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Biografía

Michael Mann

Michael Mann

77 años

Michael Mann

Nació el 05 de Febrero de 1943 en Chicago, Illinois, EE.UU.

Rey de la intensidad

07 Diciembre 2005

Director, guionista, productor y operador de cámara... Michael Mann es un cineasta total que tiene una especialidad: mantener al público pegado a su asiento.

Así lo ha demostrado con creces en su último film, Collateral, todo un ejemplo de cómo crear tensión sin resultar artificial. Nada de grititos ni sorpresas detrás de la puerta. Mann es un verdadero especialista en que sea la propia atmósfera la que interpele a la sensibilidad del espectador y le implique en el guión, a menudo pulido y siempre verosímil. Quizá por eso sus películas son tan intensas: no se detiene en truculencias, sus personajes son resolutivos como la vida misma, pero también, como en ocurre con las persona, muestran interiores convulsos, contradictorios, insatisfechos. Y eso es algo que en el cine de Michael Mann une a héroes y villanos; lo que en el fondo es igual a decir que no lo son tanto, que la línea que los separa es muy delgada.

Michael Kenneth Mann nació en Chicago (Illinois) el 5 de febrero de 1943. Entre sus películas favoritas están Pasión de los fuertes, El acorazado Potemkin, Fausto, Apocalypse Now, Grupo salvaje, El año pasado en Marienbad, La pasión de Juana de Arco, Toro salvaje, Ciudadano Kane y Teléfono rojo volamos hacia Moscú. Estudió literatura inglesa en la Universidad de Wisconsin, tras lo cual marchó a Londres para estudiar cine en la International Film School. Comenzó sus pinitos en el mundo de la imagen con anuncios y documentales para la televisión, hasta que en 1971 su cortometraje Jaunpuri ganó el Premio del Jurado en Cannes. Por aquellos años contrajo matrimonio con Summer, con quien tiene cuatro hijos. Seguidamente compaginó labores de guionista (Police Story, 1973; Starsky y Hutch, 1975; River of Promises, 1977; Vega$, 1978) y sus pinitos en la dirección con Police Woman (1974) y la mencionada Vega$. Como se puede ver en estas producciones televisivas, desde el principio el género de Michael Mann fue el thriller; ahí forjó su técnica y su particular e intenso estilo narrativo, donde el ritmo jamás decae. Y quizá porque él conoce ese don mejor que nadie, muy pocas veces se ha aventurado por otros derroteros. Aunque, paradójicamente, su primer largometraje fue el drama deportivo Hombre libre (1979), un soberbio telefilm protagonizado por Peter Strauss (entonces el famoso “hermano rico” de Nick Nolte). Pero pronto regresó a su lugar: Ladrón (1981), un más que notable thriller criminal protagonizado por James Caan, fue nominado a la Palma de Oro en Cannes. Mann demostró que su talento no iba a ser fugaz y además ejerció por primera vez como director, guionista y productor ejecutivo. Luego dirigió El torreón (1983) y prosiguió con labores de producción en la serie Corrupción en Miami (1984) o Crime Story (1986). En 1986 dirigió el thriller de terror Hunter, sobre la novela de Harris que años después sería de nuevo llevada a la pantalla como El dragón rojo, tercera película sobre Hannibal Lecter.

Luego llegaron las cinco películas que han cimentado su genio; un buen puñado de nominaciones al Oscar las avalan. La primera fue El último mohicano (1992), ejemplo de cómo debe ser la épica en un film de aventuras. Luego enfrentó por vez primera a Robert De Niro y a Al Pacino en Heat (1995). Posteriormente llegaron El dilema (1999), quizá su film más redondo, por el que fue nominado al Oscar al mejor director, y Alí (2001), extenso biopic del mítico Cassius Clay. El único en que no ha ejercido de guionista ha sido en Collateral. En todos ellos, Mann ha demostrado ser un maestro en la creación de ambientes y en el uso dramático de la luz y los colores. De hecho, a menudo ejerce de operador de cámara en sus films. En la actualidad rueda Corrupción en Miami, con Colin Farrell y Jamie Foxx.

Filmografía
Blackhat. Amenaza en la red

2015 | Blackhat

Una central nuclear china sufre un accidente a resultas de un ciberataque. El mercado de la soja sufre una alteración que proporciona pingües beneficios a un astuto y anónimo hacker. Dawai Chen, el agente chino que investiga el caso detecta que han usado un código que idearon en su época universitaria él y Nick Hathaway, un cerebrito actualmente en prisión en una cárcel de Estados Unidos. Tras un acuerdo con Justicia, Hathaway colaborará para localizar al pirata informático, que posee lazos con violentos personajes, y parece tener en mente un nuevo ataque nada menos que en Yakarta, Indonesia. Entretenido thriller, pero que sabe a poco cuando uno se entera de que tiene como director a Michael Mann. El responsable de títulos como Heat y Collateral entrega vibrantes escenas de acción con mucha traca, y hasta logra que suspendamos la incredulidad en el clímax en un puente durante una fiesta religiosa en Yakarta, con degüellos sin que nadie del público pestañee. Pero la trama argumental resulta endeble, manida y sin demasiada garra, con una jerga informática que sonará a poca cosa al que sepa del tema, mientras que el neófito se perderá. Mientras, los lazos afectivos de los dos amigos, y la subtrama romántica que surge con Lien, la hermana de Dawai –ella misma experta ingeniera en redes que les ayuda en el caso–, están poco desarrollados, y ese trío actoral –Chris Hemsworth, Wang Leehom y Wei Tang– tampoco es exactamente el colmo de la expresividad. Secundarios como Viola Davis se limitan a cumplir. Al final queda un film impecable, pero demasiado frío y cerebral.

