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Biografía

Stephen Frears

Stephen Frears

79 años

Stephen Frears

Nació el 20 de Junio de 1941 en Leicester, Leicestershire, Inglaterra, Reino Unido

Premios: 1 Festival de Berlín

Aprehendiendo la realidad, destapando la impostura

06 Julio 2016

Stephen Frears ha desarrollado una carrera fílmica muy coherente, moviéndose en el mundo real, con historias que bucean en la impostura con la que tantas personas tratan de disimular sus miserias y contradicciones, en la búsqueda de una felicidad que a menudo resulta elusiva.

Stephen Frears es de los que cuenta que su dedicación al cine es una suerte de casualidad, una conjunción planetaria, pues no es de los que desde niño andaba con una cámara de cine contando sus propias historias. Nacido en Leicester en 1941, su padre era médico clínico, y su madre trabajadora social. Y a la hora de pensar en una dedicación profesional, optó por estudiar derecho en la Universidad de Cambridge, y en efecto, ahí obtuvo la licenciatura. En principio era el típico inglés medio, educado en el anglicanismo, aunque una primera sorpresa-descubrimiento llegó con los veinte años, cuando supo que su madre era de origen judío.

No tuvo estudios formales de cine, pero aprendió de dos maestros, trabajando como ayudante de dirección. Ellos fueron Karel Reisz, en el rodaje de Morgan, un caso clínico (1966) y Lindsay Anderson, mientras filmaba If... (1968). Además acudió a una “escuela” muy habitual en la forja de los cineastas británicos: la televisión, pues Frears participó en varias producciones de la BBC y la LWT. Conocer a Albert Finney en el teatro le facilitó además su debut en la dirección de largometrajes, con el actor filmó Detective sin licencia (1971), cinta deudora del cine negro, pero con un toque de humor muy “british”.

Pero lo cierto es que la estrella fílmica de Frears no brilló hasta que visitó Mi hermosa lavandería (1985), una historia de amor interracial rodada en 16 milímetros, con un aire realista en ambientes marginales, y que protagonizó un actor que también saltó a la fama desde ese mismo instante: Daniel Day-Lewis. El guión de Hanif Kureishi fue nominado al Oscar, y el director volvería a repetir con este libretista en Sammy y Rosie se lo montan (1987), otra historia de amores entre distintas etnias, aunque su repercusión fue menor. Antes había dirigido otro film que ayudó a cimentar su fama, Ábrete de orejas (1985), con guión del dramaturgo Alan Bennett, y otro actor que daría mucho que hablar, Gary Oldman, ello para contar la historia real del escritor Joe Orton –encarnado por Oldman–, al que asesinó a martillazos su amante homosexual Kenneth Halliwell –le daba vida otro gran actor, Alfred Molina–.

Inevitablemente, Hollywood llamó a su puerta, pero pudo seguir ocupándose de historias arriesgadas habitadas por personajes complejos, con sus pliegues y repliegues. Las amistades peligrosas (1988), respaldada por Warner, adaptaba la novela de Choderlos de Laclos, con sus intrigas palaciegas y tipos corrompidos empeñados en contagiar su corrupción a supuestas personas inocentes que tal vez no lo sean tanto. Christopher Hampton escribió el guión a partir de su propia adaptación para el teatro. El film obtuvo 3 Oscar, de 7 nominaciones, una de ellas la de mejor película. En esos juegos malabares con los que el cine siempre logra sorprender, al mismo tiempo se rodó Valmont, basada en la misma novela y con dirección del checo Milos Forman, que a pesar de una calidad comparable no logró la misma repercusión, pues llegó tarde, un año después.

Los juegos de simulación y los tipos taimados pasaron a convertirse en personajes habituales del cine de Frears, como pudo verse en sus siguientes filmes Los timadores (1990), cine negro basado en Jim Thompson, y Héroe por accidente (1992), donde la ironía sobre un héroe real cutre y otro falso mediático, estaba tamizada por un aire capriano. De todos modos este film quemó un poco al director, contar con estrellas como Dustin Hoffman no le hacía sentirse cómodo. Aunque más duro debió ser el film claramente fallido El secreto de Mary Reilly (1996), sobre la creadora de Frankenstein, con una insegura Julia Roberts de protagonista, y eso que repetía con él el amigo nada peligroso John Malkovich. Está claro que se siente más a gusto con filmes relativamente pequeños, y mejor sin divas, como Café irlandés (1993)

A partir de este momento se articula una carrera constante, donde Frears no para de trabajar, y en que se alternan cintas de interés con otras fallidas o sosainas, casi siempre rodadas en Europa. Entre las primeras destacan La camioneta (1996), Alta fidelidad (2000), La Reina (2006), Tamara Drewe (2010), Philomena (2013), El gran combate de Muhammad Ali (2013), The Program (2015). Entre las segundas son más o menos decepciones Hi-Lo Country (1998), Negocios ocultos (2002), Mrs. Henderson presenta (2005), Chéri (2009).

Basta recorrer la filmografía de Frears para observar la amplitud de sus intereses temáticos, aunque siempre abonado a retratar a personas de carne y hueso. Nunca ha querido escribir los guiones de sus películas, piensa que otros harán esa tarea mejor que él.

Sus filmes pueden gustar más o menos, pero nunca nadie dirá que son banales. Se puede decir que siempre parte de la realidad, y que le interesa mostrar la cara auténtica y las caretas con que los seres humanos se mueven por la vida. Le atrae la ambientación y extracción social, junto a la anormal normalidad de personajes corrientes que no lo son; y con frecuencia aborda las vidas de gente que existe (deportistas como Lance Armstrong o Muhammad Ali, la reina Isabel II, la escritora Mary Reilly, la cantante de ópera Florence Foster Jenkins, etcétera), o parte de fuentes literarias donde los escritores se han empeñado en bucear en la naturaleza humana. No extraña que sus actores con frecuencia hayan sido nominados al Oscar, e incluso, el caso de Helen Mirren, lo hayan ganado. Él ha sido nominado a la estatuilla dorada en dos ocasiones (Los timadores y La Reina), pero sin materializarse tal honor en el deseado premio.

