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Entrevistas

Director de "Vivir para siempre"

Juan Luis Sánchez 28 Octubre 2010

Desde que tuve la suerte de ver Vivir para siempre, sobre un chico que trata de cumplir sus deseos, lo que yo deseaba fervientemente era mantener una entrevista con Gustavo Ron, el director de la cinta, para hablar de una de las sorpresas del cine español de este año. El chico poco a poco cumplía sus sueños en el film, y yo también conseguí ser recibido en un hotel madrileño por el cineasta, que habla con pasión de la cinta y contagia su entusiasmo.

Habiendo visto su primera película, Mía Sarah, y después ésta, Vivir para siempre, mi apreciación es que ha pasado de primaria al doctorado, sin pasar por la licenciatura. ¿Está de acuerdo?

Le agradezco el piropo. Pero tiene que comprender que las dos películas son como dos hijos para mí. Quizás Mía Sarah es como el hijo que ha aprobado justito, pero le tengo mucho cariño, tanto como al hijo que saca sobresalientes, y mi opera prima me trajo momentos inolvidables, como la amistad que mantuve con Fernando Fernán Gómez que estaba rodando su última película. Tiene una connotación especial para mí.

Objetivamente, me anima escuchar cosas como ésta porque es mi última película, la que acabo de rodar, y lo importante es progresar. Una de las cosas que aprendí de Fernando Fernán Gómez es que esta profesión es una carrera de fondo. No puedes esperar tener éxito con todo lo que hagas, nadie lo ha tenido. Ni siquiera los mejores. Un buen director ha hecho a lo mejor entre 20 y 50 películas y pueden ser brillantes 5 ó 6. Me ilusiona que la gente piense que esta película es mejor, y ahora mi gran reto es probar un nuevo género en la siguiente. A ver si consigo mantener el nivel...

¿Cómo descubrió el libro?

Ha sido un proyecto que se ha desarrollado con rapidez. Encontré el libro en marzo de 2009 y si le digo la verdad, ¡lo encontré literalmente en el suelo! Me encanta ir a las librerías, y me tiro horas buscando libros. Muchas veces leo la contraportada y la biografía del autor. Como director me interesan las obras que sean asequibles para mí, y esto no es Harry Potter, que para la adaptación requeriría una inversión que yo no soy capaz de conseguir. Y por otro lado, tiene que ser muy interesante lo que cuente, y que tenga algo especial...

Este libro lo encontré en unos grandes almacenes de Barcelona en las estanterías que tienen en el suelo... Me llamó inmediatamente la atención la contraportada, porque decía “Mi nombre es Sam, tengo 12 años, cuando leas esto ya estaré muerto”.

¡Es justamente la frase con la que empieza su película!

Así es. Si a mí me había captado el libro con esa frase, era estupenda para interesar a los espectadores. El caso es que de vuelta a Madrid, durante el viaje, leí el libro y me emocionó. Me quedé conmocionado y pensé que era adaptable al cine. Lo que pasa es que era muy difícil ponerle imágenes y trataba un tema muy arriesgado. Yo no era un experto ni mucho menos en niños con leucemia. Decidí no hacerla...

Sin embargo, durante las dos semanas posteriores, mientras yo trabajaba en otros asuntos, la historia de Sam volvía a mí. No me la podía quitar de la cabeza. Tomé una curiosa decisión. Compré varios ejemplares, contacté con una asociación de padres de niños con leucemia, que se llama Asion, de Madrid, y les regalé los libros. Les pedí que me hicieran el favor de leerlos los padres y algún que otro niño. Si ellos decían que les gustaba, haría la película, y si ponían pegas, pues me hubiera buscado otra cosa. La gran sorpresa fue que no me dijeron ni que sí ni que no, me dijeron “por favor, haz esta película”.

¿Han llegado a ver después los miembros de Asion los resultados?

En el primer pase, al que asistió usted, había miembros de esa asociación. Volvieron a verla después en otros pases con niños. Pero creo que la respuesta es positiva, porque les interesa que la película no vaya de un chico que se va a morir, sino sobre sueños por cumplir y sobre qué tengo que hacer para ser feliz.

Al principio, el protagonista decide rodar una película casera y escribir un libro para trascender a la muerte. ¿Por qué hace películas Gustavo Ron? ¿Se siente identificado con el chico?

