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Biografía

Denis Villeneuve

Denis Villeneuve

52 años

Denis Villeneuve

Nació el 03 de Octubre de 1967 en Trois-Rivières, Québec, Canadá

Premios: 0 Oscar (más 1 nominaciones)

Momentos duros

04 Agosto 2015

Denis Villeneuve es uno de los directores más prometedores y talentosos del siglo XXI. Su pasión por las historias duras y desgarradoras le han llevado a filmar unos largometrajes altamente reconocibles en el mundo entero.

Nació el 30 de octubre de 1967 en la ciudad de Quebec, Canada. Aunque comenzase a estudiar ciencias en la universidad, Denis Villeneuve pronto se daría cuenta de lo que realmente quería: escribir y dirigir tras la cámara. Se especializó en cine en la Universidad de Quebec de Montreal y pronto se puso manos a la obra con un programa de televisión conocido como Le course destination monde. Los años 90, sus primeros en la industria, fueron tranquilos hasta que en 1998 estrenó su ópera prima: Un 32 août sur terre. Un drama sobre la amistad, los sucesos que te cambian la vida y la percepción de ésta. El film peleó por entrar en los Oscar representando a Canadá pero finalmente se quedó a las orillas. Tan solo dos años después presentó otro drama sobre la depresión de una joven: Maelström. Fue un largometraje reconocido que ganó cinco premios Genie y compitió en el Festival de Berlín.

Entrados ya en el siglo XXI, Villeneuve estrenó sus cuatro películas más famosas. Polytechnique es la adaptación, según el testimonio de algunos supervivientes, de la masacre sucedida en la Escuela politécnica de Montreal. De nuevo se alzó con el premio Genie a mejor película canadiense. Pero el verdadero bombazo de Denis Villeneuve se produjo en 2010 con el estreno de la desgarradora y agobiante Incendies, una historia dura y violenta que muestra la decadencia del ser humano, los problemas religiosos y el amor familiar. El film está dotado de una ambientación excepcional, además de unas interpretaciones y unas secuencias que cortan la respiración. Es el viaje de dos hijos que intentan cumplir la última voluntad de su madre, una mujer extraña, callada y distante. Peleó por hacerse con el Oscar en la categoría de película extranjera aunque no lo logró.

En 2013 presentó sus dos últimas producciones hasta la fecha. Prisioneros es su primer largometraje americano. Contó con Hugh Jackman y Jake Gyllenhaal, que aportan unas actuaciones a la altura de la cinta. Se trata de un thriller sobre secuestros con un guión muy bien elaborado que, a pesar de su larga duración, no se hace pesado, además de un ambiente tenso y sombrío que se mantiene hasta los créditos finales. En Enemy volvió a contar con Jake Gyllenhaal. Es la adaptación de “El hombre duplicado”, novela del Premio Nobel de Literatura José Saramago. Es un complejo largometraje que trata sobre dos hombres exactamente iguales que se encuentran.

Lo que nadie duda es que la fuerza narrativa de este director canadiense está ahí, se palpa. Su ascensión ha sido meteórica en los últimos años y cada nuevo trabajo genera expectación. Sin ir más lejos sus próximos proyectos son de alto nivel económico. Sicario, un thriller sobre el narcotráfico que se estrenará en diciembre de 2015 en España; la secuela de uno de los iconos de la ciencia ficción: Blade Runner; y The Story of Your Life, otro proyecto futurista que tendrá como trama principal la invasión alienígena a la Tierra.

