciendo con los minutos, pues va pareja a la evolución y madurez de las relaciones humanas. Cuando se cae en la cuenta de quién está detrás del guión, entonces la cosa tiene su lógica, porque Peter Morgan se caracteriza por lograr que el espectador se pegue a la butaca con historias que en manos de otros serían tan ligeras como una pluma. Ahí están los ejemplos de La reina o la menos conocida The Damned United. También por este motivo, aunque no se sea aficionado a la Fórmula 1, es difícil mantenerse al margen de las imágenes que ofrece el director Ron Howard, quien maneja a la perfección la historia de Morgan en un “in crescendo” que llega hasta los títulos de crédito. Y ayuda la cada vez más épica banda sonora de Hans Zimmer. Es cierto, por otra parte, que Howard hace en Rush algunas claras concesiones comerciales, entre las que se encuentran esa voz en off de los primeros minutos, que claramente es prescindible, varios aunque fugaces encuentros sexuales o el exceso melodramático al mostrar ciertas operaciones médicas. Donde sí hay un acierto extraordinario es en el casting. Chris Hemsworth es el actor perfecto para encarnar al chulito de turno y hace su mejor papel hasta la fecha, un tipo pasional incapaz de eludir la vida frívola; mientras que Daniel Brühl se metamorfosea materialmente en Niki Lauda. Ambos actores, formidables, están muy bien acompañados por la platea femenina compuesta por Olivia Wilde y especialmente por una estupenda Alexandra Maria Lara.

7/10
360. Juego de destinos

2012 | 360

La vida interconectada. Viena, Bratislava, París, Londres, Denver. La trayectoria de múltiples personajes en la sociedad global más desarrollada. Afectados por el amor y el desamor, el compromiso y la infidelidad; las oportunidades, la libertad, la toma de decisiones, el pasar página, el deseo de cambiar. Existencias circulares, donde tienen un peso decisivo las ideas que se tienen sobre el matrimonio, y las creencias religiosas. El brasileño Fernando Meirelles (Ciudad de Dios, El jardinero fiel) maneja en 360. Cruce de destinos un guión de Peter Morgan (La reina, The Damned United) que sigue el planteamiento de filmes corales -de esos en los que Robert Altman demostró ser un maestro-, inspirado en “La ronda” de Arthur Schnitzler, que ya dio pie a una obra maestra de Max Ophüls. Uno de los grandes méritos de la película es la suavidad con lo que se pasa de unos a otros personajes y sus circunstancias, no tiene uno la sensación de que sus cuitas estén artificialmente trenzadas. Los actores, grandísimo reparto, logran además componer bien a sus personajes, con apenas unos pocos trazos proporcionados por el guión de Morgan. Meirelles y Morgan evitan juzgar en 360. Cruce de destinos. En tal sentido, y aunque los temas abordados sean graves, el tono es ligero, el sentido moral pesa poco, asoma un poquito el cinismo, así es la vida y tal. Ya sean las hermanas eslovacas, una recién introducida a la prostitución, la otra testigo muda de su decisión; el esposo que ve frustrado el uso de sus servicios; la modelo que rompe su relación con un fotógrafo, que ve también que su novia le ha dejado; el padre que no ha encajado la desaparición de su hija; el agresor sexual en libertad condicional; el matón de un gángster ruso, y su esposa enamorada un dentista musulmán. Estos personajes parecen como “fichas” del gran “tablero” del mundo, y vistos en perspectiva tal vez se pierde la importancia primordial de cada uno, que no deja de ser único e irrepetible, como lo son sus libres decisiones.

6/10
La relación especial

2010 | The Special Relationship

Más allá de la vida

2010 | Hereafter

Marie, una periodista francesa de éxito, que pasa unas vacaciones con su novio en el sudeste asiático, tiene una experiencia cercana a la muerte cuando les sorprende un tsunami. George, residente en San Francisco, tiene un don, puede contactar con los seres queridos fallecidos de los que acuden a él; pero está harto, quiere ser una persona normal. Marcus, un niño londinense con una madre alcohólica, sufrirá la pérdida de a aquel a quien más quiere en el mundo, su hermano gemelo Jason. Las vidas de los tres acabarán confluyendo en Londres. El “joven” Clint Eastwood sigue en plena forma, y aunque aquí no obtiene su película más redonda, justo es reconocerle que acomete un reto nada fácil: reflexionar sobre un trance que nos aguarda a todos, el de la muerte. Ciertamente que ha mirado éste en muchos fimes, piénsese en Million Dollar Baby y Gran Torino. Pero si en esos casos se abordaba la “muerte por compasión” y el sacrificio de entregar la vida por el otro, aquí se da vueltas al interrogante de qué viene después de morir, y el deseo natural de todo ser humano de retomar el contacto con los que nos han dejado. Ello sin detenerse en ninguna religión en particular, sólo se quiere subrayar que es bastante razonable pensar que no todo se acaba aquí. Y que junto a experiencias sobrenaturales más o menos plausibles, existe también mucho farsante que vive de la credulidad y desconsuelo ajenos Firma el guión de la cinta Peter Morgan, que abandona las historias de personajes reales que le han caracterizado hasta ahora –La Reina, El desafío. Frost contra Nixon–, para crear una trama completamente de ficción, compuesta por tres hilos narrativos muy nítidos. Lo cierto es que dichos hilos resultan inicialmente inconexos, a no ser por el tema de la muerte, con lo que el esfuerzo del guionista –y luego, del director– consiste en saltar de uno a otro para situar al espectador, procurando no perderlo. La meta se logra parcialmente, pues Morgan e Eastwood se toman su tiempo, quieren definir con primor a los personajes –con momentos brillantes, auténticos hallazgos–, pero a veces se demoran en exceso. Eso sí, al final nos llevan adonde quieren, y los últimos veinte minutos son sin duda lo mejor de la cinta, entonces se desatan climáticamente todas las emociones. Matt Damon sigue creciendo como actor, ahora mismo da a la perfección el tipo de persona corriente, por muy extraordinarias que sean sus circunstancias. También destacan Cécile de France –la periodista–, Bryce Dallas Howard –compañera de clases de cocina de George, que se siente atraído por él– y los dos críos gemelos –Frankie McLaren y George McLaren–.

