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Biografía

Michael Haneke

Michael Haneke

78 años

Michael Haneke

Nació el 23 de Marzo de 1942 en Munich, Baviera, Alemania

Premios: 5 Festival de Cannes

Terrorista de la pantalla

13 Enero 2010

Maestro de la experimentación, a Michael Haneke le gusta probar nuevas técnicas narrativas, y se le da especialmente bien jugar con el sonido. Considerado uno de los más prestigiosos cineastas de vanguardia del momento actual, nunca se sabe qué se puede esperar de un film de Haneke, pero le gusta sobre todo impactar, provocar y conmocionar. “Mis películas son bofetadas en plena cara”, ha dicho con bastante acierto el cineasta.

Aunque nació en Munich, el 23 de marzo de 1942, Michael Haneke tiene la nacionalidad de su madre, la actriz austriaca Beatrix von Degenschild. Y es que le viene la vocación cinematográfica de familia, pues su padre, el alemán Fritz Haneke, era director. Tras el divorcio paterno, Haneke pasó su infancia con la familia de su madre, en el campo, cerca de Wiener Neustadt, una ciudad de Austria.

Estudió filosofía, psicología y drama en la Universidad de Viena para dedicarse a continuación a la crítica cinematográfica. A partir de 1967 se pasa a la edición y la escritura de guiones en una cadena televisiva del sur de Alemania. En ese país inicia una intensa actividad como director teatral. Debuta como director con El séptimo continente, que estaba destinada a la televisión pero se estrenó en los cines después de que fuera rechazada por su crudeza por todas las cadenas. Este interesante drama narra la descomposición de una familia formada por un matrimonio con una hija pequeña.

Tuvo más repercusión su segundo trabajo, la durísima El vídeo de Benny, escalofriante declaración de intenciones donde están presentes las señas de identidad del cine de Haneke, su fascinación por las imágenes, los sonidos y la violencia, y que trata sus temas preferidos: la incomunicación, la confortable vida de la clase alta y las relaciones familiares. El film más interesante de la primera etapa de Haneke es, sin duda, 71 fragmentos de una cronología del azar, sobre la insolidaridad en la sociedad, que describe el periplo de varios personajes unidos en torno a un tiroteo en una sucursal bancaria.

Pero a Haneke le llegó la consagración a nivel internacional con Funny Games (1997), insólito thriller que no dejó indiferente a nadie. Dos jóvenes psicópatas encierran en su casa de campo a un matrimonio y a su hijo sin razón aparente, para someterles a todo tipo de vejaciones. El film sugiere más que muestra, una violencia que para los dos perturbados es una especie de juego difícilmente soportable. Utiliza trampas propias de algunos thrillers, con la diferencia de que éstas no benefician a los protagonistas, sino a los psicópatas, que son capaces de rebobinar incluso la película para dejar frustradas a sus víctimas.

El propio Haneke dirigió una década después el remake americano, con Naomi Watts y Tim Roth. Curiosamente era un absoluto calco del original, pero con otros actores.

Tras adaptar a uno de los grandes de la literatura en El castillo (de Franz Kafka), Haneke sorprendió al público con Código desconocido, que al igual que la citada 71 fragmentos, entrecruza los dramas de varios personajes, esta vez de un barrio de París. Es un film carente de violencia, con más contenido que otras de sus obras, de nuevo sobre la incomunicación y la falta de solidaridad de la sociedad.

Pero no tardaría mucho Haneke en retomar su faceta de ‘terrorista de la pantalla’, con La pianista, con Isabelle Huppert interpretando a la profesora de piano menos recomendable de la historia del cine, aficionada al sadomasoquismo y a las perversiones sexuales. Una secuencia de autolesión en una bañera, y una venganza con unos cristales podrían figurar en la antología de las imágenes más duras jamás vistas en una pantalla.

Justo después, fracasó parcialmente con la poco conocida El tiempo del lobo, que viene a ser una película de desastres en la que se desconoce cuál es el desastre que ha acontecido. Obtuvo mayor repercusión el hipnótico ejercicio de estilo Caché, con el que obtuvo el premio al mejor director en Cannes. Un popular presentador televisivo recibe una cinta de vídeo que alguien ha grabado en el interior de su propia casa.

El Festival de Cannes ha premiado a Haneke con la Palma de Oro en Cannes por La cinta blanca, un film en blanco y negro muy distinto del resto de su filmografía. De hecho, se desarrolla en una comunidad luterana que parece sacada de un film de Dreyer, a donde llega un nuevo maestro en vísperas de la I Guerra Mundial. Están presentes las consideraciones típicas del autor sobre la génesis de la violencia.

