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Biografía

Paolo Sorrentino

Paolo Sorrentino

50 años

Paolo Sorrentino

Nació el 31 de Mayo de 1970 en Nápoles, Italia

Premios: 2 Festival de Cannes

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

Filmografía
The New Pope

2019 | The New Pope | Serie TV

Más de lo mismo. The New Pope confirma lo que ya se intuía en The Young Pope. Que el creador de ambas series papales, el italiano Paolo Sorrentino, tiene entre manos una única idea, que estira innecesariamente como un chicle, y que daba como máximo para una película. Una película que ya filmó años atrás con más modestia y talento un compatriota suyo, Nanni Moretti, con el título de Habemus Papam. El papa estadounidense Pío XIII, Lenny Belardo en la vida civil, está en coma, y no parece que vaya a salir de este estado. Lo que preocupa al todopoderoso secretario de estado, el cardenal Angelo Voiello, que piensa que el pontífice se está convirtiendo en objeto de idolatría, mientras no se afrontan problemas acuciantes, como el fundamentalismo islámico o los escándalos sexuales. Urge elegir un nuevo papa, y nadie mejor que él para acceder al puesto. Pero se encuentra con la oposición en el cónclave de otro papa latino con su misma cara, y al final es escogido alguien que se espera que sea un hombre de paja, pero que con el nombre de Francisco II, empieza a tomar medidas como la de regalar objetos valiosos a los pobres y acoger refugiados en el Vaticano. Comienza una nueva intriga para colocar en la sede papal al británico sir John Brannox, admirador del cardenal Newman, y que acabará accediendo a la sede papal con el nombre de Juan Pablo III. Con The New Pope, Paolo Sorrentino acaba hundiéndose en las aguas de las más inane vacuidad. Se suceden las escenas de corte surrealista e irreverente, con impostado tono envarado y solemne, subiendo el tono erótico de las relaciones de monjas y curas, empujados por la pasión y el tirón sensual. A veces uno tiene la sensación de que el creador y director de la serie se limita a hilar una colección de chistes tontos –la huelga de las monjas y su encierro en la capilla Sixtina, los padres de Brannox en silla de ruedas y con respirador, el fantasma de Pío XIII pululando por ahí, los monjes franciscanos asaltando los desvanes del Vaticano...–, mientras da rienda suelta a su vocación de esteta, con escenarios suntuosos y vistosas vestiduras eclesiásticas. En The Young Pope aún colaba la idea de que, entre bromas y veras, Sorrentino hablaba de la angustia existencial del ser humano, que se agarra como a un clavo ardiendo a un sistema de creencias, a la fe cristiana. Aquí la mirada a la fe está vacía de contenido, el italiano no tiene ni idea ni quién es Jesús, ni de qué va eso de rezar. Y por supuesto, el papel de obispos, cardenales y pape se ve como simple ejercicio de poder, nunca como verdadero servicio a los fieles, grandes ausentes de esta propuesta. Incluso los actores parecen moverse con desconcierto irónico en sus interpretaciones, especialmente John Malkovich y Cécile de France, esta última luciendo con frecuencia una sonrisita que vale más que mil palabras.

4/10
Silvio (y los otros)