5/10
Luck

2011 | Luck | Serie TV

El apasionante mundo de las carreras de caballos. Los hipódromos y las cuadras son los principales escenarios de este drama en el que los engaños, las traiciones y las trampas están a la orden del día. El dinero, el poder y la ambición mandan.De la mano de Dustin Hoffman (Rain Man, Kramer contra Kramer) y un gran elenco de secundarios de la talla de Nick Nolte (El príncipe de las mareas) y Dennis Farina (Snatch. Cerdos y diamantes), Luck es un producto HBO y, tal y como nos tienen acostumbrados, es impecable desde un punto de vista técnico. Las carreras de caballos son totalmente espectaculares, consiguen trasladar la emoción al espectador que se ve, igual que los personajes, animando a su caballo desde el sofá de su casa. La luz, el ritmo, el poderío de estos animales, hasta la música de la cabecera, hacen que sea imposible apartar la vista de la pantalla.Con Michael Mann (Enemigos públicos, Collateral) en la dirección del episodio piloto y David Milch (Deadwood) como creador de la historia, la serie va camino de convertirse en título de culto, si este pura sangre ganador no se desfonda y sigue cabalgando en su arriesgada apuesta de hacer atractivo lo que para la mayoría es desconocido, gracias a que está urdido de forma irresistible, entre luces y sombras.No obstante, las cifras en EE.UU. no han acompañado. Y es que si hay que poner una pega a la serie es que el primer episodio es narrativamente complejo. Aparecen muchos personajes y no están claras las relaciones entre ellos o sus intenciones. Hay que sumar además que el mundo de las carreras de caballos tiene bastantes aristas y en algunos puntos de la serie el espectador puede estar preguntándose ¿qué es lo que está ocurriendo? Sin embargo a pesar de estas dificultades, la serie va avanzando y desvelando secretos, detalles y sorpresas que hacen que las piezas del puzzle vayan encajando. Ayuda mucho un plantel de actores que lo borda. Hoffman es siempre una garantía y en su primer trabajo en la televisión -74 años le contemplan- demuestra que sigue siendo uno de los mejores actores de nuestro tiempo. Sus acompañantes, entre ellos un Nick Nolte casi irreconocible, refuerzan el apartado interpretativo de una serie que hará las delicias de los aficionados a las historias con enjundia.

8/10
Enemigos públicos

2009 | Public Enemies

Nueva incursión en el mundo de los forajidos al margen de la ley del veterano Michael Mann, que debutó en el cine con la notable Ladrón, y ha indagado sobre el tema en títulos como Hunter, Heat, Collateral y Corrupción en Miami (2006). Esta vez se basa en hechos reales, recogidos en el libro ‘Public Enemies: America’s Greatest Crime Wave and the Birth of the FBI, 1933-34’, de Bryan Burrough. Recoge las peripecias de John Dillinger –personaje auténtico ya llevado al cine con desiguales resultados por John Milius (Dillinger), Lewis Teague (La dama de rojo) y Max Nosseck (Dillinger (1945))–. Fue el más afamado ladrón de bancos de todos los tiempos, a pesar de la competencia, pues vivió en una época prodiga en criminales míticos, como Baby Face Nelson o Pretty Boy Floyd. El guión –que remite a cintas como Bonnie and Clyde y Los intocables de Eliot Ness– sigue los pasos de John Dillinger durante 14 meses, a partir de su salida de la cárcel, en julio de 1934. Inicia entonces una oleada de atracos que le convirtieron en una presencia habitual de los periódicos. En ese tiempo, se enamora de Billie Frechette, una humilde empleada de un guardarropa. Dillinger debe esquivar a los hombres del agente federal Melvin Purvis, un experto tirador encargado de atraparle. Michael Mann se luce con una esmerada reconstrucción de la época, y hace hincapié en la lucha de J. Edgar Hoover, porque el congreso le dote de los medios legales y financieros suficientes para perseguir a los delincuentes que cometieran robos en un lugar y después cambiaran de estado. Uno de los puntos de interés es la lucha de Hoover por transformar el Bureau of Investigation que dirigía por aquel entonces en el actual FBI: Por otro lado, el cineasta transmite muy bien la fascinación que sentían los ciudadanos medios, en plena época de la Gran Depresión, por los grandes gángsteres y ladrones de bancos, que por entonces tenían mucha presencia en los medios de comunicación. Dillinger se convirtió en una especie de ídolo, en una época donde ciudadanos incapaces de saltarse una señal de tráfico admiraban a aquellos que habían solucionado sus problemas desafiando la ley. Como los bancos eran extremadamente impopulares, el asaltante Dillinger era aclamado como una especie de Robin Hood. Mannn ha sabido reflejar todo esto en muchos detalles, como la sesión de preguntas de unos periodistas emocionados con Dillinger, tras ser detenido, o en la pasión que despertaba el actor especializado en mafiosos James Cagney –al que imita un compinche de Dillinger– y películas como El enemigo público nº 1, que cobra gran importancia en el desenlace de este film. Sorprendente es la interpretación de Johnny Depp, en un registro más realista de lo habitual, que sabe transmitir la elegancia de su personaje, a pesar de sus métodos violentos, y añade un toque romántico que recuerda a alguna película de gángsteres de Humphrey Bogart, como El bosque petrificado o El último refugio. Es un personaje con muchos matices, descritos con sutileza en el guión, pues tuvo una infancia desgraciada, y a pesar de vivir al margen de la ley, tiene una especie de código de honor y valora la amistad por encima de todo, como los viejos personajes de las películas de Sam Peckinpah. Le secunda con convicción el prolífico Christian Bale, como un policía obsesionado por su presa, pero en el fondo honrado. Cuenta también el film con ilustres secundarios en papeles a veces muy menores, como Marion Cotillard, Channing Tatum, Giovanni Ribisi, Stephen Dorff y la casi olvidada Leelee Sobieski, que a pesar de su calidad, aquí casi no tiene papel. En su relato de ascensión y caída de un gángster, Michael Mann parte de viejos esquemas, que tan buenos resultados le dieron a Howard Hawks, en Scarface, el terror del hampa. Un planteamiento clásico filmado con el moderno estilo eminentemente visual del director de El dilema, un montaje trepidante y una sabia utilización de las cámaras digitales. Muchos son los momentos deslumbrantes, aunque cabe destacar el último atraco al banco, la huida de la posada y una surrealista y poco probable visita de Dillinger a la oficina desde donde se dirige su busca y captura. También se anota un tanto Michael Mann a la hora de integrar las canciones de la época en la trama.