Oscar
2017

Nominado a 1 premio

Filmografía
Blade Runner 2049

2017 | Blade Runner 2049

A pesar de que en su estreno allá por 1982 Blade Runner no obtuvo una gran acogida por parte del público, poco a poco fue haciéndose un hueco entre las mejores películas de ciencia ficción. Con el paso del tiempo pronto se convirtió en una obra de culto y su influencia en el cine posterior se hizo patente en numerosas películas. Décadas después son millones los aficionados que han disfrutado de la historia concebida originalmente por Philip K. Dick, en donde los humanos nacidos de una mujer compartían su vida en la megalópolis de Los Ángeles con otros hombres y mujeres creados artificialmente y denominados replicantes, considerados de segunda categoría. Tal escisión entre la población daba lugar a un enfrentamiento entre ambas partes en el curso de la cual los replicantes demostraban tener los mismos amores, anhelos y miedos que sus creadores. En Blade Runner 2049 han pasado ya treinta años de aquellos acontecimientos y la situación social no parece haber cambiado demasiado. Los Ángeles sigue siendo una megaurbe insalubre, casi siempre sumida en la bruma, la lluvia o la noche, en donde conviven todo tipo de dialectos y la vida hipermasificada se hace casi irrespirable. Tras un apagón generalizado tras el cual todos los archivos de la Tyrell Corporation se perdieron, ahora campea por la ciudad una actualizada versión de replicantes, los Nexus 8, creados por una nueva y sofisticada corporación biotecnológica heredera de la anterior, la Wallace Corporation, liderada por el enigmático Nandier Wallace. Uno de esos Nexus 8 es el Blade Runner KB36-3.7, llamado simplemente “K”, cuyo objetivo es “retirar” a replicantes fuera de control. Una misterioso hallazgo le pondrá sobre la pista de Rick Deckard, antiguo Blade Runner. Vaya por delante que no hacía ninguna falta resucitar el universo creado por Ridley Scott y compañía. Pero, en fin, una vez que la inevitable maquinaria empresarial de Hollywood se empeñó en traer de vuelta a los replicantes, los productores –entre ellos el propio Scott– han procurado no estropear la obra maestra original, de modo que vuelven a jugar con los mismos elementos que fascinaron en los años 80. Visto el resultado la decisión de contratar al prestigioso Denis Villeneuve (fan confeso del primer film) como máximo responsable es un gran acierto, pues alguien como él podía retomar con precaución el “mood” original y ofrecerlo en los tiempos actuales sin pisotear la identidad de la historia. Y eso es lo que ha hecho. Como ya dejó patente en películas como La llegada, Villeneuve da fe de una potencia expresiva pocas veces igualada en pantalla. Cuenta su historia con imágenes subyugantes (¡esa larga secuencia en la ciudad devastada por la radiación!), con un sonido ambiente atronador y envolvente que te deja pegado a la butaca y, por supuesto, con una puesta en escena de sabor añejo, que emocionará a los amantes del original de Ridley Scott. Ante la rotundidad formal de la película el espectador quedará como hipnotizado durante muchos, muchos minutos. Cada plano está sumamente estudiado, trabajado hasta la perfección, tanto los exteriores como las localizaciones que definen a los personajes (la casa de K, la Wallace Corporation, la vivienda en la ciudad fantasma), en donde una de las constantes del universo Blade Runner –la convivencia entre lo nuevo y lo viejo, lo actual y lo clásico– se sublima, con múltiples homenajes al film ambientado en 2019. Pero toda esa desbordante imaginería visual tiene también una contrapartida no tan deseada: una cierta falta de dinamismo. La solemnidad y preciosismo de las imágenes deja un poco de lado el ritmo y también el guión es confuso en algunos tramos. Si antaño algunos achacaron cierta pesadez al film original, hay que avisar de que en este caso las cosas pueden ponerse aún más difíciles para aquellos que esperen una película de acción, persecuciones y emociones al uso. Los fans, sin embargo, probablemente quedarán satisfechos, aun cuando serán inevitables desiguales comparaciones que no es cuestión de ponerse a enumerar aquí. Fiel a su procedencia, la identidad de Blade Runner 2049 tiene también su punto fuerte en las eternas preguntas que importan a todo ser humano. ¿Quién soy? ¿Adónde voy? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Tengo alma?, implícitas o explícitas en el guión de Hampton Fancher y Michael Green, mientras que la búsqueda del amor y el anhelo por ser deseado genera aquí fuertes y extremas referencias a la realidad virtual y la inteligencia artificial, cuerpos y sexualidad digitales que quieren llenar el vacío emocional del replicante. Porque las emociones no son el punto fuerte del protagonista, compuesto por un sólido Ryan Gosling cuya carismática presencia en pantalla es ideal para componer a tipos lacónicos al estilo Drive, galanes que no mueven un músculo de la cara, pero a quien en este film se le echa en falta quizá un poco más de la expresiva humanidad que se le demanda en momentos clave. Aunque para eso ya está Harrison Ford.