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

Ganador de 2 premios

Ganador de 1 premio

Filmografía
Happy End

2017 | Happy End

Deprimente película del austríaco Michael Haneke, que sigue instalado en el nihilismo de su anterior film Amor, del que Happy End –irónico título, no puede ser de otra manera en el caso de este director– podría considerarse como una especie de secuela o spin-off –repiten dos de sus personajes y se menciona una escena crucial del otro film–, aunque por supuesto, se puede visionar de modo completamente independiente. En su acabado formal no es tan redonda, e incluso tiene elementos, la fustigación de la hipocresía a la hora de tratar a los inmigrantes, casi al final, un tanto postizos. Sigue las evoluciones de una familia burguesa, los Laurent, tres generaciones. Un accidente de obra en un negocio familiar obliga a la actuación rápida de Anne (Isabelle Huppert), la hija, ante la torpeza manifiesta de su hijo, y la edad avanzada del octogenario patriarca George (Jean-Louis Trintignant), algo senil. Mientras el otro hijo, Thomas (Mathieu Kassovitz) se ve obligado a ocuparse de su hija adolescente, a la que nunca ha hecho mucho caso, despues de que su ex mujer intente suicidarse. El panorama que pinta Haneke es desolador: el amor brilla por su ausencia, y sólo cabe el egoísmo de procurar por uno mismo, y de actuar con fría racionalidad, también en lo relativo a disponer de la propia vida, el suicidio es una opción en cualquier edad y circunstancia que uno debería poder acometer sin cortapisas. Las vidas vacías, tan extendidas en un Occidente en decadencia, se muestran sin concesiones, con el patetismo del chateo sexual, la insinceridad y el corazón congelado, no hay espacio para el amor, tal vez a la postre el título de Amor también fue en su día irónico. La escena de la conversación entre abuelo y nieta, que tiene su correlato en la complicidad de uno y otro en el final, resulta tremenda, un subrayado de que no hay esperanza para lo viejo y lo nuevo, el ser humano no tiene remedio.

6/10
Amor

2012 | Amour

Georges y Anne son un matrimonio octogenario, padres de una hija casada, ambos cultivados profesores de música, que se llevan estupendamente, y que disfrutan de sus días de retiro plácidamente. Un día ella sufre una breve pérdida de conciencia, lo que motiva una visita al médico y un diagnóstico de obstrucción de las arterias que aconseja una intervención quirúrgica. La operación sale mal y Anne queda semiparalítica. Georges se desvive amorosamente por cuidarla, pero ella no encaja bien su situación de dependencia y progresivo deterioro, e incluso querría morir; aunque, también por amor, se esfuerza en no poner las cosas demasiado difíciles a su marido. Impactante película de Michael Haneke, realizada con 70 años a sus espaldas, sobre la ancianidad y sus achaques, la enfermedad y el sufrimiento, el modo en cómo se encaran; Amor ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes, tres años después de que Haneke hiciera lo propio con La cinta blanca. La situación que Haneke describe en su film es sencilla, un anciano cuida a su esposa, ella está cada vez peor, y a él le cuesta más prodigarle su atención; la hija sufre pero tiene su vida en otra ciudad, la atención de las enfermeras no siempre es la mejor, el vigor de un pupilo de antaño puede deprimir más que animar. Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva están soberbios como marido y mujer, mientras que Isabelle, el breve papel de hija, también da lo mejor de sí. El cineasta austríaco sabe crear en Amor la atmósfera de cansancio, agotamiento e impotencia, ante una situación en la que no cabe otra cosa que dar amor; imágenes como la de la paloma, los momentos de intercambio con el portero, etcétera, ayudan a ello. Sólo que en Haneke y sus personajes tal concepto amoroso es esquivo, y ante una situación limite puede conducir a la desesperación. La película ya anuncia lo que va a ocurrir en el impactante arranque, en que la policía y los servicios médicos irrumpen en una casa, en un dormitorio sellado, para encontrar el cuerpo amortajado de una anciana rodeado de pétalos de flores. El resto se dedica a explicar cómo se ha preparado tal escenario fúnebre. Sería un error considerar que Amor es una película militante a favor de la eutanasia, porque ciertamente no lo es. Lo que sí hace es describir un caso concreto de unos personas básicamente buenas, que se siguen amando tras muchos años de matrimonio; y se presenta una situación, donde el dolor y la enfermedad carecen de sentido, y el peso del día a día aplasta, deprime, rompe los nervios. Haneke no juzga, sino que ofrece su historia de decadencia y caída, e invita a pensar.

7/10
La cinta blanca

2009 | Das weiße Band

El norte de Alemania, en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Un nuevo maestro ha llegado a un pueblecito donde domina un rigorismo luterano, que presenta una plástica manifestación en la autoridad del pastor, que no deja pasar una a sus retoños. Lo que parece idílico -vida bucólica en el campo, niños pululando por ahí...- no lo es tanto, en familias como la del médico existen misteriosos secretos. Además, se están produciendo una serie de extraños sucesos violentos; al principio parecen accidentes, luego se asemejan más a venganzas provocadas, una especie de crueles castigos. Y aunque debería prevalecer aquello del Evangelio de “La verdad os hará libres”, se diría que hay verdades demasiado incómodas, antes las cuales la tentación es mirar a otro lado. Singular y algo inesperado film de Michael Haneke, con una historia que se diría propia de un Ingmar Bergman, aunque con el sello personal de su autor, también al tratar su habitual tema de la violencia. Rodado en blanco y negro, describe las consecuencias negativas de una atmósfera asfixiante, donde un concepto errado del ejercicio del bien y del mal -brilla por su ausencia la libertad responsable- conduce a comportamientos aberrantes, inhumanos, realizados al abrigo de la clandestinidad. Haneke muestras los efectos de la mala educación -simbolizada en la cinta blanca del título-, que incide en el sentido de culpa sin posibilidad de redención, una mirada profundamente pesimista hacia lo que él mismo denomina “el ideal pervertido”, que empuja incluso a la hipocresía. Para ello maneja un extenso reparto muy bien conjuntado, que dan vida a los componentes de las distintas familias del pueblo.