2018 | Loro

Acercamiento singular a la controvertida figura de Silvio Berlusconi, cuando ha salido del gobierno y le salpican mil y un escándalos, lo que no le impide conspirar para hacer caer al actual gobierno de izquierdas, comprando el apoyo de seis senadores, y así acceder de nuevo a la presidencia. Antes de que el espectador pueda atisbar siquiera al personaje, seguimos a Sergio Morra, arribista que quiere hacer carrera rodado de mujeres espectaculares y ejerciendo de proxeneta, hasta llegar a "él", o sea, a Berlusconi, para ofrecerle sus servicios. Como "larguísima e ininterrumpida farsa". Así define Veronica Lario, segunda esposa de Berlusconi, la vida del hombre del que estuvo enamorado, en un momento dado del film. La descripción cabría aplicarla a esta película de Paolo Sorrentino, y eso que para su distribución internacional las dos películas originales han sido refundidas en una sola de dos horas y media. Cabe decir que su preciosismo esteticista con toques surrealistas, después de alcanzar su cima en La gran belleza, se desliza por un declive que ya se apreciaba en la serie televisiva The Young Pope y que resulta evidente en Silvio (y los otros). Resultan interminables y reiterativos los zafios pasajes de excesos orgiásticos, bailoteos sexuales insinuantes, etcétera, que hablan de la decadencia del ejercicio del poder en Italia y de la frivolidad del personaje que supuestamente la encarna, Silvio Berlusconi. En tal sentido, hasta llega a ser forzada la transición del protagonista, desde su pose bufonesca de "listillo" capaz de adelantarse a las intenciones de los otros y hacer siempre lo que le place, a los compases finales de reproches con su mujer, en que se supone que podemos intuir algo de lo que esconde esa cara estirada por la cirugía plástica. Toni Servillo demuestra una vez más que es un buen actor, pero hacer caricatura de la caricatura conlleva el riesgo de la inanidad. Resultaba más interesante sin duda su composición de Giulio Andreotti de Il Divo, donde le dirigió también, con mayor fortuna, Sorrentino. Encima, la escena que comparte consigo mismo –el actor, además de dar vida a Berlusconi, hace de Ennio Doris– presenta un trucaje que se nota a la legua, lo que no deja de ser irónico en un cineasta célebre por el mimo formal con que compone sus planos. Por supuesto hay atisbos del talento del director y coguionista, en algunas escenas vibrantes, o en el uso del terremoto de L'Aquila como metáfora de las fisuras sociales. El último plano del Cristo sacado de las ruinas de la ciudad devastada es bellísimo, pero por supuesto, no basta para redimir una película irregular, decididamente fallida.

4/10
The Young Pope

2016 | The Young Pope | Serie TV

Mirada personalísima del italiano Paolo Sorrentino a las bambalinas del Vaticano y la Iglesia Católica en forma de miniserie. Arranca con el recién elegido Papa Pío XIII, el joven estadounidense Lenny Belardo, cuyas intenciones para el nuevo pontificado son un enigma, se aguarda con expectación su primera alocución desde el balcón de San Pedro, que de momento ha diferido. De hecho el primer doble episodio está enmarcado por dicho discurso, pues arranca con él como parte de una pesadilla del Papa, y termina con la pronunciación real de dicho discurso. Entremedias seguimos a un Papa de modos decididamente diferentes, fumador y amante de la cherry coke, que rompe el saque al cardenal secretario de estado ignorando sus consejos y trayendo junto a sí a la monja que le educó de niño, cuando era huérfano y ella ejerció un papel casi materno. La serie encaja bien en el personal universo de Sorrentino, un esteta nato que cuida siempre de modo sorprendente todo lo formal, visual y sonoro, abordando cuestiones serias, el sentido de la existencia, la búsqueda de la felicidad, el anhelo de amor, con una mirada irónica con tintes surrealistas. Parece evidente que el cineasta italiano no tiene fe, no exhibe desde luego maneras de católico de comunión diaria, pero sí se encuentra fascinado por el papel espiritual de la Iglesia y guardián de ciertos valores, a menudo a contracorriente de modas. Y se sumerge en la paradoja de lo bello y bondadoso que hay en la Iglesia, que conviviría con luchas de poder, escándalos y comportamientos hipócritas. Se diría que hay un esfuerzo sincero por explorar lo que no entiende, pero no deja de ser la suya una mirada mundana, algo superficial, con un afán de provocación demasiado forzado, inspirado en algunos escándalos que han minado el multisecular prestigio de la Iglesia. El director ignora quién es Jesús o qué son los sacramentos, algo que no dejará de observar el espectador creyente. Sorrentino tiene junto a sí a un atractivo reparto internacional encabezado por Jude Law, pero pesa una sensación de artificial pose, el juego de la contradicción vuelve una y otra vez, componiendo así un entramado argumental que reposa sobre arenas movedizas. Quizá es el deseo del cineasta, hablar desde la modernidad de lo vano que resulta buscar seguridades de fe, doctrinales, en las personas, para decir una y otra vez "no sabemos", nos movemos en un misterio donde tal vez haya un Dios, pero donde la angustia no nos deja en paz ni un segundo. Y para sobrellevar tan sombrío panorama, apenas puede ofrecer algo más que un humor un tanto socarrón, con una puesta en escena que no deja de rendir todo el tiempo una especie de muda admiración a la liturgia católica, más mil intrigas que parecen insistir en la pequeñez y mediocridad del ser humano.