7/10
La llegada

2016 | Arrival

La doctora Louise Banks. La mayor experta en lenguas del planeta. Que conoce lo que es el dolor, perdió a una hija en edad universitaria, seguramente por un cáncer. A punto de comenzar a impartir una clase en la facultad donde trabaja, se entera, como el resto del mundo, del aterrizaje de 12 naves espaciales en otros tantos puntos diferentes del planeta. Una de ellas está en montana, y Louise es requerida, junto a otros muchos expertos en distintos campos de la ciencia, como el matemático Ian, para tratar de comunicarse y entender cuáles son las intenciones de los visitantes extraterrestres. La situación es delicada, pues la población está asustada, se han producido disturbios y saqueos, reacciones violentas de todo tipo, más los planteamientos de distintos tipos de iluminados. Además, países como China y Rusia, se muestran más temerosos y podrían responder con un ataque militar preventivo. El canadiense Denis Villeneuve (Prisioneros, Sicario) sigue dando muestras de su poderío narrativo y visual a través de las películas. Aquí adapta un relato corto de Ted Chiang, convertido en guión por Eric Heisserer, que en el mismo año ha visto convertido en película otro de sus libretos, Nunca apagues la luz, lo que por comparación permite ver cómo las cosas cambian cuando hay detrás un director con claro peso específico. La película incide en la idea de la comunicación, hacerse entender, ponerse en el lugar del otro, no obrar precipitadamente, como fundamento para cualquier tipo de entendimiento, ya sea entre naciones, ya sea entre personas. Y la paradoja estriba en que una puede ser muy buena en conocimiento de teoría del lenguaje, y aplicar esto a la comunicación con otra civilización, y al mismo tiempo advertir que en el trato directo con personas no sabe expresarse exactamente como quisiera. Suerte de Encuentros en la tercera fase con personalidad propia –resulta curioso advertir cómo otros cineastas importantes, con mayor o menor fortuna, han intentado abordar este tipo de historias, además de Steven Spielberg, están Stanley Kubrick (2001, una odisea del espacio), Robert Zemeckis (Contact) y Christopher Nolan (Interstellar)–, la película estética y visualmente está muy bien resuelta, las escenas en que humanos y alienígenas se encuentran frente a frente son muy originales, así como el modo en que "hablan" entre ellos. La banda sonora de un Jóhann Jóhannsson en alza ayuda a crear la adecuada atmósfera que exige la historia. El reparto está muy bien, con una sobresaliente Amy Adams, que sabe entregar una combinación perfecta de fortaleza y fragilidad, sabiduría y ternura, miedo y confianza, lo que ayuda a que la complicada resolución del film con sorpresa funcione y deja al espectador dando vueltas y revueltas a lo que ha visto.