6/10
The Damned United

2009 | The Damned United

Tan sólo 44 días duró el entrenador de fútbol Brian Clough al frente del Leeds United, uno de los clubs más célebres del Reino Unido. Llegó allí en 1974, con vitola de estrella, pero se estrelló estrepitosamente. El director Tom Hooper, que ha dirigido interesantes filmes como Tierra de sangre y sobre todo series de televisión como Elizabeth I o John Adams, cuenta la historia de este famoso entrenador a partir de la novela de David Peace. Es muy inteligente el modo de abordar la carrera de Clough. Pues al contrario de lo que pueda pensarse, no es ésta una película exactamente deportiva (aunque lógicamente hay deporte), sino un retrato muy humano de los caracteres de quienes manejan los equipos, de las rivalidades exacerbadas entre entrenadores y de la guerra de egos que puede derivarse de los resultados, ya sean éxitos o fracasos. Hay, parece decir el film, una batalla muy importante que librar más allá del terreno de juego. The Damned United –algo así como 'el maldito United'– se centra en la fulgurante carrera de Clough (el aspecto familiar y social queda quizá demasiado al margen), entrenador del Derby County, del Leeds United y más tarde del Nottingham Forest, pero la historia se vertebra sobre dos tramas narrativas muy bien contadas: por un lado la rivalidad a muerte entre Clough y el anterior entrenador del Leeds, el multilaureado Don Revie; y por otra, su profunda amistad con Peter Taylor, su mano derecha en el banquillo y verdadero secreto de su éxito. Pero Tom Hooper dirige la película con enorme ritmo, y los diálogos vivaces y muy equilibrados atrapan. Además su talento narrativo se comprueba a la hora de estructurar el film, situando el grueso de la historia en sus días como entrenador del Leeds en 1974, y viajando hacia atrás en el tiempo para explicar cómo llegó hasta allí. Y para que una película de actores como The Damned United funcione hace falta un gran reparto. Y eso es lo que hay. Están perfectos Jim Broadbent y Timothy Spall, en sus papeles de empresario y segundo entrenador, respectivamente. Pero la composición que hace Michael Sheen (Underworld) es especialmente brillante, de una riqueza de matices que lo convierten en uno de los mejores actores de su generación. Gracias a su trabajo, que en manos de otro actor habría sido convencional, entrega un personaje de carne y hueso, muy cercano, con virtudes y defectos más que notorios, en las antípodas del maniqueísmo. Su rostro es un mar de sensaciones. En este sentido destacan las breves pero incisivas imágenes de la entrevista televisiva con Revie (y se ve que este tipo de escenas son la debilidad del estupendo guionista Peter Morgan, pues ya hizo lo mismo en El desafío. Frost contra Nixon y La reina, entre otros filmes). Por lo demás, el film cuenta con una contrastada y nublada fotografía muy realista, y una convincente puesta en escena setentera.

6/10
Las hermanas Bolena

2008 | The Other Boleyn Girl

Es bien sabido que Enrique VIII de Inglaterra se divorció de la española Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena, y que tal hecho supuso la ruptura del monarca con la Iglesia católica, además del inicio de un cúmulo de inestabilidades políticas en el país anglosajón. Pero quizá es menos conocida la existencia de María Bolena, la hermana de Ana, que igualmente fue amante del rey. Su vida ha sido muy olvidada, y ni siquiera se sabe si era mayor o menor que Ana, y aunque se sospecha que tuvo hijos de Enrique VIII, tampoco se conoce el dato con total seguridad. Las relaciones de ambas hermanas con el monarca provocaron una manifiesta tirantez entre ellas y mantuvieron siempre viva su rivalidad. De cualquier forma, cuando la desgracia se abatió sobre la familia Bolena, María fue la única que pudo vivir con cierta tranquilidad retirada lejos de la corte. Esto, grosso modo, es lo que dice la historia. La película, basada en la novela de Philippa Gregory, es otra cuestión. Se permite algunas licencias, probablemente más o menos justificadas –como dar por hecho que María tuvo el hijo varón que el rey buscó toda su vida–, pero sobre todo asienta la trama en la convulsa relación fraternal que existía entre las dos hermanas Bolena. De acuerdo con el guión de Peter Morgan, especializado en “cuestiones de Estado” tras sus libretos de El último rey de Escocia y La reina, Ana era la mayor y ambas se adoraban desde niñas (al igual que a su hermano Jorge) y se contaban todos sus secretos y anhelos. Ana era ambiciosa y desenvuelta, la favorita de su padre, mientras que María es caracterizada como una muchacha mucho más pura, un dechado de dulzura y comprensión. Sus sentimientos chocan cuando el rey elige a María y a partir de ahí se establece un agrio distanciamiento, con sus vueltas y revueltas, pero que a la postre traerá como consecuencia la desgracia. El film es interesante, no cabe duda, aunque sólo sea por el estupendo diseño de producción, con maravillosas localizaciones inglesas de época, y la cuidadísima fotografía de Kieran McGuigan. Quizá puede achacarse que al conjunto le falta entidad argumental, pues no hay otra cosa que el intento de la familia Bolena por medrar en la corte de Inglaterra, para lo cual el cabeza de familia, Sir Thomas, ofrece sin ningún escrúpulo a sus hijas. Tampoco se presta apenas atención a temas políticos, ni a la cuestión del divorcio y la ruptura con Roma, que se despachan en dos o tres planos. Todo se reduce por tanto a las envidias, triunfos y pasiones palaciegas. El resultado de tales cuitas amorosas sería demasiado aburrido y banal, si no fuera porque el director Justin Chadwick ofrece la posibilidad de disfrutar de algunas actuaciones femeninas de altura. Porque, claro está, que no se dude de que ésta es una película de mujeres (y seguramente más para mujeres), pues los hombres –ni siquiera Enrique VIII, con un desaprovechado Eric Bana– tienen muy poco que decir. Tanto Natalie Portman en el papel de Ana, como Scarlett Johansson en el de María, están radiantes y brillan por igual, y también es elogiable la interpretación de la madre, una sufriente Kristin Scott Thomas. Pero hemos de felicitar especialmente a Ana Torrent (Tesis). La actriz española compone, en los pocos minutos de los que dispone, a una impresionante Catalina de Aragón, una reina a la que ella dota de una fortaleza y dignidad propias de una gran dama. Entrevista con Natalie Portman y Entrevista con Eric Bana