6/10
La juventud

2015 | La giovinezza

El compositor y director de orquesta británico Fred Ballinger, ya retirado, pasa sus vacaciones en un hotel-balneario de lujo en los Alpes suizos. Le acompaña su amigo del alma y coetáneo Mick Boyle, director de cine, que junto a un pequeño equipo están inmersos en la preproducción de su nueva película. La hija del anciano Fred, Lena, que ejerce de asistente, se hunde en la miseria cuando su esposo le anuncia que la deja porque está encandilado por una joven cantante pop. Se diría que es un capricho de divo, pero Fred rehúsa atender el requerimiento de un enviado de la mismísima reina de Inglaterra para que dirija un concierto. Entretanto pasa el tiempo lánguidamente, con huéspedes del lugar variopintos, desde un grueso futbolista que se parece mucho a Diego Armando Maradona, a una despampanante e inteligente Miss Mundo, pasando por un actor que está preparando un personaje, una adolescente que le reconoce, un niño que toca el violín, un matrimonio mayor que nunca hablan entre sí... El italiano Paolo Sorrentino rueda en inglés, lo que no significa un cambio en lo referente a las claves estilísticas y temáticas de su anterior film La gran belleza. De nuevo estamos ante un subyugante ejercicio esteticista, un canto a la sensualidad y a la búsqueda del cumplimiento de los deseos, de ritmo perfecto, y hermosas fotografía y música. De algún modo se diría que sigue el modelo de “La montaña mágica” de Thomas Mann para pintar una suerte de lugar en que el tiempo parece haberse detenido, y que invita a la indolencia y al hedonismo, limitarse a estar, dejar que la vida pase disfrutando de los placeres que brinda, y acotando posibles males, la próstata o lo que sea; y aunque lleguen noticias del exterior capaces de agitar a los personajes, la tentación de seguir en la burbuja, aunque sólo sea durante las vacaciones, resulta demasiado poderosa para no caer en ella. Juventud, vejez, ¿cuáles son sus rasgos distintivos? ¿Existen principios irrenunciables en la vida? ¿Hay que estar dispuestos a hacer cualquier cosa en la propia profesión artística, ya se llame música, interpretación, cine? ¿Dónde acaban la sinceridad y franqueza, y empiezan el despecho y la desconsideración? Son algunas de las preguntas que plantea el film de Sorrentino, cuya antropología tal vez sea limitada, pero sin duda que resulta plenamente sugerente, e invita con inteligencia a la reflexión. El director cautiva. Las limitaciones humanas de sus personajes –grandes Michael Caine, Harvey Keitel, Paul Dano, Rachel Weisz, Jane Fonda, pero también los secundarios– no impiden la concepción de escenas grandiosas, creíbles paradójicamente en la atmósfera irreal y mágica de la montaña donde hasta podría levitar un monje tibetano. Imposible e innecesario hacer una enumeración exhaustiva de tales momentos, pero citemos la bajada de la montaña, Venecia, y el precioso clímax que cierra el film.