Stephen Frears ha estado casado en dos ocasiones, con la periodista literaria Mary-Kay Wilmers y actualmente con la pintora Anne Rothenstein. En cada matrimonio ha tenido dos hijos, que han trabajado también en el mundo artístico y fílmico, pero sin destacar como el progenitor. Asegura con humor Frears que ser padre cuatro veces le ha ayudado mucho a tratar a sus actores, sobre todo a los divos, que muchas veces “son como niños”.

Ganador de 1 premio

Filmografía
A Very English Scandal

2018 | A Very English Scandal | Serie TV

Miniserie de la BBC basada en el escándalo que rodeó al político, parlamentario británico y líder del partido liberal Jeremy Thorpe, que en 1979 fue sometido a juicio por su presunta intervención en una conspiración para asesinar a su antiguo amante Norman Lafitte -más tarde conocido como Norman Scott-, con el que había mantenido una relación homosexual prolongada desde 1961. Dirige Stephen Frears, con una trayectoria acreditada como responsable de historias fílmicas basadas en hechos reales, de diferentes tonos pero donde importan mucho los engaños y guardar las apariencias, como las narradas en La reina, Philomena, The Program, El gran combate de Muhammad Ali, La reina Victoria y Abdul y Florence Foster Jenkins. Acude a un actor de esta última, Hugh Grant, y cabe atribuirle la recuperación de un actor que andaba en horas bajas, y al que ha logrado insuflar nueva vida con roles alejados a los de comedia por los que era popularmente conocido, y que disminuyeron tras algún arreglo facial que le hizo perder claramente expresividad. De A Very English Scandal, que maneja un guión del televisivo Russell T. Davies, que parte del relato novelizado del caso de John Preston, cabe decir que adopta un tono tragicómico, donde algunas partes del relato se acercan al vodevil, sobre todo cuando se pone en marcha la conspiración para terminar con el problema Lafitte-Scott. En efecto, se describe el poder destructor de las mentiras y los disimulos, del no reconocimiento de que las acciones tienen consecuencias, que no se pueden simplemente tapar desde una superior posición social, o manejando los mecanismos del poder, que dictaminan lo que es moralmente admisible o puede llegar al conocimiento de la opinión pública. Pero los momentos grotescos rebajan la carga dramática, y quizá disminuye la carga de denuncia a los abusos del poder que configuran la narración. Ciertamente el relato del que el espectador es testigo resulta completamente deprimente, pues los personajes pueden clasificarse en malos, muy malos, malísimos y rematadamente malos. No existe, da la impresión, una posición correcta en la que situarse, pues sólo importa el propio interés. Por supuesto, se fustiga la criminalización de la sodomía en parte de la época en que transcurre el relato, e incluso la situación posterior, cuando las leyes se vuelven más indulgentes. Pero no se quiere convertir la película en un alegato LGBT, sino que más bien se pretende atacar la hipocresía y el cinismo imperantes, además de a un clasismo que hace que las capas bajas de la sociedad estén en la más absoluta indefensión. Seguramente era difícil incorporar los posibles logros políticos de Thorpe, con una dilatada carrera en el servicio público, apenas se atisba su vida de parlamentario y sus citas electorales, pero no se puede adivinar viendo la serie si su aportación ha sido destacable en este terreno, se impone mencionar su ambición de incorporarse al gobierno, y conceder casi todo el metraje a lo relativo a su vida privada con su escándalo, que es lo que motiva la serie. Frears sabe manejar el relato con su habitual buen pulso, aunque sin ahorrar los detalles escabrosos. Además de Grant, hacen un trabajo interpretativo muy bueno Ben Whishaw, el amante despechado, o Alex Jennings, como el supuesto amigo de Thorpe. Sin embargo, cuesta empatizar con ningún personaje, llama la atención la escasa hondura antropológica de los personajes, en los que cuesta mucho encontrar ningún atisbo de “amor”, cuando utilizan esta palabra, y aseveran que quieren a otras personas, suena a reduccionismo. Aunque en inglés no tenga el significado que en español damos a la palabra “Thorpe”, lo cierto es que a James Thorpe le va como anillo al dedo este apellido. También se descubre el valor muy relativo que se concede a la posible verdad de los hechos, y lo poco que importan a algunos conocerla, prefieren no conocer “los detalles”, por así decir, de la vida de los que tienen a su lado, domina en ellos el simple instinto de supervivencia, el mantenimiento del “statu quo”, aun al precio de ser arrastrados por el fango del morbo mediático.

6/10
La reina Victoria y Abdul

2017 | Victoria and Abdul

1887. En Inglaterra se celebran las fiestas con motivo del cincuenta aniversario de la coronación de la reina de Victoria. Dos súbditos venidos de la India serán encargados de ofrecer un presente a la reina. A ésta le caerá en gracia uno de ellos, el joven y apuesto Abul Karim, un indio musulmán, optimista y bondadoso, que pronto se convertirá en su amigo y confidente, ante la desaprobación de la corte. Una historia sumamente adecuada para ser plasmada en pantalla por el británico Stephen Frears, debido al costumbrismo que desprende, y al respetuoso y a la vez realista y fresco retrato de la anquilosadas costumbres de la monarquía de Inglaterra, algo que ya ofreció con genialidad en La reina. Sabe mostrar así la aburrida y cuadriculada vida de una reina ya casi anciana, que ha de presidir todo tipo de eventos protocolarios con el espíritu de quien se siente sola, llevada de aquí a allá, esclavizada por su cargo y sus deberes, perdidos ya todos los alicientes políticos y sentimentales que podrían aliviar el tedio de sus obligaciones. Abdul será quien durante los últimos años de su vida le abra la puerta a la ilusión, a la naturalidad, quien ampliará su vista más allá de los ceremoniosos actos oficiales. Valiéndose del libro Shrabani Basu como material de apoyo, Frears logra una película emotiva y agradable, inspirada en hechos reales. El guión de Lee Hall (Billy Elliot) se muestra especialmente lúcido en algunos pasajes encaminados a perfilar los caracteres que ya quedarán definidos para el resto del film: la reina, Abdul, Mohammed, el secretario Sir Henry Ponsonby, etc. El inicio es modélico en este aspecto, además de incluir gags servidos por el director con sabio humor británico. Por el contrario, también se observa en el conjunto poca evolución argumental: una vez mostrada la unión especial entre la reina y Abdul (reducida a una especie de amor a primera vista, más que desarrollada en profundidad), y su no aprobación por los funcionarios de la corte (su hijo, su secretario y su médico, en primer lugar), la película se vuelve algo banal e insulsa, sin situaciones memorables. Correctamente rodada y ambientada, lo mejor de La reina Victoria y Abdul es sin lugar a dudas la composición de Judi Dench, que trabaja para Frears por cuarta vez en su carrera. No es la primera vez que se mete en el papel de la célebre monarca decimonónica, pues ya ofreció otra cautivadora interpretación de la reina en Su majestad Mrs. Brown, película de John Madden por la que fue nominada al Oscar. Aquí desde luego vuelve a ser dueña y señora del film, con escenas impresionantes –la confidencia de su soledad, la apología personal frente a sus tres estrechos colaboradores, sus palabras en el lecho de muerte– que confirman una vez más su talento y bien podrían ser merecedoras del Oscar.