8/10
Corrupción en Miami (2006)

2006 | Miami Vice

Michael Mann lleva al cine Corrupción en Miami, legendaria serie televisiva de los 80 en que ejerció de productor ejecutivo. El argumento es el típico de cualquier episodio de la serie que la memoria acierta a recordar. Sonny Crockett y Ricardo Tubbs, agentes de la brigada antivicio de Miami se enfrentan a una banda de narcotraficantes. Para obtener pruebas contra ellos, se hacen pasar por traficantes de armas. Una vez metido en el submundo del hampa, Sonny Crockett se enamora de Isabella, la novia de Montoya, uno de los malos (esto le suele suceder también a James Bond). El pobre Crockett se debate en un terrible dilema moral, pues si detiene a los narcos, no sabe si dejar escapar a su amada. Los del FBI se ponen nerviosos porque los de antivicio tardan demasiado, pero el duro Castillo, jefe de Crockett y Tubbs, da la cara por sus hombres. Por supuesto, Michael Mann vuelve a lucirse con el manejo de la cámara, sobre todo en los tiroteos. Pero éstos tardan en llegar, y todo es demasiado rutinario. Además, los protagonistas son esquemáticos, comparados con los personajes de otras películas de Mann, como los de El dilema, o sin ir más lejos, el asesino inquietante y el taxista bonachón de Collateral, su trabajo anterior. Don Johnson, que se hizo una gran estrella con su papel de Sonny Crockett, ha sido sustituido por un joven actor de moda, Collin Farrell, que empezó con buen pie, pero que tras criar buena fama, parece haberse echado a dormir. El siempre eficaz Jamie Foxx, que encarna a su compañero, Tubbs, tiene poco papel, así como Gong Li, musa del cine oriental. Y nuestra aportación nacional, Luis Tosar, ha aceptado un papel de cuatro escenas en las que tiene que poner cara de duro inexpresivo.

5/10
Collateral

2004 | Collateral

Max. Un taxista que hace su turno de noche. Alimenta sueños quiméricos, como el de poner en marcha un negocio de limusinas para llevar a celebridades y hombres de negocios. Pero en realidad es un perdedor, incapaz de ir a más allá de una conversación amistosa con una hermosa e inteligente viajera, fiscal, a la que lleva en su vehículo. Incluso ante su madre enferma mantiene la ficción de que su sueño de las limusinas es ya una realidad. Tras dejar a su cliente en determinado lugar, un nuevo viajero, Vincent, aborda su vehículo. Le ofrece una importante suma de dinero para estar a su disposición toda la noche, llevándole a cinco puntos donde debe visitar a cinco personas. Hasta ahí, todo normal. Pero en realidad Vincent es un frío asesino, que con increíble despego, está ‘trabajando’ en esas visitas. Cuando Max se entera, no tiene otro remedio que cooperar a la fuerza. Podía ser un thriller convencional, relativamente ingenioso en su punto de partida, y nada más. Pero Stuart Beattie firma un guión de primera división, muy bien escrito, donde la clave es lo bien perfilados que están los personajes, que se alejan, para bien, de los estereotipos al uso. De entrada, Vincent, al que da vida Tom Cruise, es el personaje más goloso: un asesino frío, pero que se encuentra a gusto con Max, al que desea sinceramente ayudar; y aunque le presiona, desde luego, para que no ponga obstáculos en sus crímenes, le da consejos válidos para su vida personal, desempeñando el papel de mentor; e igual habla de jazz de modo exquisito, que cae en un curioso humor negro, como cuando, a la pregunta sobre de qué murió su padre, responde que lo mató cuando tenía doce años, para a continuación asegurar que ‘es broma, murió de cáncer de estómago’. Max era carne de cañón para dar pie a un personaje de lo más trillado: el de hombre corriente que, ante una situación límite, responde con heroísmo. Por supuesto que esos mimbres forman parte de él, pero Beattie sabe dibujar con muchos matices su innegable frustración, y los trucos que tiene para evadirse. A lo que se suma la interpretación de un pedazo de actor, Jamie Foxx, que si no gana el Oscar por este film, lo hará por su otra composición del año en Ray. La trama tiene emoción, y rompe el saque en más de un momento. Vemos a la policía, que empieza a pisar los talones al asesino. Las muertes acontecen a veces de modo inesperado, cuando la historia estaba adquiriendo tintes muy humanos. Vemos a Max cantando las cuarenta a su jefe, a instancias de Vincent. Alguno podría considerar exagerado ese tipo tiroteado que cae justo encima del vehículo de Max. Pero esa ‘lluvia del cielo’ se convierte también en poderoso símbolo de cómo el taxista se ha sumergido, sin comerlo ni beberlo, en una aventura que va a cambiarle la vida. Los diálogos están muy cuidados, repletos de ingenio. Y los conocimientos de Max para llegar a los puntos de destino por la ruta más corta, contrastan con su innegable torpeza a la hora de orientarse por los caminos de su vida.