7/10
La gran belleza

2013 | La grande bellezza

El intelectual Jef Gambardella acaba de cumplir 65 años y lleva a la ciudad en que vive, Roma, en sus venas. Ante los demás adopta con frecuencia una pose cínica, desgarradoramente sincera a la hora de decir lo que piensa, y da rienda suelta a su ingenio y afilada lengua tanto en sus artículos para revistas como en las reuniones con sus amigos. Le gusta recorrer las calles de Roma, fijarse en la gente que tiene a su alrededor. Ha conocido a muchas mujeres, tiene prestigio profesional, y disfruta con los destellos de belleza que le proporciona la vida... Pero al tiempo está insatisfecho, a su edad está de vuelta de todo, ríe por no llorar, y laten en el fondo de su alma las inevitables inquietudes existenciales, también espirituales, ante la certeza de la muerte. Cuando dice que le gustaría escribir un libro sobre la nada, está siendo muy claro acerca de la encrucijada vital en la que se halla. Las películas de Paolo Sorrentino nunca son banales, arriesga con historias de personajes sorprendentes pero muy humanos, en los que pugna por asomarse el amor, como motor vital, ya estemos ante un gángster -Las consecuencias del amor-, un presidente del gobierno -Il divo- o un rockero que se viste de mujer -Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place)-. En La gran belleza repite con su actor favorito Toni Servillo, otra vez maravilloso, aunque en esta ocasión le rodea de numerosos personajes maduros como él, que conforman un pequeño microcosmos romano de personajes cansados, gente de Roma presentados al modo en que también lo han hecho otros compatriotas de Sorrentino, como Federico Fellini y Ettore Scola. De modo que junto al protagonista desencantado vemos a la artista de performances dándose de cabezazos, desnuda, contra una columna, al amigo que declara que cuando ya no se tiene fe, sólo queda la nostalgia, la mujer que se engaña al tratar de autoconvencerse de que se ha realizado en la vida, profesionalmente y con su familia, al vecino apartado del mundo tras una puerta de seguridad, al cardenal hablando de platos exquisitos, e, impactante, a la santa, esa suerte de madre Teresa que le recuerda al protagonista la importancia de las raíces. Con un esteticismo preciosista, música con coros e imágenes impactantes, belleza y tosca sensualidad, con un aire surrealista que debe mucho a Luis Buñuel y al citado Fellini, Sorrentino nos invita a un paseo embriagador; y en él, tras la capa de la "dolce vita" y el "dolce far niente", y suscitados por personajes patéticos, llueven los interrogantes de una búsqueda necesaria para todas las personas. Su canto de amor a Roma, más que a orillar las grandes cuestiones, invita a mirarlas de frente.

8/10
Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place)

2011 | This Must Be the Place

La vida de la antigua estrella de rock Cheyenne es triste y aburrida. Aunque tiene una fantástica y enamorada esposa desde hace muchos años y posee una fortuna suficiente como para vivir toda la vida, aún no repuesto de un trágico suceso, y se arrastra cada día como alma en pena, con su maquillaje a cuestas, sus cueros y sus botas negras y una melancolía de elefante que invade cada uno de sus movimientos. Cheyenne un cincuentón con alma un adolescente. Sin embargo, al recibir la noticia de la muerte de su padre, al que no ve desde hace décadas, acabará de rebote por emprender un periplo por todo Estados Unidos, en busca de una persona que su padre buscó durante 50 años y que no pudo encontrar... El director Paolo Sorrentino (Il Divo, Las consecuencias del amor) escribe y dirige Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place), una película bastante original, con personajes marginales y un protagonista rarito, muy rarito. Estructura el film en dos partes diferenciadas y las muestra con su parsimonia característa: la primera retrata el modo de vida de la antigua estrella de rock, con sus rutinas aburridas, su no hacer nada constantemente, con ese arrastrar los pies como un zombi por la vida, con su dicción temblorosa y ese tono de voz a punto de extinguirse, con su amistad con la joven fan Mary (Eve Hewson, hija del cantante Bono) y también con su estrecha unión conyugal con su vitalista y simpática mujer, Jane. Pero en una segunda parte, el film cambia de repente cuando Cheyenne realiza un viaje para visitar a su padre en el lecho de muerte. A partir de ese momento la historia se convierte en una 'road-movie' en toda regla, en donde el ex rockero demuestra que su cabeza todavía funciona a la perfección y que su corazón tiene mucha más vida, más amor, más generosidad de lo que parece a simple vista. El espectador se sentirá sin duda exigido por el lánguido “tempo” del film y más de una vez tendrá unas ganas impresionantes de zarandear y abofetear al protagonista, que siempre parece un pelele empastillado hasta las trancas, como un muerto viviente. Pero si tiene paciencia, verá cómo la historia va ganando enteros a cada minuto, cómo una galería de personajes ricos van entrando en escena y cómo el guión ofrece poco a poco unas cuantas lecciones de humanidad que acaban por conceder al conjunto un calado poco previsible. Y frente a temas de trágico realismo, como el del Holocausto y sus consecuencias, el del amor y desamor paterno-filial, el de las consecuencias de la fama, el del perdón y la culpa, el del silencio de Dios y el de la difícil aceptación, se introducen logrados momentos de humor –alguno tronchante– que vienen como anillo al dedo. Además de la meritoria interpretación de Sean Penn, hay que destacar el contrapunto alegre que desprende Frances McDormand con su maravilloso personaje, así como el buen trabajo de otros secundarios, como Harry Dean Stanton o Kerry Condon. Capítulo aparte merece la música de Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place), escasa aunque muy bien elegida, y memorable en algunos momentos, como en esa escena donde el cantante David Byrne interpreta la canción que da título al film, de composición propia.

