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Entrevistas

El cineasta italiano bucea en su propia experiencia

Nanni Moretti nos habla de la sua "Mia madre"

decine21.com 22 Enero 2016

Nanni Moretti es uno de los cineastas italianos más personales, con un rico mundo interior, donde domina la mirada honda al hombre. En su último filme, "Mia madre", atrapa parte de los sentimientos que le embargaron cuando enfermó su propia madre.

¿El personaje que interpreta la actriz Margherita Buy en Mia Madre es su doble?

Nunca pensé en interpretar el papel principal de esta película. Hace algún tiempo que ya no lo hago y me alegro mucho. Antes me divertía; ahora he superado la idea fija de ir construyendo mi personaje película tras película. Siempre imaginé a una mujer, a una realizadora, a la que interpretaría Margherita Buy por un sencilla razón: una película con Margherita Buy de protagonista siempre será mejor que una película conmigo en el primer papel. Es mucho mejor intérprete que yo. En este caso, ha llevado todo el peso del rodaje. De los 70 días que duró, solo faltó uno porque yo había cortado la escena.

Pero da la impresión de que hay mucho de Nanni Moretti en el papel.

En la secuencia delante del cine Capranichetta de Roma en la que el hermano de Margherita, al que interpreto, le pide que sea capaz de romper al menos uno de sus doscientos esquemas mentales, es como si me hablara a mí mismo. Siempre he pensado que, con el tiempo, me acostumbraría a buscar en lo más profundo de mi persona. Pero no es así para nada, cuanto más tiempo pasa y más sigo adelante, el malestar crece. Ahora bien, esto no representa una confesión. Se basa en planes, decisiones, interpretaciones, no es la vida.

¿Cómo definiría la obra, como autobiografía, autoficción...?

Nunca he conseguido entender el término "autoficción". En cuanto a la autobiografía... Cualquier historia es autobiográfica. Hablaba de mí mismo cuando me refería a la sensación de ineptitud del papa, al que da vida Michel Piccoli, en Habemus Papam, o también cuando escenifiqué las historias personales y el trabajo de Silvio Orlando en Il caimano. Más que intentar medir el nivel autobiográfico, se trata de dar un enfoque personal a cualquier historia.

¿Cómo escogió a John Turturro?

Algunos realizadores que han rodado muchas menos películas que yo no dudan en recurrir a estrellas internacionales. Pero no es mi caso. Le llamé porque me gusta mucho como actor y me parecía que su interpretación no era naturalista. También porque nos conocíamos un poco, porque ya tenía una relación con Italia -rodó un espléndido documental acerca de la música napolitana, Passione. John había visto algunas de mis películas y eso me tranquilizaba. Reconozco que me costaría mucho tener que explicarle a un actor quién soy, lo que quiero, cómo son mis películas... Habla un poco de italiano y lo entiende. También es director de cine. Me gusta trabajar con actores que también dirigen, es más fácil entenderse con ellos.

¿Cuándo empezó a pensar en el guión de Mia madre?

Acostumbro a dejar pasar un largo periodo entre una película y otra. Necesito dejar atrás el desgaste psicológico y emocional del trabajo anterior. Tardo bastante en recargar las baterías. Pero esta vez, en cuanto se estrenó Habemus Papam, empecé a pensar en esta película. Y me puse a escribir el guión cuando algunas cosas que cuento en la película me estaban pasando a mí. Puede que influyeran en la narración.

¿Cómo imaginó los diversos estilos de narración de la película, donde el sueño y la realidad llegan a confundirse?

Es importante contar una historia de un modo no académico; que la narración no se limite a hacer los deberes. Se deben conocer las reglas de la narrativa, pero también es bueno saltárselas. La historia debe resonar dentro de uno mismo y en lo que se está contando. Nunca debe mantenerse una relación banal con el material que quiere representarse. Me gustaba la idea de que el espectador no se diera cuenta inmediatamente de si una escena es un recuerdo, un sueño o la realidad. Todo cohabita con la misma inmediatez en el personaje de Margherita, sus pensamientos, sus recuerdos, la aprensión que siente por la condición de su madre, la sensación de no dar la talla. El momento que narra la película corresponde al momento que vive Margherita, sus estados de ánimo, donde todo se mezcla con la misma premura. Quería que un personaje femenino plasmara la sensación de no dar la talla en el trabajo, con su madre y su hija.

¿Por eso escribió el guión con tres mujeres, Chiara Valerio, Gaia Manzini y Valia Santella?

Es posible, pero estas cosas no se piensan ni se programan con antelación. Apenas conocía a Gaia Manzini y a Chiara Valerio, habíamos hablado en una conferencia donde leímos un extracto de un libro de Sandro Veronesi. Un tiempo después, cuando decidí empezar a trabajar sobre este tema, se me ocurrió llamarlas. Sin embargo, Valia Santella es amiga mía, hace tiempo que trabajamos juntos.

¿Cómo imaginó la película que rueda Margherita?

