Reportajes
El nuevo cine británico, en el Festival de Dinard
El Festival del Cine Británico de Dinard ha ofrecido este año su edición número 21. Una edad respetable que prueba la perseverancia del equipo que conforman Sylvie Mallet, alcalde de la ciudad y presidente del Festival, y el director artístico Hussam Hindi. El Festival pose desde hace años una estructura fija: seis películas en competición, cierto número de preestrenos y algún homenaje. Este año se distingue a Peter Mullan y a Barney Platts-Mills, sin olvidar el decisivo homenaje a John Lennon.
Se reprocha a menudo al cine británico un carácter sombrío: crisis de adolescencia, delincuencia juvenil, pobreza, estragos de la droga. Este año las cosas parecen diferentes. La comedia está de vuelta, y dos ideas parecen caracterizar el conjunto de la selección: la música de los años 70, que va unida a la nostalgia de la época. Los dramas parecen menos radicales, aunque, como es lógico, no desaparecen del todo. Tampoco faltan las alusiones a las crisis familiares que marcan con frecuencia la vida de los adolescentes que llegan a la edad adulta. En fin a todo esto puede añadirse un interés particular por los destinos excepcionales, tanto de artistas como de delincuentes.
La selección oficial.
En el capítulo de destinos excepcionales será preciso colocar Mr. Nice, de Bernard Rose, un veterano que ha decidido contar la historia extraordinaria de Howard Marks, basada en su autobiografía. 43 identidades, 25 sociedades ficticias, todo ello para organizar el tráfico de marihuana con destino a los Estados Unidos. Hombre camaleón, relacionado con la CIA, la mafia y el IRA, que le servían para facilitar su trabajo y crear la ilusión de que servía otros intereses superiores. Es curioso sin embargo saber que fue un padre de familia ejemplar, y que catorce países le buscaban cuando la Policía española conseguió detenerlo en Ibiza, para ser extraditado a los Estados Unidos. Bernard Rose ofrece una visión de conjunto de la aventura del hombre que quizá pensaba estar en paz con su conciencia, evitando el trafico de las drogas duras.
Un hombre excepcional es también el protagonista de Sex, Drugs and Rock and Roll, de Mat Whitecross, que se interesa por una figura legendaria del rock inglés, Ian Dury (Andy Serkis) y su polémico grupo, The Blockheads. Su trayectoria es interesante, pues a través de la mirada a las relaciones conflictivas con su hijo, evoca su propia juventud. Una vida difícil, pues Ian Dury había padecido la poliomielitis, enfermedad que le acompañó toda la vida. Recogiendo sus altibajos y frustraciones afectivas familiares, la película inspira una compasión hacia el personaje.
Si esta película habla de música, otra lo hace bajo el signo de la danza. Nos referimos à Soulboy, de Shimmy Marcus. Más que por un personaje, el director se interesa por un lugar, que presenta sin embargo a través del joven de 17 años Joe McCain (Marin Compston). Este se encuentra en un callejón sin salida hasta que encuentra a un muchacha que la hace descubrir el Wigan Casino Dance Hill, lugar de cita de los amantes del soul en el Norte de Inglaterra. La película se esfuerza en mostrar lo que ha representado este tipo de danza y música para toda la generación de los años 70.
Cine social
La vena social no es la de un combate violento, sino la que desencadenan, en We Want Sex. de Nigel Cole, las 158 obreras del taller de costura, destinado a coser el cuero de los asientos de los coches de la fábrica Ford en Inglaterra. Las obreras han decidido reivindicar el mismo salario que los hombres. Lo que la empresa americana toma a mal y tampoco los sindicatos apoyan, pensando que la medida puede tener graves consecuencias. Pero se organiza un comité de huelga y las 158 mujeres se muestran solidarias. La sorpresa surge del Ministro de Trabajo de la época, una mujer, que se coloca del lado de las huelguistas y contra la opinión de los sindicatos. Todo transcurre, en un estilo de amable comedia, en la que la determinación femenina obtiene resultados inesperados. Un grupo de excelentes actrices –Rosamund Pike, Miranda Richardson, Sally Hawkins– prueba, una vez más, la calidad de los intérpretes británicos. La película de Nigel Cole ha obtenido el Hitchcock de Oro (compartido con Treacle Jr., de Jamie Thraves), pero también el premio del publico y el del mejor guión.
