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Biografía

Marion Cotillard

Marion Cotillard

44 años

Marion Cotillard

Nació el 30 de Septiembre de 1975 en París, Francia

Premios: 1 Oscar (más 1 nominaciones)

De color de rosa

25 Febrero 2008

Marion Cotillard ha dado el gran salto internacional gracias a su interpretación de Edith Piaf. Si ya tenía encandilado al público francés, ahora es el mundial el que se rinde ante el talento de la actriz.

Marion Cotillard vive los momentos más dulces de su carrera de la mano de Edith Piaf. Su interpretación de la cantante francesa más famosa de todo los tiempos, le ha valido el Oscar a la mejor actriz y el reconocimiento mundial de su talento. Para ella acaba de empezar “La vida en rosa”.

Su interés por la interpretación nació prácticamente con ella, en París, el 30 de septiembre de 1975. Sus padres eran actores de teatro, por lo que se crió sobre los escenarios. En caso de no haber sido actriz, Marion habría sido cantante, una faceta que también cultivó desde pequeña, aunque finalmente prefirió estudiar interpretación. Su primera oportunidad llegó en 1993 en un episodio de la serie Highlander. Desde ese momento hiló trabajos en cine y televisión en su Francia natal. Su gran oportunidad llegó con Taxi (1998), película gala mezcla de acción y comedia que tuvo un gran éxito en el país vecino y que llegó a las carteleras internacionales. El buen resultado de la cinta propició la creación de una trilogía que finalizó en 2003 con Taxi 3. Cotillard no dudó en volver a coprotagonizar las películas, lo que la convirtió en uno de los rostros más populares de su país.

Gracias a la exitosa saga, comenzaron a llegar papeles más interesantes como el protagonista de Les jolies choses (2001), un drama donde se desdobló para interpretar a dos gemelas de personalidades dispares y complejas. Dos años después protagonizó la peculiar comedia romántica Quiéreme si te atreves, donde vivía una divertida a la par que destructiva relación con Guillaume Canet. Esta sucesión de papeles interesantes llamaron la atención de Tim Burton, que la llamó para que la sería su primera producción estadounidense. La actriz fue secundaria en Big Fish (2003), donde coincidió con Ewan McGregor, Jessica Lange y Helena Bonham Carter. Ya de vuelta a su país, fue una secundaria de lujo en Largo domingo de noviazgo (2004), dirigida por Jean-Pierre Jeunet y protagonizada por Audrey Tautou, el tándem que acababa de triunfar con Amelie.

Sin olvidarse nunca del cine francés, Cotillard comenzó a participar en alguna coproducción como Mary (2005), un drama sobre la religiosidad que dirigió Abel Ferrara y en el que coincidió con Juliette Binoche y Forest Whitaker. Acto seguido, volvió a viajar a Estados Unidos para participar en una producción de Hollywood. Ésta vez había sido Ridley Scott quien se había fijado en ella. En la comedia romántica Un buen año (2006) tuvo que enamorar a un Russell Crowe adicto al trabajo. Si su vida ya pintaba bastante bien, acabó de teñirse de color de rosa gracias a su gran interpretación de la cantante francesa Edith Piaf. Con La vida en rosa, la actriz ha obtenido el reconocimiento internacional que ya se había ganado en su país.

A pesar de la fama internacional de Edith, Cotillard confiesa que sabía muy poco de ella antes del leer el guión, lo que no le ha impedido crear un personaje creíble, humano y totalmente descarnado. Dado su interés musical, se puede pensar que fue la propia Marion quien cantó los temas de la cinta, pero no fue así. La idea era que sonara la voz real de la cantante, por lo que la actriz se preparó exhaustivamente para el play back, cosa que confiesa pensaba que iba a ser más sencilla. Y es que Marion se metió al 100% en un personaje que la acabó absorbiendo. De hecho, afirma: “me da un poco de impresión acordarme de aquello, pero sí que necesité varias semanas hasta que salí definitivamente de mi papel. Era la primera vez que vivía la vida de alguien durante tanto tiempo. Cuando uno se pasa jornadas enteras con un look y una voz que no son los tuyos, cuesta mucho volver a su posición anterior”. Ese “look” del que habla ayudó a la actriz a convertirse en la mismísima Piaf. Un peinado y una ropa a la que ella añadió los andares y gestos característicos de la artista.

La obtención del Oscar ha confirmado el interés de Hollywood por ella. Así, tiene previsto participar en Enemigos públicos, que dirigirá Michael Mann. En esta película será la novia del gángster John Dilinger al que interpretará Johnny Depp. Además, también va a participar en el musical de Rob Marshall Nine, que tendrá como protagonista a Javier Bardem.

Oscar
2015

Nominado a 1 premio

Oscar
2008

Ganador de 1 premio

Filmografía
Annette

2020 | Annette

Pequeñas mentiras para estar juntos

2019 | Nous finirons ensemble

Casi diez años después de Pequeñas mentiras sin importancia, el grupo de amigos de antaño vuelve a reunirse, algo que no logran con facilidad. La ocasión de los 60 años de Max parece perfecta, y el resto de la pandilla decide darle una sorpresa y presentarse en su casa en la campiña. No parece una buena idea. Separado de su mujer, y con una nueva relación, se encuentra bastante deprimido, su situación económica no es boyante, y está buscando comprador para la casa, algo que no ha explicado a su ex ni a sus hijos, para quienes tal decisión sería sin duda un berrinche. Max tiene idea de echarlos a todos, pero se ablanda, además Eric, que viene acompañado de un bebé, su hija, y la niñera, anuncia que ha alquilado un casoplón en línea de playa donde lo van a pasar en grande. Y nos vamos poniendo al día acerca de Marie, con un niño, y que echa de menos al hombre de su vida, mientras desatiende los requerimientos de Eric, enamorado de ella. Guillaume Canet insiste en su celebración de la amistad –los amigos están para lo bueno y para lo malo, nunca deberían fallar, y menos en las horas malas–, ahora con un guión coescrito con Rodolphe Lauga, donde se ahonda en la idea de personas que han de hacerse cargo de su edad, aceptar sus limitaciones, dejarse ayudar, sentar la cabeza. De modo que se conjuga lo trágico y lo cómico, los vericuetos sentimentales, la nostalgia por el pasado simbolizada en la casa de Max, y los pequeños dramas que te ponen el corazón en un puño, la aventura de navegación de los hijos. A pesar de su largo metraje, superior a las dos horas, se trata de una película coral que no se hace larga, porque es conscientemente ligera a pesar de tratar los grandes temas de la vida y sus múltiples personajes, aunque podamos considerar a François Cluzet con su Max como protagonista. Está compuesta de pequeñas situaciones bien planteadas e hilvanadas, y con un magnífico reparto, que vuelve a encontrarse muy a gusto dirigido por el también actor –aquí detrás de la cámara– Canet.

6/10
Gueule d'ange

2018 | Gueule d'ange

Cosas de la edad

2017 | Rock'n Roll

Una de esas películas que mezcla la realidad y la ficción, con los actores interpretándose a sí mismos, buscando un efecto cómico con el supuesto sano ejercicio de reírse de uno mismo, aunque no deje de flotar en la narración un acento profundamente narcisista. Aquí es Guillaume Canet el que emprende la senda seguida por otros artistas como Larry David (Larry David), Jorge Sanz (¿Qué fue de Jorge Sanz?) o Berto Romero (Mira lo que has hecho). En efecto, Guillaume Canet se encuentra inmerso en el rodaje de una película, pero se encuentra acomplejado porque le ofrecen papeles de tipo maduro, cuando el se sigue sintiendo joven y guay, puro rock'n roll. Así, le irrita profundamente que su compañera de reparto, Camille Rowe, le vea como un carroza, que ya no se corre juergas y llega prontito a casa con su mujer Marion Cotillard y su hijo, aunque él insiste en que es su pareja y que sí se corre francachelas con sus amigotes. Lo que parece una típica crisis de los cuarenta, o de la edad madura, en su caso se convierte en una verdadera caída cuesta abajo, pues en su preocupación por parecer más joven se pone ajustadísimos pantalones, y empieza a ponerse cachas, entre otros objetivos que le distancian de Marion. Hay momentos graciosos, con muchos cineastas haciendo de sí mismos, y se critica con acierto la obsesión por el aspecto físico de los actores. Pero aparte de que se peca de frivolidad tontorrina, quizá las dos horas de metraje resultan excesivas, con muchos pasajes reiterativos, los momentos en que Guillaume se pasa de la raya en los rodajes, y los pasajes oníricos. Aunque sí se acierta en el desenlace hollywoodiense, el colmo del disparate.