6/10
Florence Foster Jenkins

2016 | Florence Foster Jenkins

La historia de Florence Foster Jenkins, una neoyorquina heredera de una fortuna familiar, gran amante de la música, que tocaba el piano y organizaba veladas especiales en el Club Verdi con la ayuda de su marido, el actor St Clair Bayfield, y que se empeñó en cantar ópera, recibiendo las pertinentes clases, a pesar de que carecía de talento, no lograba dar bien las notas. El film describe cómo Bayfield trata de complacer en todo a su esposa, ocultando en la medida de la posible a la opinión pública su nula capacidad para la ópera, hasta que se presenta la prueba de fuego en 1944, en el Carnegie Hall de Nueva York, en una sesión donde ella invita a mil soldados, como forma de contribuir al esfuerzo de la Segunda Guerra Mundial. Stephen Frears lleva a la pantalla un guión del desconocido Nicholas Martin, que aborda un tema omnipresente en su filmografía, el de la impostura y el fingimiento en la vida social, piénsese en títulos como Las amistades peligrosas, Los timadores, Héroe por accidente o la muy reciente The Program. El film exige un cierto equilibrio entre el drama de quien cree que es buena en un terreno sin serlo, con un entorno de familia y amigos que le ayuda en su particular "pantomima" con buenas intenciones pero quizá equivocadamente, y la comedia ante una voz terrible que invita a risas y burlas. De modo que el clímax de Carnegie Hall, verdadero "tour de force" para el director y su equipo, funciona muy bien, conmueve. Frears logra en líneas generales moverse bien en el filo de la navaja, sobre todo gracias al extraordinario trabajo de Meryl Streep, que hace muy creíble a su personaje, y a un recuperado Hugh Grant, que compone bien al marido que cuida a su esposa –que padece sífilis transmitida por su primer marido desde tiempo atrás, lo que hace que su relación no sea física–. Menos convincente resulta el personaje de Cosmé McMoon, el pianista que trabajo con Florence, encarnado por Simon Helberg de un modo que saca de la película, como conteniendo la risa todo el tiempo ante la nulidad musical de su jefa.

6/10
The Program

2015 | The Program

El ciclista norteamericano Lance Armstrong pasa por haber protagonizado el mayor fraude deportivo de la historia. Durante años se sometió a un meticuloso programa de dopaje que le alzó a la más alta cumbre del ciclismo, deporte en donde llegó a ganar siete Tour de Francia entre los años 1999-2005. Pero en 2012, tras muchos meses de investigaciones, le fueron retirados todos sus títulos ganados a partir de 1998 y fue suspendido de por vida por dopaje sistemático. Fue la caída de un icono deportivo de la que el mundo del ciclismo internacional –profesionales, aficionados y opinión pública– aún está intentando reponerse. Ésta es la historia que cuenta con mucha soltura The Program (título que hace referencia a la planificación de dopaje que seguía el corredor), donde el veterano Stephen Frears sabe evitar soflamas latosas e innecesarias sobre sustancias, porcentajes, análisis farmacológicos, etc., aunque algo de esto hay, gracias a un guión accesible a todo tipo de público, de modo que las evidencias de las trampas llevadas a cabo por Armstrong son claras como la luz del día, mostradas en pantalla con implacable contundencia. En este sentido, el director inglés no se anda con chiquitas y desnuda la personalidad de Armstrong como la de un tramposo sin moral, cuya ambición por ganar llegó a rozar lo enfermizo y que le llevó a una espiral de mentiras que arrastró al abismo a muchas otras personas. The Program está basado especialmente en el libro que escribieron en 2004 –por tanto ocho años antes de que sancionaran al corredor– los periodistas del The Sunday Times David Walsh y Pierre Ballester, que contenía algunas entrevistas con conocidos de Armstrong que arrojaban sospechas sobre sus costumbres antideportivas. Y también se han usado los informes de la investigación llevada a cabo por diferentes organismos oficiales, como la USADA (Agencia Antidopaje de Estado Unidos) o la UCI (Unión Ciclista Internacional). Pero el guión de John Hodge (Trainspotting) es inteligente al enfrentarse a tan ingente material, pues elude terrenos pantanosos y escoge lo justo, para centrarse casi exclusivamente en la vida cotidiana del ciclista en época de competición, en sus métodos de dopaje y en sus interacciones con un reducido grupo de allegados (el médico Michele Ferrari, su director de equipo Johan Bruyneel, su compañero Floyd Landis, su abogado Bill Stapleton). De este modo se deja de lado casi totalmente cualquier faceta de Armstrong que haga referencia a su vida privada, y sólo se recrean algunos momentos que dedica a Livestrong, su fundación contra el cáncer, terreno en donde el deportista muestra su lado más humano y solidario. Acierta Frears al adoptar la historia con un estilo que tiene mucho de reportaje deportivo, hay ritmo, imágenes de carreras con look televisivo, ruedas de prensa, etc., pero también, aunque en segundo plano, supone otro homenaje más al periodismo de investigación (como Todos los hombres del presidente o Spotlight), donde se presenta al personaje de Walsh como un adalid de la verdad que se juega su carrera al oponerse a las mentiras de Armstrong. Pese a tratar hechos más o menos conocidos, este enfoque dinámico aporta agilidad a la historia, que se sigue siempre con interés, incluso con un punto de intriga. El reparto que maneja Frears está muy equilibrado, aunque brillan especialmente un estupendo Ben Foster (El único superviviente) en el papel protagonista y Chris O'Dowd (Calvary) en el del periodista David Walsh.