6/10
El desafío. Frost contra Nixon

2008 | Frost/Nixon

Es evidente que al guionista y autor teatral Peter Morgan le fascina sumergirse en la vida de personas reales a la hora de concebir sus obras de ficción. Logros cinematógraficos como El último rey de Escocia (el dictador ugandés Idi Amín), La Reina (Isabel II de Inglaterra, Tony Blair y compañía) y Las hermanas Bolena (Enrique VIII y las hermanas del título), donde se dan la mano autenticidad e interés dramático, son buena muestra de ello. La caída del poder del presidente Richard Nixon en 1974 por el escándalo Watergate, y las entrevistas televisivas que le hizo el británico David Frost tres años después le sirvieron de fuente de inspiración para una obra de teatro, protagonizada por Frank Langella y Michael Sheen, que triunfó en los escenarios de Londres y Broadway. Para su autor, una adaptación cinematográfica era impensable, pero los esfuerzos persuasivos de Ron Howard, director, y Brian Grazer, productor, fueron positivos, y Morgan convirtió su obra en libreto cinematográfico. El resultado en celuloide es cine político de altura, aun con las inevitables simplificaciones, en la línea de títulos como Buenas noches, y buena suerte. El planteamiento de la trama resulta apasionante, como si de un combate de boxeo se tratara, comparación que le viene al pelo al director de Cinderella Man. A la hora de pelear en el ring televisivo, tenemos a la derecha a un Richard Nixon frustrado por su retirada del poder, triste de que sus logros presidenciales se hayan visto empañados por el Watergate; es alguien que no se resigna al ostracismo, a que su mandato se reduzca, casi, a la nada, a unos hechos vergonzantes; necesitaría, y así lo ven sus asesores, un lavado de imagen cara a la opinión pública, que podría venir de una entrevista televisiva. Pero no de un entrevistador cualquiera, sino de, aspirante al título de supershowman televisivo, David Frost, exitoso por sus programas en el Reino Unido y Australia, pero con fama de frívolo y graciosete. Hay un momento en el film, en que uno tiene la sensación de estar contemplando “lo de siempre”, servido con buenos actores, estupenda reconstrucción de la época, todo el empaque que Hollywood sabe dar a las superproducciones que se toman a sí mismas en serio. O sea, una vez acordado un formato para la entrevista (horas de duración, temas a tratar, etc), vemos la preparación de los equipos de los dos contendientes, bromas, imitaciones de Nixon, declaraciones del tipo “hay que lograr que este tipo se disculpe”, la chica de Frost... Todo ello desde una óptica más próxima a la del bando liberal de Frost, que a la de los defensores de Nixon. Eso sí, con un esfuerzo de equilibrio y matización: el ex presidente carece del don de gentes, transpira demasiado, dice obscenidades, piensa mucho en el dólar, abusó de las grabaciones, admitió prácticas delictivas… pero tuvo logros políticos, ama a su país, posee convicciones, es un adversario temible; y Frost es audaz al asumir el reto de la difícil entrevista, y se lleva a las personas de calle... pero tiene la inseguridad de quien se mueve en un "show business" con frecuencia superficial, nota la desconfianza de los que le rodean, es mundano y no se esfuerza todo lo que debiera en preparar sus entrevistas. Y de pronto... Llega un momento electrizante, quizá lo mejor de la película, que anticipa de modo magistral el clímax de los pasajes reveladores de las entrevistas: la llamada teléfonica nocturna. ¿Realidad?, ¿ficción?, ¿qué más da? El caso es que sirve para establecer una inesperada conexión entre Nixon y Frost, dos personajes no tan diferentes de lo que a simple vista se diría. En ese momento, en que las interpretaciones de Langella y Sheen –que reasumen sus papeles de teatro– brillan a grandísima altura, somos conscientes de que tenemos ante nosotros a dos personas, de carne y hueso. Más o menos criticables, con virtudes y defectos, pero personas al cabo. Con esta magnífico bagaje, hasta se perdona el recurso facilón del investigador, que llega en el último momento con los documentos decisivos para encarrilar la entrevista en la dirección deseada.