5/10
Los fantasmas de Ismael

2017 | Les fantômes d'Ismaël

Ismaël Vuillard, director de cine, hombre inquieto y cretivo, entabla una relación sentimental con Sylvia. Cuando se encuentran pasando unos días en su casa junto al mar, aparece por allí Carlotta, esposa de Ismaël, desaparecida y dada por muerta desde hace más de 20 años, e hija a su vez de otro cineasta, Henri Bloom, amigo de Ismaël. Fallida película de Arnaud Desplechin (Un cuento de Navidad), director poco convencional que aquí imagina una situación insólita, casi irreal, en donde dos mujeres se disputan el amor del protagonista. Sin duda, ése es el punto fuerte del film, al menos durante el primer tramo: la poderosa presencia de Marion Cotillard y Charlotte Gainsbourg, dos actrices enormes enfrentadas en un intenso “tour de force” en el que luchan por el corazón de Ismaël. Pero estamos ante una película extraña que se desarrolla luego por otros vericuetos confusos y desmadejados. Se narra así también la historia paralela del hermano de Ismaël, empleado en el ministerio de asuntos exteriores, cuyas andanzas como espía está filmando precisamente el director. El resultado es bastante irregular. Los fantasmas de Ismael tiene mucho de ensoñación, de desequilibrio, en donde se habla de la pérdida y la ausencia, de la imposibilidad de ofrecer lo que somos, de tener a otras personas completamente. Pero según avanzamos, la trama de la película se vuelve más y más discursiva, confusa y dispersa, a veces un cúmulo de desvaríos en la cabeza inestable del protagonista, personaje estrafalario a la medida de Mathieu Amalric. Y el extenso metraje no ayuda.

4/10
Aliados

2016 | Allied

Marruecos, 1942. El agente Max Vartan llega a Casablanca para cumplir una misión: ejecutar al jefe de la embajada nazi. Para ello se reúne con la agente francesa Marianne Beauséjour, quien ha establecido lazos de amistad y camaradería con la alta sociedad del lugar en connivencia con la política de Vichy. Max y Marianne se harán pasar por marido y mujer, la tapadera perfecta para llevar a cabo su plan sin resultar sospechosos. Si al atractivo que poseen las historias acerca de la resistencia durante la II Guerra Mundial se añade una tonelada de romanticismo entonces la cosa promete ser un delicioso manjar para el cinéfilo. Pero hay que saber cocinarlo, de lo contrario puede atragantarse. Robert Zemeckis (Forrest Gump, Polar Express) dirige con ritmo y entrega en Aliados una película entretenida, pero no evita del todo ese peligro. Su cine se caracteriza por la perfección visual, el manejo admirable de los efectos especiales y sus historias cercanas a la fábula. Pero en este caso, esa búsqueda de la exquisitez visual no le ha hecho ningún favor, pues desde el principio se tiene la sensación de que todo es demasiado…. pulcro. El elegido diseño de producción de Gary Freeman provoca artificiosidad, sensación de irrealidad, como si el espectador estuviera justamente en un set cinematográfico. Especialmente sucede esto en las escenas exteriores de Casablanca, ciudad impoluta de calles recién barridas, de figurantes un poco de tebeo, de luces y contrastes marcados, de noches idílicas. El caso es que ese diseño milimétrico parece ser un empeño por emular con exactitud la ambientación de las películas clásicas y al final lo que se consigue es algo así como una imitación. También en el guión las referencias al mítico film de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman son muy claras, aunque en este caso habría que olvidar a la capital francesa y optar claramente por un “siempre nos quedará Casablanca” como frase paradigmática. La película está dividida en dos partes muy distintas, tanto en sus escenarios –en Casablanca y en Londres– como en sus núcleos temáticos. Quizá funciona mejor el primer episodio, en donde se dan los primeros contactos entre los agentes, se planifica la misión, se juega eficazmente al fingimiento y al tanteo y se ofrecen buenas escenas de intriga y acción –los diferentes encuentros con oficiales nazis, el reloj de pared marcando los minutos–, al tiempo que se siembran los temas de fondo que marcarán la vida de Max y Marianne en Londres. En este segundo escenario el guión del prestigioso Steven Knight (Amazing Grace, Locke), logra mantener en vilo al espectador, pero el desarrollo es algo lineal e incluso a veces se incluyen situaciones un tanto infantiles, como la aparición en la fiesta del sospechoso nazi. Sí hay, por el contrario, escenas poderosas: el bombardeo de Londres o el ataque al carro blindado en la notable secuencia de Dieppe. Mucho se habló en su momento de este film en relación a los actores. El divorcio de Brad Pitt y Angelina Jolie fue achacado en parte al supuesto idilio que él mantuvo durante el rodaje con Marion Cotillard, algo que ésta negó rotundamente. Sea como fuere, en Aliados hay mucha química entre ellos, y Zemeckis muestra esa conexión más de una vez en el terreno sexual (con escenas de escuadra y cartabón, como la de la tormenta de arena) y también con una peregrina inclusión homosexual que suena a cuota obligada. Pero más allá del aspecto físico, sobresale sin duda el quehacer interpretativo de Brad Pitt, un actor de presencia imponente, que interioriza con intensidad los sentimientos (esa espera de la llamada) y es, él sí, totalmente creíble. Seductora pero con un papel menos matizado está Cotillard, deslumbrante durante los primeros minutos.

6/10
Solo el fin del mundo

2016 | Juste la fin du monde

Adaptación de la obra de teatro homónima de Jean-Luc Lagarce (1957-1995), muerto prematuramente de sida. Sin duda que aborda una temática profundamente personal y medianamente autobiográfica, que el canadiense Xavier Dolan ha encontrado también próxima, aunque reconoce que su primer acercamiento al texto escénico de Hasta el fin del mundo no le produjo especial emoción, tuvo que pasar el tiempo antes de que se produjera cierta conexión. El film describe el regreso a casa de Louie, tras doce años de ausencia. Escritor afamado y homosexual, se está muriendo de una enfermedad innombrada que su familia –la madre, el hermano mayor casado Antoine y su esposa Catherine, la hermana pequeña Suzanne, a la que apenas conoce– ignora por completo. Ellos están asombrados de su repentino e inesperado interés por propiciar una reunión familiar, pero lejos de convertirse aquello en la ocasión idónea para limar asperezas y conseguir algo parecido a la reconciliación, enseguida saltan chispas de resquemores e incomprensiones, que dificultan mucho expresar lo que verdaderamente sienten unos y otros, sincerarse. Dolan tiene el mérito de, sin ocultar el origen teatral de su propuesta, concederle una puesta en escena –fotografía, juegos de luces, breves flash-backs, inserciones musicales...– que convierte la experiencia en cinematográfica. No obstante las reacciones de los personajes a veces parecen exageradas, y como la idea es mantener al espectador en la oscuridad de qué ha envenenado las relaciones, y sólo sugerir que algo terrible sucedió, el conjunto a veces se antoja un tanto impostado, a pesar del buen hacer actoral de todo el reparto, donde sobresalen el contenido protagonista Gaspard Ulliel, o la torpeza del apocado y sensible personaje de Marion Cotillard.

6/10
Assassin's Creed

2016 | Assassin's Creed

Tras ser ejecutado por haber asesinado a su padre, Callum Lynch despierta en un centro tecnológico de la organización Abstergo, dirigida por Alan Rikkin. La hija de éste, Sofia, le informa de que le necesitan para conectarle al Animus, una máquina revolucionaria que a través de su ADN le conecta con su antepasado Aguilar de Nerja, que vivía en el siglo XV en Andalucía, donde pertenecía al clan de los Asesinos. De esta forma podrá controlarle para buscar en aquel entonces la Manzana del Edén, la misma que Eva le dio a comer a Adán, para evitar que caiga en manos de los despiadados Templarios, que la usarán para acabar con el libre albedrío del ser humano. El australiano Justin Kurzel ha levantado grandes expectativas, sobre todo con Macbeth, su segundo trabajo. Repite con los mismos protagonistas, Michael Fassbender y Marion Cotillard, en esta traslación a la pantalla de una de las franquicias más exitosas de los videojuegos. Se enfrentaba no sólo al reto de pasarse al blockbuster, sino también a la maldición de las consolas, pues éstas no han generado por ahora ninguna versión fílmica de sus títulos realmente redonda. El resultado no es ni mucho menos satisfactorio. Aunque mantiene el sello autoral en sus potentes imágenes, éstas no bastan para sacar adelante un guión pobre y caótico. Parte de una premisa pueril, y a pesar de sus alusiones a temas que podrían haber dado juego, como la naturaleza de la violencia, acaba resultando demasiado banal, mera excusa para entrelazar secuencias de acción vistosas, como un espectacular salto a enorme altura que parece haberse rodado al viejo estilo, con especialista. Quizás este momento, y el resto de peleas y persecuciones satisfagan a los apasionados de la saga, pero el resto del público las seguirá sin mucho interés porque a los personajes les falta una mínima profundidad. No basta el esfuerzo de las estrellas citadas, pues no logran insuflar vida a los fríos y distantes protagonistas, ni tampoco Jeremy Irons (el padre de ella) o el español Javier Gutiérrez, en un papel de inquisidor estereotipado. Acaban de terminar con la poca credibilidad conseguida por la película, sus numerosas licencias históricas, sobre todo para el público español.