7/10
Funny Games

2007 | Funny Games U.S.

El alemán Michael Haneke dirigió en 1997 su obra más conocida, Funny Games, transgresor, provocador y sórdido thriller. Diez años después, se hace cargo del remake estadounidense, una reproducción clónica del original, con otros actores, tan excelentes como ya eran los originales, pero más conocidos a nivel internacional. Repite el arranque, que resume muy bien lo que quiere contar Haneke. Ann y George –un matrimonio burgués– se dirigen en coche con su hijo Georgie hacia su lujosa residencia veraniega, mientras juegan a colocar CDs de opera en el reproductor e intentan adivinar quién es el autor de cada pieza. La música armónica relaja y prácticamente hipnotiza al espectador, hasta que Haneke cambia de banda sonora y sustituye la ópera por un durísimo tema de rock muy poco armónico que produce el efecto de un elefante en una tienda de piezas de porcelana. Adelanta lo que va a ser el argumento: la plácida vida de una familia feliz se ve arrastrada al caos tras la irrupción brusca en su casa de dos jóvenes psicópatas que les retienen contra su voluntad, les someten a vejaciones y les avisan de que les van a asesinar. El aspecto más polémico de aquella obra sobre el sinsentido de la violencia era que sus jóvenes asesinos hacían daño sin ninguna motivación aparente, por pura diversión. Se incluyen guiños a La naranja mecánica, cinta con la que está muy estrechamente relacionada. Haneke va un paso más allá de lo que ofrecía Kubrick, pues sus asesinos parecen gozar de absoluta impunidad. Llama la atención que Haneke repita algunos juegos de cine vanguardista más usuales en el cine europeo que en el americano –como el personaje que habla a la cámara o aquel ‘rewind’ que dio mucho de que hablar–. Estos elementos desconcertarán al público que busque un thriller más convencional y a veces se hacen un poco cargantes. Por lo demás, y a pesar de sencillas variaciones, Haneke repite prácticamente los mismos planos –hasta los personajes se llaman igual–, por lo que gustará más a los espectadores que desconozcan la anterior versión. Naomi Watts y Tim Roth realizan interpretaciones tan realistas que parecen estar pasándolo bastante mal, mientras que Michael Pitt da vida a un psicópata que transmite una demencia infernal.

5/10
Caché

2005 | Caché

Fascinante ejercicio de estilo del austríaco Michael Haneke, que además de su innegable cualidad hipnótica, invita a reflexionar acerca del estilo de vida acomodaticio que impera en Occidente. El film arranca de un modo audaz y arriesgadísimo. Durante varios minutos, observamos un plano fijo del exterior de una casa. De pronto, vemos retroceder la imagen, como si se estuviera rebobinando. Y es que, en efecto, se trata del contenido de una misteriosa cinta de vídeo, recibida por George Laurent, el popular conductor de un programa televisivo. Lo extraño de esa filmación es que la casa que se ve es la de George. Y no resulta fácil adivinar quién la ha grabado y desde dónde. Lo que podría parecer una broma pesada, se repite con nuevas cintas anónimas, acompañadas de extraños dibujos de carácter infantil, que empiezan a inquietar a George y a su mujer Anne. Y el caso es que la policía no ayuda demasiado… Justo premio a la mejor dirección en Cannes, Haneke logra crear una atmósfera inquietante, muy adecuada para hablar de los fantasmas del pasado, de cómo resulta imposible acallar por completo la voz de la conciencia ante una mala acción que se desea olvidar. Su modo de reprochar la tendencia de tantos a no afrontar los problemas, incluso el evitar planteárselos echando tierra encima, resulta tremendamente original. Metáfora o realidad, qué rayos ocurre en este film, se preguntará más de uno. Y es que puede desconcertar el juego urdido por el travieso cineasta austríaco, que con formato de thriller no entrega todas las respuestas que exigiría una película convencional. Pero su propuesta obliga a no ver el film pasivamente, lo que no es poco en los tiempos que corren de tramas ramplonas y previsibles.

6/10
El tiempo del lobo

2003 | Le temps du loup

Anne, mujer de mediana edad, huye de la ciudad por una hecatombe, con su marido e hijos. La familia intenta refugiarse en su casa de campo, pero ha sido ocupada por unos desconocidos que acaban asesinando al marido. Anne deberá arreglárselas con sus retoños en una zona arrasada. El controvertido Michael Haneke, autor de Funny Games, continúa empeñado en mostrar el comportamiento del ser humano en situaciones extremas. Este singular experimento fílmico muestra las consecuencias de una catástrofe a gran escala, siguiendo los cánones del cine de desastres, pero con la curiosa novedad de que no se explican las causas de lo ocurrido. Haneke se esfuerza por no acercarse a los personajes, creando una atmósfera fría, pero  saca partido a Isabelle Hupert, con la que repite tras la insana La pianista, y nos descubre el inesperado talento de actor del cineasta Patrice Chéreau, autor de películas como Intimidad.

