Entrevistas
Dagur Kári, director de “The Good Heart”
Dagur Kári es un cineasta cosmopolita, que nació en París, se crió en Islandia y estudió en Dinamarca. Dirigió su largometraje Nói albínói en francés, el siguiente, Voksne mennesker, en danés, y ahora dirige su primera cinta en inglés, The Good Heart, que recuerda a partes iguales al cine nórdico, y a los directores americanos independientes. El film está protagonizado por Paul Dano y Brian Cox.
Paul Dano y Brian Cox realizaron un gran trabajo conjunto en L.I.E., un film muy poco conocido. ¿Tenía en mente volver a juntarles cuando empezó a escribir el guión de The Good Heart?
No, en realidad cuando empecé a escribir la película no tenía ideas preconcebidas de ningún tipo. Como me salieron personajes que vivían en Nueva York, acabé escribiendo la cinta en inglés, y por eso he echado mano finalmente de actores anglosajones. Cuando les contraté no tenía ni idea de que habían rodado L.I.E. y no sólo eso, sino de que ambos estaban muy contentos con su trabajo en esa cinta, porque consideraban que había surgido una química especial.
Para mí fue una buena noticia, claro. Esa “química especial” me solucionaba las cosas, ya que yo iba a tener poco tiempo para ensayar y por tanto tenía pocas posibilidades de que surgiera algo así. Pero si ya existía, podría aprovecharla en beneficio del film.
Su película tiene un mensaje positivo sobre la bondad intrínseca del ser humano. ¿Es consciente de que hoy en día parece que vaya usted a contracorriente?
Es cierto que las películas actuales tienden al realismo descarnado. Contra más problemas, y más tristeza, más estrellas ponen los críticos a la película. A mí me ha salido una película diferente, que sería como una fábula, no todos vamos a rodar lo mismo, porque no tendría gracia...
Sorprenden sus diálogos ágiles y divertidos en inglés, teniendo en cuenta que no es su lengua materna. ¿Cuál es el secreto? ¿Los reescribe una y otra vez?
Cuando escribo me concentro en la creación de personajes, que para mí es la base de una buena película. Una vez que consigo definirlos muy bien, lo cierto es que cobran vida propia y hablan ellos solos. Mi trabajo no tiene mérito, ya que me limito a apuntar lo que dicen.
Sorprenden especialmente los diálogos groseros, pero a la vez ingeniosos, del personaje de Brian Cox. ¿Se ha inspirado en el estilo de Elmore Leonard o David Mamet?
¡Yo sólo transcribía sus palabras! (Risas). Pero ha sido un placer para mí escribir lo que decía un tipo como ése. Siempre me han intrigado los personajes así, tan maleducados como hostiles. Porque claro, yo no me puedo permitir ser como él, no me hablaría nadie, sería tremendo. Lo cierto es que él es capaz de decir grandes burradas que nosotros a veces hemos pensado, pero no nos atrevemos finalmente a expresar. Le admiro por eso.
Además, la idea es que el personaje evolucione hasta resultar entrañable, a pesar de sus malas maneras. Su encuentro con el personaje de Paul Dano le transforma por completo. Supongo que conseguir que un tipo así caiga bien es un reto complicado, que se consigue mediante el guión, pero también gracias al trabajo con Brian Cox, que es un gran actor.
Su película me ha recordado a autores como Tom DiCillo y Hal Hartley. ¿Cuáles considera que son sus influencias más notables?
He visto las películas de estos dos directores, y cuando era más joven, quería rodar películas ‘indies’ como las suyas y las de otros directores que admiro, como Todd Solondz, y muchos otros. Supongo que algo de su forma de rodar se me habrá quedado. Pero con el paso del tiempo, para mí lo fundamental es buscar mi propio lenguaje, y limitar al máximo las influencias exteriores.
Personalmente, creo que la principal influencia de mi cine son las comedias de situación televisivas. Me gustan porque presentan a personajes variopintos, enfrentados a situaciones peculiares. Además, adoro que en ese tipo de comedias los personajes no evolucionen, ni aprendan de sus errores. Cada semana vuelven a cometer burradas parecidas una y otra vez, y eso me parece muy gracioso. Quería rodar secuencias similares, pero en un producto más artístico.
¿Qué aprendió de su padre, el escritor islandés Pétur Gunnarsson, muy reconocido en su país?
Aprendí a no querer ser escritor (risas). Lógicamente, yo admiro mucho a mi padre, y la habilidad para componer una novela me parece que tiene mucho mérito. Pero me parece un trabajo muy solitario, que no es para mí. Prefería algo más variado, así que creo que por eso me dedico al cine. Yo tengo momentos de gran soledad, cuando escribo el guión, pero luego estoy muy acompañado en el rodaje. Esa variación es lo que me gusta.
De Islandia nos ha llegado a España el thriller Reykjavik-Rotterdam, que se adscribe a la moda nórdica del género policiaco, que vive un buen momento. ¡Resulta exótico que usted ruede algo tan distinto! ¿Acabará apuntándose usted a la tendencia del thriller nórdico?
Uno nunca puede decir “de este agua no beberé”. Pero en mi caso me extrañaría acabar rodando cine de intriga. Celebro que algunos compatriotas estén triunfando en este campo, pero no es el mío.
Puede que ahora resulte extraño que un nórdico diga esto, pero me desconecto a los diez minutos del cine de intriga. No me interesa nada saber quién es el asesino, y como no estoy atendiendo, no me entero de nada. O sea que como realizador, dudo que aborde un proyecto así.
Como es usted un auténtico “ciudadano del mundo”, ¿es posible esperar que ruede alguna vez por ejemplo en España?
Pues ésta es la primera vez que vengo a Madrid, y me ha encantado la ciudad, así que, ¿quién sabe? Ya había estado antes en Barcelona, y lo que más me gustó de este país es el extraordinario ambiente de los bares, y la cultura de ir al bar que tenéis aquí. Posiblemente saqué en claro de mi estancia en España muchas conclusiones para rodar The Good Heart, que se desarrolla casi por completo en un bar. O sea que me inspira mucho este país, quién sabe si próximamente me pondré a escribir y me saldrán personajes que hablen en español, o sea que rodaría una cinta en este idioma. No estaría mal.
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