Reportajes
Islandia, Francia y China, a concurso
Festival de cine de San Sebastián 2016, día 18 de septiembre: un juramento, un atentado y un divorcio
Hoy toca comentar tres películas de la sección oficial: un thriller en que el amor a una hija lanza por la borda otras consideraciones morales, un drama sobre jóvenes parisinos desorientados con el terror saltando al primer plano, y una tragicomedia china a propósito de un reclamación judicial.
Si ya fue toda una proeza que una película islandesa ganara en 2015 la Concha de Oro, sería un auténtico milagro que otros Gorriones se llevaran este año el premio gordo. No parece probable que El juramento vaya a propiciar el récord de dos Conchas de Oro consecutivas para Islandia, aunque Baltasar Kormákur, director, protagonista y coguionista entrega un thriller intenso y bastante aseado acerca de un padre, médico cirujano vascular, que hará lo que sea para evitar que su hija malogre su vida, aunque podría ocurrir que en el empeño él echara a perder la suya. No se trata, como puede verse, de un tema hipernovedoso, me vienen a la cabeza dos títulos recientes de progenitores que se saltan las leyes y sus principios morales por ayudar a sus vástagos, Prisioneros de Denis Villeneuve, y Sin retorno de Miguel Cohan.
Quizá los aspectos novedosos vengan del entorno, Reikiavik y alrededores helados, servidos con preciosa fotografía, más un ambiente familiar nórdico de problemas familiares muy típico. Sabemos que el doctor Finnur se divorció y luego se ha vuelto a casar; fruto del primer matrimonio fue Anna, ya adulta, chica conflictiva, que devanea con las drogas y tienen una relación con Óttar, que se mueve en el turbio mundo del narcotráfico. En el intento de proteger a Anna de lo que considera un noviazgo inconveniente, Finnur se va a meter en líos, colisionando sus deberes paternos con su trabajo médico, y más concretamente el juramento hipocrático al que alude el film, y que es citado expresamente al inicio de la narración. El olvido del cumpleaños de la hija pequeña, tenida con su segunda esposa, apunta a que este tipo de descuidos pudieron contribuir al deterioro de la relación con Anna.
Tras sus aventuras hollywoodienses (Contraband, 2 Guns, Everest), Korkámur ha vuelto a su tierra e idioma natales, y entrega un entretenido thriller, muy nórdico, rodado con personalidad, pero no puede evitar plegarse en su desarrollo a ciertas convenciones que se ven venir.
Terrorismo en París
La trama se desarrolla en tres partes diferenciadas, que vienen a ocupar casi una jornada en París. Desde que amanece, seguimos a distintos jóvenes que parecen moverse según un minucioso, preciso plan, descrito de modo prolijo y tedioso. Nada o muy poco sabemos de ellos, y les vemos deambular de aquí para allá, en la calle, en el metro, ocupando posiciones en distintos edificios, registrándose en un hotel, uno de ellos manteniendo una entrevista para una entrevista de trabajo en el ministerio del interior. Poco a poco entendemos que se trata de un atentado destinado a provocar el terror en la capital del Sena. Una vez ejecutado, todos han quedado en reunirse en unos grandes almacenes, donde se van a ocultar aprovechando el cierre del establecimiento; su estancia ahí se convierte enseguida en un verdadero y ridículo desparrame, por momentos uno cree haberse trasladado a alguna escena de Confesiones de una compradora compulsiva, pues empieza a dejarse llevar por el gusto de probar trapitos, equipos de música y videojuegos. Y tramo final, ya puede imaginarse, tiene que ver con la respuesta policial.
No existe demasiada capacidad de riesgo en Bonello que no se atreve a hablar de islamismo radical, y nunca explica lo que pretende ese heterogéneo grupo de jóvenes con sus execrables actos, donde la vida ajena parece importarles un comino, pero tampoco las propias, o algún ideal, por retorcido y lamentable que éste pueda ser; ni siquiera podemos imaginar cómo se han reunido, y de dónde viene la idea, sólo hay una conversación engolada que habla de que la democracia engendra sus propios enemigos o algo así. Mientras que el Estado aparece como actor anónimo, cuya forma de resolver las cosas se limita al puro y simple tiro limpio. No detecto elementos para el debate ni intencionalidad política, y señalar el nihilismo de los protagonistas es decir demasiado, porque en realidad con poco más que peleles sin alma.
Cuando la burocracia se olvida de las personas: un cuento chino
La película de Fe tiene algo de farsa, pero también de crítica social bastante acendrada. Estilísticamente, podría agradar a su compatriota y miembro del jurado Jia Zhang-Ke, pues al igual que éste hacía en su último trabajo, Más allá de las montañas, se juega formalmente de un modo curioso y con audacia con el formato de pantalla, un círculo perfecto para las escenas en un entorno rural, cuadradas para cuando Li está reclamando en Beijing, y ancho y respirable en el breve tramo final del desenlace.
Una escritora, dos amigos y superboy
También demuestra delicadeza Ira Sachs al describir en Little Men la amistad en verano de dos adolescentes, en peligro porque los padres de uno piensan en quitar la tienda que tienen alquilada a la madre del otro con una renta muy baja.
Mientras que Jeff Nichols en Midnignt Special, con un chaval con superpoderes en manos de una secta, entrega una especie de Encuentros en la tercera fase muy marcianos, si se me permite la expresión.
Mariel Hemingway, prostituta con corazón
Mariel Hemingway y Sophia Adler encabezarán el reparto de "Holy Whore", la nueva película independiente de la directora Deborah Kampmeier.
Rupert Everett se arrepiente de haber buscado tener el cuerpo perfecto
El actor británico Rupert Everett ha asegurado que las exigencias físicas de la industria cinematográfica le han pasado factura hasta el punto de sentirse hoy “casi inválido”. El intérprete, conocido por títulos como “La boda de mi mejor amigo”, reveló que los años dedicados a esculpir su físico para determinados papeles acabaron provocándole problemas musculoesqueléticos.