Reportajes
Una seria opción para ganar el Festival
Carlos Vermut no da el cante en San Sebastián
Menos mal que en la sección oficial hay cine español, porque el de otras latitudes no acaba de momento de cuajar en películas completamente logradas, lo que sí ocurre en “Quién te cantará”. Entretanto ya se ha entregado el tercer Premio Donostia, a Judi Dench, actriz en activo sin que importe que haya superado sobradamente los ochenta años.
Judi Dench, de quien se ha proyectado en el Festival La espía roja, donde da vida a la versión anciana de la protagonista del film, explica que lo que le empuja a acometer su trabajo de actriz cada día es el entusiasmo que siente por su profesión. Ojalá que el entusiasmo y el buen hacer guiara también las películas de la sección oficial competitiva, pero algo falta para que esto sea así.
Corea unida o no, tanto da
Sigue el cine de género presente en la sección oficial. ¿Será en el caso que nos ocupa para hacer amigos en Netflix, pensando en próximas ediciones del festival, viendo lo bien que le ha ido en 2018 a Venecia? Illang: La brigada del lobo es una película coreana, donde también ha intervenido la Warner, cine futurista distópico que no se entiende muy bien qué pinta en la competición de un festival de clase A como se supone que es el de San Sebastián. Adaptación con actores de carne y hueso de un anime japonés, Jin Roh, tiene un punto de partida atractivo y pegado a la actualidad, un contexto político donde las dos Coreas, desde el 2024, han trabajado codo con codo en el proceso de reunificación. Las superpotencias se oponen, y ha surgido un grupo terrorista opuesto a las intenciones del gobierno, y una unidad especial antiterrorista que lo combate, con métodos expeditivos que no siempre resultan bien. Ésta a su vez depende del organismo de seguridad, que se mueve con intenciones torcidas. Uno de los policías de elite contacta con la hermana de una terrorista adolescente de instituto, y surge cierta atracción, aunque ella resulta ser una espía sometida a presiones insoportables.
Lo que tenemos pues al final es mucha acción estilizada, con fotografía nocturna en un paisaje urbano de luces de neón y en el alcantarillado surcado por las aguas, unos trajes de los policías que remiten a Darth Vader, una subtrama romántica sublimada e imposible, una curiosa parábola a cuenta de una versión sui generis de Caperucita Roja en que la niña vestida de rojo es devorada por el lobo.
Tras la tesis, la antítesis
Angelo, situada en el siglo XVIII como El cuaderno negro, y también rodada con presupuesto ajustado, viene a ser como la otra cara de la moneda del cine de época que abordaba Valeria Sarmiento, el folletín queda aquí completamente aparcado para entrar en una forma de narrar lacónica, con personajes estirados y nada expresivos, que no se permiten una broma o un chascarrillo, una antinaturalidad que le funciona muy bien a Aki Kaurismäki en sus personalísimos filmes, pero que en el caso del austríaco Markus Schleinzer chirría y dificulta el disfrute de la audaz propuesta.
El plano general con que arranca el film en que se observan unas barcas donde están desembarcando unos niños negros en la playa, que apenas pueden distinguirse, no son muy diferentes de las imágenes de pateras llegadas a las costas española o italiana, de hecho al principio nada invita a pensar que estamos ante un film de época. La intención es clara, aunque con distancia y adoptando la perspectiva de la época, se ofrece una historia en que el inmigrante forzado no se adapta a la Europa que supuestamente la acoge, primero con el bautismo, y luego proporcionándole una educación. Angelo es un personaje exótico, que sirve para los entretenimientos cortesanos, contando sus supuestos orígenes. Pero nunca será visto como un igual, sobre todo cuando tiene la pretensión de formar una familia con una mujer blanca.
Hay ideas sugerentes, pero que no llevan a ninguna parte, como las conversaciones con el emperador, en que éste se considera menos libre que Angelo, sujeto a sus deberes de gobierno. Y otras que se ofrecen dispersas, y sin explicaciones, como el ingreso en la masonería, o la hija aquejada de una cojera. La decisión creativa de incluir elementos un tanto de sopetón, como la del maltrato de los restos mortales de Angelo, produce bastante desconcierto.
¿Va Carlos Vermut a por su segunda Concha de Oro?
No es ningún disparate pensar a estas alturas que podría ocurrir, Quien te cantará es una formidable película, una obra de madurez. Es la suya una historia acerca de las segundas oportunidades y la posibilidad de reinventarse, que afecta sobre todo a dos personas. Lila Cassen fue una estrella de la canción, retirada prematuramente, y que cuando planeaba su regreso bajo los focos con una gira de conciertos, pierde la memoria, hecho que se oculta a la opinión pública. Violeta trabaja en un karaoke, y vive con hija única Marta, una joven ingrata y con muchas aristas. Fan incondicional y buena conocedora de la música de Lila, la situación de la cantante deviene en carambola que puede cambiar su vida, pues Blanca, su agente, le encomienda que le ayude a recordar sus canciones y su modo de cantar, a ser ella misma de nuevo.
Vermut es un gran creador de atmósferas, que imprime cierto laconismo en los personajes, y nos envuelve en el misterio; con su particular tempo, o en el uso formidable de las canciones, aunque sea de otro modo, la película puede evocarnos a Krzysztof Kieslowski y títulos como La doble vida de Verónica. Hay sobriedad a la hora de mostrarnos los dramas y sus consecuencias, aunque a veces sean duras, el enfrentamiento entre Violeta y Marta resulta desgarrador.
La película es fundamentalmente femenina, los escaso hombres apenas cuentan. Hace un gran trabajo Najwa Nimri, de quien era sabida su faceta de cantante, pero por sorprende aún más, quizá por desconocida, Eva Llorach, que aunque había trabajado ya con el director, aquí compone con un talento increíble a una madre con principios, sensible y sufriente.
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