6/10
Philomena

2013 | Philomena

Philomena Lee, una anciana, no ha podido olvidar a pesar de los muchos años transcurridos, al hijo que tuvo siendo adolescente, y que fue dado en adopción por las monjas del convento irlandés de Roscrea, que la acogió a jóvenes madres solteras. Aunque siempre ha mantenido el hecho en secreto, un día se lo desvela a su hija, quien propone a Martin Sixmith, un periodista político de la BBC en horas bajas, que las ayude a dar con su paradero. Aunque reticente al principio a escribir sobre una historia “de interés humano”, acaba accediendo, lo que le sumerge en una investigación que le va a cambiar la vida. Después de La Reina y El gran combate de Muhammad Ali, Stephen Frears vuelve a abordar otra historia basada en hechos reales, convertida en guión por Jeff Pope y uno de los protagonistas del film, Steve Coogan, que ejerce también de productor. Se trata en efecto de un suceso “de interés humano” que parte de los remordimientos de una madre que piensa no haber hecho lo suficiente para, primero retener junto a sí a su hijo, y luego averiguar qué fue de él. La extraña pareja que constituyen Philomena y Martin funciona muy bien en su contraste, la bondad y gustos populacheros e ingenuos de ella por un lado, la pose intelectual y algo cínica de él por otra. También se podrían trazar paralelismos entre las poco caritativas monjas que “condenan” a la joven “pecadora” Philomena por su maternidad fuera del matrimonio, mientras cubren las necesidades económicas de la congregación entregando a los bebés a padres con deseos de adoptar, y el periodista y la editora que confían en sacar un libro de la historia de esa mujer, y que también en algunos momentos no ven a la persona que sufre, sino el negocio que tienen entre manos; o entre dos formas de vivir el cristianismo, el de un rigorismo poco evangélico, y el de una mujer sencilla que tal vez pecó, pero que muestra una extraordinaria grandeza de alma porque sabe perdonar y disculpar ante comportamientos poco edificantes. Todos estos elementos dan pie a un entramado argumental inteligente, donde se tratan de evitar los simplismos, en la medida en que se puede matizar en una película de menos de dos horas de metraje. Algunas soluciones visuales, como las viejas películas que evocan el modo en que Philomena ha imaginado la vida de su hijo en su ausencia, tienen su gracia -la ventanilla del avión-, y acaban fundiéndose bien con otras auténticas. De todos modos, quizá los hallazgos acerca del hijo perdido y su familia de acogida conforman la parte más débil de la película, así como algún momento dramático algo forzado. Pero el conjunto conforma una historia equilibrada con una soberbia interpretación de Judi Dench, a quien da muy buena réplica Steve Coogan.

6/10
El gran combate de Muhammad Ali

2013 | Muhammad Ali's Greatest Fight

Está claro que el título de esta película de HBO juega al despiste, pues podría creerse que vamos a seguir al boxeador en uno de sus combates en el ring. Sin embargo, ningún actor da vida aquí a Cassius Clay, luego Muhammad Ali tras su conversión al islam, los momentos en que aparece son metraje documental, de alguno de sus combates y, sobre todo, de entrevistas en que habla de su objeción de conciencia a la Guerra de Vietnam, que le supuso una condena y la privación del título mundial de los pesos pesados. El gran combate de Muhammad Ali alude pues al recurso de apelación ante el Tribunal Supremo para lograr la anulación de la condena, algo que sus nueve integrantes deben estudiar: en primer lugar han de dirimir si aceptan la apelación, y luego, tras su estudio, si le dan la razón a Muhammad Ali o confirman la sentencia. Tomando como hilo conductor a Kevin, un joven liberal, ayudante del juez Harlam, que acaba de incorporarse al tribunal, seremos testigos de las distintas deliberaciones del máximo órgano de justicia de Estados Unidos. A Stephen Frears le gusta dirigir de vez en cuando películas basadas en hechos reales, como La reina y Philomena. Aquí entrega una película sobre un caso muy concreto, con una carga de contenido más honda de lo que podría parecer a una mirada superficial. Porque no sólo se consideran los derechos a la objeción de conciencia y a la libertad de expresión, sino que se arroja la sombra de una duda sobre la capacidad de los 9 hombres componentes del Supremo, a la hora de decidir sobre grandes cuestiones, jugando al contraste entre su avanzada edad y la energía juvenil de sus ayudantes. Además de apuntar el tema la progresiva incapacidad por la edad y la salud, también se señala el peligro de las componendas políticas -al presidente del tribunal Warren Burger se le presenta como alguien demasiado unido al presidente Nixon- y de quedarse rezagado ante los cambios históricos. Así, se menciona de pasada que pronto deberán ver en el tribunal el caso Roe versus Wade que introdujo el aborto. El film de Frears despierta sentimientos contrapuestos, pues algunas cosas se apuntan con sutileza, y otras resultan más toscas, como las al parecer muy esperadas sesiones de cine porno en el sótano, en el cumplimiento del deber, por supuesto. O el cambio de Harlan en su consideración al caso Ali, no demasiado explicado. El guión es de Shawn Slovo, responsable de otros libretos con personajes de origen africano como los de Un mundo aparte y Catch a Fire. En cualquier caso la película está bien filmada, y tiene muy buenas interpretaciones de los actores veteranos, Christopher Plummer y Frank Langella sobre todo, pero también sus compañeros de tribunal, algunos secundarios tan populares como Ed Begley Jr.

6/10
Doble o nada

2012 | Lay the Favorite

Adaptación del libro de memorias del mismo título de Beth Raymer. En 2001, Beth llega a Las Vegas con la esperanza de trabajar como camarera en algún casino importante. Al principio, tuvo que conformarse con servir mesas en un simple restaurante, pero uno de los clientes del local le presentó a Dink, un profesional de las apuestas deportivas que andaba buscando a alguien de confianza.

