Entrevistas
Entrevista con el imaginativo director galo
El último invento peliculero de Jean-Pierre Jeunet: "El extraordinario viaje de T.S. Spivet"
Da gusto mantener una conversación con Jean-Pierre Jeunet, un cineasta imaginativo, muy creativo, y cuyas películas hablan sin engolamiento pero muy certeramente acerca de la condición humana. Tuve ocasión de entrevistarle con motivo de la presentación en el Festival de cine de San Sebastián, como película de clausura, de “El extraordinario viaje de T.S. Spivet”, estupenda muestra de cine juvenil.
Cuando Jeunet me ve con la tableta, grabando la entrevista y tomando notas, no puede resistir sacar su agenda electrónica, y me enseña que ahí tiene el storyboard completo de la película El extraordinario viaje de T.S. Spivet, que tenía junto a sí durante el rodaje. “La tecnología ayuda mucho”, me comento y yo lo confirmo.
Hace 16 años Jean-Pierre Jeunet dirigió Alien Resurrección en Hollywood. Ahora vuelve a rodar en inglés, pero sobre todo en Canadá, y las condiciones de producción han sido muy distintas. ¿Es porque no quedó contento con la forma de trabajar en Hollywood? ¿Quería tener un mayor control de la película?
Estuvo bien lo de Alien, funcionó bien. Supuso un paréntesis en mi vida profesional. Había decidido ser positivo. Cuando terminé estaba contento de la película. Cuando me dijeron que hiciera el “Director's Cut” respondí que no, que el que se había estrenado era mi montaje.
Aún así, es cierto que fue un combate, una lucha diaria. Lo que tenemos en Francia, que es genial, se llama libertad. Nadie me dice lo que tengo que hacer. Esta película yo la produzco, con un coproductor francés y otro canadiense. He tenido una libertad total. Esta libertad, en Francia, empieza a convertirse en algo un poco complicado. Me estoy dando cuenta de que existen presiones de las cadenas televisivas y los distribuidores. Por tanto, a partir de ahora va a ser muy difícil rodar cine.
Por esta razón, hasta me sorprendo a mí mismo, porque es la primera vez que me oigo decir que estoy contento de tener 60 años y no 30.
Me dan un poco de pena los jóvenes que empiezan ahora. Hace algún tiempo organizaron en Francia un festival sobre las películas que ya no se podrían rodar ahora. Estaba Delicatessen.
Es un homenaje al 3D. Mi recuerdo más antiguo era con los libros troquelados. Cuando tenía 8 años tuve mi primera experiencia de cine con los estereoscopios. Cortaba las imágenes, las cambiaba de orden y así podía contar mis propias historias.
Adoro el 3D y creo que todas mis películas se podrían haber hecho en ese formato. El libro en el que se basa el film está lleno de dibujos en los márgenes. Pensé que iba a ser genial mostrarlos en el cine, acercar los dibujos de Spivet –el protagonista– al espectador.
Cuando se estreno Avatar en Francia, había un anuncio de gominolas Haribó, en el que las golosinas flotaban en el espacio. La gente salía de la película diciendo que lo mejor de Avatar era el anuncio de las gominolas. Quise rescatar su espíritu.
Estoy muy orgulloso de la secuencia del flash back en una bola de nieve. Eso nunca se había hecho. Me parece interesante el 3D porque da pie a innovar.
Describe en todas sus películas a los personajes con pocas pinceladas y de una forma peculiar. ¿Qué cree que define a un personaje?
Lo cierto es que Molière ya hacía esto: el burgués gentilhombre, el avaro, el misántropo. Cada uno de sus personajes tenía un carácter muy marcado.
Aquí no he inventado nada, porque todo estaba en el libro. Es una familia excéntrica y muy especial.
Pero entonces, este libro se ajustaba a su forma de describir a los personajes.
Sí, el libro era tan rico que le dije a Reif Larsen, el autor, que no iba a traicionarle, porque había tantas cosas que no iba a necesitar añadir cosas mías. Luego no he podido evitar meter alguna cosa, como unas siluetas en cartón. A Larsen le sorprenden las cosas que he puesto.
En cierta forma, es un film más realista que mis trabajos anteriores. Se describe a una familia y el dolor es verdadero. Hay más emoción. Realmente en una película tiene que haber una gran historia, buenos personajes, emoción, humor, un cuidado aspecto visual y originalidad. No todas mis películas reúnen todo eso. Pero ésta creo que sí.
No me he inspirado en Scorsese. Me enamoré del libro e inmediatamente vi que era complicado adaptarlo, porque el personaje central era un niño, pero no es una película para niños. Siempre era un reto. Cuando le escucho a usted hablar de película familiar me alegro de haber conseguido que lo parezca, pero no calculé el público al que se dirigía.
Soy como un chef en la cocina. Elaboro un plato a mi manera, y si me gusta comparto la receta.
Hablando de películas familiares, el film tiene una estética que recuerda a El mago de Oz, sobre todo a sus secuencias de Arkansas. ¿Lo ha usado como referente?
No, en absoluto. No había pensado en él para nada. Pero ahora que lo dice, echaré un vistazo al film a ver. En realidad, este tipo de casas existen de verdad en la zona donde rodamos, en Canadá, y el granero era así. Copiamos la casa siguiendo el estilo del granero.