6/10
Il Divo

2008 | Il Divo

Para Paolo Sorrentino, “Giulio Andreotti es el político más importante que ha dado Italia en el último medio siglo”. Tal declaración explica que el director y guionista se haya atrevido a hacer una película sobre el conocido estadista, a sabiendas de la complejidad de la empresa; concretamente centra su atención en la ambigüedad que muchos comentaristas conceden a Andreotti como rasgo esencial de su carácter, una especie de astuta frialdad que habría alimentado aún más las elucubraciones sobre sus supuestas relaciones con la mafia, acusaciones por las que fue juzgado y absuelto en un complejo periplo legal entre 1999 y 2003. Sorrentino articula una estructura narrativa inteligente, en torno a un paseo de madrugada casi fantasmal de Andreotti, que fiel a sus convicciones religiosas -es católico- acude a rezar y confesarse en una iglesia. Esa confesión sirve para retrotraerse al pasado, y mostrar a Andreotti, el político inescrutable, muy distinto a sus colegas, vividores o vehementes, el suyo es un estilo suave, tranquilo, irónico, inteligente. No pierde detalle de lo que sucede a su alrededor, y apenas muestra emociones, tal vez nunca las tuvo, se sugiere, en detalles como la relación con su esposa Livia. Punto de inflexión en su vida se supone que es el asesinato a manos de la mafia del empresario Salvo Lima, con el que mantenía lazos Andreotti, aunque el film sugiere que le pesa más la muerte de Aldo Moro, como si se autoconcediera cierta responsabilidad, de no haber hecho lo suficiente para lograr que saliera con vida del secuestro de las Brigadas Rojas.El director hace un ejercicio ciertamente singular con su película, buena muestra de cine político. Le da un curioso aire de irrealidad, por los modos de moverse en un escenario de Andreotti, y por un estilo visual casi padrinesco, una fotografía a lo Gordon Willis en la trilogía de Coppola en lo referente a la paleta de colores, con personajes presentados por letreros que incluyen sus alias, como si de una panda de delincuentes se tratara. Todo ello subrayado por una magnífica partitura musical de Teho Teardo. Y al mismo tiempo, hay un estudiado equilibrio, un deseo de hacer justicia al personaje, de poner todas las cartas boca arriba en lo relativo a las acusaciones de connivencia con la mafia, lo que supone no dejar de recordar que las únicas pruebas aducidas contra él fueron las declaraciones de criminales arrepentidos; pese a todo se sugiere que al menos el político hizo la vista gorda a algunas actuaciones de la mafia, y que fue un cambio de actitud, una mano más dura contra estos criminales, la que habría conducido al asesinato de Lima. Por supuesto, es imposible atrapar toda la carrera de un político vivo -Andreotti es senador vitalicio-, que ha presidido en siete ocasiones el gobierno italiano, pero sabe apuntarse su madera de superviviente -no le salpicará la tristemente famosa “tangentópolis”-, mostrar su modo de tratar a las personas, conceder toda su emoción al momento en que estuvo a punto de convertirse en Presidente de la República, lo que coincidió con el asesinato del juez Giovanni Falcone. Puede ser repudiable que se aluda a escándalos mil, y se sugiera que tal vez hubo una conexión Andreotti, o tal vez no, pero la apuesta es nunca hacer una acusación directa que no esté probada, o en todo caso ponerla en boca de la persona real que la hizo. Una película que se titula Il Divo, tiene que sostenerse necesariamente sobre un actor sólido. Y Toni Servillo, que ya trabajó con Sorrentino en la notable Las consecuencias del amor, saca adelante un papel difícil, con un personaje perpetuamente encogido de hombros, hermético, que se prestaba a la grotesca caricatura, felizmente evitada.

7/10
L'amico di famiglia

2006 | L'amico di famiglia

Geremia, un hombre uraño y despreciable, vive en una casa destartalada con su madre enferma. Él se dedica a conceder préstamos con intereses altísimos, por lo que todos lo consideran un usurero. Un día un hombre le pide dinero para la boda de su hija, pero Geremia se enamora inmediatamente de ella... Paolo Sorrentino, el prestigioso cineasta italiano, recibió una nominación a la Palma de Oro de Cannes en 2006 por esta película: una obra que explora el lado más humano de un hombre, a priori, deleznable.