5/10
Código desconocido

2002 | Code inconnu

La vida de varios personajes se entrecruza en las calles de un barrio de París. Un chaval indolente desprecia a una mendiga en la calle. Un joven negro le defiende, lo que acarrea problemas a él y a ella, que no tiene papeles. El hermano del chaval, fotógrafo de guerra, mantiene un noviazgo con una actriz de renombre. El austriaco Michael Haneke captura con la cámara esta abigarrado microcosmos, y plantea cuestiones de hondo calado como “la confusión babilónica de lenguas, la incapacidad de comunicación, la frialdad de la sociedad de consumo, la xenofobia...”. Lejos de la violencia de Funny Games, Haneke pinta con firmes y breves trazos impresionantes las vidas de un mosaico de individuos con problemas. Lo hace con estilo personalísimo, saltos de historia y temporales, planos de precisa y hermosa elaboración. En el reparto destaca la bella Juliette Binoche.

6/10
La pianista

2001 | La pianiste

Una profesora de piano. Rarita hasta decir basta. Parece modosita y tal, con aire de puritana. Pero es una sadomasoquista de armas tomar, que frecuenta espectáculos porno y a la que le chiflan las perversiones sexuales. Pero de pronto un joven alumno se empeña en seducirla. La película, morbosa hasta límites insospechados, cautivó al jurado del Festival de Cannes, que le dio el Gran Premio, además de los galardones a mejor actor (Benoît Magimel) y actriz (Isabelle Huppert).

4/10
Funny Games (1997)

1997 | Funny Games

Un matrimonio se dispone a pasar el fin de semana en su casa de campo. Una vez que llegan, junto con su pequeño hijo, son asaltados por dos jóvenes psicópatas. Estremecedor thriller austríaco, rodado con aparente sencillez por Michael Haneke (La pianista). Haneke se decanta por un estilo hiperrealista que muestra la violencia en toda su crudeza, y rueda a los asesinos hablando al espectador, como si éste fuera su cómplice. Modélica utilización de los sonidos y silencios.

6/10
El castillo (de Franz Kafka)

1997 | Das schloß

Adaptación de la novela inacabada de Franz Kafka, a cargo de Michael Haneke, que interrumpe bruscamente la historia, siguiendo el original, e incorpora los saltos bruscos del texto inacabado con fundidos a negro, en vez de meterse a “rellenar agujeros”. Cuenta las tribulaciones de K., contratado como agrimensor de 'El castillo', quien nunca logra reunirse con el señor del lugar; su frustración crece varios enteros cuando le comunican que no se requiere ningún agrimensor, y le ofrecen a cambio un puesto de conserje en la escuela, puesto del que no hay ninguna necesidad. K. decide luchar por la plaza que le habían prometido, también porque ha conocido a una mujer en la posada de la que se ha enamorado, que era amante del señor de 'El castillo', y desea casarse con ella; pero también aquí hay obstáculos difíciles de sortear. El film de Haneke atrapa el aire gris y desolador del texto kafkiano, pero no puede evitar su carácter de historia inacabada. La nieve funciona bien como metáfora de terreno que impide alcanzar el fin de verse cara a cara con el señor de 'El castillo', y ese lugar inalcanzable da pie a diversas lecturas, desde la de un estado burocrático e inhumano que no tiene rostro amable, hasta también la visión pesimista de Dios, que se desentendería de los problemas de los hombres. La paleta de colores es muy acertada, con dominio del claroscuro con azules, marrones, verdes, grises y el color del fuego. Protagoniza el film un sobrio y adecuado Ulrich Muhë.

5/10
Lumière y compañía

1995 | Lumière et compagnie

Un grupo muy numeroso de directores, entre los que destacan Theo Angelopoulos, Vicente Aranda, Spike Lee o Liv Ullmann, se reúnen para rodar una película cada uno, con una características muy definidas: utilizando cámaras de la época de los hermanos Lumiere, con una duración de 52 segundos como máximo, empleando la luz natural y sin usar más de tres tomas. Esta peculiar iniciativa se llevó a cabo en 1995, como homenaje a los 100 años que cumplía el cine. El resultado es un insólito y desigual experimento.

4/10
71 fragmentos de una cronología del azar

1994 | 71 Fragmente einer Chronologie des Zufalls

Intenso film del austriaco Michael Haneke, que en los 71 fragmentos del título, separados con cortes a pantalla en negro, muchas veces bruscamente, describe los derroteros de la vida de varios personajes, que quedarán fatalmente unidos por el azar de coincidir en un banco donde un joven perturbado entra y la emprende a tiros de modo irracional y aleatóreo con todo el que se le pone por delante. La trama incluye a un joven matrimonio, generoso en su deseo de adoptar, primero a una niña de su país y luego a un niño inmigrante rumano, que se estaba deslizando por el camino de la delincuencia; también seguimos la pista a un jubilado y su tensa relación con una hija, directora de la sucursal bancaria; a un guardia jurado, cuyo matrimonio se ha instalado en la rutina; y a un joven a borde de un ataque de nervios. Como es típico de Haneke, no hay un juicio moral de los personajes, sólo los hechos desnudos, recogidos de modo casi documental, y la constatación de que caminamos hacia una sociedad insolidaria y crispada, donde en demasiados casos faltan los recursos, los ideales, para ir tirando en el día a día.

