Reportajes
Cannes 2012, día 18: distintos tipos de realidad
El Festival pisa a fondo el acelerador al entrar, junto a las películas de la competición, las obras presentadas en la sección “Un Certain Regard”. Alguien me decía ayer que a las dos de la tarde se ofrecían catorce películas distintas al público. Se comprende fácilmente que si multiplicamos este número por doce horas de proyecciones, se alcanzan cifras insólitas, imposible llegar a todo ese cine.
Así las cosas, seamos sencillos y ciñámonos pues más modestamente a las obras presentadas en el Palacio de los Festivales, que constituyen el núcleo central de nuestro interés, y confíemos en lo que nos puedan deparar los organizadores del festival.
Las realidades de la competición: Ulrich Seidl y Mateo Garrone.
Ulrich Seidl es conocido en Cannes. Su anterior película –Import-Export– figuraba en la selección de 2007. Ahora presenta Paradies: Liebe, que aborda el delicado tema del turismo sexual. Existe una primera dificultad con esta película: que forma parte de una trilogía destinada a interesarse por las mujeres de una cierta edad que buscan la felicidad. Está previsto que los temas de las otras dos películas sean la ayuda humanitaria y la evangelización. Será quizá difícil en ese caso acusar la obra de Seidl de antifeminismo, sólo basándose en el caso de las mujeres de esta película, que buscan establecer relaciones sexuales, que son en realidad una forma de prostitución con los jóvenes pobres de las costas de Kenia. La película no toma partido por las turistas, pero tampoco con la juventud africana presentada, que no duda en ofrecerse como mercancía solo valorable en dinero. Dada la forma de rodar de Seidl, que deja un espacio importante a la improvisación, la película consiste en una serie de secuencias, algunas interminables, de contenido sexual explícito y particularmente penoso. Al final, algunas imágenes poéticas buscan atenuar el carácter complaciente de los desnudos, dos imágenes se cruzan, la de la decadencia europea, simbolizada en las turistas, y la de los nuevos países africanos, expresadas en hazañas de gimnastas.
Mateo Garrone, después del éxito en Cannes de Gomorra, Gran Premio del Jurado en Cannes en 2008, deseaba cambiar de tercio. Para ello ha elegido en Reality una comedia que aborda al mismo tiempo un tema social: la influencia de la televisión en la vida ordinaria. La acción se sitúa en Nápoles, donde el exuberante Luciano (Aniello Arena), que tiene una pescadería, decide postularse para participar en una emisión de “tele-realidad”, que ha existido en otra latitudes, el famoso “Il grande fratello”. Luciano entra en el juego sin grandes esperanzas, pero alentado por su familia y los amigos de su barrio napolitano. A cada día que pasa su deseo se hace más patente, hasta convertirse en una obsesión. Ningún consejo le aparta de ese sueño sin fundamento, ni siquiera sabias advertencias de parte de su familia y su recurso a la religión. Todo apunta a una pérdida definitiva del sentido de la realidad.
Rodada a través de muy bellos planos secuencia, podría haber sido una comedia a la italiana de las que constituyen la gloria del cine italiano de los años 60-70, o haber servido de base a una obra de Federico Fellini, si se hubiera acudido a un estilo más barroco. Garrone intenta mantener un equilibrio entre realidad y cuento de hadas, sin abandonar ninguno de los dos terrenos. El guión prolonga quizá inútilmente ciertas situaciones –los dramas familiares de Luciano– y desconcierta otra veces con una vertiente religiosa sólidamente argumentada. Al final queda un sentimiento de frustración, y ello aunque Reality sea una obra cuya presencia en Cannes está plenamente justificada.
La puesta en marcha de “Un Certain Regard”.
La inauguración de la sección “Un Certain Regard” ha traído cine del mundo entero, pues en las primeras presentaciones han coexistido obras de China, Kazajistán y Estados Unidos. La inauguración, en el ambiente de complicidad que crea la sala Debussy, ha estado a cargo de la película china de Lou Ye Mystery. Lou Ye fue sancionado en China con la prohibición de rodar durante cinco años, tras presentar en Cannes en 2006 Una juventud china, que abordaba por primera vez un tema tabú: los acontecimientos de la plaza de Tiananmen. Después, Lou Ye ha seguido haciendo cine fuera de China para finalmente ser autorizado a volver. Mistery es pues su primera película china después de la sanción. Se trata de una curiosa mezcla: la de una trama policíaca compleja, de influencia americana, pero al mismo tiempo referida a la vida en la China actual. La realización es impecable y el interés de la película reside en su doble referencia, que no es preciso oponer, puesto que la China que contemplamos hoy se parece cada vez mas al mundo occidental.
Cambio de decorado con Student, de Darezhan Omyrbaev, que representa a Kazajistán. Omyrbaev es casi el único cineasta de este país conocido a nivel mundial. Y esta vez toma como referencia “Crimen y castigo”, la gran novela de Fedor Dostoievski, que adapta a la realidad actual. Su protagonista es un estudiante de filosofía solitario, que desea cometer el crimen como acto gratuito, antes de entrar en razón y entregarse a la Policía para pagar su crimen. Aunque muchos personajes cambian, queda en Student la realidad redentora del amor de la única mujer por la que el joven estudiante se ha interesado. Omirbayev rueda generalmente con actores no profesionales –aquí Nurlan Baitasov y Maya Serikbayeva– y su estilo es claramente bressoniano, un estilo que el realizador reivindica y que se encuentra sin dificultad en su película.
Dejo para el final la película que para mí ha sido el acontecimiento de este tercer día del Festival. Como se trata además de una primera obra, en competición por la “Cámara de Oro”, su presentación ha creado cierta expectación. Se trata de Beasts of the Southern Wild (Los animales del Sur salvaje), escrita y dirigida por Benh Zeitlin, que llega avalada por su éxito en el Festival de Sundance. Zeitlin ha escrito la historia, con su amiga de la infancia, Lucy Aklibar, y ha compuesto él mismo la música. La acción transcurre en Luisina después de la catástrofe del Katrina, y su tema, de fuerte coloración ecológica, es la difícil vida de una niña de seis años, que debe luchar por su existencia en un paisaje de desolación. Basándose en imágenes de la realidad, la película introduce, con una gran habilidad, elementos poéticos y fantásticos. Y, por otra parte es preciso reconocer el trabajo prodigioso de los actores no profesionales: Dewight Heny y Quvenzhane Wallis. En cuanto a influencias, habría que buscarlas sobre todo del lado de Terrence Malick.
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