Tamara Drewe

2010 | Tamara Drewe

Adaptación de la novela gráfica de Posy Simmonds. La acción transcurre en el campo, en una granja propiedad del matrimonio formado por Nicholas Hardiment, popular autor de novelas de misterios, y su esposa Beth. El lugar incluye una pequeña pensión donde vienen escritores a retirarse lejos del mundanal ruido en busca de inspiración, y tal vez a aprender algo del célebre Nicholas. Éste es un tipo rematadamente egocéntrico, infiel a su esposa, pero incapaz de vivir sin ella, pues funciona casi como secretaria y agente, y le da consejos repletos de sentido común. Revoluciona el lugar la llegada de Tamara Drewe, antigua lugareña y ahora afamada periodista supersexy tras pasar por la cirugía estética, que viene a ocuparse de una propiedad familiar. Ella andará dividida entre la atracción de un amor de la adolescencia, la presencia de un rockero por el que dos jovencitas beben los vientos, y el maduro escritor incapaz de no tirar los tejos a una belleza como Tamara. Stephen Frears demuestra su capacidad de adaptarse a cualquier tipo de material, esta vez un cómic inspirado en la novela “Lejos del mundanal ruido” de Thomas Hardy –entre las múltiples alusiones, uno de los escritores está preparando un libro sobre Hardy– que le proporciona buenos personajes y una clara referencia gráfica. Aunque inicialmente le cuesta colocar todas las fichas en el tablero, por así decir, una vez dispuestas entrega una entretenida comedia de enredo con elementos dramáticos, los personajes no dejan de ser patéticos, cada uno a su modo. Hay por supuesto una crítica mordaz al narcisismo, que lleva a la insensibilidad ante las muestras de amor de los que tienes alrededor. Aunque también se contemplan las actitudes del otro lado de la barrera, es decir, la de dos fans incontroladas, que hacen verdaderas locuras por estar junto a su ídolo; y la de la gente normal, que no se deja impresionar por la fama de los que tiene cerca, pero que tal vez adoptan una postura pasiva, algo acomodaticia. El film crece en humor negro en su último tramo, y también apunta a cómo las nuevas tecnologías se pueden convertir en armas que hacen daño. La película maneja un competente reparto de rostros poco conocidos, a excepción de Gemma Arterton, en alza desde que intervino en Prince of Persia. Las arenas del tiempo. Es difícil señalar quién está mejor, si la mujer fuerte de Tamsin Greig, el ególatra Roger Allam, el experto en Hardy Bill Camp, el rockero Dominic Coooper o el lugareño Luke Evans. Incluso las histéricas Jessica Barden y Charlotte Christie están perfectas como elemento precipitador de los acontecimientos, y sirven para pintar a cierta adolescencia muy común en la actualidad.

6/10
Chéri

2009 | Chéri

París. Corren los años previos a la I Guerra Mundial, o sea el período comúnmente conocido como la Belle Époque. Léa de Lonval es una cortesana, que ha vivido toda su vida mantenida por hombres poderosos con los que mantenía relaciones sexuales. Con el tiempo ha conseguido una posición económica desahogada y ya no necesita ejercer. Un día, Léa desayuna con Madame Peloux, antigua rival, también retirada, que acude acompañada de Chéri, su joven hijo. Le pide a Léa que inicie al chico en las artes sexuales. Ella acepta, pero al final se enamora de él. Ambos mantienen una relación que va viento en popa hasta que la madre del mancebo consigue prometerle con una rica heredera, lo que despierta los celos de Léa. Más de 20 años después de Las amistades peligrosas, el director Stephen Frears reune al guionista Christopher Hampton, y a la actriz Michelle Pfeiffer, en otra traslación literaria. Esta vez, se adaptan dos novelas, “Chéri” y “El final de Chéri”, escritas por Colette, la famosa autora de Gigi. Chéri tiene muchos puntos en común con aquella legendaria adaptación de la obra de Choderlos de Laclos, pues gira en torno a personajes que utilizan sus encantos y los sentimientos para ascender en el escalafón social. También muestra la factura que su falta de escrúpulos les acaba pasando. Sin embargo, el trío ya no tiene la misma chispa de épocas pasadas. Es cierto que los tres hacen bien su trabajo. Así, Michelle Pfeiffer resulta convincente en un registro no exento de dificultad, pues es una mujer entrada en la madurez que vuelve a sentirse en la flor de la vida por su relación con un joven (en la línea de Kate Winslet en El lector). Por su parte, la dirección de Frears es muy académica, y Hampton ha escrito un correcto libreto al que quizás le sobra una voz en off que se hace pesada. Cuenta con una notable dirección artística, ya que la reconstrucción de la época es impecable. Los decorados son bastante convincentes, y los vestidos que luce la actriz principal impresionantes. Los secundarios tienen bastante nivel, sobre todo Kathy Bates, como la rival de Pfeiffer, que ha perdido con el tiempo su belleza física, y el joven Rupert Friend, que fue el príncipe Alberto en La reina Victoria. Pero es un film frío, con el que el espectador no empatiza, excesivamente premioso. Todo resulta demasiado previsible y convencional. Sin duda, está bastante alejada de las mejores obras de Frears.

4/10
La Reina

2006 | The Queen

1997. Recién proclamado vencedor de las elecciones, Tony Blair debe entrevistarse con la reina Isabel II, para que ésta, según el protocolo, le pida que acepte el cargo de primer ministro. Poco después, una noticia provoca una auténtica conmoción en Gran Bretaña y el resto del mundo: Diana Spencer, la popular Lady Di, divorciada desde 1994 de Carlos, príncipe de Gales, fallece en accidente automovilístico en París, cuando huía de los paparazzi con su pareja, el millonario de origen egipcio Dodi Al Fayed. A la reina le cuesta ocultar que no sentía ningún cariño por su ex nuera, y se niega a que la familia real guarde luto. Esto la aleja del pueblo, que siente devoción por la fallecida. Tony Blair se da cuenta de que la cabezonería de Su Majestad podría ocasionar una crisis en la monarquía británica, e intenta interceder para que dé marcha atrás. El todoterreno director de Las amistades peligrosas (1988) y Alta fidelidad sale airoso de un arriesgado proyecto. Con la perspectiva del tiempo, parece relativamente sencillo reconstruir las relaciones entre personajes históricos, como Enrique VIII y Tomás Moro, como ocurría en Un hombre para la eternidad, o Miguel Ángel y el Papa Julio II, en El tormento y el éxtasis. Pero es mucho más difícil describir los encuentros y desencuentros entre una reina de Inglaterra viva y un primer ministro en activo, centrándose en acontecimientos muy recientes, con numerosos aspectos que probablemente no son de dominio público. Los guionistas, decoradores, actores y el propio Frears han llevado a cabo un complejo proceso de documentación, que propicia una ambientación creíble, y conversaciones perfectamente verosímiles, con secuencias muy difíciles, como la reacción del príncipe Carlos al conocer la noticia, o las conversaciones de alcoba de la reina con su marido. Dios salve a Helen Mirren, que encarna a Isabel II, poco después de haber interpretado a Isabel I, en una prestigiosa serie producida por BBC. Su trabajo es tan excepcional, que los espectadores no sienten delante a la protagonista de En el nombre del hijo, o La locura del rey Jorge, donde interpretaba a otra reina, sino a la auténtica reina de Inglaterra. Le secundan grandes actores, como Michael Sheen, que compone un Tony Blair propenso al humor, y reacio a relacionarse con la realeza al principio, que acaba sintiendo fascinación por la monarca.