6/10
Las consecuencias del amor

2004 | Le conseguenze dell'amore

Titta es un tipo con pinta de funcionario gris. Vive en la habitación de un hotel de cinco estrellas, tiene un coche estupendo, y aparentemente vive de las rentas, matando el tiempo en el vestíbulo de su alojamiento, en sitio fijo, donde parece observar con indiferencia a todo el que pasa por ahí. Así, la visita inesperada de un hermano puede ser una molestia que debe ser solventada cuanto antes. Aunque quizá no todo le sea indiferente. No puede dejar de fijarse en Sofia, la atractiva chica del bar; pero pese a todo la trata con calculada frialdad, como si no pudiera permitirse el lujo de dedicarle una sonrisa, o un poco de conversación. Algún misterio se trae sin duda este hombre, al que de vez en cuando dejan, en la puerta de su habitación, unas maletas con dinero contante y sonante, que debe enseguida ingresar en determinado banco, donde no hacen engorrosas preguntas. ¿Se puede vivir perpetuamente en una burbuja, procurando que nada venga a complicar la vida, que las cosas no te afecten? ¿Es una opción posible, tomada después de que la existencia haya traído consigo los inevitables desengaños, que le han condenado al ostracismo? Es el modo imposible de desenvolverse del protagonista de este film, escrito y dirigido de modo impecable por el italiano Paolo Sorrentino, que ganó con justicia los premios David de Donatello en los apartados de película, director y guión. Mezcla feliz de historia intrigante con gangsters de por medio, repleta de sorpresas y engaños, con una atractiva historia romántica, que humaniza a los personajes, el cineasta despliega en ella una asombrosa capacidad narrativa, que sorprende por su minimalismo, acorde con la parquedad de palabras de Titta. Los actores responden a la sobriedad del guión, y ello ayuda de modo sorprendente a la intensa vitalidad de la historia, que conduce a la tesitura de los riesgos que conlleva el amor. Sorrentino sabe jugar con la curiosidad que suscita el personaje entre las personas del hotel, una curiosidad que es, también, la del espectador. Y logra un ritmo medidísimo, donde los silencios y las cadencias musicales cuentan mucho.

7/10
L'uomo in più

2001 | L'uomo in più

The New Pope

2019 | The New Pope | Serie TV

Más de lo mismo. The New Pope confirma lo que ya se intuía en The Young Pope. Que el creador de ambas series papales, el italiano Paolo Sorrentino, tiene entre manos una única idea, que estira innecesariamente como un chicle, y que daba como máximo para una película. Una película que ya filmó años atrás con más modestia y talento un compatriota suyo, Nanni Moretti, con el título de Habemus Papam. El papa estadounidense Pío XIII, Lenny Belardo en la vida civil, está en coma, y no parece que vaya a salir de este estado. Lo que preocupa al todopoderoso secretario de estado, el cardenal Angelo Voiello, que piensa que el pontífice se está convirtiendo en objeto de idolatría, mientras no se afrontan problemas acuciantes, como el fundamentalismo islámico o los escándalos sexuales. Urge elegir un nuevo papa, y nadie mejor que él para acceder al puesto. Pero se encuentra con la oposición en el cónclave de otro papa latino con su misma cara, y al final es escogido alguien que se espera que sea un hombre de paja, pero que con el nombre de Francisco II, empieza a tomar medidas como la de regalar objetos valiosos a los pobres y acoger refugiados en el Vaticano. Comienza una nueva intriga para colocar en la sede papal al británico sir John Brannox, admirador del cardenal Newman, y que acabará accediendo a la sede papal con el nombre de Juan Pablo III. Con The New Pope, Paolo Sorrentino acaba hundiéndose en las aguas de las más inane vacuidad. Se suceden las escenas de corte surrealista e irreverente, con impostado tono envarado y solemne, subiendo el tono erótico de las relaciones de monjas y curas, empujados por la pasión y el tirón sensual. A veces uno tiene la sensación de que el creador y director de la serie se limita a hilar una colección de chistes tontos –la huelga de las monjas y su encierro en la capilla Sixtina, los padres de Brannox en silla de ruedas y con respirador, el fantasma de Pío XIII pululando por ahí, los monjes franciscanos asaltando los desvanes del Vaticano...–, mientras da rienda suelta a su vocación de esteta, con escenarios suntuosos y vistosas vestiduras eclesiásticas. En The Young Pope aún colaba la idea de que, entre bromas y veras, Sorrentino hablaba de la angustia existencial del ser humano, que se agarra como a un clavo ardiendo a un sistema de creencias, a la fe cristiana. Aquí la mirada a la fe está vacía de contenido, el italiano no tiene ni idea ni quién es Jesús, ni de qué va eso de rezar. Y por supuesto, el papel de obispos, cardenales y pape se ve como simple ejercicio de poder, nunca como verdadero servicio a los fieles, grandes ausentes de esta propuesta. Incluso los actores parecen moverse con desconcierto irónico en sus interpretaciones, especialmente John Malkovich y Cécile de France, esta última luciendo con frecuencia una sonrisita que vale más que mil palabras.