7/10
Alí

2001 | Ali

Nueva exploración del mito viviente de Mohammed Ali, antes conocido como Cassius Clay. Michael Mann (El último mohicano, Heat, El dilema) ofrece un retrato impresionista del boxeador, en el que quizá se echan en falta sus repliegues internos. El director prefiere usar trazos suaves en su cuadro del boxeador, que al final dejan una imagen que evita la pura hagiografía, al señalar también el difícil carácter del protagonista. La idea era que la película acompañara al protagonista en la búsqueda de su propia identidad. El film se inicia en el momento en que Ali alcanza el campeonato mundial de los pesos pesados, y llega hasta el inolvidable combate que le enfrentó con George Foreman en Zaire en 1974. En el apasionante recorrido que entrega Mann, no faltan sus relaciones amorosas, que nunca acababan de cuajar, y su compromiso ideológico y religioso, incluida su asociación con Los Panteras Negras y Malcolm X. El actor Mario Van Peebles, que da vida a este personaje, compara a Ali con Gary Cooper nada menos: “No quería ser político necesariamente, pero se encontró ahí fuera, de pie, diciendo, ‘Eh, tíos, dejad de pisotearme’.” Los pasos de Ali son servidos con música e imágenes de enorme fuerza. A veces se suscitan muchos ‘por qué’ que no reciben respuesta, y que invitan a profundizar por libre en la vida del boxeador. Mann considera que Ali personificó conceptos tan importantes como el orgullo racial, el conocimiento propio, el sacrificio y la capacidad de desafiar al mundo entero. Pero como ya hiciera en El dilema, prefiere mostrar los hechos externos sin juzgarlos ni buscar motivaciones. Decisiones como hacerse musulmán o negarse a luchar en Vietnam, o los diversos fracasos sentimentales, están ahí, y son prueba de la fuerza (o debilidad) de su voluntad; pero nos faltan elementos para comprender. Eso sí, los combates están muy bien rodados (un paso adelante en el subgénero del cine de boxeo), y Will Smith compone un fantástico Ali. Resulta muy justa su nominación al Oscar; la que recibió Jon Voight por su personaje del periodista deportivo Howard Cossell quizá corresponde más al apartado de maquillaje, pues se logra un sorprendente parecido físico con el personaje real.

6/10
El dilema

1999 | The Insider

Jeffrey Wigand es jefe del departamento de investigación y desarrollo de Brown & Williamson, una importante empresa tabaquera. Como resultado de sus estudios entrega un informe que demuestra que la nicotina produce adicción. A partir de ese momento el informe desaparece de la empresa, y cuando Jeffrey revela su contenido a Lowell Bergman, célebre periodista del programa televisivo 60 minutes, su vida se convierte en un infierno, donde no faltan las amenazas. El caso acaba enfrentando al estado de Mississippi con Brown & Williamson. Esta película lleva a la pantalla hechos reales que aparecieron narrados con talento en un apasionante artículo de Marie Brenner en Vanity Fair bajo el título 'El hombre que sabía demasiado'. El film muestra unos villanos distintos a aquéllos a que nos tiene acostumbrados el cine: las grandes multinacionales, que tienen detras a personajes poco conocidos por el gran público, pero que acumulan toneladas de poder, ejercido a veces de un modo, ¿cómo diríamos?... poco ortodoxo. Se ha procurado ser muy fiel a los hechos auténticos. El Fiscal del Estado de Mississippi Michael Moore  , que llevó el caso, creyó revivir los acontecimientos al ver el detalle con que se habían reproducido los escenarios. El propio Fiscal se permitió un cameo en el film, interpretándose a sí mismo. De todos modos se advierte que el personaje de la esposa de Jeffrey es algo esquemático, con lo que sus problemas familiares pierden peso dramático. No es la primera vez que Al Pacino trabaja con el meticuloso director Michael Mann. Ambos coincidieron en el emocionante thriller Heat, donde había un duelo interpretativo de primera magnitud entre Pacino (el policía) y Robert De Niro (el ladrón). Pacino comenta que Mann es de esos “directores en los que adivinas su trabajo antes de verlo, porque sabes que están haciendo, de verdad, una película.”

8/10
Heat

1995 | Heat

Una sofisticada banda de ladrones realiza un robo de enorme audacia. Neil McCauley (Robert De Niro), su cabecilla, es un hombre inteligente, que prefiere evitar crueldades innecesarias, pero de una gran frialdad que cultiva a propósito. Por ello trata de evitar implicarse demasiado a fondo en sus relaciones con las personas: para estar libre de ataduras. El golpe recién cometido lo investiga Vincent Hanna (Al Pacino), un concienzudo policía, a quien su excesiva implicación en el trabajo causa problemas afectivos: se ha divorciado en dos ocasiones, y su esposa actual, a pesar del amor que le profesa, comienza ya a estar algo quejosa. Michael Mann escribe y dirige un film complejo, tanto de estructura como de producción y realización. El director había demostrado su capacidad para conjugar espectáculo de acción e historia de interés humano en El último mohicano. Mann vuelve aquí por los mismos derroteros, pero con mayor acierto, gracias también a unos cuantos momentos intensos, muy bien planificados. No sólo es capaz de coreografiar los robos y persecuciones con la misma o mayor efectividad que cualquier “jungla de cristal”, sino que sabe introducirlos en una historia de entidad, en la que se dibujan dos personajes principales: el ladrón y el policía, los cuales, a pesar de estar en bandos opuestos, tienen más de un punto en común. La idea de introducir un improbable encuentro entre los dos, antes del enfrentamiento final, se revela audaz y eficaz para mostrar esa proximidad. Sin duda que la presencia de dos actores enormes, De Niro y Pacino, contribuye a elevar éste y otros momentos del film. Y es que uno de los grandes aciertos de la película es el muy meditado reparto. A pesar de algunas pegas en personajes poco dibujados –un negro que trata de reinsertarse, la hijastra del policía–, la película funciona muy bien en líneas generales. Hay violencia, pero no regodeo en la misma, y un tratamiento casi siempre contenido de lo morboso. Varias subtramas están desarrolladas con acierto, ya sean las más puramente policíacas, o las que presentan a unos delincuentes y policías en los que late el deseo de llevar una vida familiar normal: poder estar con alguien, compartir lo bueno y lo menos bueno... Pero se trata de personajes con sentimientos contradictorios. Un trabajo para servir a la sociedad, puede no llenar la vida propia y de los que la rodean... El deseo de dejar un determinado estilo de vida no es fácil... Pueden no lamentarse determinados comportamientos bajo el escudo de un sentido fatalista de la vida... El sentimiento de venganza puede dar al traste con decisiones previas... Al final siempre llega en la vida el momento de optar, y cuando a Nel se le presenta –uno de los momentos más excitantes del film no le resulta nada fácil. Dante Spinotti ha fotografíado la película. A él se debe una atractiva visión nocturna de Los Ángeles, iluminada como un maravilloso y enorme árbol de Navidad. También se revela como muy importante su función en la secuencia del clímax, que transcurre en un aeropuerto, y en el que el constante encendido y apagado de las luces para el despegue y aterrizaje de aviones se convierte en una buena metáfora del mundo de luces y sombras en que se mueven los protagonistas.