4/10
El sueño de Gabrielle

2016 | Mal de pierres

Adaptación de la novela “Mal di pietre” de la escritora italiana Milena Agus, la cineasta francesa Nicole Garcia y su coguionista Jacques Fieschi trasladan la acción de la original Cerdeña a la Provenza francesa de los años 50, en un contexto rural de terretenientes que emplean a jornaleros españoles exiliados a causa de la aún reciente guerra civil. La película se ha llevado el máximo galardón de la primera edición del Festival Internacional de Cine de Barcelona Sant Jordi. Los padres de Gabrielle, que trabajan en el campo, ven con buenos ojos que su hija Gabrielle, que no acaba de tener los pies en el suelo, se case con José Rabascal, un buen hombre, honrado y poco expresivo. Pero la relación no es todo lo satisfactoria que sería de desear, y además los hijos no llegan. Como ella tiene un problema de cálculos renales, su mal de piedras, ingresará en un sanatorio donde desarrolla una pasión creciente hacia otro de los pacientes, André Sauvage. La directora demuestra su capacidad para crear atmósferas, a partir del flashback que propicia la casi entera narración. Pero se mueve en claves antropológicas algo pobres, personajes resignados a lo que toca o que se dejan llevar por sensaciones y sentimientos exacerbados, donde la pasión sexual libremente desatada se considera un valor más alto que otras posibles opciones. Es buena la recreación de la época, y Marion Cotillard logra hacer creíble un personaje muy ambiguo, en el que no sabemos dónde radica la locura o la capacidad de decidir por sí misma, o de rebelarse contra lo que se le impone. En cambio sus intereses amorosos están menos logrados, tanto Louis Garrel, el oficial que vienen de la guerra de Indochina, ingresado en el sanatorio, como Alex Brendemühl, aunque justo es reconocer que el hermetismo bondadoso y simplón de su José le viene como anillo al dedo.

6/10
Macbeth

2015 | Macbeth

Con mucha diferencia, las obras de William Shakespeare son las que más veces han sido llevadas al cine. Entre cortometrajes y largometrajes superan el millar. La tragedia de "Macbeth" es una de las más repetidas, pese a tratarse de una de sus obras más oscuras y violentas, con pasajes no del todo claros, un desarrollo a veces confuso o acelerado y una temática para nada reconfortante. Como es sabido, se trata de una historia sobre la ambición, sobre el afán de dominio y la codicia del poder, capaz de arrastrar como una droga hacia el crimen, la traición y el asesinato. Alentado por las profecías de tres brujas y por las insidias embaucadoras de su mujer, el barón escocés Macbeth asesinará al rey Duncan y usurpará el trono, convirtiéndose en un cruel tirano. Probablemente, la versión más lograda sobre el trágico magnicida sea la de Orson Welles de 1948, pero desde luego quedará para siempre en la mente de los aficionados esta impresionante versión del australiano Justin Kurzel (Snowtown). La razón es que pocas veces se ha visto en pantalla una potencia visual tan asombrosa, asentada en la alucinante labor fotográfica de Adam Arkapaw. Y lo es hasta el punto de que puede resultar exagerada. Kurzel se recrea sobremanera en planos nebulosos de los páramos escoceses, en las escenas de brutalidad bélica, de muerte en el campo de batalla, explicitud violenta de cromatismos cárdenos que él atempera con extensas ralentizaciones, que aportan una indudable belleza estética y que a la vez restan repugnancia a las atrocidades. Desde luego sus planificaciones están cuidadas hasta el mínimo detalle y en ocasiones resultan especialmente modélicas, como ese pavoroso plano en que la cámara en movimiento nos lleva lentamente desde al mar hasta la playa, en donde el fuego consume a una familia por obra del tirano. Por su procedencia y su naturaleza textual es verdad que por momentos seguir los discursos de los personajes puede exigir un esfuerzo extra, pues los guionistas han decidido conservar diálogos originales, a menudo metafóricos y velados. Ese aspecto discursivo hace que la acción avance lentamente, aunque también muchas de las palabras logran un magnetismo impresionante (“ese corazón tan blanco” de Lady Macbeth...). Más discutible es la opción elegida a la hora de concebir algunas escenas, como esa sutil insistencia en unir maldad y religión, con esos sempiternos crucifijos de fondo, o la decisión de engendrar definitivamente el acto ignominioso de Macbeth al tiempo que los esposos desfogan sus cuerpos. Son de todas formas aspectos que entran con cierta lógica dentro de este macabro y excesivo cuento de brujería, superstición y maldad, cuya ambientación del siglo XI cuadra como un guante con la oscura visión de la época medieval transmitida por la historia. Como es habitual, Michael Fassbender logra una mimesis perfecta en el asesino Macbeth. Con él se puede creer que exista alguien tan atroz y sanguinario. Menos impacto tiene Marion Cotillard como Lady Macbeth, aunque su composición sea igualmente cuidadosa. El resto del reparto cumple. Y de fondo funciona la banda sonora densa y ambiental, poco colorida, de Jed Kurzel, hermano del director.

7/10
El sueño de Ellis

2014 | The Immigrant

Corre el año 1921, y dos hermanas procedentes de Polonia, Ewa y Magda, acarician el sueño americano. Pero a su llegada a Nueva York son retenidas en la aduana de Ellis Island, y se fuerza su separación. Magda se queda en la isla, donde padecerá tuberculosis. Y Ewa, acusada falsamente de "mujer alegre", se integra en la ciudad, gracias a la mediación de Bruno, que tiene un negocio de prostitución y revistas picantes; el precio que podría tener que pagar es la vida de degradación a la que le invita su "salvador", aunque las convicciones de ella, devota católica, le indican que debe procurar seguir otra senda. Algo nada sencillo, pues sus parientes neoyorquinos, con los que esperaba reunirse felizmente, no le facilitan las cosas. Duro pero interesante film acerca del drama de la inmigración, las tribulaciones que toca vivir cuando se llega a un nuevo país del que no se sabe absolutamente nada, y donde todo se pone desde el principio cuesta arriba. El mérito de James Gray –La noche es nuestra, Two Lovers– y su coguionista Ric Menello es la creación de tres buenos personajes, sobre todo los encarnados por Marion Cotillard, la inmigrante a que alude el título original, y Joaquin Phoenix, el proxeneta que desarrolla sentimientos contradictorios hacia la chica que ha conocido en Ellis Island. El tercero en discordia es Jeremy Renner, mago profesional Orlando que a veces interviene en los espectáculos de Bruno, y que enseguida queda prendido de Ewa. La cinta presenta conflictos de entidad, auténticos dilemas morales ante unas circunstancias que empujan en una dirección, y la conciencia que no deja de sugerir cuál sería el modo adecuado de actuar. Además de ofrecer alguna que otra sorpresa narrativa, hay emoción genuina en varios pasajes, como en el de la confesión, y el momento climático que habla con elocuencia de sacrificio. La fotografía de Darius Khondji es maravillosa, de una capacidad evocadora semejante a la que ofrecía en los pasajes de don Vito Corleone joven Gordon Willis en El padrino II. No falta algún pasaje escabroso, incluido para pintar gráficamente el ambiente donde le toca desenvolverse a Ewa.

6/10
Dos días, una noche

2014 | Deux jours, une nuit

Sandra ha estado de baja por depresión en la fábrica donde está empleada. Casada y con dos niños, cuando ya medianamente recuperada está a punto de reincorporarse al trabajo, se lleva una desagradable sorpresa: sus compañeros han sido presionados para votar entre un incentivo en forma de sustanciosa prima, y la eliminación de su puesto de trabajo, ganando la primera opción, que les ayudaría a resolver muchas cuitas económicas. Como el modo de hacer ha sido algo heterodoxo, su jefe concede a Sandra la oportunidad de que el lunes se vuelva a votar la propuesta. De modo que dispone de un fin de semana para hablar con cada uno individulamente y persuadirles de que apuesten por la conservación de su puesto de trabajo. Una vez más, una película de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne es un milagro. En otras manos, su historia sería un tostón cansino y reiterativo, y es que a la postre el film no consiste en otra cosa que en presentar las distintas visitas que Sandra –prodigiosa Marion Cotillard, qué buena es esta actriz– hace a los distintos trabajadores, o sea, un mecanismo narrativo tan sencillo como el de un chupete. Y sin embargo... los Dardenne saben ofrecer maravillosas variaciones sobre el mismo tema, un verdadero dilema ético, y cada caso es caso, se puede plantear una llamada telefónica, una conversación con padre e hijo empleados de la fábrica, o con un trabajador o su cónyuge, puede haber reacciones destempladas, pragmáticas, decepcionantes, de amor puro... Se nos ofrece un abanico completo de cómo el ser humano responde ante las necesidades del prójimo, confrontándolas con las suyas propias, y tomando decisiones muy comprensibles, pero por supuesto, unas mejores que otras, de más categoría humana, porque se hacen en conciencia, con magnanimidad y sin darse importancia. Lo grande del logro de los Dardenne, es que con los distintos modos de proceder, el apoyo de Manu a su esposa Sandra, el modo en que su "mendigar" le está afectando anímicamente, trenzan un tapiz formidable del actual contexto de crisis económica, y lo hacen sin crispación y con hondura, mostrando seres humanos que no dejan de conmovernos. Por supuesto Cotillard es el centro de gravedad del film, pero todos los demás actores están perfectos a la hora de componer los personajes que han preparado para ellos los hermanos belgas. El estilo narrativo es realista, como es habitual en los directores, no hay banda sonora musical, aunque sí suenan dos canciones en la radio del coche, música justificada que en esos pasajes crea el "mood" que demandaba el momento.