7/10
Sicario

2015 | Sicario

Verdaderamente no acabamos de hacernos cargo del modo en que el consumo y el tráfico de drogas destrozan vidas y conciencias de modo permanente y creciente. Sicario ahonda en esa dirección a través de Kate Macer, una dura agente del FBI, que hace de particular guía para el espectador en un descenso a los infiernos que es también el suyo. El guión del primerizo en estas lides Taylor Sheridan, más conocido como actor en series televisivas como Hijos de la anarquía, se demuestra muy inteligente. Porque la escena de arranque y presentación de Macer, en que está al mando de una operación de campo relacionada con los cárteles de la droga, la muestra tremendamente resolutiva, y a la vez somos testigos de un horror donde abundan los cadáveres de personas salvajemente torturadas. Por ello Macer será la escogida para representar a su bureau, en una operación encubierta de enorme envergadura y dudosa legalidad, para propinar un golpe importante al cártel de Sonora en México. Entre los participantes, además de soldados de élite, hay personajes de misteriosa identidad, como Matt, seguramente ligado a la CIA, y Alejandro, un asesor mexicano de pasado desconocido, pero que parece saber más que nadie acerca del modo de funcionar de las organizaciones criminales del narcotráfico. El canadiense Denis Villeneuve hace suya la historia, que encaja a la perfección en su filmografía, de personajes más o menos corrientes sometidos a situaciones límite, cuyo sentido moral es puesto duramente a prueba. Algunos han cruzado ya la línea, piensan pragmáticamente que el fin justifica los medios, que hay que optar por el mal menor; pero también pueden mediar motivos personales, la venganza pura y dura, o el gusto por sumergirse en el meollo de la acción. Si difícil puede resultar el cambio en quien se mueve con tan cínicos planteamientos y que ya ha hecho callo, la duda estriba en qué harán los que se estrenan incursionando en terreno tan fangoso. A tal respecto Josh Brolin y Benicio del Toro en el primer campo, Emily Blunt y Daniel Kaluuya en el segundo, son los actores principales, sobre todo ella, aunque también tengan su papel los secundarios, eficaces dando vida a funcionarios gubernamentales, y mafiosos y sus familias. Pero además de por sus temas, Villeneuve tiene justa fama de creador de atmósferas, aquí de tensión creciente, a medida que Macer y su compañero se van metiendo por partida doble –física y moralmente– en la boca del lobo narcotraficante. Su nueva colaboración con el director de fotografía Roger Deakins, el director artístico Patrice Vermette y el compositor musical Jóhann Jóhannsson tras Prisioneros se revela otra vez fructífera, he aquí un equipo conjuntado que funciona con la perfección de un preciso mecanismo de relojería.

7/10
Enemy

2013 | Enemy

Coproducción española, en la que ha intervenido Televisión Española, y que cuenta con un guión de Javier Gullón (El rey de la montaña, Invasor), que adapta la novela del Nobel portugués José Saramago “El hombre duplicado”. El hombre duplicado al que sigue Denis Villeneuve en Enemy tiene el rostro de Jake Gyllenhaal. Un anodino profesor de universidad, que convive sin grandes ilusiones con una mujer de la que espera un niño, y que se deja llevar por sus pulsiones sexuales, descubre en una película de vídeo, El que la sigue, la consigue, que uno de los actores con un minúsculo papel de botones es idéntico a él. Aquello acrecienta su ya habitual angustia vital, y trata de contactar con el otro, que también se agobia bastante con la insólita situación. Película difícil y críptica, se supone que se trata de una exploración de la identidad humana y los mecanismos del subconsciente, los enfrentamientos de corte esquizofrénico que experimentamos contra nosotros mismos, aquello que apuntaba san Pablo de que hay una ley en mis miembros por la que hago lo que no quiero, de modo que queremos ser nosotros mismos, pero de otra manera, nunca estamos satisfechos en la situación actual. Lo cierto es que la trama de que somos nuestro peor enemigo, no parece conducir a ninguna parte, con la idea de aproximar de algún modo orden y caos. Como el director de Incendies y Prisioneros es un auténtico especialista en la creación de atmósferas opresivas, sí que consigue transmitir incomodidad, el ambiente de la ciudad con unos edificios que parecen aprisionarte. Uno puede pensar un poco en Enemy, al enfrentarse a determinados elementos surrealistas, en el David Lynch más delirante. Pero todo esto no basta para entregar una película suficientemente sólida, queda la sensación de arriesgado experimento no satisfactorio.