Incursión en lo extraño
Al presentar Skeletons de Nick Whitfield, se nos advertía que se trataba de un ‘ovni’ cinematográfico. En efecto el espectador no sabe adónde va cuando sigue las trazas de dos curiosos individuos que recorren Inglaterra, armados de un extraño aparato que les ayuda a realizar un trabajo por el que han sido previamente contratados. ¿Qué encuentran en los armarios a los que les conduce su misterioso detector? No, no se trata de fantasmas, ni de tesoros, sino de otro género de secretos perturbadores: secretos de familia que han cambiado el rumbo de las vidas de muchos. Todo ello será descubierto al final, a través de una historia más explícita, aunque no completamente evidente. Nos movemos en un mudo que recuerda al de los personajes de Samuel Beckett, con una inclinación más clara hacia la comedia. Es un poco el teatro del absurdo, que confirma que el director de la película viene de este mundo. A pesar de su dificultad, se trata de la obra mas original del Festival.
A medio camino entre realidad y fantasía se encuentra Treacle Jr., la película de Jamie Thraves. Tampoco aquí los comportamientos son evidentes. Tom (Tom Fisher) decide un buen día abandonar todo –a su mujer e hijos– para irse a vivir a las calles de Londres. Encerrado en un extraño mutismo, Tom conoce a Aidan (Aidan Gillen), que se caracteriza por su discurso interminable. En todo caso, Aidan decide ayudar a Tom, lo alberga, lo que no agrada a la “petite amie” de Aidan. Éste explica a Tom donde se sitúan sus ilusiones: reunir el dinero necesario para comprar una batería en la que ejercitarse, pues piensa tener un don para la música. Entre los dos hombres nace una relación, que no tiene nada de ambiguo, pero que tampoco es la amistad. Resulta difícil resolver las cuestiones que los personajes manejan, encontrar una salida a la situación dramática que la película plantea. Thraves aborda uno de los males importantes del mundo actual, la depresión, que ha empujado a Tom a abandonar su hogar.
En recuerdo de John Lennon
El Festival de Dinard homenajeaba a John Lennon en tres películas, sobre todo con una inédita, Nowhere Boy, que se estrena el 9 de diciembre, 30 aniversario de la muerte del artista. La directora Sam Taylor-Wood, que realiza su primera película, se ata al guión de Matthew Greenhalgh, basado en las memorias de Julia Viard, la hermana de Lennon. No se trata de una biografía completa, sino de una incursión en la adolescencia de Lennon, con explicación de una situación familiar que la afectará toda su vida. Dos mujeres –su madre y su tía– van a acaparar la atención afectiva de John, pues Mimi (Kristin Scott Thomas) acoge a John cuando su madre, Julia (Anne Marie Duff), lo ha abandonado debido a sus múltiples aventuras amorosas. John intentará volver a tomar contacto con su madre, pero una tragedia sacude al adolescente, que será el punto de partida de la afirmación de una vocación musical. John forma su grupo, sueña con el triunfo, conoce a Paul McCartney. Es preciso subrayar el excelente trabajo de Aaron Johnson que encarna de forma convincente las angustias de Lennon adolescente.
Hay que felicitarse de que la presentación de Nowhere Boy estuviera acompañada de otras dos películas. No tanto de The Killing of John Lennon de Andrew Piddigngton, que se centra sobre todo en la personalidad de su asesino, como de The US versus John Lennon de David Leaf y John Scheinfeld, que contiene una serie de documentos importantes sobre el enfrentamiento del Lennon con la administración de Richard Nixon a causa de sus tomas de posición contra la guerra del Vietnam. Lo interesante de estos testimonios es que son perfectamente coherentes, sobre todo lo que Nowhere Boy nos cuenta sobre el adolescente atormentado que fue Lennon.
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