9/10
Anchorman 2: The Legend Continues

2013 | Anchorman 2: The Legend Continues

Lazos de sangre

2013 | Blood Ties

Años 70. Chris Pierzynski ha cumplido condena por participar en un ajuste de cuentas. Al salir de prisión, su hermano pequeño, Frank, le ayuda a regenerarse, alojándole y buscándole un trabajo, pues a pesar de que tuvieron sus más y sus menos años atrás, cree que los lazos de sangre les unen. Pero el pasado de Chris llamará pronto de nuevo a su puerta... Hasta ahora el actor Guillaume Canet había desarrollado una intachable carrera como director, pues tras la tragicomedia criminal Mon idole, rodó el impecable thriller No se lo digas a nadie, seguido del excelente drama Pequeñas mentiras sin importancia. Pero el francés pincha en cierta medida con su cuarto trabajo, remake en inglés del film de Jacques Maillot Liens de sang, que él mismo protagonizó en 2008, y que a su vez llevaba al cine la novela "Deux freres, un flic, un truand", de Bruno y Michel Papet. Muy apreciado por sus compañeros de profesión, Canet ha contado para su film con un reparto de secundarios impecables en el que destaca sobre todo su esposa, Marion Cotillard, como ex mujer del recluso, pero también Mila Kunis, Zoe Saldana, Matthias Schoenaerts, Noah Emmerich, Griffin Dune y James Caan, padre de los personajes centrales. En cuanto a los protagonistas, Clive Owen realiza un buen trabajo como el hermano descarriado, y Billy Crudup resulta un tanto insulso pese a que parece haber realizado un notable esfuerzo de autosuperación. Bien ambientada, con ayuda de canciones de la época, Lazos de sangre cuenta con alguna notable secuencia de acción como un asalto a un furgón. Por otro lado, su tratamiento de las relaciones fraternales tiene su interés. Pero a la cinta le falta garra, y el espectador se queda con la sensación de que se le podría haber sacado más jugo a todos sus elementos.

5/10
El caballero oscuro: La leyenda renace

2012 | The Dark Knight Rises

Han pasado ocho años desde los acontecimientos narrados en El caballero oscuro. Ahora Batman ha desaparecido de las calles de Gotham. Es un proscrito, culpable de haber llevado la criminalidad de la ciudad hasta el límite. El inspector Gordon, sabedor de la verdad, calla. Bruce Wayne vive recluido en su mansión, prácticamente arruinado, incapaz de superar el pasado. Alfred intenta persuadirle: ha de comenzar de nuevo, olvidarlo todo, vivir como un hombre libre. Pero Bruce no tiene fuerzas para escuchar a su viejo amigo y mayordomo, y más cuando mediante un singular robo llevado a cabo en su casa se han llevado sus huellas dactilares. Es el primer paso para hacerse con el control de un reactor nuclear todavía en propiedad de industrias Wayne. Quizá sea el momento de que Batman regrese. Lo ha vuelto a repetir. Con El caballero oscuro el director Christopher Nolan dejó el listón de las películas de superhéroes a un nivel de calidad casi imposible de alcanzar por el común de los mortales. Ahora, cuatro años después, tras el 'descanso' de Origen, este genio británico ha cerrado su personal trilogía sobre Batman de modo absolutamente brillante. Es inenarrable lo que ha hecho este tipo con el superhéroe de DC Comics creado por Bob Kane. El nivel de la producción asusta; el guión (donde otra vez ha contado con la ayuda de su hermano Jonathan) es de esos que no olvida cabo sueltos, que se esmera en los mínimos detalles, intrincado pero claro, muy realista; la acción es asombrosa; y los villanos tienen la fuerza poderosa que ya mostraban los malvados anteriores: Ra's Al Ghul, Scarecrow o el inolvidable Joker de Heath Ledger (a decir verdad, seguramente el mejor malvado de los últimos tiempos). Y además en El caballero oscuro: La leyenda renace Nolan vuelve a no limitarse a ofrecer simplemente a unos comparsas que rodean la lucha del malo contra el bueno, sino que reparte un puñado de nuevos caracteres rebosantes de atractivo, nada planos, y casi siempre sorprendentes, desde la hiperfamosa Catwoman (se acabó el reinado de la Pfeiffer), hasta el implacable Bane, el poli Blake o la bella Miranda Tate. La intensidad de la trama va de más a… más. Es ésta una de las cualidades de las películas de Christopher Nolan, que nunca decaen –lo viene haciendo desde Memento–, no pierden pie porque cada secuencia, cada escena, cada plano tiene su lugar preciso en la narración, nada es simple capricho para la galería. Todo capta la atención. Y eso que en este caso Nolan se toma su tiempo. Es la película más larga de la saga: más de dos horas y media de pura intensidad. Pero, ojo, la potencia de Nolan va mucho más allá de lo visual, de coches ardiendo, persecuciones de infarto y brutales enfrentamientos cuerpo a cuerpo. Porque lo grande de El caballero oscuro: La leyenda renace es que el espectáculo no lo basa en esos fuegos artificiales, sino en las personas y sus profusos mundos interiores: dudas, sufrimientos, emociones, desesperación, amor, odio, responsabilidad, crueldad, valentía, honor, venganza, sacrificio, etc. Personajes finamente trabajados y maravillosamente transformados en carne y hueso por unos actores de primera fila. La labor metamorfoseante de Christian Bale ya la conocemos de sobra, así como la de Gary Oldman, que vuelve a bordar al poli Jim Gordon, o de Michael Caine en su leve papel de Alfred, pero aquí el director británico reúne además a las grandes actrices Marion Cotillard y Anne Hathaway y a ese enorme actor que siempre está a punto de explotar y no acaba de dar el campanazo, Joseph Gordon-Levitt. Todos están sobresalientes, hasta el irreconocible Tom Hardy, de enorme presencia. Como en las dos películas anteriores, El caballero oscuro: La leyenda renace tiene una atmósfera muy sombría. La maldad tiene trazas brutales, hasta poco peliculeras, y se masca la tensión y la desesperación más que en los otros filmes. El aire tenebroso y casi apocalíptico, como dice Bane, viene agravado por una fotografía oscura, fiel reflejo del siniestro destino que le espera a Gotham y de la lóbrega situación anímica de los personajes, todos sumidos en un mar de dudas, desde Bruce Wayne, hasta Jim Gordon, pasando por Selina Kyle o el agente John Blake. El colofón lo pone la rotunda, grave y resonante banda sonora de Hans Zimmer, capaz de estremecer al respetable cuando empieza a descargar sus decibelios. Estamos, en fin, ante una película donde el elemento fantástico es apabullante, la trama poderosa, los personajes brillantes y el enfoque antropológico muy, muy realista. Sólo queda esperar larga vida a Christopher Nolan. El mundo del cine necesita a hombres como él.

9/10
De óxido y hueso

2012 | De rouille et d'os

Ali se presenta en casa de su hermana en Antibes, acompañado de su hijo de 5 años al que apenas conoce, nada se nos dice de su esposa ni de su 'background', aunque le vemos inmerso en algo muy próximo a la miseria, revolviendo en los restos de comida abandonados en el tren donde viaja. Aunque a lo que aspira es a ganarse la vida como boxeador, conseguirá puestos menores de portero de una discoteca y vigilante nocturno. Gracias al primero conoce a Stéphanie, cuidadora de orcas en un oceanográfico, la ayuda en un altercado y la lleva a casa. Cuando ella sufre un terrible accidente por el que pierde las piernas, llamará inesperadamente a Ali, con el que surge una singular relación. Jacques Audiard, con su coguionista Thomas Bidegain, toman como punto de partida de De óxido y hueso una colección de relatos de Craig Davidson, aunque curiosamente inventan a los dos personajes principales de su película, Ali y Stéphanie, para contar una singularísima historia de amor. Singularísima porque no va a ser lo suyo una entrega sacrificada e incondicional, ambos arrastran heridas y egoísmos que les han endurecido y complican la relación, aunque lata también cierta generosidad y delicadeza, el deseo de ayudar y dejarse ayudar. Llama la atención el realismo brutal del relato. Sin duda que los efectos visuales han avanzado una barbaridad desde que vimos al teniente Dan sin piernas en Forrest Gump, en De óxido y hueso aceptamos sin dudar que Marion Cotillard se ha quedado sin piernas. Pero también hay naturalismo, innecesario, a la hora de mostrar la fogosidad sexual de los protagonistas, además de limitaciones antropológicas de concepto, para él se trataría de algo equivalente a hacer ejercicio o tomarse un filete, no importa demasiado con quién si está bien dotada y se está “operativo”, mientras que para ella es un elemento más de la vuelta a una “vida normal”, aunque con el deseo de que sirva para llenar las necesidades afectivas. De todos modos hay que reconocer a Audiard y Bidegain que su relato en De óxido y hueso no es simplista, sobre todo cuando sacan a la luz en sus personajes las consecuencias de sus acciones, en las que no se querían fijar, y es que no basta con cerrar los ojos para que las cosas dejen de estar mal, va a descubrir Ali a costa de su hermana, el inicio de la maduración. Además, acaba perfilándose una jerarquía de valores vitales, cosas prescindibles, los puños, cosas que no lo son, los seres queridos a tu cargo.