Interesante pregunta. No me había comparado. Algo de eso hay, aunque en principio no pienso en que mi obra permanezca, sino que me dirijo al público de hoy. A veces piensas que algunos de los grandes éxitos del cine han ocurrido cuando su director estaba más muerto que vivo. Honestamente, a mí no me gustaría vivir eso. ¡A mí me gustaría conocer la respuesta del público ahora!

El motivo fundamental por el que hago cine es porque tengo la necesidad de contar historias que a mí me parezcan importantes, y que cuenten algo. No podría filmar películas que estuvieran pensadas exclusivamente para hacer dinero. Soy incapaz. He estado metido en proyectos que iban por esa línea, y no me ha ido bien. Tengo que ser coherente, aunque esto signifique que no ruede blockbusters a lo largo de mi carrera.

Podría dar la casualidad de que una historia que le interesara a usted muchísimo también atrajera a grandes productoras y al final se viera involucrado en una cinta de amplio presupuesto.

Ojalá. Si ocurre eso, mejor. Pero mi principal prioridad es ser coherente a lo largo de toda mi carrera.

En cualquier caso, Vivir para siempre es un film ambicioso en relación a la media del cine español, con una productora británica detrás, Life & Soul, y actores de cierto renombre en todo el mundo. ¿Cómo sacó adelante un proyecto así?

Estudié en Gran Bretaña. Allí terminé el colegio y estuve en la universidad. Me siento medio británico porque me gustan las costumbres de allí, y me gustan muchas cosas. Sobre todo, me apasiona la forma que tienen de hacer cine. No fue tan difícil sacar adelante la cinta como pueda parecer a priori. Me encargué yo mismo de la adaptación del guión, y empecé a moverlo con ayuda del director de casting entre actores que pudieran estar interesados. Me sorprendió que el guión le gustara a gente con prestigio, como Ben Chaplin, y Emilia Fox que en Gran Bretaña es una celebridad, sobre todo porque protagoniza la serie Silent Witness. Poder ir diciendo que teníamos a esos actores nos abrió muchas puertas en Gran Bretaña. También fue clave el hecho de que tuviéramos previsto irnos a rodar al norte, porque no se suelen rodar muchas películas. Y además, en invierno, cuando no se suele rodar ninguna película. Así que nos dieron muchas facilidades y acceso a los medios.

¿Cómo se dirige a un elenco así de actores británicos?

Me he acostumbrado a seguir la fórmula inglesa, porque rodé allí mis primeros cortos, de tal manera, que al venir aquí tuve que adaptarme un poco a la fórmula española. Lo bonito es que cuando aquí propones algunas técnicas de allí, los actores se han mostrado receptivos y las han aceptado muy bien. Por ejemplo, allí no se ensaya, sino que se habla mucho. Se pasan horas y horas en una mesa, hablando sobre la película y sobre las motivaciones de los personajes. Se cuestiona el guión y la película. El efecto es que cuando empiezas a rodar, en cada secuencia, cada actor sabe muy bien cómo reacciona su personaje. Cualquier duda que le surja, ya está resuelta...

Los actores ingleses son muy estrictos y saben autolimitarse cuando hacen cada escena. A mí no me importa que un actor decida improvisar, pero me tiene que explicar muy bien por qué, y si no me gusta, lo discutiré con él. Estoy abierto a la aportación del actor. De hecho la quiero, e intento sacársela, pero no a cualquier precio. Lo que quería contar en esta película es muy serio, y no se puede ir en contra de ese mensaje.

Atención al joven protagonista, Robbie Kay, que dará que hablar porque ahora mismo está rodando la cuarta parte de Piratas del Caribe, como secundario, junto a Penélope Cruz. Es un gran actor. Tiene mucho talento. Si sabe usarlo con cabeza va a llegar muy lejos. Da igual si cuando crece es más o menos atractivo, porque va a ser uno de esos grandes actores ingleses, como Laurence Olivier o Anthony Hopkins, cuyo talento va más allá de sus características físicas.

Por contraposición, los miembros más destacados del equipo técnico son españoles. Ha recurrido al montador Juan Sánchez, el músico César Benito y el director de fotografía Miguel P. Gilaberte. Todos ellos ya estaban en Mía Sarah. ¿Se siente cómodo con el mismo equipo?