7/10
El vídeo de Benny

1992 | Benny's Video

Un matrimonio acomodado. La hija mayor vive fuera de casa, el hijo adolescente ve atendidos por sus padres todos sus caprichos. Benny cuenta con una amplísima habitación, verdadero estudio de edición de vídeo, donde hace sus montajes audiovisuales, en los que mezcla imágenes tomadas por sus propias cámaras, otras grabadas de televisión, y las que selecciona de películas que alquila en su videoclub. Un día invita a sus aposentos a una joven que acaba de conocer en el videoclub, e inopinadamente, sin motivo, le dispara y la remata. Los hechos unen a los padres con el hijo, al tratar de encubrir el crimen, aunque en realidad la distancia que les separaba sigue siendo la misma, si no es aún mayor. El austríaco Michael Haneke maneja en el film, con gran pericia, sus temas favoritos: fascinación por las imágenes y la violencia, psicopatologías extremas, incomunicación en la familia. Con la frialdad y la asepsia con que un cirujano maneja el bisturí en el quirófano, entrega una película escalofriante, de personas que han perdido todo sentido moral, meros fantoches que se mueven por una voluntad de poder -pobres 'superhombres'-, no muy lejana a la descrita por Nietsche. No hay arrepentimiento, no hay dolor, sólo cerrar los ojos al mal cometido, no admitirlo, para seguir adelante hacia ninguna parte.

6/10
El séptimo continente

1989 | Der Siebente Kontinent

Michael Haneke parte de un hecho real, que leyó un día en la crónica de sucesos de un periódico. Y cuenta la historia de una familia, el matrimonio, su pequeña hija, los padres de él al fondo, a lo largo de tres jornadas situadas en los años 1987, 1988 y 1989. Descritos de modo frío y aséptico, cada uno de los tres días arranca con el despertador que suena a las seis de la mañana, y con las cartas, dos de la madre, una del padre, escritas a los padres de él. Se suceden las anécdotas de una vida rutinaria, en una sociedad despersonalizada, presidida por túneles de lavado de automóvil, máquinas registradoras, teléfonos y automóviles, donde las caídas y nombramientos de jefes en puestos directivos no emocionan a casi nadie. La poderosa mirada de Haneke busca la objetividad desnuda, sugiriendo que una vida sin alicientes puede empujar a personas aparentemente equilibradas al desastre. De modo fragmentado, con interrupciones de varios segundos con la pantalla en negro e imágenes oníricas que evocan un mundo mejor, asistimos a la descomposición de una familia normal (?), donde las oraciones que la pequeña Eva aprendió de labios de su madre van a tener una triste respuesta afirmativa, precipitada por el hundimiento de sus padres.

6/10
Happy End

2017 | Happy End

Deprimente película del austríaco Michael Haneke, que sigue instalado en el nihilismo de su anterior film Amor, del que Happy End –irónico título, no puede ser de otra manera en el caso de este director– podría considerarse como una especie de secuela o spin-off –repiten dos de sus personajes y se menciona una escena crucial del otro film–, aunque por supuesto, se puede visionar de modo completamente independiente. En su acabado formal no es tan redonda, e incluso tiene elementos, la fustigación de la hipocresía a la hora de tratar a los inmigrantes, casi al final, un tanto postizos. Sigue las evoluciones de una familia burguesa, los Laurent, tres generaciones. Un accidente de obra en un negocio familiar obliga a la actuación rápida de Anne (Isabelle Huppert), la hija, ante la torpeza manifiesta de su hijo, y la edad avanzada del octogenario patriarca George (Jean-Louis Trintignant), algo senil. Mientras el otro hijo, Thomas (Mathieu Kassovitz) se ve obligado a ocuparse de su hija adolescente, a la que nunca ha hecho mucho caso, despues de que su ex mujer intente suicidarse. El panorama que pinta Haneke es desolador: el amor brilla por su ausencia, y sólo cabe el egoísmo de procurar por uno mismo, y de actuar con fría racionalidad, también en lo relativo a disponer de la propia vida, el suicidio es una opción en cualquier edad y circunstancia que uno debería poder acometer sin cortapisas. Las vidas vacías, tan extendidas en un Occidente en decadencia, se muestran sin concesiones, con el patetismo del chateo sexual, la insinceridad y el corazón congelado, no hay espacio para el amor, tal vez a la postre el título de Amor también fue en su día irónico. La escena de la conversación entre abuelo y nieta, que tiene su correlato en la complicidad de uno y otro en el final, resulta tremenda, un subrayado de que no hay esperanza para lo viejo y lo nuevo, el ser humano no tiene remedio.