7/10
La Reina

2006 | The Queen

1997. Recién proclamado vencedor de las elecciones, Tony Blair debe entrevistarse con la reina Isabel II, para que ésta, según el protocolo, le pida que acepte el cargo de primer ministro. Poco después, una noticia provoca una auténtica conmoción en Gran Bretaña y el resto del mundo: Diana Spencer, la popular Lady Di, divorciada desde 1994 de Carlos, príncipe de Gales, fallece en accidente automovilístico en París, cuando huía de los paparazzi con su pareja, el millonario de origen egipcio Dodi Al Fayed. A la reina le cuesta ocultar que no sentía ningún cariño por su ex nuera, y se niega a que la familia real guarde luto. Esto la aleja del pueblo, que siente devoción por la fallecida. Tony Blair se da cuenta de que la cabezonería de Su Majestad podría ocasionar una crisis en la monarquía británica, e intenta interceder para que dé marcha atrás. El todoterreno director de Las amistades peligrosas (1988) y Alta fidelidad sale airoso de un arriesgado proyecto. Con la perspectiva del tiempo, parece relativamente sencillo reconstruir las relaciones entre personajes históricos, como Enrique VIII y Tomás Moro, como ocurría en Un hombre para la eternidad, o Miguel Ángel y el Papa Julio II, en El tormento y el éxtasis. Pero es mucho más difícil describir los encuentros y desencuentros entre una reina de Inglaterra viva y un primer ministro en activo, centrándose en acontecimientos muy recientes, con numerosos aspectos que probablemente no son de dominio público. Los guionistas, decoradores, actores y el propio Frears han llevado a cabo un complejo proceso de documentación, que propicia una ambientación creíble, y conversaciones perfectamente verosímiles, con secuencias muy difíciles, como la reacción del príncipe Carlos al conocer la noticia, o las conversaciones de alcoba de la reina con su marido. Dios salve a Helen Mirren, que encarna a Isabel II, poco después de haber interpretado a Isabel I, en una prestigiosa serie producida por BBC. Su trabajo es tan excepcional, que los espectadores no sienten delante a la protagonista de En el nombre del hijo, o La locura del rey Jorge, donde interpretaba a otra reina, sino a la auténtica reina de Inglaterra. Le secundan grandes actores, como Michael Sheen, que compone un Tony Blair propenso al humor, y reacio a relacionarse con la realeza al principio, que acaba sintiendo fascinación por la monarca.

8/10
El último rey de Escocia

2006 | The Last King of Scotland

Curioso acercamiento a la figura del sanguinario dictador de Uganda Idi Amín, a través de un personaje ficticio, felizmente ideado por el novelista Giles Foden. El doctor Nicholas Garrigan es un joven recién licenciado en medicina, amante del fútbol y acérrimo partidario de la independencia de Escocia, que llega a Uganda dispuesto a ejercer su profesión como quien se apunta a un campamento de verano. Con mentalidad de ‘hombre blanco bueno’, quiere echar una mano con sus conocimientos en una misión. Pero a la vez quiere gozar de la gente y el exotismo, y acostarse con quien se ponga a tiro, sea una lugareña, o la esposa del misionero a que quien se supone desea ayudar. Su superficial visión del mundo va a ser puesta a prueba cuando el presidente del país es derrocado y le sucede Amín. De modo casual se cruza en su camino, y cura al mandatario una mano lesionada. Amín, encaprichado con el doctor escocés, le ofrece convertirse en su médico personal. Y Nicholas, con su ego más hinchado que un pavo, accede. Durante mucho tiempo va a mirar a otra parte mientras las atrocidades de Amín se suceden. Kevin Macdonald ha destacado hasta la fecha en el campo del documental, con trabajos tan notables como Tocando el vacío. Aquí hace convincente el guión pergeñado por Peter Morgan y Jeremy Brock, donde la frivolidad del doctor Garrigan sirve para que el choque con la dura realidad sea más efectivo. James McAvoy, conocido sobre todo por su fauno de Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario, aguanta bien el tipo como este doctor, muy representativo de cierto espíritu moderno poco comprometido y que ignora el significado de la lealtad, cómplice del presidente aunque sólo sea por su ceguera culpable. Su papel sirve de lente de aumento para el goloso papel de Amín, un siniestro ‘compañero de juegos’, ‘niño grande’, al que Forest Whitaker, con sus ojos inyectados en sangre, su piel sudorosa, y sus discursos salpicados de bromas infantiles, construye a la perfección. Algunos pasajes son de una violencia no apta para todos los paladares.

6/10
Longford

2006 | Longford

Enrique VIII

2003 | Henry VIII | Serie TV

Miniserie que repasa la turbulenta vida sentimental del monarca inglés Enrique VIII que se casó en seis ocasiones. Todas y cada una de las esposas aparecen en esta historia, incluida la española Catalina de Aragón a quien le da vida Assumpta Serna.

5/10
Martha conoce a Frank, Daniel & Laurence

1998 | Martha Meets Frank, Daniel & Laurence

Hay películas que te pillan por sorpresa. Su visión constituye un inesperado placer. Más en verano, cuando las carteleras españolas suelen ocuparlas subproductos varios de muy escaso interés. Las distribuidoras suelen aprovechar la canícula para dar salida a títulos que 'deben' estrenar, aunque su confianza en ellos sea nula; deben confiar en que algún despistado se cuele en la sala, aunque sólo sea en busca del alivio del aire acondicionado. Por ello algo se revolvía en mi interior cuando me disponía a ver una película que la publicidad presentaba como "la comedia inglesa más romántica y divertida". Presentimiento completamente errado. Martha conoce... es una estupenda comedia, con 'más chicha' de lo que cabría esperar. Destaca en primer término la estructura narrativa del film, deudora del Pulp Fiction de Quentin Tarantino. Nick presenta de un modo desordenado las piezas de un puzzle; se consigue así el efecto de intrigar al espectador y captar su interés; el reto, de sobras superado, es lograr que esas piezas acaben conformando una historia sólida. Así que la visita de Laurence (Joseph Fiennes) a un psiquiatra sirve de excusa para que comience a contarle el caso que le inquieta. El nervioso personaje explica cómo su larga amistad con Frank (Tom Hollander) y Daniel (Rufus Sewell) se halla en serio peligro. Los tres amigos han conocido casualmente, y por caminos diferentes, a la misma mujer, Martha (Monica Potter); y los tres se han enamorado. Los diferentes encontronazos con Martha no siguen un orden cronológico; lo que sirve para salpicar el relato, aquí y allá, de eficaces sorpresas. Se podría reprochar cierto artificio en este caprichoso orden narrativo (se trata de justificar, en la medida en que Laurence cuenta lo que le ha pasado centrándose en sus amigos –primero en Frank, luego en Daniel­– y en último lugar en él); pero sea como fuere tal decisión presta una gran agilidad al relato. Sirve, en primer lugar, para dar a conocer a fondo a los personajes. Mientras Martha es la constante chica dulce y desconcertada en país extraño (Inglaterra), donde desea dar un nuevo rumbo a su vida, los tres amigos son las variables que introducen novedades en su vida. Frank es el dinero, el lujo, la fama y el poder; Daniel es el derrotismo, la envidia y la visión cínica; mientras que Laurence se presenta como el amor inexplicable unido a la inseguridad para pasar a la acción. Estamos ante una comedia. Muy divertida. Con buenos golpes de humor, que saben arrancar la risa. Y con un excelente reparto. El cine británico está recuperando posiciones en este difícil género, y en muy pocos años ha dado títulos tan estimables como Full Monty, Tocando el viento, Como pez en el agua y Notting Hill. Pero el que nos ocupa no se queda, sólo, en el muy legítimo deseo de hacer pasar un buen rato. Es una manifestación de una cierta nostalgia: nostalgia del amor verdadero. Un amor, que aunque pueda presentarse "por azar", exige actuar: hay que reconocerlo cuando pasa cerca, tomar riesgos, darse del todo. No es mal programa para los cínicos tiempos que corren.