8/10
Mrs. Henderson presenta

2005 | Mrs Henderson Presents

Londres, 1937. A sus sesenta y nueve años, Laura Henderson se ha quedado viuda y ahora no sabe qué hacer con su vitalidad, porque ella es todo menos una aburrida aristócrata inglesa. Aconsejada por su simpática amiga Lady Conway (breve pero delicioso papel) decide dedicarse en cuerpo y alma a algún hobby, aunque no acierta a encontrar cuál… hasta que decide comprar un viejo teatro del Soho llamado Windmill. Luego ofrece a un profesional llamado Vivian Van Damm la dirección del teatro, pues ella desconoce completamente el funcionamiento del negocio. Para lograr el éxito Van Damm acuerda que se hagan funciones continuas, una completa novedad en Londres, pero tras el éxito de los primeros meses la idea es copiada por los demás locales. Entonces la Sra. Henderson propone algo insólito: sacar a chicas desnudas en el escenario. Habrá que eludir la censura del gobierno, pero eso no es demasiado problema teniendo en cuenta los contactos de Henderson. Así, logra que se les permita la “indecencia” únicamente si las chicas están inmóviles durante las sesiones, como si fueran estatuas o pinturas… La película viene precedida por la fama de la veterana Judi Dench, nominada al Oscar a la mejor actriz gracias a su personaje de Mrs. Henderson. Efectivamente, ella –y su rivalidad laboral con Bob Hoskins– es con mucho lo mejor de este film, que no pasa de ser una fruslería graciosa y picante. Bajo la apariencia de una película de época, sorprende el reiterado desparpajo al mostrar los desnudos, totalmente anacrónicos para la fecha y, en general, lo frívolo del guión. El aire ligero del conjunto se confirma con la artificiosidad de los decorados exteriores, especialmente llamativos en las tomas de la azotea. Los diálogos son a menudo chispeantes y resulta muy lograda la entrevista tête à tête entre la protagonista y el Lord Chamberlain, con escabrosos y divertidos juegos de palabras de doble sentido muy a lo “british”.

4/10
Negocios ocultos

2002 | Dirty Pretty Things

Un tema conflictivo, el del tráfico de órganos, se aborda en Dirty Pretty Things de Stephen Frears, donde los inmigrantes aceptan proposiciones tan increíbles como la de que les quiten un riñón para obtener el anhelado pasaporte. El film sigue la pista a Okwe, un nigeriano inmigrante ilegal en Londres, que combina trabajos variopintos como los de taxista y recepcionista en un hotel de baja nota. Junto a Senay, una joven turca que también trabaja en el hotel, va a descubrir que Sneaky, su desagradable jefe, desarrolla en el lugar negocios más que turbios. Dura película de Frears, que recupera la descripción de sórdidos ambientes urbanos que le hiciera famoso en títulos como Mi hermosa lavandería y Ábrete de orejas. La novedad estriba en tratar un elemento nuevo en el paisaje, los inmigrantes y el peaje que pagan por incorporarse, es un decir, a la sociedad occidental. El director describe el film “como una historia gótica de terror, pero también se trata de un africano que vive en Londres, un tema bastante infrecuente”. En el internacional reparto podemos reconocer a la francesa Audrey “Amélie” Tautou y al español Sergi López, haciendo de malo malísimo.

4/10
Liam

2000 | Liam

Triste, al menos, para Stephen Frears, que pinta un país pobre y reprimido, al estilo de Las cenizas de Angela. Aquí seguimos las tribulaciones de un chiquillo, Liam, y su familia, que se las arreglan como buenamente pueden para salir adelante. Una peli dura, dirigida por el siempre eficaz Stephen Frears, que ha rodado otros filmes de aires irlandeses como Café irlandés y La camioneta.

4/10
Fail Safe

2000 | Fail Safe

Un avión americano sobrevuela Moscú con la orden equivocada de lanzar la bomba atómica. La posibilidad de una guerra nuclear parece cercana. Rodada en blanco y negro, el film nos lleva a los peores momentos de la guerra fría. Un reparto de lujo se encarga de mantener la tensión psicológica y la emoción argumental de este remake de un film de Sidney Lumet. 

5/10
Alta fidelidad

2000 | High Fidelity

Rob Gordon es un pirado de la música. Regenta una tienda de discos en Chicago, con la particularidad de que sólo los tiene de vinilo. Él y sus dos empleados son capaces de reconocer cualquier canción en milésimas de segundo, y juegan con frecuencia a elaborar “la lista de las cinco mejores canciones de... lo que sea”. La película habla del amor, y para ello se estructura en torno a “Cinco canciones para decir a la persona que te ha abandonado que te ha roto el corazón, pero que sobrevivirás.” Y con tan original modo narrativo asistimos a las cinco relaciones amorosas determinantes en la vida de Gordon. Original, fresca, y con una música maravillosa (se llegan a escuchar hasta 60 canciones diferentes, aparte de la propia partitura de la película). La historia, adaptación de una novela de Nick Hornby, atrapa, cae bien. Mezcla romanticismo –la búsqueda del amor perfecto, las canciones que recuerdan tiempos mejores– con buenos golpes de humor agridulce. Entre las sorpresas, alguna aparición inesperada, como la de Bruce Springsteen, que se interpreta a sí mismo.

