Libros
"Los colores de Wes Anderson", de Hannah Strong
Los colores de Wes Anderson. Sus películas a través de gamas cromáticas (Hannah Strong, Blume, 177 págs)
Pocos cineastas despiertan estéticamente tanta fascinación como Wes Anderson, y es que hace apenas siete meses reseñaba “Dispara como Wes”, también publicado por Blume, una invitación al lector a emular fotográficamente al cineasta proporcionando las claves estilísticas de encuadre y búsqueda de simetrías en sus planos. Ahora es Hannah Strong la que nos ofrece una singular biofilmografía de Anderson a través de la rica y cuidadísima gama cromática de sus películas. Como suele hacer la editorial, está primorosamente editado, pero no me resisto a poner una pega, la de la minúscula letra del texto, ojalá se hubiera mantenido en todo el libro el cuerpo que se le concede en la introducción biográfica y en las consideraciones acerca de la importancia del color en las películas.
Strong hace un recorrido cronológico de toda la fimografía de Wes Anderson, pero haciendo de vez en cuando una especie de “parada y fonda” para detenerse en alguna consideración temática, y por eso tiene encanto que sepamos de la “fauna” del director, un recorrido por los animales que pueblan sus películas, o que nos ofrezca el recordatorio de esas pequeñas obras muy bien pagadas que son los anuncios publicitarios, donde la remuneración no impide la creatividad. Hay espacio para considerar las grandes influencias fílmicas de Wes, muchas francesas, Godard, Tati, Truffaut, y las literarias, Dahl, o para sugerir que si los personajes de las películas son lacónicos, ello queda compensado por la elocuencia de la paleta de colores, donde destaca el queridísimo amarillo.
En el recorrido peliculero de tres décadas se nos recuerda que todo empezó, paradójicamente, en blanco y negro, el corto que precedió a Ladrón que roba a otro ladrón, y de hecho ha vuelto a recurrir a él, brevemente, en algunos fragmentos de sus filmes, como El Gran Hotel Budapest –su mejor película junto a Moonrise Kingdom– o La Crónica Francesa. Pero lo suyo, obviamente, son los colores, allí “se encuentran la alegría y la tristeza de la vida misma”, al decir de la autora, que contrapone los “colores gloriosos” con el “sombrío blanco y negro”, para señalar la amplitud de la exploración artística de Anderson, un regalo para los sentidos, y desde luego para la vista.
Los muchos fotogramas de películas que ilustran el libro están acompañados con los pantones que identifican los colores más sobresalientes, casi siempre de tipo pastel, y que ayudan a entender cómo en algunos filmes pueden primar colores más cálidos, desde luego es así en su primer gran éxito internacional, Los Tenenbaums, u optarse por una paleta cromática más fría, el caso de Academia Rushmore. En algunos filmes puede aumetar la complejidad estética –en detrimento a veces de una trama con más gancho–, como puede ocurrir en La Crónica Francesa o en Asteroid City. En cualquier caso este cuidado del color se aplica también a los dos películas animadas de Anderson, realizadas con la técnica del stop-motion, por ejemplo en Fantástico Sr. Fox destaca una gama de colores terrosos, amarillos, pardos, marrones, de gusto exquisito.
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