Reportajes
Paolo Sorrentino clausura el Festival de Cine Italiano con "La gran belleza"
La 6ª edición del Festival de Cine Italiano de Madrid ha dejado mejor sabor de boca que nunca. Los cines Verdi de Madrid, donde tienen lugar las proyecciones más importantes, han estado repletos de espectadores que han podido disfrutar de una cosecha especialmente buena de los largometrajes del país de la bota.
El Premio al mejor cortometraje ha sido para 37º4S, de Adriano Valero, con Mención Especial del Jurado para La prima legge de Newton, de Piero Messina. El otro galardón que se otorga, relativo al mejor documental, ha ido a parar a Anija (La nave), de Roland Sejko.
Por su parte, los largometrajes no compiten, pero el nivel de los últimos días ha sido excelente. Se diría que Gianni Amelio (Lamerica, Niños robados) es un valor seguro. Pero demuestra estar especialmente inspirado en L'intrepido, retrato del individualismo imperante y de la crisis de valores de la sociedad, a través de las peripecias de Antonio, padre divorciado de mediana edad que se dedica a la poca gratificante tarea de reemplazar a otros trabajadores, realizando por horas o por alguna jornada todo tipo de ocupaciones: mensajero, vendedor de flores, limpiador, conductor de tranvía, etc. Intentará echarle una mano a las nuevas generaciones, representadas por su hijo, un músico atormentado, y Lucia, una muchacha desencantada.
El film no escabulle la dura realidad del momento actual en su país, en un tono tragicómico que por un lado conecta con el Neorrealismo italiano, y por otro bebe directamente del Charles Chaplin de Tiempos modernos. El habitual cómico histriónico Antonio Albanese, conocido internacionalmente por A Roma con amor, realiza un excelente trabajo, mucho más contenido de lo habitual. Desemboca en un final orínico, pero en cierta forma esperanzador.
El veterano Ettore Scola vuelve al cine después de 10 años con Che Strano chiamarse Federico, que supone un brillante homenaje a la memoria de su amigo Federico Fellini, rodado con motivo del vigésimo aniversario de la muerte del maestro.
Clasificado por el Festival como documental, lo cierto es que resulta difícil adscribir Che Strano chiamarse Federico a un género determinado, pues resulta ser un fresco batiburrillo de material diverso. El grueso del metraje está compuesto por recreaciones de valiosas anécdotas, dramatizadas por actores. Se incluyen a lo largo de la narración fotografías, secuencias de películas y algunos fragmentos de grabaciones de enorme valor documental.
A Scola se le da muy bien la imitación del tono felliniano, y de hecho ha rodado el film en el legendario Teatro 5 de Cinecittà, donde el autor de La dolce Vita pasaba más tiempo que en su casa. También se luce en un extraordinario y emotivo montaje final que combina momentos mágicos de las películas más reconocibles del homenajeado.
Ha cerrado la muestra otro de los pesos pesados del cine de su país, Paolo Sorrentino. En La gran belleza recupera al protagonista de su excelente film El Divo, Toni Servillo, que esta vez se mete en la piel de un periodista que vive una lujosa pero vacía existencia de fiesta en fiesta. Con una brillantez visual impactante, Sorrentino describe el cinismo de la clase dominante italiana actual y los excesos de las supuestas élites culturales, hasta el punto de que traza una atmósfera un tanto opresiva.
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