6/10
Midnight in Paris

2011 | Midnight in Paris

Gil e Inez son unos jóvenes prometidos, que pasan unos días de turismo en la capital del amor, París, antes de su inminente boda. Él es guionista exitoso en Hollywood, pero su ambición es convertirse en un gran escritor de novelas. Una noche en que decide volver por su cuenta al hotel, se pierde en las calles parisinas. Mientras suenan las campanadas de la medianoche, un antiguo carruaje pasa a su vera y los ocupantes le invitan a subir. Se ve de pronto inmerso en una fiesta... ¡en el París de los años 20! Y no sólo eso, sino que tiene el honor de conocer a los escritores y artistas de la época a los que tanto admira: Francis Scott Fitzgerald y su esposa Zelda, Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel... Y queda especialmente fascinado por una chica Flapper, que le hace dudar acerca de su amor por Inez. Originalísima película de un Woody Allen sembrado, con un estupendo punto de partida al que sabe sacar todo su jugo. El personaje de Gil, encarnado por Owen Wilson, es por supuesto un “alter ego” del director, el típico personaje que él habría podido interpretar en otra época; pero el actor ha sabido hacerlo suyo, y concederle la deseada aura romántica. Tiene interés la consideración de la expresión artística como forma de exorcizar la nostalgia de la belleza, de una edad de oro que se añora y que idealmente algunos colocan en el pasado. Toda una declaración de principios de Allen, que advierte del peligro de caer en el “cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero que también supone una andanada para los que sólo creen en el futuro y el progreso, que siempre serían lo mejor. El artificio fantástico, con un recurso de medianoche a lo “Cenicienta”, conecta claramente con La rosa púrpura del Cairo. Pero gran mérito de Allen es que aceptemos la inesperada magia, y que en ese mundo alternativo sepa definirnos con unos pocos trazos a una numerosa galería de artistas, moviéndose entre el homenaje y la broma, manejando con absoluta conciencia ciertos tópicos al uso. Aunque hable de sus temas recurrentes, el amor que no acaba de encontrarse plenamente, o el arte como forma de llenar el vacío existencial, el tono de Allen es más ligero que en otras ocasiones, claramente ha optado por ofrecernos un “divertimento”, donde hay espacio para alcanzar una cierta felicidad. Acierta Allen en su reparto, donde nuevas caras que nunca habían trabajo con él se suman a la función, allí están el citado Wilson, Rachel McAdams, Michael Sheen, la muy publicitada Carla Bruni –la esposa de Nicolas Sarkozy, que sale airosa de un papel menor– y la formidable Marion Cotillard, más Adrien Brody y Kathy Bates (que hizo con él tiempo ha, Sombras y niebla). Como es natural, París está muy presente en toda la cinta. La película arranca con una especie de obertura jazzística, con cantidad de planos de todo París, que podría hacer temer que Allen había caído en la tentación de filmar un spot de promoción turística; pero no, luego Darius Khondji juega al contraste con el resto de poderosas imágenes que ofrece de la capital francesa.

8/10
Contagio

2011 | Contagion

Beth vuelve de un viaje de negocios en Hong Kong. Llega con tos y una buena jaqueca, que atribuye al jet lag. Pero enferma gravemente y muere, en apariencia de una meningitis. Ante el estupor de su marido Mitch, su hijo también fallece. No son casos únicos. Una epidemia de dimensión mundial empieza a hacer estragos por todas partes, lo que obliga a los científicos a competir en un carrera contra el reloj para dar con una vacuna que detenga un virus tan letal como lo fue en el pasado la gripe española. Y hay reacciones de todo tipo, desde el bloguero que denuncia un complot del gobierno y la industria farmacéutica, al abandono que padecen determinados países menos favorecidos, o a la tentación de alertar del peligro a los más allegados en vez de pensar en el bien común. Segunda colaboración del guionista Scott Z. Burns con Steven Soderbergh tras ¡El soplón!. La película, por su abundancia de personajes secundarios -¡qué gran reparto!-, de los que se muestran sus reacciones ante una situación extrema, se encuadra dentro del subgénero catastrofista, pero hay que reconocer que Soderbergh sabe inyectarle cualidades especiales. Juega mucho el director con un ritmo endiablado, donde partitura musical y sonidos múltiples extraños contribuyen a una atmósfera desasosegante e incómoda muy adecuada. Sin duda que el desarrollo de una carrera fílmica que se mueve entre lo más o menos experimental y lo comercial, le ha ayudado a lograr aquí el perfecto “mix” que configura un film diferente que atrapa. Acierta Soderbergh en no bombardearnos con una sobredosis de momentos límite. Sabe reflejar bien las reacciones globales, mostrar el despliegue mediático y preventivo, o los efectos del virus, pero con medida. Y se fija en la humanidad de los personajes, quizá incidiendo sobre todo en la debilidad, en cómo se sobrepone el instinto de supervivencia a otras actitudes más heroicas. Por supuesto, los científicos, cada uno a su modo, hace un gran trabajo, incluso con el riesgo de la propia vida, y hasta existe el siempre difícil camino de la rectificación, pero se echan en falta más reacciones generosas -apenas vislumbramos a una monjita asistiendo a un enfermo-, frente a la elemental de velar por los tuyos, o la decididamente egoísta de buscar sacar tajada de una situación de pánico.

7/10
Pequeñas mentiras sin importancia

2010 | Les petits mouchoirs

Guillaume Canet es muy conocido, sobre todo en Francia, por su faceta de actor,  pues ha tenido papeles destacados en títulos como Feliz Navidad o Vidocq. Menos repercusión internacional han tenido hasta ahora sus películas como director y guionista. Éste es su tercer largometraje, tras Ne le dis à personne, Mon idole y varios cortos. El film tuvo un enorme éxito en el país galo, donde llegó a superar en recaudación a Los seductores, que hasta su estreno era la película más taquillera de 2010. Max, exitoso propietario de un restaurante, casado con una defensora a ultranza del ecologismo, invita cada año a su grupo de amigos a su lujosa casa de la playa. Por desgracia, un miembro del grupo, Luddo, sufre un serio accidente de moto justo antes de que dejen París. Aunque todos parecen muy preocupados, deciden seguir adelante con sus vacaciones mientras Luddo permanece en el hospital. Canet ha reunido a un privilegiado grupo de actores, entre los que destaca la oscarizada Marion Cotillard, su pareja en la vida real. Aunque todos están a un alto nivel, destaca François-Cluzet (conocido por su papel de padre en Olivier, Olivier), en un buen registro cómico-dramático como empresario desbordado y desquiciado lleno de contradicciones. El film se inscribe en el subgénero de grupo de amigos que se reúne para pasar unos días juntos, en la línea de Reencuentro, de Lawrence Kasdan, y Los amigos de Peter, de Kenneth Branagh. Con esta última tiene mucho en común, por su recopilación de temas musicales populares, y porque predomina un tono distendido que deriva hacia un final trágico. El film tiene también mucho de la acidez de Robert Altman, que en Vidas cruzadas mostraba en clave de humor negro a un grupo de pescadores, que postergaba la comunicación del hallazgo de un cadáver para disfrutar del fin de semana, pero cuando informan, el film da un giro hacia el drama y los personajes se dan cuenta de que la fallecida era un ser humano con familia. A Canet se le puede reprochar que se excede en metraje, pues le lleva 154 minutos desarrollar una historia que habría funcionado mejor en hora y media. Pero su principal acierto es que ha sabido retratar a un conjunto de personajes desorientados, muy representativos de la sociedad moderna, a los que mira con una enorme distancia crítica. El hombre de negocios que lo tiene todo, pero aún así está estresado y no consigue ser feliz, la treintañera incapaz de comprometerse, aunque aparezca el hombre absolutamente ideal, etc. son bastante reconocibles, y no sólo en Francia, sino en toda la sociedad occidental. En general es implacable con su cinismo, pues a pesar de la amistad incondicional del grupo, apenas parecen preocuparse por su amigo accidentado, a la hora de preocuparse unos de otros son tremendamente superficiales.

6/10
Origen

2010 | Inception

Un futuro no muy lejano, en que se ha desarrollado una técnica que permite introducirse en los sueños ajenos. Y en su subconsciente la persona “asaltada” puede desvelar a sus “asaltantes” secretos ocultos, de valor lucrativo o que permiten su manipulación. Cobb lidera un grupo de “ladrones de sueños”, que desea dejar tal actividad. Pero acusado del asesinato de su mujer Mal, y alejado de sus dos hijitos en Estados Unidos, recibe de Saito, un hombre poderoso, una oferta que no puede rechazar: deberá sumergirse en la cabeza de Robert Fischer, heredero de un gran imperio económico, e implantar en su mente, como si fuera una idea propia -“origen”, o en inglés “inception”-, la liquidación del conglomerado que creó su padre; a cambio podrá reunirse con los suyos e iniciar una vida nueva. Con su equipo y la “arquitecta” de escenarios para los sueños Ariadne intentará una operación muy compleja, que podría dejar a todos en una especie de limbo.Christopher Nolan, guionista y director del film, prueba de nuevo -recuérdese que es el responsable de Memento, Insomnio (2002), El truco final y El caballero oscuro- que es uno de los cineastas más creativos de la actualidad. No necesita acudir al 3D -pero sí a los efectos visuales- para entregar una historia imaginativa, de increíbles cualidades hipnóticas, sólida en su compleja arquitectura narrativa, y, para qué negarlo, difícil de seguir. En tal sentido el mérito es lograr que el espectador no se pierda demasiado, entienda el meollo de la cuestión -la tentación de evitar la realidad entreteniéndose en otros mundos más atractivos pero no verdaderos, al estilo Matrix- y vibre con la inmersión en el mundo de los sueños en tres niveles, donde el riesgo de no despertar, y las soluciones improvisadas a los obstáculos que surgen, proporcionan muchas emociones. De modo que hasta los pasajes oscuros, más que indignar, animan debates sobre el significado de tal o cual pasaje, e invitan a revisar la cinta. O sea, hay decir que Nolan apela a la inteligencia del espectador, no subestima su capacidad de esforzarse por entender, algo muy agradecible en el mundo de filmes planos que habitualmente entrega Hollywood. Las imágenes son de gran belleza, los mundos que se pueden crear dentro de un sueño sencillamente deslumbran, verdaderamente se puede innovar y crear con los efectos especiales, véanse los momentos de no-gravedad, pura magia. Pero además Nolan acierta en la definición de personajes y conflictos, y en el atinadísimo reparto. El drama familiar de Cobb -Leonardo DiCaprio, en otra historia “mental” tras Shutter Island, con su trastornada esposa, Marion Cotillard, a la que no puede olvidar- se despliega con gran habilidad gracias al personaje de Ellen Page, una universitaria brillante que sabe adivinar lo que oculta a sus “compañeros de sueños”, o de su compañero de equipo interpretado por Joseph Gordon-Levitt. Hay espacio para la sorpresa, y el modo en que discurre el plan de “sembrar” en la cabeza de Fischer -bien, Cillian Murphy- conduce a un clímax espléndido, de inesperada poesía.