6/10
Amor

2012 | Amour

Georges y Anne son un matrimonio octogenario, padres de una hija casada, ambos cultivados profesores de música, que se llevan estupendamente, y que disfrutan de sus días de retiro plácidamente. Un día ella sufre una breve pérdida de conciencia, lo que motiva una visita al médico y un diagnóstico de obstrucción de las arterias que aconseja una intervención quirúrgica. La operación sale mal y Anne queda semiparalítica. Georges se desvive amorosamente por cuidarla, pero ella no encaja bien su situación de dependencia y progresivo deterioro, e incluso querría morir; aunque, también por amor, se esfuerza en no poner las cosas demasiado difíciles a su marido. Impactante película de Michael Haneke, realizada con 70 años a sus espaldas, sobre la ancianidad y sus achaques, la enfermedad y el sufrimiento, el modo en cómo se encaran; Amor ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes, tres años después de que Haneke hiciera lo propio con La cinta blanca. La situación que Haneke describe en su film es sencilla, un anciano cuida a su esposa, ella está cada vez peor, y a él le cuesta más prodigarle su atención; la hija sufre pero tiene su vida en otra ciudad, la atención de las enfermeras no siempre es la mejor, el vigor de un pupilo de antaño puede deprimir más que animar. Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva están soberbios como marido y mujer, mientras que Isabelle, el breve papel de hija, también da lo mejor de sí. El cineasta austríaco sabe crear en Amor la atmósfera de cansancio, agotamiento e impotencia, ante una situación en la que no cabe otra cosa que dar amor; imágenes como la de la paloma, los momentos de intercambio con el portero, etcétera, ayudan a ello. Sólo que en Haneke y sus personajes tal concepto amoroso es esquivo, y ante una situación limite puede conducir a la desesperación. La película ya anuncia lo que va a ocurrir en el impactante arranque, en que la policía y los servicios médicos irrumpen en una casa, en un dormitorio sellado, para encontrar el cuerpo amortajado de una anciana rodeado de pétalos de flores. El resto se dedica a explicar cómo se ha preparado tal escenario fúnebre. Sería un error considerar que Amor es una película militante a favor de la eutanasia, porque ciertamente no lo es. Lo que sí hace es describir un caso concreto de unos personas básicamente buenas, que se siguen amando tras muchos años de matrimonio; y se presenta una situación, donde el dolor y la enfermedad carecen de sentido, y el peso del día a día aplasta, deprime, rompe los nervios. Haneke no juzga, sino que ofrece su historia de decadencia y caída, e invita a pensar.

7/10
La cinta blanca

2009 | Das weiße Band

El norte de Alemania, en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Un nuevo maestro ha llegado a un pueblecito donde domina un rigorismo luterano, que presenta una plástica manifestación en la autoridad del pastor, que no deja pasar una a sus retoños. Lo que parece idílico -vida bucólica en el campo, niños pululando por ahí...- no lo es tanto, en familias como la del médico existen misteriosos secretos. Además, se están produciendo una serie de extraños sucesos violentos; al principio parecen accidentes, luego se asemejan más a venganzas provocadas, una especie de crueles castigos. Y aunque debería prevalecer aquello del Evangelio de “La verdad os hará libres”, se diría que hay verdades demasiado incómodas, antes las cuales la tentación es mirar a otro lado. Singular y algo inesperado film de Michael Haneke, con una historia que se diría propia de un Ingmar Bergman, aunque con el sello personal de su autor, también al tratar su habitual tema de la violencia. Rodado en blanco y negro, describe las consecuencias negativas de una atmósfera asfixiante, donde un concepto errado del ejercicio del bien y del mal -brilla por su ausencia la libertad responsable- conduce a comportamientos aberrantes, inhumanos, realizados al abrigo de la clandestinidad. Haneke muestras los efectos de la mala educación -simbolizada en la cinta blanca del título-, que incide en el sentido de culpa sin posibilidad de redención, una mirada profundamente pesimista hacia lo que él mismo denomina “el ideal pervertido”, que empuja incluso a la hipocresía. Para ello maneja un extenso reparto muy bien conjuntado, que dan vida a los componentes de las distintas familias del pueblo.

7/10
Funny Games

2007 | Funny Games U.S.

El alemán Michael Haneke dirigió en 1997 su obra más conocida, Funny Games, transgresor, provocador y sórdido thriller. Diez años después, se hace cargo del remake estadounidense, una reproducción clónica del original, con otros actores, tan excelentes como ya eran los originales, pero más conocidos a nivel internacional. Repite el arranque, que resume muy bien lo que quiere contar Haneke. Ann y George –un matrimonio burgués– se dirigen en coche con su hijo Georgie hacia su lujosa residencia veraniega, mientras juegan a colocar CDs de opera en el reproductor e intentan adivinar quién es el autor de cada pieza. La música armónica relaja y prácticamente hipnotiza al espectador, hasta que Haneke cambia de banda sonora y sustituye la ópera por un durísimo tema de rock muy poco armónico que produce el efecto de un elefante en una tienda de piezas de porcelana. Adelanta lo que va a ser el argumento: la plácida vida de una familia feliz se ve arrastrada al caos tras la irrupción brusca en su casa de dos jóvenes psicópatas que les retienen contra su voluntad, les someten a vejaciones y les avisan de que les van a asesinar. El aspecto más polémico de aquella obra sobre el sinsentido de la violencia era que sus jóvenes asesinos hacían daño sin ninguna motivación aparente, por pura diversión. Se incluyen guiños a La naranja mecánica, cinta con la que está muy estrechamente relacionada. Haneke va un paso más allá de lo que ofrecía Kubrick, pues sus asesinos parecen gozar de absoluta impunidad. Llama la atención que Haneke repita algunos juegos de cine vanguardista más usuales en el cine europeo que en el americano –como el personaje que habla a la cámara o aquel ‘rewind’ que dio mucho de que hablar–. Estos elementos desconcertarán al público que busque un thriller más convencional y a veces se hacen un poco cargantes. Por lo demás, y a pesar de sencillas variaciones, Haneke repite prácticamente los mismos planos –hasta los personajes se llaman igual–, por lo que gustará más a los espectadores que desconozcan la anterior versión. Naomi Watts y Tim Roth realizan interpretaciones tan realistas que parecen estar pasándolo bastante mal, mientras que Michael Pitt da vida a un psicópata que transmite una demencia infernal.