7/10
El toque silencioso

1992 | The Silent Touch

El cineasta polaco Krzysztof Zanussi (La estructura del cristal, Desde un país lejano), siguiendo el ejemplo de sus compatriotas Krzysztof Kieslowski y Agnieszka Holland, acude a la financiación fuera de su país para realizar este film. Film que comparte los temas amoroso y de la creatividad musical con Azul de Kieslowski, a pesar de tener un enfoque y estilo bastante diferentes, más sobrios. Un joven estudiante de música se despierta de noche, con unos de acordes musicales que no se puede quitar de la cabeza, y que le suenan maravillosamente. Sin poder contener su emoción, acude de modo intempestivo a casa de su venerable maestro, para que le ayude a dilucidar si esa música es alguna composición conocida. Ambos coinciden en que bien podría pertenecer a un genial compositor polaco de origen judío, que abandonó su actividad creadora tras sufrir los horrores de la persecución nazi. El joven acude al lugar de retiro del anciano músico para lograr que con sus acordes vuelva a componer de nuevo. A partir de un sugestivo punto de partida, Zanussi aborda temas tan atractivos como la creatividad y el apasionamiento con la belleza de la música. El esquema narrativo es correcto. La música, elemento indispensable en un film de estas características, está bien orquestada por Wojciech Kilar. Pero la película está llena de pretensiones, con un tono marcadamente bergmaniano, y en algunos aspectos termina naufragando, quizá por no tener muy claro Zanussi el puerto adónde se dirige. Algunos personajes no acaban de estar bien retratados. El compositor muestra una evolución aceptable. Al principio es alguien intratable, amargado por sus achaques, que no encuentra razones para su existencia. La irrupción del joven en su vida le hace descubrir de nuevo la pasión por la vida; pero este personaje es algo críptico. Desea ante todo que el gran maestro vuelva a componer, que regale un poco de belleza al mundo; pero éste es el único rasgo que le define; es demasiado frío, poco creíble en su escaso interés por los demás, una especie de "ángel"... Un "ángel" que busca al recuperado maestro una joven que le pase a limpio las partituras que escribe... pero a la que termina amando. No habría mayor problema si no estuviera su mujer, que ha estado al lado suyo toda la vida, y que de pronto se encuentra con una rival que no se reduce a un pasatiempo sexual. Zanussi trata el amor de un modo confuso, de hecho parece considerar el enamoramiento como confusión. Resalta que el amor no es sólo sexo, que supone entrega a la persona amada. Pero en este caso se quiere identificar además el nuevo amor con una musa inspiradora, de modo que se podría justificar amar a dos mujeres.

4/10
The Crown (3ª temporada)

2018 | The Crown | Serie TV

La tercera temporada de The Crown arriesga, y mucho, con el cambio casi al completo del reparto, empezando por la actriz que interpreta a Isabel II, Olivia Colman, que reemplaza a Claire Foy. Porque en realidad no ha pasado un largo período de tiempo entre los hechos narrados en la segunda temporada y la que aquí arranca. Sin embargo, se logra el milagro de que aceptemos la propuesta, con un original artificio, mostrando a la reina la nueva serie de sellos que el servicio postal propone con su efigie, y en que se reemplaza a Foy por Colman. Y en efecto, es de esperar que para las próximas temporadas, el contar con una actriz de más edad sea acertado, no hay que exagerar a la hora de mostrar su envejecimiento. La serie creada por Peter Morgan continúa con el esquema que tan eficaz se ha demostrado previamente. Van avanzando los años 60 y 70, hasta el jubileo de la reina, y somos testigos de algunos acontecimientos políticos y sociales que debe afrontar Gran Bretaña, de los que no es el menor la recesión económica, lo que implica un rescate por los “primos” americanos, y protestas del sector minero. También de momentos estelares de la historia de la humanidad, como la llegada del hombre a la Luna. Y ello con los primeros ministros que semanalmente despachan con la Reina, esas audiencias a las que se incorporan Harold Wilson, laborista, muy bien interpretado por Jason Watkins, que le da un aire popular, tranquilo, torpón y pragmático adecuados, y el gris Edward Heath. Además, se presentan otros sucesos dramáticos de envergadura, como la tragedia de la escuela de Aberfan, por el colapso de una escombrera, que da pie a uno de los momentos más emotivos. Hay mucha inteligencia en el enfoque de Morgan, que procura que en cada episodio se aborden cuestiones que quedan cerradas, como por ejemplo la estancia de Carlos en Gales para aprender el galés, antes de ser proclamado príncipe; lo que no impide que se desarrolle posteriormente el personaje del joven heredero, que se siente desconectado de su familia, incomprendido hasta el punto de acabar sintonizando con el duque de Windsor,  también por su primera historia de amor, con una tal… Camilla. Así, las cuestiones de estado conviven con los acontecimientos familiares de un clan tan singular como el que preside la reina Isabel II, donde no se pueden dar pasos en falso, por una opinión pública que lo escruta todo. Tiene mucha fuerza el desarrollo de Felipe de Edimburgo –está mejor Tobias Menzies, que su predecesor joven, Matt Smith–, sobre todo con sus crisis de la mediana edad, y el modo en que maneja la llegada de un nuevo pastor para el servicio religioso de los domingos. La dificultad de madurar y aceptar la propia edad y posición que la vida nos ha deparado también afecta a la princesa Margarita, muy bien interpretada por Helena Bonham Carter, o a lord Mountbatten, al que da vida Charles Dance. Y resulta sorprendente el personaje de la princesa Alicia, la madre de Felipe, a la que se concede un inesperado papel redentor. Imposible e innecesario es describir en estas líneas todos los conflictos y situaciones que se plantean. Baste decir que Morgan no se pierde en una madeja cada vez más complicada y rica en matices, y que sabe dotar de unidad al conjunto, con resonancias que encantarían al mismísimo Willliam Shakespeare.