Miguel P. Gilaberte fue colorista en Mía Sarah. Es un talento excepcional. Me parece que a lo largo de su carrera ha estado cubriéndole las espaldas a grandes directores de fotografía en películas como Los abrazos rotos o Biutiful. Se merecía hacer su primera película como director de fotografía. Era un riesgo, pero el resultado me parece espectacular. Hay tantos operadores que le deben la vida que ahora es el momento en el que deben aplaudirle, no por obligación, sino para rendirle homenaje. Es su película debut, pero está por encima de la quinta o sexta película de otros. Ha sido un acierto. Le propuse rodar en invierno, en Newcastle, donde teníamos un problema fundamental: la luz se va a las dos y media de la tarde. Teníamos pocas horas de luz, y un gran riesgo de ‘pinchar’ cada día.

El montador Juan Sánchez me conoce muy bien. Puede empezar a montar mientras yo esté rodando, aunque no estemos en el mismo país. Estaba en mis cortos. Me va mandando lo que hace, y parece que lo ha hecho mi alter ego. Reduce en un mes el proceso de montaje por esa comunicación vía satélite.

César Benito es mi socio, mi amigo, y es un genio. Trabaja de forma distinta a Sánchez, porque se convierte en tu peor enemigo a la hora de darte ideas. Te plantea una batalla a campo abierto proponiéndote hacer cosas que tú no habías pensado... Es una experiencia. Los resultados son muy buenos. Vive en Los Ángeles, es muy apropiado para Hollywood y para esta película le pedí que no hiciera melodías. No quería que la música sobresaliera demasiado en algunos momentos. Quería música minimalista. Creo que ahora le están llamando mucho. Se va a hacer inaccesible y yo le amenazo porque si no me sigue dando el tiempo que necesito, para mi próximo trabajo, ¡cogeré a John Williams!

El joven protagonista se pregunta por la existencia de Dios, ¿no va un poco contracorriente tratar ese tema dados los tiempos que corren?

Mi estrategia ha sido seguir la técnica de Shakespeare, y ya era así en el libro de Sally Nichols. El bardo inglés ponía muchas veces las frases más interesantes en boca de los más inocentes. En la edad moderna han usado esta táctica autores como los responsables de la película Forrest Gump. Así, alguien que parece intrascendente, de repente resulta ser el que te hace pensar.

En mi caso eran niños que ven el final de su vida mucho más cerca de lo que lo vemos nosotros. Y por eso se hacen esas preguntas. Creo que es inevitable. Nosotros, los adultos, también llegaremos a hacernos esas preguntas.

Me parece bonito respetar la ingenuidad de los niños... O sea, tienen que seguir pareciendo niños, pero a la vez se plantean unas preguntas de gran calado... Subyacen temas muy duros, aunque digamos que la película llega a su climax hacia la mitad y después trata de ser mucho más suave. Habla más de cumplir los sueños, y de que las cosas sencillas pueden convertir tu vida en algo muy grande.

El público es reacio a ver películas sobre la muerte, como La habitación del hijo. ¿Por qué recomendaría ver su película?

El tema es difícil. Pero hasta ahora he tenido una respuesta muy buena por parte del público, y eso siempre suele ser muy bueno. Me han dicho muchas veces que estamos en crisis y la gente quiere reírse, no quiere llorar. Yo pienso que la gente no es tonta. El público quiere ver películas que le interesen y si es buena, la recomendarán. Creo que en esta película no sufres siempre. A veces se llora, pero otras veces disfrutas un montón. Espero que el boca a oreja transmita este mensaje.

Su cine es muy directo. Mía Sarah, que era una comedia, hacía reír de verdad, y en esta cinta, que es un drama, los espectadores se emocionan. ¿Cree que si hace una película de terror nos moriríamos de miedo?

Es lo que quiero conseguir: provocar reacciones. Si mis películas dejaran indiferente al público me replantearía las cosas. No concibo el cine sin provocar al público. No me interesa mucho el terror, ni en principio tengo previsto internarme en ese género. Pero sí es cierto que me gustó El sexto sentido, porque te contaba una historia muy humana de personajes. Por ahora, muy bueno tendría que ser el guión para que me interesara. Pero si me saliera algo como El sexto sentido, no lo descarto.

Existen géneros en los que yo me siento cómodo, como la comedia, y el terror no es uno de ellos. Además, es un género muy explotado en España, y hay directores a los que se les da muy bien, así que prefiero que hagan las películas ellos.

Juan Luis Sánchez
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