9/10
El último vuelo

2009 | The Last Flight

Marion Cotillard interpreta a una aviadora que acaba de sufrir un duro revés, su esposo ha desaparecido en el desierto. Realizaba un vuelo Londres-Ciudad del Cabo cuando desapareció sin dejar rastro. Su mujer no lo duda e inicia una peligrosa y compleja búsqueda por el Sáhara para buscarlo. A comienzos del siglo XX las colonias europeas del lugar no pasaban por su mejor momento, y la mujer tendrá que enfrentarse a algo más que las duras condiciones del entorno. Con este papel en el que encaja estupendamente, Marion Cotillard demuestra su versatilidad, y deja claro que lo suyo no son sólo los musicales.

4/10
Enemigos públicos

2009 | Public Enemies

Nueva incursión en el mundo de los forajidos al margen de la ley del veterano Michael Mann, que debutó en el cine con la notable Ladrón, y ha indagado sobre el tema en títulos como Hunter, Heat, Collateral y Corrupción en Miami (2006). Esta vez se basa en hechos reales, recogidos en el libro ‘Public Enemies: America’s Greatest Crime Wave and the Birth of the FBI, 1933-34’, de Bryan Burrough. Recoge las peripecias de John Dillinger –personaje auténtico ya llevado al cine con desiguales resultados por John Milius (Dillinger), Lewis Teague (La dama de rojo) y Max Nosseck (Dillinger (1945))–. Fue el más afamado ladrón de bancos de todos los tiempos, a pesar de la competencia, pues vivió en una época prodiga en criminales míticos, como Baby Face Nelson o Pretty Boy Floyd. El guión –que remite a cintas como Bonnie and Clyde y Los intocables de Eliot Ness– sigue los pasos de John Dillinger durante 14 meses, a partir de su salida de la cárcel, en julio de 1934. Inicia entonces una oleada de atracos que le convirtieron en una presencia habitual de los periódicos. En ese tiempo, se enamora de Billie Frechette, una humilde empleada de un guardarropa. Dillinger debe esquivar a los hombres del agente federal Melvin Purvis, un experto tirador encargado de atraparle. Michael Mann se luce con una esmerada reconstrucción de la época, y hace hincapié en la lucha de J. Edgar Hoover, porque el congreso le dote de los medios legales y financieros suficientes para perseguir a los delincuentes que cometieran robos en un lugar y después cambiaran de estado. Uno de los puntos de interés es la lucha de Hoover por transformar el Bureau of Investigation que dirigía por aquel entonces en el actual FBI: Por otro lado, el cineasta transmite muy bien la fascinación que sentían los ciudadanos medios, en plena época de la Gran Depresión, por los grandes gángsteres y ladrones de bancos, que por entonces tenían mucha presencia en los medios de comunicación. Dillinger se convirtió en una especie de ídolo, en una época donde ciudadanos incapaces de saltarse una señal de tráfico admiraban a aquellos que habían solucionado sus problemas desafiando la ley. Como los bancos eran extremadamente impopulares, el asaltante Dillinger era aclamado como una especie de Robin Hood. Mannn ha sabido reflejar todo esto en muchos detalles, como la sesión de preguntas de unos periodistas emocionados con Dillinger, tras ser detenido, o en la pasión que despertaba el actor especializado en mafiosos James Cagney –al que imita un compinche de Dillinger– y películas como El enemigo público nº 1, que cobra gran importancia en el desenlace de este film. Sorprendente es la interpretación de Johnny Depp, en un registro más realista de lo habitual, que sabe transmitir la elegancia de su personaje, a pesar de sus métodos violentos, y añade un toque romántico que recuerda a alguna película de gángsteres de Humphrey Bogart, como El bosque petrificado o El último refugio. Es un personaje con muchos matices, descritos con sutileza en el guión, pues tuvo una infancia desgraciada, y a pesar de vivir al margen de la ley, tiene una especie de código de honor y valora la amistad por encima de todo, como los viejos personajes de las películas de Sam Peckinpah. Le secunda con convicción el prolífico Christian Bale, como un policía obsesionado por su presa, pero en el fondo honrado. Cuenta también el film con ilustres secundarios en papeles a veces muy menores, como Marion Cotillard, Channing Tatum, Giovanni Ribisi, Stephen Dorff y la casi olvidada Leelee Sobieski, que a pesar de su calidad, aquí casi no tiene papel. En su relato de ascensión y caída de un gángster, Michael Mann parte de viejos esquemas, que tan buenos resultados le dieron a Howard Hawks, en Scarface, el terror del hampa. Un planteamiento clásico filmado con el moderno estilo eminentemente visual del director de El dilema, un montaje trepidante y una sabia utilización de las cámaras digitales. Muchos son los momentos deslumbrantes, aunque cabe destacar el último atraco al banco, la huida de la posada y una surrealista y poco probable visita de Dillinger a la oficina desde donde se dirige su busca y captura. También se anota un tanto Michael Mann a la hora de integrar las canciones de la época en la trama.

8/10
Nine

2009 | Nine

  En su segunda película musical el director norteamericano Rob Marshall vuelve a usar material existente para trasladarlo a la pantalla con su sello personal. La cosa le salió redonda con la epatante Chicago (2002), que cosechó seis Oscar, entre ellos el de mejor película, pero los resultados, aunque buenos, no son tan óptimos en el musical que nos ocupa. Marshall parte de un argumento verdaderamente arriesgado, el musical de Broadway “Nine”, adaptación a su vez de, nada más y nada menos, que el guión de Fellini 8 y 1/2, al que modifica y moderniza en algunos aspectos, aunque conserva la esencia e incluso repite escenas y diálogos originales. La trama, como es sabido, habla de un cineasta que se encuentra a punto de rodar su siguiente película. Se trata se Guido Contini (Anselmi en la versión felliniana), a quien todos llaman “maestro” y que es reconocido en todo el mundo como un genio cinematográfico. Pero ahora Guido tiene una crisis creativa aguda y no sabe qué contar. Está desesperado. No hay guión, ni asomo de él, y en su maremágnum interior lo único de lo que es capaz es de recrear en su cabeza imágenes de sus deseos, coreografiadas representaciones que continuamente imagina y a las que no puede sustraerse, ensoñaciones con bellas mujeres que le rodean, que cantan y bailan y que él mezcla con los recuerdos de infancia que han marcado su vida. Una vida real que ahora se está tambaleando, pues su mujer, Luisa, ya no puede soportar por más tiempos los embustes de Guido, que no acaba de dejar a su amante Carla... El primer pensamiento que se viene a la cabeza es que Fellini es mucho Fellini. Aun así, es cierto que se trata de un guión muy adecuado para el mundo musical de Rob Marshall, que sabe como nadie introducir los números musicales en medio de escenas dramáticas, intercalando imágenes del mundo real y del ficticio con enorme destreza, con motivo de los ensueños del protagonista, de modo que todo funciona con increíble perfección. Pero el mundo onírico y el surrealismo de Fellini es insuperable y aquí eso ni se huele, porque en Marshall todo ese mundo interior está únicamente supeditado al “musical” y –quizá aquí está el mayor defecto de Nine– el resultado general es una simple repetición de Chicago (y con peores canciones). Idéntica fórmula: visualmente espectacular, con esos platós oscuramente iluminados, los poderosos focos, las vedettes embutidas en corsés de avispa, los rítmicos y acompasados movimientos, la hipersexualización de las canciones y coreografías (aspecto éste más acentuado aún que en Chicago, especialmente en el numerito de Penélope Cruz), la fabuolsa orquestación, el montaje vertiginoso, etc. Un auténtico circo cinematográfico lleno de luz y sombras. Técnicamente perfecto, pero repetido. Y eso pesa. Por otra parte, habría mucho que hablar de las cuestiones de fondo de la historia, que no son otras que las del contradictorio universo del Guido de Federico Fellini, ‘alter ego’ de él mismo, siempre impregnado de rebeldía, donde hay un perpetuo enfrentamiento entre la moral y las pasiones, entre su reconocido catolicismo y su traumática aceptación de la autoridad de la Iglesia. En estas cuestiones –presentes en la película con dudoso gusto–, resulta curioso que Marshall vaya más allá que el siempre ambiguo y desconcertante director italiano. Temás como la culpa y la redención, que en Fellini serían impensables (él sólo mostraba, nunca demostraba, ni argumentaba, ni respondía a nada) son aquí cuestiones explicitas, meollo en la evolución de la crisis del protagonista. El reparto de esta especie de farsa del mundo de la creación es cosa seria. Daniel Day-Lewis no hace olvidar a Marcello Mastroianni, pero está superior, como siempre, y entre las chicas destacan especialmente Marion Cotillard (La vida en rosa) y una divertida Kate Hudson. Sorprende asimismo el pequeño papel de Nicole Kidman, muy colateral. En cuanto a los números musicales, destacan las canciones “My Husband Makes Movies” y “Cinema Italiano”, de las mentadas Cotillard y Hudson, y “Be Italian”, interpretada por Stacy Ferguson.  