9/10
The Crown (2ª temporada)

2017 | The Crown | Serie TV

Segunda entrega de la serie creada por Peter Morgan, que describe el reinado de Isabel II de Inglaterra, abarca el período histórico correspondiente a los dos primeros ministros que suceden a Winston Churchill, Anthony Eden y Harold Macmillan, o sea, el período entre 1955 y 1963. Lo que no impide la introducción de oportunos flash-backs que amplían el lienzo de esta inteligente mirada a la corona británica, en relación a un oscuro secreto del duque de Windsor en los años de la Segunda Guerra Mundial, y al período de formación en férrea disciplina en el internado escocés Gordonstoun de Felipe de Edimburgo. De nuevo Morgan demuestra ser un maestro en la creación de los diálogos de los personajes, llenos de contenido y emociones, y aprovecha bien las idas y venidas a las dependencias de la reina, las distintas audiencias. En los primeros episodios, da la impresión de que se quiere centrar la mirada en uno u otro personaje, y se echa en falta la fuerza arrolladora de algunos personajes de la primera temporada, en especial de Winston Churchill; además, hay que aceptar que Isabel II ha perdido la bisoñez a la hora de asumir tempranamente un reinado que no esperaba. Pero se van desarrollando temas de fondo de entidad, y la serie va creciendo paulatinamente hasta alcanzar verdadera estatura. Uno de esos temas, primordial, es el del matrimonio. En primer lugar el de Isabel y Felipe, donde el amor mutuo es indudable, pero las tiranteces y altibajos también asoman, por la sensación de escaso protagonismo de él, y el peso de su función real en ella, que obliga a veces mirar a otro lado, ejercer la diplomacia y sutiles formas de expresión para expresar lo que se lleva dentro. Gracias al magnífico trabajo de Claire Foy y Matt Smith, esto está muy bien planteado. Más problemática resulta la presentación de la vida sentimental de la princesa Margarita tras su traumática ruptura con Townsend, pues su nueva relación con el fotógrafo Tony Armstrong-Jones adolece de cierta languidez, y se presenta la vida bohemia y libertina de él con un erotismo de papel couché algo manido, muy de publicidad de perfume de lujo. Pero sirve para abordar distintas caras de la vida conyugal, en lo relativo a la mujer y al varón, lo que también incluye, con mayor brevedad, el divorcio de un íntimo amigo de Felipe, y la acidez que preside la relación de los Macmillan, Harold y Dorothy, o el matrimonio del presidente Kennedy. Otra cuestión importante es la necesidad que tiene la institución monárquica de adaptarse a los nuevos tiempos, que es tratada con fuerza usando un episodio auténtico en el capítulo "Marionettes", cuando el entonces barón Altrincham se atrevió a criticar abiertamente los discursos de Isabel II, poco pegados a la vida real de sus súbditos, y también al abordar el encuentro con John F. y Jackie Kennedy. Sobre los desafíos políticos, quizá se apuntan algunos problemas como la crisis del canal de Suez, o con las colonias de África afectadas por la guerra fría, pero quedan en un plano menor, quizá porque los primeros ministros en esta ocasión tienen menos fuerza dramática que un Churchill. Resultan especialmente valiosos los episodios dirigidos por Stephen Daldry, como el titulado “Paterfamilias”, en que traza un paralelismo entre la formación del príncipe Carlos y la que tuvo su padre Felipe, lo que sirve para tratar el tema de la educación, donde se hace necesario tratar de modo desigual a unos hijos que nunca son iguales. Se nota en el magnífico resultado que el director ha trabajado con buenos resultados antes con adolescentes, recuérdese que hablamos del director de Billy Elliot, Tan fuerte, tan cerca y Trash. Ladrones de esperanza.