7/10
El último mohicano

1992 | The Last of the Mohicans

América del Norte, durante las guerras coloniales entre Francia e Inglaterra. Hawkeye es un hombre blanco que vive con su padre adoptivo indio, Chingachgook, y el hijo de éste, Uncas, últimos supervivientes de la tribu de los mohicanos. Un día rescatan a dos hermanas británicas, Cora y Alice, de una emboscada mortal de indios hurones. Y las llevan al fuerte donde está su padre, oficial inglés. Pero las tropas francesas y sus sanguinarios aliados, los hurones, cercan el fuerte. El director Michael Mann, artífice de El dilema y Collateral, despuntó con esta maravillosa y épica adaptación, bastante libre por otra parte, de la inmortal obra del novelista norteamericano James Fenimore Cooper. Impresionante interpretación de Daniel Day-Lewis, bellísima Madeleine Stowe, música increíble y pegadiza de Trevor Jones y asombrosas escenas de acción. Memorable y de una belleza fascinadora resulta el comienzo del film, cuando los tres indios persiguen por los bosques a una pieza de caza. A lo largo del film hay momentos además que quedan grabados en el imaginario del cinéfilo, como la escena de la cascada, la violenta emboscada contra los ingleses a la salida del fuerte o los enfrentamientos finales en el camino de rocas. Un film de aventuras y acción de los que marcan una época.

7/10
Hunter

1986 | Manhunter

En 1986, el personaje de Thomas Harris asomaba a la pantalla. Pocos se enteraron. Pero el film, primera versión de El dragón rojo, se ha revalorizado con los años. Michael Mann (Heat, El dilema, Alí) firmó una versión inquietante de la historia, donde William Petersen (el forense de C.S.I.) hacía el papel de Edward Norton, Brian Cox el de Anthony Hopkins, Joan Allen el de Emily Watson, y Dennis Farina el de Harvey Keitel. La comparación de los dos filmes es un ejercicio interesantísimo, por ejemplo en la escena de la silla de ruedas ardiente.

6/10
Ladrón

1981 | Thief

Temprano film de Michael Mann, sobre un ladrón de cajas fuertes, recién salido de la cárcel, que acepta un “último” trabajo, antes de convertirse en ciudadano modelo. Gran trabajo de James Caan.

6/10
Hombre libre

1979 | The Jericho Mile

El primer trabajo notable del luego célebre Michael Mann. Se trata de un telefilm muy apañado, que sigue la pista a “Rain” Murphy, preso en una penitenciaría, donde cumple cadena perpetua. Algo curioso, pues parece un tipo bastante normal, que dedica la mayor parte del tiempo que está en el patio a correr. Y precisamente llama la atención de las autoridades del penal, pues piensan que el hombre podría entrenar para competir en las olimpiadas nada menos.Mann entrega un sólido drama carcelario, del que es coguionista además de director. El film pinta no sólo las aspiraciones deportivas del protagonista, un motivo para la esperanza, sino sus relaciones con otros internos. Singularmente con el ocupante de la celda contigua, su único amigo en el lugar, pero también con los cabecillas de los distintos clanes, los afroamericanos, los hispanos y los blancos, que manejan peculiares códigos de honor y conducta, mientras trapichean con droga y urden terribles venganzas. Destacan las escenas de Rain corriendo, muy notables al mantener el foco en el atleta y mostrar borrosos a los espectadores. Y hay un toque humano, que aunque algo tópico en algunas ideas, ayuda a entender el motivo que condujo a Rain a la cárcel. Protagoniza la cinta Peter Strauss, célebre por su trabajo en la serie televisiva Hombre rico, hombre pobre, y que demuestra estar en perfecta forma atlética.

