Reportajes
Cannes 2012, día 17: primavera árabe y amor amputado
La reciente revolución árabe en Egipto según el cineasta de esos lares Yousry Nasrallah, y una historia de amor muy, muy extremo, contada por Jacques Audiard, ocuparon la jornada festivalera de Cannes.
La historia inmediata encuentra en el Festival de Cannes un lugar destacado en el día de hoy. Ocurre con la película egipcia de Yousry Nasrallah, que nos narra acontecimientos que han tenido lugar tan sólo hace un año en El Cairo, y que han seguido el itinerario tortuoso de la revolución concretada en la dimisión y desalojo del poder de Hosni Mubarak.
Añadiendo complejidad a la primavera árabe
Los productores de la película, Georges Benamou y Jérôme Clément, afirman su deseo de dar de la “primavera egipcia” una versión más completa que la ofrecida durante semanas con las manifestaciones de la plaza Tahrir. En efecto, persisten las dudas sobre los que detentan el poder en Egipto, las imágenes dadas por las televisiones se contentaban con oponer a “los buenos” (liberales y defensores de la libertad ) y a “los malos” (partidarios del poder establecido). Las cosas son más complicadas, y así Yousry Nasrallah nos presenta en Baad el Mawkeaa un “malo”, Mahmoud (Bassem Samra), jinete de la plaza Tahrir que era manipulado por el poder militar para poner fin a las manifestaciones. Todo ello ligado a los problemas de un barrio del Cairo, situado cerca de las Pirámides, hoy cercado por un muro que lo aisla del medio de vida de sus habitantes, el turismo. Se describe el idilio solamente iniciado entre Mahmoud y Reem (Menna Shalaby), una joven egipcia divorciada, militante revolucionaria que trabaja en el mundo de la publicidad.
Queda naturalmente flotando en el aire la duda de saber a qué cambios reales conducirá “la primavera árabe”, en el norte de Africa y particularmente en Egipto. La tesis de la película es que el poder sigue estando en manos de los militares y que todos los cambios producido son más teóricos que reales. Esta película, nos permite, en todo caso, tener una visión con más elementos de la revolución egipcia y sus complicados mecanismos.
Gran interpretación de Marion Cotillard en una dura película de Jacques Audiard
Con De rouille et d'os Francia entra en la competición desde el primer día. Lo hace con una pelicula muy esperada de Jacques Audiard y que cuenta con tantos importantes: los actores (Marion Cotillard y Matthias Schoenaerts) y un tema fuerte que se inspira en los relatos de Craig Davidson, y eso aunque los autores de la película nos advierten enseguida que los protagonistas de la historia, Ali y Stéphanie no existen, en las paginas de Davidson. Sólo el espíritu de los relatos ha sido fielmente conservado. Y ello en la medida que describe personajes simples enfrentados a situaciones dramáticas producidas por desgracias físicas y morales. Ali vive en el Norte de Francia y su nombre indica, sin que se diga nunca directamente, que su presencia allí es un fruto de la inmigración. Se trata de un joven sin grandes capacidades intelectuales, de gran simplicidad y musculatura excepcional. Un día debe cargar con la responsabilidad de un hijo, Sam, cinco años, a quien apenas conoce. Decide entonces trasladarse al sur del país, donde vive su hermana. Allí conoce a Stéphanie, que trabaja en un espectáculo de orcas en un parque acuático. Un encuentro fortuito en una discoteca conduce a un primer contacto sexual, puramente instintivo, sobre todo por parte de Ali. Pero pronto el destino se encarga de complicar las cosas. Stéphanie sufre un accidente laboral que supone la amputación de sus dos piernas. Tras un período de readaptación, el contacto la relación se reanuda, pero siempre con un carácter de simple satisfacción sexual. La situación parece no evolucionar por parte de Ali, que entretanto participa en combates de boxeo clandestinos con apuestas. Un nuevo drama será el revulsivo que hará comprender a Ali que el amor es mucho mas que lo vivido hasta entonces.
De la película de Audiard se había hablado mucho antes de su presentación y naturalmente la información previa quizá no favorece el desarrollo del relato. En todo caso se confirma que la película es violenta y las situaciones extremas. No se nos ahorra nada, ni de los contactos sexuales entre los protagonistas, ni del espectáculo, gracias a los efectos digitales, de las piernas amputadas de Marion Cottillard. Lo más emocionante es la conclusión, en torno a la idea de Audiard de que sus personajes se baten contra un destino adverso y se transforman en héroes de una epopeya involuntaria. Efectivamente todo conduce a un melodrama brutal y primario, que tiene lugar en un mundo de violencia y de catástrofe económica.
¿Figurará la película de Audiard en el palmarés? La acogida no ha sido verdaderamente entusiasta a la hora de los aplausos, pero es cierto que en Cannes se aplaude cada vez menos. Parece sin embargo lógico que al menos los intérpretes sean distinguidos. Marion Cotillard vuelve a interpretar un papel difícil, tras sus éxitos americanos bajo las direcciones de Christopher Nolan, Michael Mann, Steven Soderbergh y Woody Allen. En cuanto al belga Matthias Schoenaerts, descubierto este año en Bullhead de Michael R. Roskam, puede decirse que confirma todas las esperanzas que en él se han puesto.
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