7/10
Hi-Lo Country

1998 | Hi-Lo Country

Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. El Viejo Oeste americano, donde la frontera todavía existe. Peter Calder y Big Boy, viejos compadres, se reúnen tras años de separación. Ambos desean cooperar en un negocio de ganado, en el que desafían a los grandes propietarios. Paralelamente, corren sus asuntos del corazón: la pasión de Peter por Mona, una mujer casada; las relaciones con su fogosa novia de toda la vida; el descubrimiento de que es finalmente Big Boy el que tiene una aventura con Mona; etcétera, etcétera. Todo entre cabalgada y cabalgada, atención a las reses y nubes de polvo. Sam Peckinpah quiso filmar la novela de Max Evans Hi-Lo Country. No pudo ser, pero Martin Scorsese se hizo con los derechos, y le ofreció la posibilidad de hacer la película al británico Stephen Frears. Enfrentamiento entre débiles y poderosos, grandes espacios, afán de independencia y libertad… están ahí. Aunque faltan los clásicos referentes morales que han hecho grande al western. Frears se llevó un Oso de Plata en Berlín a la mejor dirección.

4/10
El secreto de Mary Reilly

1996 | Mary Reilly

La escritora Valerie Martin reimaginó la inmortal historia de "El doctor Jekyll y mister Hyde" desde el punto de vista de su doncella, Mary Reilly. Stephen Frears la traslada a la pantalla con un colaborador habitual, Christopher Hampton. Y lo cierto es que la cosa no acaba de funcionar. Sobre todo por que se pierde la inconfundible nitidez moral de la obra de Robert Louis Stevenson, la distinción entre el bien y el mal, con la exploración de los abismos de degradación en que puede caer uno si se decanta por lo segundo. Así, la cosa queda en puro ejercicio de estilo, con dos buenos actores, John Malkovich y Julia Roberts, a los que les falta algo llamado "personaje", que poder llevarse con gusto a la boca. La atracción que siente Mary, sencillamente, es incomprensible.

4/10
La camioneta

1996 | The Van

Bimbo es despedido de su trabajo. Antes de engrosar las listas de parados, decide adquirir una camioneta y usarla como puesto de cervezas, hamburguesas, pescado frito... Y ofrece a su amigo Larry, el eterno desempleado, que comparta con él la aventura empresarial. Después de unos comienzos más bien chapuceros, el negocio empieza a marchar. Lo que no marcha tan bien es la relación entre los dos amigos. Después de The Commitments, de Alan Parker, y de Café irlandés, del propio Stephen Frears, una tercera novela de Roddy Doyle —autor también del guión— es llevada al cine. Se trata de una película pequeña, de asumida modestia. Frears y Doyle combinan bien la crítica social con la comedia, y consiguen un divertido cuadro costumbrista de los ambientes pobres de la Irlanda actual. La inmejorable banda sonora de Eric Clapton y Richard Hartley, y el magnífico trabajo de todos los actores, sobre todo de Colm Meaney y Donal O'Kelly, casi redondean una película a la que sobran las aristas de un lenguaje demasiado grosero.

6/10
Café irlandés

1993 | The Snapper

Comedia costumbrista irlandesa de Stephen Frears, rodada para televisión, que adapta una novela de Roddy Doyle. Cuenta cómo la vida de una familia irlandesa de clase obrera se altera cuando la hija mayor, soltera, se queda embarazada. Se trata de una película hecha con pocos medios, y a la que falta enjundia. Su mirada es superficial, se toma a broma cuestiones muy serias.

6/10
Héroe por accidente

1992 | Hero

Bernie La Plante (Dustin Hoffman) es un pillo de mucho cuidado. Es de esos tipos que, como se dice, no dudaría en vender a su madre. Una noche se está lamentando de la mala suerte que le persigue en la vida, cuando de repente un avión de pasajeros se estrella ante sus ojos. Bernie, conmocionado, corre hacia el lugar del accidente con buenas intenciones por una vez en su vida. Arriesgándose al máximo, consigue salvar a los pasajeros. Cuando ve llegar a las ambulancias y a los coches de policía, huye sin ser visto entre la confusión. Aparece en escena una ambiciosa reportera llamada Gale Gayley (Geena Davis) que oye hablar del héroe desconocido y altruista, y se empeña en encontrarlo. Pero otro pillo de mucho cuidado, interpretado por Andy García, se ha percatado de la situación y pretende aprovecharse al máximo. Una divertida comedia que plantea una efectiva trama de enredo. Cuenta con un excelente equipo de protagonistas. El experto Stephen Frears impone un ritmo ágil que entretiene al espectador desde el principio. Frears se dio a conocer en su país natal, Inglaterra, con Mi hermosa lavandería (1985), escrita por el pakistaní Hanif Kureishi, en la que se da a conocer Daniel Day-Lewis. Su siguiente éxito es Las amistades peligrosas (1988). La película tiene un afán moralizante, como las mejores comedias clásicas.

6/10
Los timadores

1990 | The Grifters

Un timador de poca monta que ha crecido en la calle recibe una tremenda paliza en un bar. Su madre le salva de una muerte segura. Se trata de una mujer muy posesiva que se entromete en la relación de su hijo con su novia. Precisamente será esta joven la que les proponga trabajar en equipo en una serie de golpes cada vez más ambiciosos. El realizador británico Stephen Frears es capaz de adentrarse en todos los géneros. Así lo ha demostrado con dramas como Las amistades peligrosas o comedias como Héroe por accidente. En esta ocasión probó con éxito con el thriller en un filme, producido por Martin Scorsese, que contó con un reparto de excepción. La trama se basa en la novela homónima del gran Jim Thompson.

6/10
Las amistades peligrosas

1988 | Dangerous Liaisons

Los amores, las ambiciones y las intrigas que se cocían en la aristocracia francesa antes de la Revolución, en 1789, son representativos de la sociedad de una época complicada. Una mujer inmoral, interpretada por Glenn Close, manipula con la ayuda de un libertino conde, interpretado por John Malkovich, la vida de los que le rodean. En este juego, en el que los sentimientos más sinceros son vapuleados, se ve inmersa la inocente noble interpretada por Michelle Pfeiffer. Una magnífica adaptación de la obra de teatro homónima de Christopher Hampton, basada en la novela de Pierre Choderlos de Laclos. La reconstrucción ambiental que realiza el efectivo Stephen Frears, es muy meritoria. El guión y los diálogos están muy cuidados. La película tiene mucha fuerza, y un atractivo indudable para el espectador. Las interpretaciones de sus tres protagonistas, llenas de sutileza, son memorables. Una incursión por los recovecos de la psicología humana, a través de unos personajes frívolos que consideran los sentimientos un medio para ascender en su posición.