6/10
Enemigos públicos

2009 | Public Enemies

Nueva incursión en el mundo de los forajidos al margen de la ley del veterano Michael Mann, que debutó en el cine con la notable Ladrón, y ha indagado sobre el tema en títulos como Hunter, Heat, Collateral y Corrupción en Miami (2006). Esta vez se basa en hechos reales, recogidos en el libro ‘Public Enemies: America’s Greatest Crime Wave and the Birth of the FBI, 1933-34’, de Bryan Burrough. Recoge las peripecias de John Dillinger –personaje auténtico ya llevado al cine con desiguales resultados por John Milius (Dillinger), Lewis Teague (La dama de rojo) y Max Nosseck (Dillinger (1945))–. Fue el más afamado ladrón de bancos de todos los tiempos, a pesar de la competencia, pues vivió en una época prodiga en criminales míticos, como Baby Face Nelson o Pretty Boy Floyd. El guión –que remite a cintas como Bonnie and Clyde y Los intocables de Eliot Ness– sigue los pasos de John Dillinger durante 14 meses, a partir de su salida de la cárcel, en julio de 1934. Inicia entonces una oleada de atracos que le convirtieron en una presencia habitual de los periódicos. En ese tiempo, se enamora de Billie Frechette, una humilde empleada de un guardarropa. Dillinger debe esquivar a los hombres del agente federal Melvin Purvis, un experto tirador encargado de atraparle. Michael Mann se luce con una esmerada reconstrucción de la época, y hace hincapié en la lucha de J. Edgar Hoover, porque el congreso le dote de los medios legales y financieros suficientes para perseguir a los delincuentes que cometieran robos en un lugar y después cambiaran de estado. Uno de los puntos de interés es la lucha de Hoover por transformar el Bureau of Investigation que dirigía por aquel entonces en el actual FBI: Por otro lado, el cineasta transmite muy bien la fascinación que sentían los ciudadanos medios, en plena época de la Gran Depresión, por los grandes gángsteres y ladrones de bancos, que por entonces tenían mucha presencia en los medios de comunicación. Dillinger se convirtió en una especie de ídolo, en una época donde ciudadanos incapaces de saltarse una señal de tráfico admiraban a aquellos que habían solucionado sus problemas desafiando la ley. Como los bancos eran extremadamente impopulares, el asaltante Dillinger era aclamado como una especie de Robin Hood. Mannn ha sabido reflejar todo esto en muchos detalles, como la sesión de preguntas de unos periodistas emocionados con Dillinger, tras ser detenido, o en la pasión que despertaba el actor especializado en mafiosos James Cagney –al que imita un compinche de Dillinger– y películas como El enemigo público nº 1, que cobra gran importancia en el desenlace de este film. Sorprendente es la interpretación de Johnny Depp, en un registro más realista de lo habitual, que sabe transmitir la elegancia de su personaje, a pesar de sus métodos violentos, y añade un toque romántico que recuerda a alguna película de gángsteres de Humphrey Bogart, como El bosque petrificado o El último refugio. Es un personaje con muchos matices, descritos con sutileza en el guión, pues tuvo una infancia desgraciada, y a pesar de vivir al margen de la ley, tiene una especie de código de honor y valora la amistad por encima de todo, como los viejos personajes de las películas de Sam Peckinpah. Le secunda con convicción el prolífico Christian Bale, como un policía obsesionado por su presa, pero en el fondo honrado. Cuenta también el film con ilustres secundarios en papeles a veces muy menores, como Marion Cotillard, Channing Tatum, Giovanni Ribisi, Stephen Dorff y la casi olvidada Leelee Sobieski, que a pesar de su calidad, aquí casi no tiene papel. En su relato de ascensión y caída de un gángster, Michael Mann parte de viejos esquemas, que tan buenos resultados le dieron a Howard Hawks, en Scarface, el terror del hampa. Un planteamiento clásico filmado con el moderno estilo eminentemente visual del director de El dilema, un montaje trepidante y una sabia utilización de las cámaras digitales. Muchos son los momentos deslumbrantes, aunque cabe destacar el último atraco al banco, la huida de la posada y una surrealista y poco probable visita de Dillinger a la oficina desde donde se dirige su busca y captura. También se anota un tanto Michael Mann a la hora de integrar las canciones de la época en la trama.

8/10
Corrupción en Miami (2006)

2006 | Miami Vice

Michael Mann lleva al cine Corrupción en Miami, legendaria serie televisiva de los 80 en que ejerció de productor ejecutivo. El argumento es el típico de cualquier episodio de la serie que la memoria acierta a recordar. Sonny Crockett y Ricardo Tubbs, agentes de la brigada antivicio de Miami se enfrentan a una banda de narcotraficantes. Para obtener pruebas contra ellos, se hacen pasar por traficantes de armas. Una vez metido en el submundo del hampa, Sonny Crockett se enamora de Isabella, la novia de Montoya, uno de los malos (esto le suele suceder también a James Bond). El pobre Crockett se debate en un terrible dilema moral, pues si detiene a los narcos, no sabe si dejar escapar a su amada. Los del FBI se ponen nerviosos porque los de antivicio tardan demasiado, pero el duro Castillo, jefe de Crockett y Tubbs, da la cara por sus hombres. Por supuesto, Michael Mann vuelve a lucirse con el manejo de la cámara, sobre todo en los tiroteos. Pero éstos tardan en llegar, y todo es demasiado rutinario. Además, los protagonistas son esquemáticos, comparados con los personajes de otras películas de Mann, como los de El dilema, o sin ir más lejos, el asesino inquietante y el taxista bonachón de Collateral, su trabajo anterior. Don Johnson, que se hizo una gran estrella con su papel de Sonny Crockett, ha sido sustituido por un joven actor de moda, Collin Farrell, que empezó con buen pie, pero que tras criar buena fama, parece haberse echado a dormir. El siempre eficaz Jamie Foxx, que encarna a su compañero, Tubbs, tiene poco papel, así como Gong Li, musa del cine oriental. Y nuestra aportación nacional, Luis Tosar, ha aceptado un papel de cuatro escenas en las que tiene que poner cara de duro inexpresivo.