4/10
Silvio (y los otros)

2018 | Loro

Acercamiento singular a la controvertida figura de Silvio Berlusconi, cuando ha salido del gobierno y le salpican mil y un escándalos, lo que no le impide conspirar para hacer caer al actual gobierno de izquierdas, comprando el apoyo de seis senadores, y así acceder de nuevo a la presidencia. Antes de que el espectador pueda atisbar siquiera al personaje, seguimos a Sergio Morra, arribista que quiere hacer carrera rodado de mujeres espectaculares y ejerciendo de proxeneta, hasta llegar a "él", o sea, a Berlusconi, para ofrecerle sus servicios. Como "larguísima e ininterrumpida farsa". Así define Veronica Lario, segunda esposa de Berlusconi, la vida del hombre del que estuvo enamorado, en un momento dado del film. La descripción cabría aplicarla a esta película de Paolo Sorrentino, y eso que para su distribución internacional las dos películas originales han sido refundidas en una sola de dos horas y media. Cabe decir que su preciosismo esteticista con toques surrealistas, después de alcanzar su cima en La gran belleza, se desliza por un declive que ya se apreciaba en la serie televisiva The Young Pope y que resulta evidente en Silvio (y los otros). Resultan interminables y reiterativos los zafios pasajes de excesos orgiásticos, bailoteos sexuales insinuantes, etcétera, que hablan de la decadencia del ejercicio del poder en Italia y de la frivolidad del personaje que supuestamente la encarna, Silvio Berlusconi. En tal sentido, hasta llega a ser forzada la transición del protagonista, desde su pose bufonesca de "listillo" capaz de adelantarse a las intenciones de los otros y hacer siempre lo que le place, a los compases finales de reproches con su mujer, en que se supone que podemos intuir algo de lo que esconde esa cara estirada por la cirugía plástica. Toni Servillo demuestra una vez más que es un buen actor, pero hacer caricatura de la caricatura conlleva el riesgo de la inanidad. Resultaba más interesante sin duda su composición de Giulio Andreotti de Il Divo, donde le dirigió también, con mayor fortuna, Sorrentino. Encima, la escena que comparte consigo mismo –el actor, además de dar vida a Berlusconi, hace de Ennio Doris– presenta un trucaje que se nota a la legua, lo que no deja de ser irónico en un cineasta célebre por el mimo formal con que compone sus planos. Por supuesto hay atisbos del talento del director y coguionista, en algunas escenas vibrantes, o en el uso del terremoto de L'Aquila como metáfora de las fisuras sociales. El último plano del Cristo sacado de las ruinas de la ciudad devastada es bellísimo, pero por supuesto, no basta para redimir una película irregular, decididamente fallida.