5/10
Prisioneros

2013 | Prisoners

Tras la comida del día de Acción de Gracias, la hijita de Keller sale con una amiguita a dar una vuelta en bici y no vuelven. Comienza una búsqueda angustiosa, pero no dan con el paradero de las crías. Alex, un débil mental que vive en una caravana, se convierte en sospechoso de las desapariciones, pero el detective de la policía Loki no tiene pruebas contra él y debe dejarlo libre. El tiempo pasa y los padres de una y otra niña empiezan a caer por el pozo de la desesperación, un descenso a los infiernos que saca de ellos lo peor: el desánimo, la depresión y la tentación de actuar por cuenta propia, ante lo que se considera inoperancia policial. Podía ser un thriller convencional, un telefilm de esos que sirven de relleno para la sobremesa de una parrilla televisiva. Porque los elementos del sólido guión de Aaron Guzikowski -autor del libreto de Contraband- resultan bastante manidos. Pero el canadiense Denis Villeneuve, en su primera incursión hollywoodiense, sabe llevar la historia a sus intereses confesos de estudiar la naturaleza humana y crear atmósferas, y ello sin renunciar a entregar una película comercial de auténtica intriga, con un final memorable. De modo que con trazos impresionistas, bien respaldado por la fotografía de Roger Deakins, va dando pistas de cómo son los personajes y lo que los mueve, piezas de un puzzle que exigen al espectador que componga la imagen completa, el cineasta no le va a hacer ese trabajo. Así que hay espacio para la sorpresa y los quiebros inesperados, y el efecto de tener al espectador al borde del asiento en todo momento. Gran parte del interés de la cinta estriba en la humanidad de los personajes -que tienen defectos y distan mucho de la perfección-, y en los variados rostros que puede tomar el mal. La idea es que Hugh Jackman y compañía -excelente reparto, muy convincente- pueden ver puesta a prueba su fe y venirse abajo ante una situación límite, hasta una quiebra de sus principios morales, donde se dejen llevar por el individualismo que tanto rige en la sociedad actual, en vez de confiar en los profesionales y en el sistema.

8/10
Incendies

2010 | Incendies

Canadá. Dos gemelos veinteañeros, Simon y Jeanne, son testigos de cómo en pocos días la salud de su madre, Nawal Marwan, se resquebraja totalmente, de modo que acaba muriendo sumida en el más completo y desconcertante silencio. Cuando el notario amigo de la familia entrega el testamento de Nawal a sus hijos, éstos se enteran de que su padre no ha muerto –como ellos pensaban– y de que además tienen un hermano. El estupor y el disgusto son grandes, además de difíciles de digerir, porque para Jeanne y Simon esa noticia es la gota que colma el vaso en el anómalo comportamiento de su madre, que siempre actuó con ellos de manera extraña y aun distante. Ahora, la última voluntad de Nawal antes de recibir sepultura es que sus hijos busquen a su hermano y a su padre, y que les entreguen una carta a cada uno. Será Jeanne quien asuma la responsabilidad de iniciar las pesquisas, para lo cual se traslada a Oriente Medio con la intención de desentrañar la historia de su madre. Durísima e impactante película canadiense, escrita y dirigida por el quebequés Denis Villeneuve, a partir de una obra de teatro del libanés Wajdi Mouawad. El resultado es un film terrible, en la línea de otros que hablan igualmente de las consecuencias de las guerras, como Vete y vive. Aquí nos introduce en una historia de dolor, venganza y sufrimiento, pero que la buena mano de Villeneuve hace digerible al no mostrar explícitamente los pasajes más tremendos del argumento. Las cosas pueden decirse sin que por ello haya que apartar los ojos de la pantalla, y eso se agradece. La historia de Nawal es un golpazo y nos introduce en una época –los años 60 y 70– de guerras y masacres en Oriente Medio, en donde diversas facciones religiosas y nacionalistas destrozaron la vida de miles de personas. Pero aquí no hay buenos y malos –“la situación es demasiado compleja como para simplificarla en polos maniqueístas”, dice el director–, sino una espiral de maldad que sólo genera más maldad y que sólo puede terminar cuando el amor “rompa el hilo de la cólera”, como dice uno de los personajes. Y esto es en definitiva lo que logra este denso film, que nos demos cuenta de que la violencia no es solución de nada, y sólo suma más dolor al dolor. La película avanza a ritmo lento, con planos y diálogos largos, rodados con clasicismo, y poco a poco se va desenrollando la madeja de la historia de Nawal, que es también la historia de sus hijos. Para eso Villeneuve divide la narración en varios episodios, según los personajes de los que se trate o el lugar y el tiempo donde tienen lugar, de modo que la historia no está contada de modo lineal, sino que va del presente al pasado y viceversa. Aunque a veces desconcierta este vaivén, el conjunto funciona a la perfección y es ciertamente una elección más que acertada ante una narración que podría hacerse quizá demasiado áspera. Las interpretaciones son maravillosas, sobre todo por parte del lado femenino, con una inconmensurable Lubna Azabal en el papel de Nawal, cuyo rostro pone los pelos de punta en escenas clave como la del autobús, y con la joven Mélissa Désormeaux-Poulin, que también brilla con luz propia como Jeanne. El film fue elegido para representar a Canadá en los Oscar.