5/10
Caché

2005 | Caché

Fascinante ejercicio de estilo del austríaco Michael Haneke, que además de su innegable cualidad hipnótica, invita a reflexionar acerca del estilo de vida acomodaticio que impera en Occidente. El film arranca de un modo audaz y arriesgadísimo. Durante varios minutos, observamos un plano fijo del exterior de una casa. De pronto, vemos retroceder la imagen, como si se estuviera rebobinando. Y es que, en efecto, se trata del contenido de una misteriosa cinta de vídeo, recibida por George Laurent, el popular conductor de un programa televisivo. Lo extraño de esa filmación es que la casa que se ve es la de George. Y no resulta fácil adivinar quién la ha grabado y desde dónde. Lo que podría parecer una broma pesada, se repite con nuevas cintas anónimas, acompañadas de extraños dibujos de carácter infantil, que empiezan a inquietar a George y a su mujer Anne. Y el caso es que la policía no ayuda demasiado… Justo premio a la mejor dirección en Cannes, Haneke logra crear una atmósfera inquietante, muy adecuada para hablar de los fantasmas del pasado, de cómo resulta imposible acallar por completo la voz de la conciencia ante una mala acción que se desea olvidar. Su modo de reprochar la tendencia de tantos a no afrontar los problemas, incluso el evitar planteárselos echando tierra encima, resulta tremendamente original. Metáfora o realidad, qué rayos ocurre en este film, se preguntará más de uno. Y es que puede desconcertar el juego urdido por el travieso cineasta austríaco, que con formato de thriller no entrega todas las respuestas que exigiría una película convencional. Pero su propuesta obliga a no ver el film pasivamente, lo que no es poco en los tiempos que corren de tramas ramplonas y previsibles.

6/10
El tiempo del lobo

2003 | Le temps du loup

Anne, mujer de mediana edad, huye de la ciudad por una hecatombe, con su marido e hijos. La familia intenta refugiarse en su casa de campo, pero ha sido ocupada por unos desconocidos que acaban asesinando al marido. Anne deberá arreglárselas con sus retoños en una zona arrasada. El controvertido Michael Haneke, autor de Funny Games, continúa empeñado en mostrar el comportamiento del ser humano en situaciones extremas. Este singular experimento fílmico muestra las consecuencias de una catástrofe a gran escala, siguiendo los cánones del cine de desastres, pero con la curiosa novedad de que no se explican las causas de lo ocurrido. Haneke se esfuerza por no acercarse a los personajes, creando una atmósfera fría, pero  saca partido a Isabelle Hupert, con la que repite tras la insana La pianista, y nos descubre el inesperado talento de actor del cineasta Patrice Chéreau, autor de películas como Intimidad.

5/10
Código desconocido

2002 | Code inconnu

La vida de varios personajes se entrecruza en las calles de un barrio de París. Un chaval indolente desprecia a una mendiga en la calle. Un joven negro le defiende, lo que acarrea problemas a él y a ella, que no tiene papeles. El hermano del chaval, fotógrafo de guerra, mantiene un noviazgo con una actriz de renombre. El austriaco Michael Haneke captura con la cámara esta abigarrado microcosmos, y plantea cuestiones de hondo calado como “la confusión babilónica de lenguas, la incapacidad de comunicación, la frialdad de la sociedad de consumo, la xenofobia...”. Lejos de la violencia de Funny Games, Haneke pinta con firmes y breves trazos impresionantes las vidas de un mosaico de individuos con problemas. Lo hace con estilo personalísimo, saltos de historia y temporales, planos de precisa y hermosa elaboración. En el reparto destaca la bella Juliette Binoche.

6/10
La pianista

2001 | La pianiste

Una profesora de piano. Rarita hasta decir basta. Parece modosita y tal, con aire de puritana. Pero es una sadomasoquista de armas tomar, que frecuenta espectáculos porno y a la que le chiflan las perversiones sexuales. Pero de pronto un joven alumno se empeña en seducirla. La película, morbosa hasta límites insospechados, cautivó al jurado del Festival de Cannes, que le dio el Gran Premio, además de los galardones a mejor actor (Benoît Magimel) y actriz (Isabelle Huppert).

4/10
Funny Games (1997)

1997 | Funny Games

Un matrimonio se dispone a pasar el fin de semana en su casa de campo. Una vez que llegan, junto con su pequeño hijo, son asaltados por dos jóvenes psicópatas. Estremecedor thriller austríaco, rodado con aparente sencillez por Michael Haneke (La pianista). Haneke se decanta por un estilo hiperrealista que muestra la violencia en toda su crudeza, y rueda a los asesinos hablando al espectador, como si éste fuera su cómplice. Modélica utilización de los sonidos y silencios.

