Dispare como Wes. Una guía práctica para fotografiar al estilo de Wes Anderson (Adam Woodward y Liz Seabrook, Blume, 160 págs)
Director personalísimo e inimitable. Podría ser la perfecta descripción de Wes Anderson. O no. Porque el estilo visual del cineasta es tan característico y seductor, que han surgido muchísimos memes y vídeos que tratan de replicar su modo de hacer con la cámara, en especial a lo relativo al uso de colores pastel y a las composiciones simétricas. Hasta hay quién propone cómo sería una película de Star Wars según Anderson.
Y es que más allá de que cada uno disponemos de nuestros talentos, lo cierto es que tomar fotografías nunca ha estado tan al alcance de la mano como hoy, por lo que puede entenderse perfectamente que alguien desee leer un libro como el que ahora reseño, y que se puedan dar consejos para tratar de acercarse a su forma de fotografiar.
Adam Woodward y Liz Seabrook no entregan, para nada, un libro banal. Da fe de ello que Robert D. Yeoman, director de fotografía habitual de las películas de Wes Anderson, se haya prestado a ser prologuista. Y es que esta obra ya es valiosa sólo por ser un profundo acercamiento a la estética tan singularísima de sus películas, analizada con detalle a través de numerosos ejemplos de sus maravillosas películas, ya sean tan tempranas como Bottle Rocket, o las más populares y cada vez más ambiciosas, como Moonrise Kingdom o El gran hotel Budapest. Curiosamente, se sigue un orden cronológico para ir introduciendo conceptos interesantísimos, y tras estudiar un ejemplo del cineasta, se propone algún ejercicio para el lector fotógrafo, que le permita dar con su Wes interior.
Los autores demuestran ser muy pedagógicos, al invitar a tener una predisposición previa gracias a una serie de pautas, e incluyendo una relación de términos con su definición, para que hasta el lector menos experto no se pierda y logre resultados interesantes con su cámara, sea ésta una réflex o el teléfono móvil de que disponga.
El recorrido por la filmografía de Wes Anderson sirve para plantear cuestiones como el uso de la luz natural disponible, con la llamada hora mágica, al atardecer o al amanecer, a la selección de una determinada paleta de colores con un significado concreto, o la composición de planos cenitales, el punto de vista de Dios. Cómo manejarse en grandes espacios o buscar la simetría, o la composición de planos de grupo, puede aprenderse muy bien en las películas del cineasta, y resulta maravilloso la selección de imágenes de contrapicados para luego proponer la búsqueda del mismo efecto con profundo sentido creativo, y ello con una película de stop-motion, Fantástico Sr. Fox.
Resulta una gozada lo sugerente que puede ser este libro para aprender a componer buenas fotos, por eso gustará tanto al aficionado avezado como al principiante que no acaba de arrancarse. Porque también se entra ya en materia de utilizar el atrezzo disponible, la creación de planos subjetivos, el acierto en los primeros planos, el conceder en un retrato al sujeto fotografiado rasgos de héroe.
La edición es muy buena, y se agradece que junto a las imágenes de las películas de Anderson se incluyan otras que siguen pautas sugeridas por su cine.