8/10
Polytechnique

2009 | Polytechnique

Dramatización, a cargo del canadiense formado en documentales Denis Villeneuve, de la masacre ocurrida en la Escuela Politécnica de Montreal el 6 de diciembre de 1989, cuando un demente misógino con intenciones suicidas la emprendió antes a tiros contra las estudiantes de ingeniería, haciendo una auténtica segregación por la que evitaba matar a los varones. La dramática historia se cuenta de modo muy estiloso, con cuidada fotografía en blanco y negro, a través de tres puntos de vista, el del asesino, el de una estudiante que había recibido ese día una beca, y el de un amigo de ésta. En tal sentido, y aunque el tratamiento estético es distinto, el film puede recordar a Elephant de Gus Van Sant, rodada 6 años antes. Villeneuve, que maneja un guión que se debe principalmente a Jacques Davidts, se esmera en la construcción de una atmósfera muy especial, donde los truculentos hechos son evidentes, pero a la vez flota cierta irrealidad, como si aquello no pudiera estar ocurriendo de verdad. Parece haberle inspirado el Guernica de Pablo Picasso, del que se muestra una reproducción en un momento dado, y que tiene casi un equivalente en un plano desenfocado de un montón de estudiantes muertas. El director, que dedica la películas a las víctimas, y que dice no haber querido reconstruir específicamente la vida de ninguno en concreto, acierta al apuntar un comportamiento discriminatoria al principio, cuando la chica becada es entrevistada, lo que subraya que no sólo los locos pueden en un momento dado maltratar a las mujeres.

6/10
Un 32 de agosto en la Tierra

1998 | Un 32 août sur terre

Tras haber esquivado la muerte en un accidente de tráfico, Simone Prévost, de 26 años, renuncia a su carrera como modelo y le pide a Philippe, su mejor amigo, que la deje embarazada. Aunque está enamorado de ela, Philippe pone una condición dilatoria: el niño debe ser concebido en un desierto. Así que parten juntos por el desierto de sal de Utah, donde la vida de Philippe también correrá peligro.