5/10
Alí

2001 | Ali

Nueva exploración del mito viviente de Mohammed Ali, antes conocido como Cassius Clay. Michael Mann (El último mohicano, Heat, El dilema) ofrece un retrato impresionista del boxeador, en el que quizá se echan en falta sus repliegues internos. El director prefiere usar trazos suaves en su cuadro del boxeador, que al final dejan una imagen que evita la pura hagiografía, al señalar también el difícil carácter del protagonista. La idea era que la película acompañara al protagonista en la búsqueda de su propia identidad. El film se inicia en el momento en que Ali alcanza el campeonato mundial de los pesos pesados, y llega hasta el inolvidable combate que le enfrentó con George Foreman en Zaire en 1974. En el apasionante recorrido que entrega Mann, no faltan sus relaciones amorosas, que nunca acababan de cuajar, y su compromiso ideológico y religioso, incluida su asociación con Los Panteras Negras y Malcolm X. El actor Mario Van Peebles, que da vida a este personaje, compara a Ali con Gary Cooper nada menos: “No quería ser político necesariamente, pero se encontró ahí fuera, de pie, diciendo, ‘Eh, tíos, dejad de pisotearme’.” Los pasos de Ali son servidos con música e imágenes de enorme fuerza. A veces se suscitan muchos ‘por qué’ que no reciben respuesta, y que invitan a profundizar por libre en la vida del boxeador. Mann considera que Ali personificó conceptos tan importantes como el orgullo racial, el conocimiento propio, el sacrificio y la capacidad de desafiar al mundo entero. Pero como ya hiciera en El dilema, prefiere mostrar los hechos externos sin juzgarlos ni buscar motivaciones. Decisiones como hacerse musulmán o negarse a luchar en Vietnam, o los diversos fracasos sentimentales, están ahí, y son prueba de la fuerza (o debilidad) de su voluntad; pero nos faltan elementos para comprender. Eso sí, los combates están muy bien rodados (un paso adelante en el subgénero del cine de boxeo), y Will Smith compone un fantástico Ali. Resulta muy justa su nominación al Oscar; la que recibió Jon Voight por su personaje del periodista deportivo Howard Cossell quizá corresponde más al apartado de maquillaje, pues se logra un sorprendente parecido físico con el personaje real.

6/10
El dilema

1999 | The Insider

Jeffrey Wigand es jefe del departamento de investigación y desarrollo de Brown & Williamson, una importante empresa tabaquera. Como resultado de sus estudios entrega un informe que demuestra que la nicotina produce adicción. A partir de ese momento el informe desaparece de la empresa, y cuando Jeffrey revela su contenido a Lowell Bergman, célebre periodista del programa televisivo 60 minutes, su vida se convierte en un infierno, donde no faltan las amenazas. El caso acaba enfrentando al estado de Mississippi con Brown & Williamson. Esta película lleva a la pantalla hechos reales que aparecieron narrados con talento en un apasionante artículo de Marie Brenner en Vanity Fair bajo el título 'El hombre que sabía demasiado'. El film muestra unos villanos distintos a aquéllos a que nos tiene acostumbrados el cine: las grandes multinacionales, que tienen detras a personajes poco conocidos por el gran público, pero que acumulan toneladas de poder, ejercido a veces de un modo, ¿cómo diríamos?... poco ortodoxo. Se ha procurado ser muy fiel a los hechos auténticos. El Fiscal del Estado de Mississippi Michael Moore  , que llevó el caso, creyó revivir los acontecimientos al ver el detalle con que se habían reproducido los escenarios. El propio Fiscal se permitió un cameo en el film, interpretándose a sí mismo. De todos modos se advierte que el personaje de la esposa de Jeffrey es algo esquemático, con lo que sus problemas familiares pierden peso dramático. No es la primera vez que Al Pacino trabaja con el meticuloso director Michael Mann. Ambos coincidieron en el emocionante thriller Heat, donde había un duelo interpretativo de primera magnitud entre Pacino (el policía) y Robert De Niro (el ladrón). Pacino comenta que Mann es de esos “directores en los que adivinas su trabajo antes de verlo, porque sabes que están haciendo, de verdad, una película.”

8/10
Heat

1995 | Heat

Una sofisticada banda de ladrones realiza un robo de enorme audacia. Neil McCauley (Robert De Niro), su cabecilla, es un hombre inteligente, que prefiere evitar crueldades innecesarias, pero de una gran frialdad que cultiva a propósito. Por ello trata de evitar implicarse demasiado a fondo en sus relaciones con las personas: para estar libre de ataduras. El golpe recién cometido lo investiga Vincent Hanna (Al Pacino), un concienzudo policía, a quien su excesiva implicación en el trabajo causa problemas afectivos: se ha divorciado en dos ocasiones, y su esposa actual, a pesar del amor que le profesa, comienza ya a estar algo quejosa. Michael Mann escribe y dirige un film complejo, tanto de estructura como de producción y realización. El director había demostrado su capacidad para conjugar espectáculo de acción e historia de interés humano en El último mohicano. Mann vuelve aquí por los mismos derroteros, pero con mayor acierto, gracias también a unos cuantos momentos intensos, muy bien planificados. No sólo es capaz de coreografiar los robos y persecuciones con la misma o mayor efectividad que cualquier “jungla de cristal”, sino que sabe introducirlos en una historia de entidad, en la que se dibujan dos personajes principales: el ladrón y el policía, los cuales, a pesar de estar en bandos opuestos, tienen más de un punto en común. La idea de introducir un improbable encuentro entre los dos, antes del enfrentamiento final, se revela audaz y eficaz para mostrar esa proximidad. Sin duda que la presencia de dos actores enormes, De Niro y Pacino, contribuye a elevar éste y otros momentos del film. Y es que uno de los grandes aciertos de la película es el muy meditado reparto. A pesar de algunas pegas en personajes poco dibujados –un negro que trata de reinsertarse, la hijastra del policía–, la película funciona muy bien en líneas generales. Hay violencia, pero no regodeo en la misma, y un tratamiento casi siempre contenido de lo morboso. Varias subtramas están desarrolladas con acierto, ya sean las más puramente policíacas, o las que presentan a unos delincuentes y policías en los que late el deseo de llevar una vida familiar normal: poder estar con alguien, compartir lo bueno y lo menos bueno... Pero se trata de personajes con sentimientos contradictorios. Un trabajo para servir a la sociedad, puede no llenar la vida propia y de los que la rodean... El deseo de dejar un determinado estilo de vida no es fácil... Pueden no lamentarse determinados comportamientos bajo el escudo de un sentido fatalista de la vida... El sentimiento de venganza puede dar al traste con decisiones previas... Al final siempre llega en la vida el momento de optar, y cuando a Nel se le presenta –uno de los momentos más excitantes del film no le resulta nada fácil. Dante Spinotti ha fotografíado la película. A él se debe una atractiva visión nocturna de Los Ángeles, iluminada como un maravilloso y enorme árbol de Navidad. También se revela como muy importante su función en la secuencia del clímax, que transcurre en un aeropuerto, y en el que el constante encendido y apagado de las luces para el despegue y aterrizaje de aviones se convierte en una buena metáfora del mundo de luces y sombras en que se mueven los protagonistas.