9/10
The Crown

2016 | The Crown | Serie TV

Una verdadera joya seriófila, manejada con mano firme por su creador, Peter Morgan, que se ha especializado en escribir guiones basados en personajes auténticos en títulos como El último rey de Escocia, Las hermanas Bolena, The Damned United, El desafío. Frost contra Nixon o Rush, aunque sin duda su libreto más conocido es el de La reina, por el que logró la nominación al Oscar. Y aquí justamente retoma al personaje protagonista de ese film, la reina Isabel II de Inglaterra, pero en su juventud, los primeros años de su reinado con las dificultades de adaptarse a su papel de monarca en un mundo cambiante y recién salido de la Segunda Guerra Mundial. En parte se inspira en su propia obra de teatro "The Audience", estructurada alrededor de las audiencias de la reina con sus diferentes primeros ministros. Llama la atención la solidez del entramado argumental, donde nada es simple o tópico, cada escena está escrita con mimo, las situaciones y los diálogos son de una inusitada brillantez, la introducción de algunos flash-backs con Isabel niña nunca son caprichosos. Y se recogen con rigor los hechos históricos, los últimos años del reinado de Jorge VI, con una enfermedad cuya gravedad oculta a los más allegados, el matrimonio por amor de Isabel con Felipe de Edimburgo, el acceso al trono de la inexperta Isabel, y cómo debe aprender sobre la marcha su papel, poner en práctica lo que conoce en teoría y más. Están recogias, por supuesto, las relaciones con el primer ministro Winston Churchill, casi octogenario, y que viene a despachar con ella semanalmente. A lo largo de diez capítulos, servidos por grandes directores, empezando por Stephen Daldry, se despliegan muchos temas de enorme calado. Por supuesto el significado de la Corona, y su capacidad aglutinadora de un pueblo y un imperio, junto a un encorsetamiento que puede ser frustrante y anulador de la propia personalidad. Se habla de sentido del deber y de sacrificio, de la capacidad para estar a la altura de un puesto de grandísima responsabilidad, pero en cuyo desempeño se puede infligir heridas a los seres más queridos, además de que toca lidiar con políticos que por la bisoñez y el hecho de ser mujer, la miran con condescendencia. Se juega al paralelismo de los dos hermanos –Jorge VI obligado a reinar ante la abdicación de su hermano Eduardo VIII, que prefiere seguir ser fiel a su amor plebeyo, Wallis Simpson– con las dos hermanas, hijas de Jorge, Bertie, con una princesa Margarita enamorada del antiguo caballerizo de su padre, el famoso capitán Townsend, un hombre divorciado. Y también hay espacio para los nuevos tiempos, hay moldes que resulta necesario romper, aunque las tradiciones sean importantes y puedan tener cientos de años de historia. Los ancianos decrépitos deben ceder el testigo a los jóvenes, aunque sea necesario reconocer en algunos casos, Churchill, su servicio extraordinario a la nación. El pueblo debería poder ver la coronación de su reina por televisión, aunque alguno piense que eso vulgariza una función sagrada. En fin, los temas están trenzados maravillosamente, labor de orfebrería de guión, con las vicisitudes de las personas, que son de carne y hueso, y cuyos problemas implican al espectador. Se puede sugerir que el colonialismo debe terminar, o que con la contaminación es un problema auténtico. Todo con un esfuerzo de producción formidable: reconstrucción de la época, dirección artística, vestuario, fotografía, maquillaje, una banda sonora soberbia de Hans Zimmer y Rupert Gregson-Williams... Los actores están muy bien escogidos, no hay personaje pequeño, ninguno es una caricatura, de todos puedes entender sus razones, desde un secretario de la reina a un ministro. Resulta obligado destacar las interpretaciones de John Lithgow, colosal Winston Churchill, increíble todo lo relativo a su retrato pictórico, y de Claire Foy, que sabe dar a su reina una sabia mezcla de fragilidad, sensatez, buena voluntad, carácter...

9/10
The Crown (2ª temporada)

2017 | The Crown | Serie TV

Segunda entrega de la serie creada por Peter Morgan, que describe el reinado de Isabel II de Inglaterra, abarca el período histórico correspondiente a los dos primeros ministros que suceden a Winston Churchill, Anthony Eden y Harold Macmillan, o sea, el período entre 1955 y 1963. Lo que no impide la introducción de oportunos flash-backs que amplían el lienzo de esta inteligente mirada a la corona británica, en relación a un oscuro secreto del duque de Windsor en los años de la Segunda Guerra Mundial, y al período de formación en férrea disciplina en el internado escocés Gordonstoun de Felipe de Edimburgo. De nuevo Morgan demuestra ser un maestro en la creación de los diálogos de los personajes, llenos de contenido y emociones, y aprovecha bien las idas y venidas a las dependencias de la reina, las distintas audiencias. En los primeros episodios, da la impresión de que se quiere centrar la mirada en uno u otro personaje, y se echa en falta la fuerza arrolladora de algunos personajes de la primera temporada, en especial de Winston Churchill; además, hay que aceptar que Isabel II ha perdido la bisoñez a la hora de asumir tempranamente un reinado que no esperaba. Pero se van desarrollando temas de fondo de entidad, y la serie va creciendo paulatinamente hasta alcanzar verdadera estatura. Uno de esos temas, primordial, es el del matrimonio. En primer lugar el de Isabel y Felipe, donde el amor mutuo es indudable, pero las tiranteces y altibajos también asoman, por la sensación de escaso protagonismo de él, y el peso de su función real en ella, que obliga a veces mirar a otro lado, ejercer la diplomacia y sutiles formas de expresión para expresar lo que se lleva dentro. Gracias al magnífico trabajo de Claire Foy y Matt Smith, esto está muy bien planteado. Más problemática resulta la presentación de la vida sentimental de la princesa Margarita tras su traumática ruptura con Townsend, pues su nueva relación con el fotógrafo Tony Armstrong-Jones adolece de cierta languidez, y se presenta la vida bohemia y libertina de él con un erotismo de papel couché algo manido, muy de publicidad de perfume de lujo. Pero sirve para abordar distintas caras de la vida conyugal, en lo relativo a la mujer y al varón, lo que también incluye, con mayor brevedad, el divorcio de un íntimo amigo de Felipe, y la acidez que preside la relación de los Macmillan, Harold y Dorothy, o el matrimonio del presidente Kennedy. Otra cuestión importante es la necesidad que tiene la institución monárquica de adaptarse a los nuevos tiempos, que es tratada con fuerza usando un episodio auténtico en el capítulo "Marionettes", cuando el entonces barón Altrincham se atrevió a criticar abiertamente los discursos de Isabel II, poco pegados a la vida real de sus súbditos, y también al abordar el encuentro con John F. y Jackie Kennedy. Sobre los desafíos políticos, quizá se apuntan algunos problemas como la crisis del canal de Suez, o con las colonias de África afectadas por la guerra fría, pero quedan en un plano menor, quizá porque los primeros ministros en esta ocasión tienen menos fuerza dramática que un Churchill. Resultan especialmente valiosos los episodios dirigidos por Stephen Daldry, como el titulado “Paterfamilias”, en que traza un paralelismo entre la formación del príncipe Carlos y la que tuvo su padre Felipe, lo que sirve para tratar el tema de la educación, donde se hace necesario tratar de modo desigual a unos hijos que nunca son iguales. Se nota en el magnífico resultado que el director ha trabajado con buenos resultados antes con adolescentes, recuérdese que hablamos del director de Billy Elliot, Tan fuerte, tan cerca y Trash. Ladrones de esperanza.