Incendies

2010 | Incendies

Canadá. Dos gemelos veinteañeros, Simon y Jeanne, son testigos de cómo en pocos días la salud de su madre, Nawal Marwan, se resquebraja totalmente, de modo que acaba muriendo sumida en el más completo y desconcertante silencio. Cuando el notario amigo de la familia entrega el testamento de Nawal a sus hijos, éstos se enteran de que su padre no ha muerto –como ellos pensaban– y de que además tienen un hermano. El estupor y el disgusto son grandes, además de difíciles de digerir, porque para Jeanne y Simon esa noticia es la gota que colma el vaso en el anómalo comportamiento de su madre, que siempre actuó con ellos de manera extraña y aun distante. Ahora, la última voluntad de Nawal antes de recibir sepultura es que sus hijos busquen a su hermano y a su padre, y que les entreguen una carta a cada uno. Será Jeanne quien asuma la responsabilidad de iniciar las pesquisas, para lo cual se traslada a Oriente Medio con la intención de desentrañar la historia de su madre. Durísima e impactante película canadiense, escrita y dirigida por el quebequés Denis Villeneuve, a partir de una obra de teatro del libanés Wajdi Mouawad. El resultado es un film terrible, en la línea de otros que hablan igualmente de las consecuencias de las guerras, como Vete y vive. Aquí nos introduce en una historia de dolor, venganza y sufrimiento, pero que la buena mano de Villeneuve hace digerible al no mostrar explícitamente los pasajes más tremendos del argumento. Las cosas pueden decirse sin que por ello haya que apartar los ojos de la pantalla, y eso se agradece. La historia de Nawal es un golpazo y nos introduce en una época –los años 60 y 70– de guerras y masacres en Oriente Medio, en donde diversas facciones religiosas y nacionalistas destrozaron la vida de miles de personas. Pero aquí no hay buenos y malos –“la situación es demasiado compleja como para simplificarla en polos maniqueístas”, dice el director–, sino una espiral de maldad que sólo genera más maldad y que sólo puede terminar cuando el amor “rompa el hilo de la cólera”, como dice uno de los personajes. Y esto es en definitiva lo que logra este denso film, que nos demos cuenta de que la violencia no es solución de nada, y sólo suma más dolor al dolor. La película avanza a ritmo lento, con planos y diálogos largos, rodados con clasicismo, y poco a poco se va desenrollando la madeja de la historia de Nawal, que es también la historia de sus hijos. Para eso Villeneuve divide la narración en varios episodios, según los personajes de los que se trate o el lugar y el tiempo donde tienen lugar, de modo que la historia no está contada de modo lineal, sino que va del presente al pasado y viceversa. Aunque a veces desconcierta este vaivén, el conjunto funciona a la perfección y es ciertamente una elección más que acertada ante una narración que podría hacerse quizá demasiado áspera. Las interpretaciones son maravillosas, sobre todo por parte del lado femenino, con una inconmensurable Lubna Azabal en el papel de Nawal, cuyo rostro pone los pelos de punta en escenas clave como la del autobús, y con la joven Mélissa Désormeaux-Poulin, que también brilla con luz propia como Jeanne. El film fue elegido para representar a Canadá en los Oscar.

8/10
Polytechnique

2009 | Polytechnique

Dramatización, a cargo del canadiense formado en documentales Denis Villeneuve, de la masacre ocurrida en la Escuela Politécnica de Montreal el 6 de diciembre de 1989, cuando un demente misógino con intenciones suicidas la emprendió antes a tiros contra las estudiantes de ingeniería, haciendo una auténtica segregación por la que evitaba matar a los varones. La dramática historia se cuenta de modo muy estiloso, con cuidada fotografía en blanco y negro, a través de tres puntos de vista, el del asesino, el de una estudiante que había recibido ese día una beca, y el de un amigo de ésta. En tal sentido, y aunque el tratamiento estético es distinto, el film puede recordar a Elephant de Gus Van Sant, rodada 6 años antes. Villeneuve, que maneja un guión que se debe principalmente a Jacques Davidts, se esmera en la construcción de una atmósfera muy especial, donde los truculentos hechos son evidentes, pero a la vez flota cierta irrealidad, como si aquello no pudiera estar ocurriendo de verdad. Parece haberle inspirado el Guernica de Pablo Picasso, del que se muestra una reproducción en un momento dado, y que tiene casi un equivalente en un plano desenfocado de un montón de estudiantes muertas. El director, que dedica la películas a las víctimas, y que dice no haber querido reconstruir específicamente la vida de ninguno en concreto, acierta al apuntar un comportamiento discriminatoria al principio, cuando la chica becada es entrevistada, lo que subraya que no sólo los locos pueden en un momento dado maltratar a las mujeres.

6/10
Un 32 de agosto en la Tierra

1998 | Un 32 août sur terre

Tras haber esquivado la muerte en un accidente de tráfico, Simone Prévost, de 26 años, renuncia a su carrera como modelo y le pide a Philippe, su mejor amigo, que la deje embarazada. Aunque está enamorado de ela, Philippe pone una condición dilatoria: el niño debe ser concebido en un desierto. Así que parten juntos por el desierto de sal de Utah, donde la vida de Philippe también correrá peligro.

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