6/10
La vida en rosa

2007 | La Môme

Hollywood ha sabido explotar la vida de grandes estrellas de la música estadounidense, como Ray Charles (Ray) y Johnny Cash (En la cuerda floja). En Europa ha habido músicos y cantantes legendarios, pero Édith Piaf, la musa de los existencialistas, era la candidata ideal para un buen biopic, y de hecho, Claude Lelouch recogió su romance con el boxeador Marcel Cerdan en su película Edith et Marcel. No es de extrañar el éxito de este nuevo acercamiento a su vida, sobre todo en Francia. Se explica porque sus canciones marcaron a toda una generación en los años 50, mientras que las posteriores todavía son capaces de reconocerlas. Además, la intérprete no tuvo precisamente una vida de color de rosa, como indica el título, sacado de uno de sus temas más famosos, sino que su existencia fue tan azarosa que parece salida de una novela de las hermanas Brontë o de Charles Dickens. Édith Giovanna Gassion (su verdadero nombre), nació en una calle parisina, según la leyenda debajo de una farola. Lo que es rigurosamente cierto es que sus padres, un acróbata y una cantante ambulante que vivían en la indigencia, se desentendieron de ella. Finalmente quedó al cuidado de su abuela paterna, que regentaba un prostíbulo, donde creció rodeada de depravación, como se muestra en la película, que acierta en los pasajes en los que describe la relación maternal con una de las meretrices, interpretada por Emmanuelle Seigner. A mediados de los años 30, la descubre cantando en la calle el gerente de un cabaret de moda, un tal Louis Leplée, breve papel con el que se luce Gérard Depardieu. Leplée la contrata para su local, y le sugirió que apareciera con el nombre artístico de ‘la môme piaf’ (la niña gorrión), por su baja estatura y porque su voz le recordaba a un pájaro cantor. Lo más destacable de la cinta es la interpretación de Marion Cotillard, secundaria de títulos como Big Fish, Largo domingo de noviazgo y Un buen año, que literalmente se transforma en Edith Piaf. Su trabajo es comparable al que le valió el Oscar al mejor actor a Jamie Foxx cuando interpretó al citado Ray Charles. Cotillard imita su patosa forma de andar, su aspecto frágil y hasta el gesto característico que hacía con la boca al cantar. Olivier Dahan se muestra como un director imaginativo en la lograda reconstrucción de la época, y por si fuera poco, resulta una gozada para el oído escuchar las mejores canciones de la protagonista en su versión original.

6/10
Fair Play

2006 | Fair Play

Se diría que empieza a cobrar forma un subgénero que podría denominarse ‘del mundo laboral’, donde se describen las no siempre fáciles relaciones entre compañeros de trabajo, empleados y subalternos, con sus a menudo frecuentes ‘puñaladas traperas’. Ahí está, por ejemplo, El método de Marcelo Piñeyro. El film que nos ocupa transcurre, sin embargo, lejos de las cuatro paredes típicas de la oficina. Un río donde dos compañeros reman, una pista de squash, un campo de golf, una pista de jogging, un lugar para barranquismo y un gimnasio son los paisajes donde dirimen sus diferencias varios colegas de trabajo, como si vivieran en la mismísima Edad de Piedra, movidos por el puro instinto de supervivencia, sin apenas recursos morales. Lionel Bailliu alarga con habilidad la idea de su corto Squash, para dar la vuelta a la tortilla de la metáfora de la “jungla urbana”, pues los protagonistas llevan su competitividad al extremo cuando hacen el descenso de un río que discurre por un cañón.

6/10
Un buen año

2006 | A Good Year

Max Skinner fue un niño encantador, que disfrutaba sobremanera de los veranos en casa del tío Henry –una finca con un viñedo en la Provenza francesa–, aunque ya apuntaba maneras ladinas. Y, cosas de la vida, se convirtió en un ‘tiburón’ de la bolsa londinense, adicto al trabajo y sin escrúpulos morales, con un corazón de piedra. La muerte del tío Henry y la herencia del viñedo provocan un viaje a Francia, que espera será breve, lo que tarde en vender la propiedad y sumar el montante a su cuenta corriente. Pero las cosas se le complican, al tiempo que surge, oh-la-lá, ‘l’amour’, o sea, el amor. Agradable comedia sin demasiadas pretensiones, en que el viaje a un lugar de atmósfera casi mágica y el despertar de los recuerdos, hacen cambiar a un tipo cínico y sin amigos. En la línea de títulos como French Kiss de Lawrence Kasdan, muestra cómo una vida sencilla, aunque carezca de lujos y del vértigo del poder, puede ser mucho más enriquecedora que esa otra por la cual uno acaba dejando jirones importantes de su alma. Un humor suave y un enfoque que exige la complicidad del espectador, están respaldados por el buen hacer de los actores. Russell Crowe cambia acertadamente de registro al protagonizar una comedia romántica, y el niño Freddie Highmore demuestra que todavía le queda frescura actoral, esperemos que por unos cuantos años.

6/10
La caja negra

2005 | La boîte noire

Arthur despierta en un hospital después de haber estado varias horas en coma. En ese período pronunció una serie de frases inconexas que anotó la enfermera que lo vigilaba. Al recuperar la consciencia, intenta comprender lo sucedido. Pero cuando la enfermera le da el papel con las frases la situación se complica, pues son fruto del subconsciente, lo que le deparará una serie de sorpresas, algunas de las cuales no son nada agradables. El poder del subconsciente ha sido tratado en el cine en infinidad de ocasiones. Es un tema muy recurrente para un film presidido por la intriga. Alguien que sacó partido a la perfección de este recurso fue Alfred Hitchcock en Recuerda, aunque en este título la información subconsciente venía dada por la hipnosis y no por un estado de coma.

4/10
Con el debido respeto

2005 | Sauf le respect que je vous dois

François, un oficinista, lleva una vida banal. Casado y con un hijo, podía ser feliz, pero el peso de un trabajo insatisfactorio, que le dificulta disfrutar de la familia, pesa demasiado. El inesperado suicidio de su mejor amigo, un compañero de la oficina, hace que se venga abajo: debería haberlo adivinado, y se siente culpable por no haberle apoyado en sus justas reivindicaciones laborales, que eran también las del resto del personal, aunque nadie osara plantearlas. Su sentido de culpa le lleva a perseguir a sus jefes, a los que cree responsables de esa muerte. En una de ésas, persigue en automóvil a su jefe, y sin desearlo, provoca su accidente mortal. Entra entonces en una etapa de vida clandestina. El film, desesperanzado (es terrible el suicidio con dos lápices afilados en las narices), intenta imprimir alguna leve nota de optimismo, pero domina un tono deprimente. Olivier Gourmet compone de modo convincente al gris protagonista, aunque el actor se está encasillando peligrosamente con este tipo de papeles.

6/10
Mary

2005 | Mary

Tras terminar el rodaje de una película sobre la vida del Señor, Esta es mi sangre, la actriz que interpreta a María Magdalena (Juliette Binoche) sufre una fuerte conmoción interior que le lleva a aparcar temporalmente su trabajo y a buscar respuestas sobre el sentido de la vida en Tierra Santa. Entre tanto el director del film (Matthew Modine), que también interpreta al Señor, promociona la película, que ha despertado cierta polémica recibiendo acusaciones de antisemitismo, un poco al estilo de Mel Gibson en La Pasión de Cristo. Abel Ferrara se muestra parsimonioso en la narración, y no es diáfano en su propuesta, pero tiene la valentía de señalar la necesidad de afrontar la cuestión religiosa. Así, subraya el contraste en la mirada a Cristo de actriz y director: a ella le ha afectado su papel, él se reviste egocéntricamente de su capa de artista, y su visión; y aunque tiene cierta sensibilidad, es frívolo, no ahonda. También tiene interés el personaje del presentador televisivo (Forest Whitaker) que ha preparado una serie de programas sobre la figura histórica de Jesús; buen profesional, pero descuidado en su vida personal (no cuida a su mujer, que espera a un niño, y le es infiel), sufrirá la prueba de la cruz con el parto prematuro de la esposa, que hace peligrar la vida del bebé. El hombre se ve así obligado a mirar su vida con otros ojos, y el tema de su programa deja de ser un tema cualquiera.