9/10
The Crown

2016 | The Crown | Serie TV

Una verdadera joya seriófila, manejada con mano firme por su creador, Peter Morgan, que se ha especializado en escribir guiones basados en personajes auténticos en títulos como El último rey de Escocia, Las hermanas Bolena, The Damned United, El desafío. Frost contra Nixon o Rush, aunque sin duda su libreto más conocido es el de La reina, por el que logró la nominación al Oscar. Y aquí justamente retoma al personaje protagonista de ese film, la reina Isabel II de Inglaterra, pero en su juventud, los primeros años de su reinado con las dificultades de adaptarse a su papel de monarca en un mundo cambiante y recién salido de la Segunda Guerra Mundial. En parte se inspira en su propia obra de teatro "The Audience", estructurada alrededor de las audiencias de la reina con sus diferentes primeros ministros. Llama la atención la solidez del entramado argumental, donde nada es simple o tópico, cada escena está escrita con mimo, las situaciones y los diálogos son de una inusitada brillantez, la introducción de algunos flash-backs con Isabel niña nunca son caprichosos. Y se recogen con rigor los hechos históricos, los últimos años del reinado de Jorge VI, con una enfermedad cuya gravedad oculta a los más allegados, el matrimonio por amor de Isabel con Felipe de Edimburgo, el acceso al trono de la inexperta Isabel, y cómo debe aprender sobre la marcha su papel, poner en práctica lo que conoce en teoría y más. Están recogias, por supuesto, las relaciones con el primer ministro Winston Churchill, casi octogenario, y que viene a despachar con ella semanalmente. A lo largo de diez capítulos, servidos por grandes directores, empezando por Stephen Daldry, se despliegan muchos temas de enorme calado. Por supuesto el significado de la Corona, y su capacidad aglutinadora de un pueblo y un imperio, junto a un encorsetamiento que puede ser frustrante y anulador de la propia personalidad. Se habla de sentido del deber y de sacrificio, de la capacidad para estar a la altura de un puesto de grandísima responsabilidad, pero en cuyo desempeño se puede infligir heridas a los seres más queridos, además de que toca lidiar con políticos que por la bisoñez y el hecho de ser mujer, la miran con condescendencia. Se juega al paralelismo de los dos hermanos –Jorge VI obligado a reinar ante la abdicación de su hermano Eduardo VIII, que prefiere seguir ser fiel a su amor plebeyo, Wallis Simpson– con las dos hermanas, hijas de Jorge, Bertie, con una princesa Margarita enamorada del antiguo caballerizo de su padre, el famoso capitán Townsend, un hombre divorciado. Y también hay espacio para los nuevos tiempos, hay moldes que resulta necesario romper, aunque las tradiciones sean importantes y puedan tener cientos de años de historia. Los ancianos decrépitos deben ceder el testigo a los jóvenes, aunque sea necesario reconocer en algunos casos, Churchill, su servicio extraordinario a la nación. El pueblo debería poder ver la coronación de su reina por televisión, aunque alguno piense que eso vulgariza una función sagrada. En fin, los temas están trenzados maravillosamente, labor de orfebrería de guión, con las vicisitudes de las personas, que son de carne y hueso, y cuyos problemas implican al espectador. Se puede sugerir que el colonialismo debe terminar, o que con la contaminación es un problema auténtico. Todo con un esfuerzo de producción formidable: reconstrucción de la época, dirección artística, vestuario, fotografía, maquillaje, una banda sonora soberbia de Hans Zimmer y Rupert Gregson-Williams... Los actores están muy bien escogidos, no hay personaje pequeño, ninguno es una caricatura, de todos puedes entender sus razones, desde un secretario de la reina a un ministro. Resulta obligado destacar las interpretaciones de John Lithgow, colosal Winston Churchill, increíble todo lo relativo a su retrato pictórico, y de Claire Foy, que sabe dar a su reina una sabia mezcla de fragilidad, sensatez, buena voluntad, carácter...

9/10
El Enano Rojo

1988 | Red Dwarf | Serie TV

Serie británica de ciencia ficción y muy humorística. Narra las aventuras en el espacio de el último hombre vivo: Dave Lister. El protagonista viaja en una nave minera, llamada Enano Rojo, pero debido a la inclusión ilegal de una gata preñada, Lister fue condenado a hibernación. Tres millones de años después no queda nadie vivo, tan sólo Lister (que es devuelto a la normalidad) y una serie de existencias extrañas a más no poder: un gato evolucionado, un ordenador de increíble inteligencia, el holograma de un antiguo compañero de Lister obsesionado con la limpieza, y más tarde un mecanoide. Todos juntos intentarán regresar a la Tierra. La serie es considerada de culto por muchos aficionados. Los guiones eran sumamente imaginativos y los diálogos muy despiporrantes. Tuvo 59 capítulos de media hora de duración y permaneció en antena desde 1988 hasta 1999.

6/10

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