Había una escena que he cortado en la que Margherita le decía a su hija: "Nunca estoy en mis películas". Y su hija le contestaba: "Tampoco hace falta que hables de ti en lo que ruedas". Margherita acababa diciendo: "No, desde luego, pero me gustaría hacer películas más personales". Quise que Margherita, a la que pueden la vida y sus problemas personales, hiciese una película política más que personal. En la escena de la rueda de prensa, un periodista le hace una pregunta: "En un momento tan delicado para nuestra sociedad, ¿cree que su película conseguirá hablar a la conciencia de nuestro país?" Margherita empieza a contestar de forma estándar: "Hoy en día, el público requiere otro tipo de compromiso y..." Poco a poco su voz se aleja y se oyen sus pensamientos: "Ya, claro, el papel del cine... Pero ¿por qué sigo repitiendo lo mismo año tras año? Todos están convencidos de que entiendo lo que pasa, que puedo interpretar la realidad, pero ya no entiendo nada". Quise que la solidez, las certezas de sus películas contrastaran plenamente con su estado emocional, con lo que está pasando y con lo que percibe de sí misma. Quise que hubiera un desfase entre una película muy estructurada y el delicado momento por el que está pasando.

¿Cómo ha enfocado el tema del duelo?

En La habitación del hijo, exorcicé el miedo. Aquí hablo de una experiencia que ha compartido mucha gente. La muerte de una madre es una etapa importante en la vida y he querido contarla sin sadismo alguno hacia los espectadores. Ahora bien, cuando se rueda una película, no se hace nada más, uno está totalmente metido dentro. Se trabaja en los diálogos, la puesta en escena, el montaje, y el tema que se trata no nos golpea con la misma fuerza. Incluso en ocasiones en que los sentimientos son muy poderosos, tiendo a pensar que el realizador no se ha dejado llevar del todo.

¿Una película como esta es más difícil que otras a la hora de rodarla, pensarla, contarla?

No, no creo. Solo en una ocasión, mientras escribíamos el guión, decidí releer las páginas que había escrito durante la enfermedad de mi madre. Lo hice porque pensé que los diálogos, las réplicas, podían añadir peso y realismo a las escenas entre Margherita y su madre. Reconozco que me dolió releer esa parte del diario.

¿Qué leyó o vio para preparar Mia madre?

En casa se acumulan los objetos durante los momentos de trabajo intenso. Cuando acabó el rodaje de Mia madre, me di cuenta de que no había tenido tiempo de volver a ver o leer las películas y los libros que pensaba volver a ver o leer porque tenían relación con el dolor, la pérdida, la muerte. Y fue un tremendo alivio sentir que no necesitaba hacerlo. Volví a ver Otra mujer, de Woody Allen, pero no volví a ver Amor, de Michael Haneke, y tenía la película en mi mesa. Pero sobre todo, no leí “Diario de duelo”, de Roland Barthes, que me ofreció una amiga después del fallecimiento de su madre. Escrita por el autor durante la enfermedad de su madre, mi amiga me dijo que le había ayudado. Abrí una página al azar, leí dos líneas que me dolieron y volví a cerrar el libro. Al terminar el rodaje, lo quité de mi mesa y lo coloqué en la estantería. Por suerte, ya no necesitaba sumirme en el dolor.

La madre está interpretada por una actriz desconocida en nuestro país.

Es una actriz del Piccolo Teatro de Strehler. Su trayectoria es muy diferente de la mía y fue una suerte que nos conociéramos. No solo consiguió entenderme y entrar en la película, también entendió a mi madre y no sé cómo lo hizo.

Su madre era profesora.

Enseñó latín y griego durante 33 años en el Instituto Visconti de Roma. Cada semana, al menos una persona me decía que había sido alumna suya. En ocasiones, esas mismas personas habían estudiado luego con mi padre en la universidad donde enseñaba epigrafía griega. Muchos alumnos suyos venían a verla incluso años después de graduarse en el instituto. Nunca tuve una relación parecida con un profesor o profesora. Hablaré de una cosa que me duele y me molesta: después de la muerte de mi madre, y a través de lo que me contaban sus antiguos alumnos, tuve la sensación de que se me había escapado algo, pero que sus alumnos habían captado y me comunicaban, y era esencial.

¿Qué ha aprendido haciendo esta película?

No puedo contestar de modo preciso a esta pregunta; me siento exactamente igual que antes de rodarla. Sigo con la misma angustia, la misma confusión, la misma falta de seguridad. No creo que a todo el mundo le pase igual. Creo que para muchos, la experiencia, el conocimiento, incluso una cierta frialdad cuentan. Pero siempre tengo la misma sensación, como si fuera a rodar mi primera película. Y esta vez, estaba aún más preocupado. Algunas personas han dicho que es mi película más personal hasta ahora, puede que sea por eso, pero no sé. Es verdad que he aprendido ciertas cosas, soy más amable, más solidario con los actores, estoy a su lado. ¿Qué más he aprendido? Ah, sí, y eso lo aprendí con bastante rapidez: una vez estrenada una película, ya no me pertenece del todo. Los espectadores la ven y la transforman. El público desvela y aclara cosas que se me habían escapado...

"Quiero ver al actor al lado del personaje" es una de las frases que Margherita emplea a menudo con los actores.

Es algo que siempre digo. No sé si los actores me entienden, pero acabo consiguiendo lo que quiero.

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