7/10
El último mohicano

1992 | The Last of the Mohicans

América del Norte, durante las guerras coloniales entre Francia e Inglaterra. Hawkeye es un hombre blanco que vive con su padre adoptivo indio, Chingachgook, y el hijo de éste, Uncas, últimos supervivientes de la tribu de los mohicanos. Un día rescatan a dos hermanas británicas, Cora y Alice, de una emboscada mortal de indios hurones. Y las llevan al fuerte donde está su padre, oficial inglés. Pero las tropas francesas y sus sanguinarios aliados, los hurones, cercan el fuerte. El director Michael Mann, artífice de El dilema y Collateral, despuntó con esta maravillosa y épica adaptación, bastante libre por otra parte, de la inmortal obra del novelista norteamericano James Fenimore Cooper. Impresionante interpretación de Daniel Day-Lewis, bellísima Madeleine Stowe, música increíble y pegadiza de Trevor Jones y asombrosas escenas de acción. Memorable y de una belleza fascinadora resulta el comienzo del film, cuando los tres indios persiguen por los bosques a una pieza de caza. A lo largo del film hay momentos además que quedan grabados en el imaginario del cinéfilo, como la escena de la cascada, la violenta emboscada contra los ingleses a la salida del fuerte o los enfrentamientos finales en el camino de rocas. Un film de aventuras y acción de los que marcan una época.

7/10
Hunter

1986 | Manhunter

En 1986, el personaje de Thomas Harris asomaba a la pantalla. Pocos se enteraron. Pero el film, primera versión de El dragón rojo, se ha revalorizado con los años. Michael Mann (Heat, El dilema, Alí) firmó una versión inquietante de la historia, donde William Petersen (el forense de C.S.I.) hacía el papel de Edward Norton, Brian Cox el de Anthony Hopkins, Joan Allen el de Emily Watson, y Dennis Farina el de Harvey Keitel. La comparación de los dos filmes es un ejercicio interesantísimo, por ejemplo en la escena de la silla de ruedas ardiente.

6/10
Ladrón

1981 | Thief

Temprano film de Michael Mann, sobre un ladrón de cajas fuertes, recién salido de la cárcel, que acepta un “último” trabajo, antes de convertirse en ciudadano modelo. Gran trabajo de James Caan.

6/10
Hombre libre

1979 | The Jericho Mile

El primer trabajo notable del luego célebre Michael Mann. Se trata de un telefilm muy apañado, que sigue la pista a “Rain” Murphy, preso en una penitenciaría, donde cumple cadena perpetua. Algo curioso, pues parece un tipo bastante normal, que dedica la mayor parte del tiempo que está en el patio a correr. Y precisamente llama la atención de las autoridades del penal, pues piensan que el hombre podría entrenar para competir en las olimpiadas nada menos.Mann entrega un sólido drama carcelario, del que es coguionista además de director. El film pinta no sólo las aspiraciones deportivas del protagonista, un motivo para la esperanza, sino sus relaciones con otros internos. Singularmente con el ocupante de la celda contigua, su único amigo en el lugar, pero también con los cabecillas de los distintos clanes, los afroamericanos, los hispanos y los blancos, que manejan peculiares códigos de honor y conducta, mientras trapichean con droga y urden terribles venganzas. Destacan las escenas de Rain corriendo, muy notables al mantener el foco en el atleta y mostrar borrosos a los espectadores. Y hay un toque humano, que aunque algo tópico en algunas ideas, ayuda a entender el motivo que condujo a Rain a la cárcel. Protagoniza la cinta Peter Strauss, célebre por su trabajo en la serie televisiva Hombre rico, hombre pobre, y que demuestra estar en perfecta forma atlética.

6/10
Starsky y Hutch (2ª temporada)

1976 | Starsky and Hutch | Serie TV

Esta temporada de la serie de la ilustre pareja policial está considerada una de las mejores por los incondicionales. Interpretan personajes secundarios ilustres actores como José Ferrer, Jeff Goldblum o Edward James Olmos.

5/10
Starsky y Hutch

1975 | Starsky and Hutch | Serie TV

Dave Starsky y Ken Hutchinson, forman una singular pareja de policías. Starsky y Hutchinson, más conocido como ‘Hutch’, suelen recurrir a Huggy Bear, su dicharachero confidente, para resolver los casos más complejos. La pareja conduce un coche rojo, con una raya de color blanco. Uno de los grandes éxitos televisivos de los 70, con trepidantes persecuciones y mucho humor. Ben Stiller y Owen Wilson protagonizaron la versión cinematográfica.

6/10

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