6/10
El castillo (de Franz Kafka)

1997 | Das schloß

Adaptación de la novela inacabada de Franz Kafka, a cargo de Michael Haneke, que interrumpe bruscamente la historia, siguiendo el original, e incorpora los saltos bruscos del texto inacabado con fundidos a negro, en vez de meterse a “rellenar agujeros”. Cuenta las tribulaciones de K., contratado como agrimensor de 'El castillo', quien nunca logra reunirse con el señor del lugar; su frustración crece varios enteros cuando le comunican que no se requiere ningún agrimensor, y le ofrecen a cambio un puesto de conserje en la escuela, puesto del que no hay ninguna necesidad. K. decide luchar por la plaza que le habían prometido, también porque ha conocido a una mujer en la posada de la que se ha enamorado, que era amante del señor de 'El castillo', y desea casarse con ella; pero también aquí hay obstáculos difíciles de sortear. El film de Haneke atrapa el aire gris y desolador del texto kafkiano, pero no puede evitar su carácter de historia inacabada. La nieve funciona bien como metáfora de terreno que impide alcanzar el fin de verse cara a cara con el señor de 'El castillo', y ese lugar inalcanzable da pie a diversas lecturas, desde la de un estado burocrático e inhumano que no tiene rostro amable, hasta también la visión pesimista de Dios, que se desentendería de los problemas de los hombres. La paleta de colores es muy acertada, con dominio del claroscuro con azules, marrones, verdes, grises y el color del fuego. Protagoniza el film un sobrio y adecuado Ulrich Muhë.

5/10
71 fragmentos de una cronología del azar

1994 | 71 Fragmente einer Chronologie des Zufalls

Intenso film del austriaco Michael Haneke, que en los 71 fragmentos del título, separados con cortes a pantalla en negro, muchas veces bruscamente, describe los derroteros de la vida de varios personajes, que quedarán fatalmente unidos por el azar de coincidir en un banco donde un joven perturbado entra y la emprende a tiros de modo irracional y aleatóreo con todo el que se le pone por delante. La trama incluye a un joven matrimonio, generoso en su deseo de adoptar, primero a una niña de su país y luego a un niño inmigrante rumano, que se estaba deslizando por el camino de la delincuencia; también seguimos la pista a un jubilado y su tensa relación con una hija, directora de la sucursal bancaria; a un guardia jurado, cuyo matrimonio se ha instalado en la rutina; y a un joven a borde de un ataque de nervios. Como es típico de Haneke, no hay un juicio moral de los personajes, sólo los hechos desnudos, recogidos de modo casi documental, y la constatación de que caminamos hacia una sociedad insolidaria y crispada, donde en demasiados casos faltan los recursos, los ideales, para ir tirando en el día a día.

7/10
El vídeo de Benny

1992 | Benny's Video

Un matrimonio acomodado. La hija mayor vive fuera de casa, el hijo adolescente ve atendidos por sus padres todos sus caprichos. Benny cuenta con una amplísima habitación, verdadero estudio de edición de vídeo, donde hace sus montajes audiovisuales, en los que mezcla imágenes tomadas por sus propias cámaras, otras grabadas de televisión, y las que selecciona de películas que alquila en su videoclub. Un día invita a sus aposentos a una joven que acaba de conocer en el videoclub, e inopinadamente, sin motivo, le dispara y la remata. Los hechos unen a los padres con el hijo, al tratar de encubrir el crimen, aunque en realidad la distancia que les separaba sigue siendo la misma, si no es aún mayor. El austríaco Michael Haneke maneja en el film, con gran pericia, sus temas favoritos: fascinación por las imágenes y la violencia, psicopatologías extremas, incomunicación en la familia. Con la frialdad y la asepsia con que un cirujano maneja el bisturí en el quirófano, entrega una película escalofriante, de personas que han perdido todo sentido moral, meros fantoches que se mueven por una voluntad de poder -pobres 'superhombres'-, no muy lejana a la descrita por Nietsche. No hay arrepentimiento, no hay dolor, sólo cerrar los ojos al mal cometido, no admitirlo, para seguir adelante hacia ninguna parte.

6/10
El séptimo continente

1989 | Der Siebente Kontinent

Michael Haneke parte de un hecho real, que leyó un día en la crónica de sucesos de un periódico. Y cuenta la historia de una familia, el matrimonio, su pequeña hija, los padres de él al fondo, a lo largo de tres jornadas situadas en los años 1987, 1988 y 1989. Descritos de modo frío y aséptico, cada uno de los tres días arranca con el despertador que suena a las seis de la mañana, y con las cartas, dos de la madre, una del padre, escritas a los padres de él. Se suceden las anécdotas de una vida rutinaria, en una sociedad despersonalizada, presidida por túneles de lavado de automóvil, máquinas registradoras, teléfonos y automóviles, donde las caídas y nombramientos de jefes en puestos directivos no emocionan a casi nadie. La poderosa mirada de Haneke busca la objetividad desnuda, sugiriendo que una vida sin alicientes puede empujar a personas aparentemente equilibradas al desastre. De modo fragmentado, con interrupciones de varios segundos con la pantalla en negro e imágenes oníricas que evocan un mundo mejor, asistimos a la descomposición de una familia normal (?), donde las oraciones que la pequeña Eva aprendió de labios de su madre van a tener una triste respuesta afirmativa, precipitada por el hundimiento de sus padres.

6/10

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