6/10
Ábrete de orejas

1987 | Prick Up Your Ears

Biografía nada convencional del escritor británico Joe Orton (1933-1967), autor de novelas y satíricas obras teatrales que murió asesinado a martillazos por su amante Kenneth Halliwell. Inteligentemente, Frears se ocupa de ambos personajes que encarnan con absoluta credibilidad Gary Oldman y Alfred Molina. Y, entre un moderno montaje y mucho humor cínico, les enfrenta a su triste destino: Orton es el genio que tiene éxito con cualquier frase que escriba, se mueve entre ambientes barriobajeros de urinarios públicos y conoció a Paul McCartney; mientras que Ken no goza de ninguna reputación, está calvo y no puede soportar el éxito de su compañero. Adaptación del libro de John Lahr. La excelente música de Stanley Myers fue recompensada en el Festival de Cannes como mejor contribución artística, mientras que Vanessa Redgrave fue elegida mejor actriz secundaria por el Círculo de Críticos de Nueva York.

6/10
Mi hermosa lavandería

1985 | My Beautiful Laundrette

La historia nos sitúa en la Inglaterra de los años 80, gobernada por Margaret Thatcher. Omar (Gordon Warnecke) es hijo de pakistaníes emigrados a Londres, que hereda una ruinosa lavandería de su tío Nasser (Saeed Jaffrey). El padre de Omar es un antiguo periodista socialista en horas bajas, que siempre quiso que su hijo estudiase para convertirse en alguien de provecho. Omar se aprovecha de su situación y, sin ningún escrúpulo, consigue reflotar el negocio y empezar a ganar dinero. Su ambición le lleva incluso a estafar a su tío, que forma parte de la mafia pakistaní de la ciudad. Para limpiar su establecimiento contrata a Johnny (Daniel Day-Lewis), un inglés compañero de su escuela, aún más descastado que Omar. En estas circunstancias, los dos amigos inician una curiosa relación en la que el afecto que se mantienen se mezcla con los peligros de ser de distinta raza. Esta película significó un tremendo éxito de crítica y público para su director, Stephen Frears, hoy en día acomodado en las grandes producciones de Hollywood. Algunas de sus películas son Las amistades peligrosas, Héroe por accidente, la divertida Café irlandés o Hi-Lo country. También dio a conocer a un actor magnífico que por desgracia se prodiga poco, Daniel Day-Lewis. Esta curiosa película cuenta con un buen número de ingredientes que mezclan la crítica social con los problemas de la juventud. Está basada en el guión original del escritor Hanif Kureishi, que fue nominado al Oscar.

6/10
The Hit (La venganza)

1984 | The Hit

Willie Parker es un antiguo gángster que un buen día decidió abandonar a su banda y asentarse en España. Allí vive tranquilo y confiado, pues tiene fe en que ninguno de sus antiguos compañeros de con su paradero. Pero diez años después de su desaparición aparecen dos matones con la misión de escoltarlo hacia su antiguo hogar. Producción británica del gran Stephen Frears con abundante presencia española, y el ritmo adecuado para contar una historia donde el pasado vuelve al encuentro. Prácticamente todos los secundarios son españoles, entre los que destaca Fernando Rey. Pero no sólo en le reparto se nota el toque hispano, sino también en la música ya que el responsable es el fantástico guitarrista Paco de Lucía.

5/10
Una visita de miss Protheroe

1978 | A Visit from Miss Protheroe

El señor Dodsworth, jubilado de su trabajo directivo en una fábrica, recibe la visita de una de sus antiguas empleadas, la señorita Protheroe, supuestamente interesada por su vida ahora que no trabaja, y que le pone al día acerca de la nueva situación en la empresa con el jefe que le sustituyó.Pequeña pieza de tipo teatral, con un solo escenario, el hogar del señor Dodsworth, y dos personajes. Stephen Frears dirige un guión de Alan Bennett para el programa de la BBC “Play of the Week”, y en apenas media hora perfila a los dos protagonistas: los modos de chismosa hiriente de ella, y el paulatino desmoronamiento de él, cuando constata que sus grandes aportaciones para la empresa no lo eran tanto.

6/10
Sunset Across the Bay

1975 | Sunset Across the Bay

Al señor Burnett le ha llegado la hora de la jubilación. Con su esposa dejará Leeds, donde trabajaba en la industria metalúrgica, para retirarse a la población costera de Morecambe. Como su único hijo está en Australia, y no tienen amigos allí, se sienten terriblemente solos, la rutina de los monótonos días y las pequeñas manías del otro resultan difíciles de sobrellevar. Sensible telefilm de Stephen Frears con guión de Alan Bennett, realizado para la BBC. Capta muy bien el 'mood' agridulce de la convivencia de un matrimonio que se quiere, pero llevan una existencia con pocos alicientes; él echa de menos la época en que mandaba a seis personas en la fábrica y se sentía útil, ella sabía llevar sus tareas de ama de casa sin tener que tener todo el día pegado al marido. Gran trabajos de los actores Harry Markham y Gabrielle Daye.

7/10
Un día fuera

1972 | A Day Out

Un grupo de amigos sale de excursión el domingo en bicicleta con el acuerdo de mayor o menor buen grado de sus esposa o madres. No falta la pausa para degustar una buena pinta de cerveza, antes de llegar a su destino, las ruinas de un grandioso monasterio cisterciense. Los mayores recorren las ruinas o juegan el criquet, mientras uno de los jóvenes retoza con una dama, y otro conoce a una adolescente.Uno de primeros trabajos de Stephen Frears, para la BBC, con guión de Alan Bennett. Se trata de una historia sencilla y costumbrista, de impecable atmósfera, que parece evocar el cine de Jean Renoir. Sin estridencias se describe la camaradería masculina, y la languidez típica de un plácido domingo. Está rodado en impecable blanco y negro.

6/10
Detective sin licencia

1971 | Gumshoe

Temprano film del británico Stephen Frears, cuenta con humor como un tipo decide dar un giro a su vida, anunciándose como detective privado al más puro estilo Chandler. Albert Finney le pone cara.

5/10

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