6/10
Un amor de altura

2005 | Ma vie en l’air

Paradoja: un instructor de vuelo de una compañía aérea tiene miedo a volar. Tal fobia, que arrastra desde pequeño, le hizo perder al amor de su vida. Pero deberá coger ese toro por los cuernos si quiere ser feliz. Amable film con el que debutó Rémi Bezançon, conocido sobre todo por El primer día del resto de tu vida. Protagoniza Vincent Elbaz, mientras que Marion Cotillard es la chica que ama.

5/10
Edy

2005 | Edy

Edy es un agente de seguros que ha logrado labrarse un gran prestigio profesional a lo largo de los años. Además, algunos de sus clientes le aprecian especialmente, porque les ayuda a utilizar pequeños trucos para cobrar cantidades que no le corresponden. Sin embargo, con el paso del tiempo, Edy sufre una gran depresión y decide acabar con su vida. Thriller francés con giros inesperados, con un papel destacado para el veterano Philippe Noiret, fallecido un año después del rodaje. También llama la atención la actriz Marion Cotillard, consagrada tras interpretar a la cantante Edith Piaf en La vida en rosa.

4/10
Innocence (2004)

2004 | Innocence

Iris, una niña de seis años, aparece de repente en un internado femenino, a donde ha llegado metida en un ataúd. El lugar es un gran caserón, a modo de escuela, rodeado de un amplísimo jardín, pero del que las niñas no pueden salir. Cada niña lleva lazos de un color diferente, que las distingue por edades, y aparentemente sólo reciben clases de ballet. Marion Cotillard protagoniza este extraño film francés, más o menos de intriga, que supone el primer largo de Lucile Hadzihalilovic. Se trata de una película inquietante, que ofrece una especie de metáfora de la niñez, etapa de la vida en las mujeres que es especialmente inocente hasta cuando sufren su particular "metamorfosis" hacia la juventud. Película rara, con planos hermosos y bellamente fotografiados, pero que en general no acaba de tener demasiado sentido.

4/10
Largo domingo de noviazgo

2004 | Un long dimanche de fiançailles

Decir Jean-Pierre Jeunet es decir preciosismo fotográfico, personajes tan ricos como estrambóticos, gags carcajeantes próximos al slapstic del cine mudo y desfachatez visual a la hora de mostrar crudeza u obscenidad sin perder ni por un instante el aire mágico de la fábula imaginaria. Todo eso lo tenía esa obra magistral que se llamaba Amelie, y que le granjeó el aplauso de la crítica y el público de todo el mundo. Ahora, el director francés vuelve a usar idéntica fórmula con una historia muy distinta, más sórdida y monocromática, pero con la misma e inestimable colaboración de la luminosa Audrey Tautou, una actriz de una candidez y expresión en la mirada fuera de lo común. La historia, adaptación de la novela del francés Sébastien Japrisot, se centra en el amor hiperrromántico de Mathilde por Gilles. Ambos se separaron cuando él marchó a luchar a las trincheras en la Primera Guerra Mundial. Al cabo del tiempo Mathilde recibe la noticia de su muerte, ya que, tras ser sometido a consejo de guerra junto a otros cuatro compañeros, Gilles fue abandonado en tierra de nadie. Mathilde viaja, investiga y remueve cielo y tierra para dar con el paradero de su amor. Pese a que las noticias nunca son halagüeñas, ella no desespera de encontrarle vivo. Junto Mathilde el espectador es testigo poco a poco del puzzle de los acontecimientos, y, mientras tanto, otras curiosas historias y personajes entran en juego. Entre el drama y la comedia, la historia no pierde nunca el aire del cuento romántico, en especial en las estampas idílicas en la casa de los tíos, aunque también destaca el naturalismo con que Jeunet rueda las secuencias de guerra, muerte y sexualidad. Entre los intérpretes no falta el buen hacer del actor fetiche del director, Dominique Pinon.

6/10
Taxi 3

2003 | Taxi 3

Cuando está a punto de ser padre, Emilien se obsesiona con la persecución de una banda criminal que opera en Marsella. Al quedase sin pistas, recurre a su amigo y colaborador, el taxista Daniel. Tercera entrega de la saga de acción ideada y producida por el director francés Luc Besson, y que comenzó con Taxi Express. Las secuencias de acción no tienen nada que envidiar a las de las cintas americanas. Sylvester Stallone hace un pequeño cameo.

2/10
Big Fish

2003 | Big Fish

Un homenaje a los contadores de historias. Una reivindicación de la imaginación, como modo de mostrar la realidad. Si el lector nos apura, en Big Fish estamos ante una unión improbable de Tim Burton con John Ford y su apuesta por “imprimir la leyenda” a la hora de contar la historia de El hombre que mató a Liberty Valance. Todo esto subyace en el último film del director de Eduardo Manostijeras, título con el que mantiene una íntima relación; podría decirse sin exageración que Big Fish es su versión madura. Con guión de John August, a partir de una novela de Daniel Wallace, Burton entrecruza hábilmente el presente, en que Will Bloom acompaña en el lecho del dolor a su padre Ed, gravemente enfermo, con un pasado de relatos hermosos pero increíbles. Éstos, escuchados una y mil veces, se han convertido a los ojos del hijo en una impostura, que oculta una verdad que cree ignorar: en efecto, a Will le atormenta la idea de que su padre esté a punto de dejar este mundo, y que no haya llegado a conocer quién es. En manos de otro director, la película que nos ocupa sería un plato acaramelado de muy difícil digestión, sobre todo en lo que se refiere a los relatos de juventud de Ed. Pero en Burton habita un alma poética y sensible, capaz de mostrarnos un mundo pasado donde conviven lo luminoso con lo feísta, fotografiarlo con colores pastel, y lograr que no chirríe el engranaje. De nuevo, marca personalísima de su entera filmografía, asistimos a un desfile de criaturas desvalidas, auténticos “patitos feos” que buscan alguien que les entienda: además de Ed, ese tipo optimista a machamartillo, auténtico flautista de Hamelín para todos los que le conocen (magnífica a este respecto, la escena del desenlace), tenemos el gigante, el empresario circense, el escritor, las hermanas siamesas, la bruja con el ojo de cristal que muestra el futuro… También se las arregla el cineasta para que la mezcla imposible de drama (con el problema de comunicación padre-hijo), fantasía (los detalles surrealistas, divertidísimos, que salpican toda la cinta), romanticismo (la conquista por Ed de la amada) y lirismo (el pueblo idílico en medio de ninguna parte) funcione. Ha procurado además suavizar algún detalle zafio, del que podía haber prescindido, sencillamente. Magnífico el reparto, en especial los trabajos de Ewan McGregor y Albert Finney, que encarnan a Ed Bloom de joven y anciano.

8/10
Quiéreme si te atreves

2003 | Jeux de enfants

Desde que eran niños, Sophie y Julien se han llevado un extraño juego de retos, auténtico desafío a las convenciones y el buen gusto. Lo malo es que han olvidado que podían enamorarse.

4/10
Taxi 2

2000 | Taxi 2

El ministro de defensa japonés viaja a Francia para firmar un importante acuerdo con el gobierno. Pero es secuestrado por unos miserables mafiosos nipones. Menos mal que unos policías ayudados de un taxista van a tratar de “desfacer” el entuerto. Secuela de la célebre y taquillera película de acción gala, que repite un buen puñado de personajes y se desarrolla a velocidad de vértigo. El director Gérard Krawczyk explica que tuvo que rodar tres tipos de escenas de acción: “las escenas donde chocan los coches y vuelan por los aires, las escenas de velocidad y los combates”.

3/10
Taxi Express

1998 | Taxi

Daniel, apasionado del motor, conduce un taxi con motor trucado. Su camino se cruza con el de un torpe policía, que trata de desarticular una banda de atracadores. Ambos colaboran, primero a regañadientes. Pero aquello desemboca en una “hermosa amistad”. Los franceses demuestran que pueden hacer un film muy americano, con acción y comedia. Nada extraño si tenemos en cuenta que el guión lo firma Luc Besson (El quinto elemento), director con gran presencia internacional. De la mano de un experto en velocidad (el director Gérard Pirès) se sirven alocadas persecuciones, que conducen a un alucinante plano final sorpresa.

5/10
El planeta libre

1996 | La belle verte

Comedia futurista de la directora francesa Coline Serreau (Tres solteros y un biberón, La crisis). Cuenta la llegada a la Tierra de una mujer procedente de un idílico planeta, que ha alcanzado el grado máximo de civilización gracias a una vida sencilla y ecológica. Esa vida feliz a la que está acostumbrada choca con el caos de un París estresante, lleno de ruidos y contaminación, con una comida horrible, y donde una cosa primitiva llamada dinero todavía está en uso. Apenas hay progresión a lo largo de la película. Todo se reduce a presentar un chiste detrás de otro, al estilo del también film galo Los visitantes, en versión más fina. Está bien tomarse con humor algunos aspectos poco humanos de la vida moderna; pero además de que los gags cansan, la visión de la vida primitiva, o la de ese planeta cursi y aburridísimo al que desean presentar como el colmo de la dicha, se sumerge de lleno en todos los tópicos imaginables.

4/10

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