Cuando se reunió con Reif Larsen, ¿qué aspectos del libro le habían llamado más la atención?
Cuando nos conocimos, me regaló un libro de fotografía. Yo acababa de regalarles un libro a todos mis amigos. Por tanto pienso que tuvimos una connivencia inmediata. Podría ser mi hijo.
Todo me interesaba en el libro, lo que pasa es que era muy necesario hacer un trabajo de adaptación. Por ejemplo, la madre desaparecía completamente, y le tuve que llamar y pedirle que me hablara de la madre. Leí en una entrevista en la que decía que tenía que sentarse con el psicoanalista y empezar a hablar de su madre. ¡Adaptamos eso! Por otra parte, tuvimos que quitar muchas cosas para no alargar el metraje.
A pesar de la complejidad del film, ha comentado que su escena favorita es la del discurso final del niño. ¿Por qué?
El discurso es el momento que debe ser más emotivo. Cuando leí la frase en el texto (no vamos a desvelar demasiado para la entrevista) decidí que tenía que rodar la película. Hay otras secuencias que también me gustan.
Quizás le preocupaba especialmente tratar temas como la muerte, en un film que se espera que sea familiar.
La muerte forma parte de la historia. Trato los mismos temas que en todas mis películas. Es un Pulgarcito que lucha contra un ogro, en este caso es la culpabilidad, todos nos sentimos culpables de algo. En Amelie la protagonista luchaba contra la introversión, en Alien contra los monstruos, en Delicatessen contra el carnicero...
Es cierto. Es un personaje muy original, no muy normal, pero es una madre muy real. A veces nos divertía, haciendo tomas como si fueran para Tim Burton. Pensé en ella inmediatamente en cuanto leí el libro. La conocí en el rodaje de El club de la lucha, de David Fincher, hace muchos años, y me dijo que quería rodar conmigo. Cuando la vi más recientemente en El discurso del rey me dije que tenía que tomarle la palabra. Es una actriz tan sencilla, y tan fácil de dirigir... Además, en cuanto digo cualquier tontería, se ríe a carcajadas, lo que resulta muy gratificante.
¿Qué papel juega el hermano, Layton, en la película como acompañante del protagonista?
En el libro, el niño hablaba a los objetos, por ejemplo a la autocaravana, lo que no resultaba muy visual, porque habría tenido que rodar al niño hablando solo. Por eso tuve la idea de que volviera el hermano y así podía introducir diálogos y lograr cierta emotividad. En el libro es un hermano más pequeño que él. Pero Kyle Catlett, el niño protagonista, es bastante pequeño. Mide 1,20 metros, así que no podíamos encontrar a nadie más bajito. Todos los niños de su edad son más altos. Por eso nos inventamos la historia de los falsos gemelos.
Esta película presenta al protagonista muy interesado por la ciencia y los inventos. Pero a la vez quiere conjugar la ciencia con la creatividad, no quiere ser un film frío. ¿Por qué le ha interesado esta idea? Me ha enseñado antes parte del storyboard en su smartphone, y veo esa mezcla de técnica y arte…
No hay nada como la alegría de crear, y al mismo tiempo jugar con la tecnología. Me encanta participar en todas las etapas de la creación. Cuando estoy en mi casa en el campo me gusta elaborar cosas con las manos y adoro ir a la tienda a comprar el tornillo que me falta, o lo que sea.
En la película, estuve presente en todas las etapas, en la mezcla, en el montaje, es como si tuviera un tren eléctrico, como decía Orson Welles. Yo lo comparo con un juego de mecano, en el que tienes todos los elementos, el vestuario, la música, etc., y hay que ponerlo todo junto para que el juguete sea lo más hermoso posible. Esta última frase se la he robado a Marc Caro.
Empecé en el terreno de la animación. Pero ahora tendría mucha competencia. Nunca he encontrado una idea para un largometraje de animación.
Cuando sea más viejo y esté más cansado será el momento de hacer animación, porque ya no podré levantarme y correr de un lado a otro del plató.
Por supuesto, es un género que me interesa. Ahora, muchos directores filman animación pasándose como mucho una vez por semana por el estudio. En mi caso, como me gusta implicarme en todo, estaría 18 horas al día.
Tuve la suerte de dar una clase magistral en Pixar. Fue una experiencia increíble. Me fui de allí con la bolsa, con la gorra de Pixar, con todo.
¿Se siente identificado en algún aspecto con el protagonista de El extraordinario viaje de T.S. Spivet?
Soy yo. Me identifico por completo. Cuando hace sus dibujos, soy yo imaginando mis creaciones. Luego, en un momento dado, gana un premio, lo que a mí también me ha pasado. Entonces ve cómo le utilizan los medios de comunicación. Yo he contado lo que te hacen en Francia, aunque imagino que será un poco igual en todas partes. Las tres palabras que les importan son 'polémica', 'escándalo' y 'controversia'. ¿Es así también en España?
Eso le choca al niño. Así que sólo desea volver al rancho para continuar con sus dibujos. Exactamente igual que yo. Yo no he matado a mi hermano, pero por lo demás, soy igual.
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