4/10
The Young Pope

2016 | The Young Pope | Serie TV

Mirada personalísima del italiano Paolo Sorrentino a las bambalinas del Vaticano y la Iglesia Católica en forma de miniserie. Arranca con el recién elegido Papa Pío XIII, el joven estadounidense Lenny Belardo, cuyas intenciones para el nuevo pontificado son un enigma, se aguarda con expectación su primera alocución desde el balcón de San Pedro, que de momento ha diferido. De hecho el primer doble episodio está enmarcado por dicho discurso, pues arranca con él como parte de una pesadilla del Papa, y termina con la pronunciación real de dicho discurso. Entremedias seguimos a un Papa de modos decididamente diferentes, fumador y amante de la cherry coke, que rompe el saque al cardenal secretario de estado ignorando sus consejos y trayendo junto a sí a la monja que le educó de niño, cuando era huérfano y ella ejerció un papel casi materno. La serie encaja bien en el personal universo de Sorrentino, un esteta nato que cuida siempre de modo sorprendente todo lo formal, visual y sonoro, abordando cuestiones serias, el sentido de la existencia, la búsqueda de la felicidad, el anhelo de amor, con una mirada irónica con tintes surrealistas. Parece evidente que el cineasta italiano no tiene fe, no exhibe desde luego maneras de católico de comunión diaria, pero sí se encuentra fascinado por el papel espiritual de la Iglesia y guardián de ciertos valores, a menudo a contracorriente de modas. Y se sumerge en la paradoja de lo bello y bondadoso que hay en la Iglesia, que conviviría con luchas de poder, escándalos y comportamientos hipócritas. Se diría que hay un esfuerzo sincero por explorar lo que no entiende, pero no deja de ser la suya una mirada mundana, algo superficial, con un afán de provocación demasiado forzado, inspirado en algunos escándalos que han minado el multisecular prestigio de la Iglesia. El director ignora quién es Jesús o qué son los sacramentos, algo que no dejará de observar el espectador creyente. Sorrentino tiene junto a sí a un atractivo reparto internacional encabezado por Jude Law, pero pesa una sensación de artificial pose, el juego de la contradicción vuelve una y otra vez, componiendo así un entramado argumental que reposa sobre arenas movedizas. Quizá es el deseo del cineasta, hablar desde la modernidad de lo vano que resulta buscar seguridades de fe, doctrinales, en las personas, para decir una y otra vez "no sabemos", nos movemos en un misterio donde tal vez haya un Dios, pero donde la angustia no nos deja en paz ni un segundo. Y para sobrellevar tan sombrío panorama, apenas puede ofrecer algo más que un humor un tanto socarrón, con una puesta en escena que no deja de rendir todo el tiempo una especie de muda admiración a la liturgia católica, más mil intrigas que parecen insistir en la pequeñez y mediocridad del ser humano.

6/10
La juventud

2015 | La giovinezza

El compositor y director de orquesta británico Fred Ballinger, ya retirado, pasa sus vacaciones en un hotel-balneario de lujo en los Alpes suizos. Le acompaña su amigo del alma y coetáneo Mick Boyle, director de cine, que junto a un pequeño equipo están inmersos en la preproducción de su nueva película. La hija del anciano Fred, Lena, que ejerce de asistente, se hunde en la miseria cuando su esposo le anuncia que la deja porque está encandilado por una joven cantante pop. Se diría que es un capricho de divo, pero Fred rehúsa atender el requerimiento de un enviado de la mismísima reina de Inglaterra para que dirija un concierto. Entretanto pasa el tiempo lánguidamente, con huéspedes del lugar variopintos, desde un grueso futbolista que se parece mucho a Diego Armando Maradona, a una despampanante e inteligente Miss Mundo, pasando por un actor que está preparando un personaje, una adolescente que le reconoce, un niño que toca el violín, un matrimonio mayor que nunca hablan entre sí... El italiano Paolo Sorrentino rueda en inglés, lo que no significa un cambio en lo referente a las claves estilísticas y temáticas de su anterior film La gran belleza. De nuevo estamos ante un subyugante ejercicio esteticista, un canto a la sensualidad y a la búsqueda del cumplimiento de los deseos, de ritmo perfecto, y hermosas fotografía y música. De algún modo se diría que sigue el modelo de “La montaña mágica” de Thomas Mann para pintar una suerte de lugar en que el tiempo parece haberse detenido, y que invita a la indolencia y al hedonismo, limitarse a estar, dejar que la vida pase disfrutando de los placeres que brinda, y acotando posibles males, la próstata o lo que sea; y aunque lleguen noticias del exterior capaces de agitar a los personajes, la tentación de seguir en la burbuja, aunque sólo sea durante las vacaciones, resulta demasiado poderosa para no caer en ella. Juventud, vejez, ¿cuáles son sus rasgos distintivos? ¿Existen principios irrenunciables en la vida? ¿Hay que estar dispuestos a hacer cualquier cosa en la propia profesión artística, ya se llame música, interpretación, cine? ¿Dónde acaban la sinceridad y franqueza, y empiezan el despecho y la desconsideración? Son algunas de las preguntas que plantea el film de Sorrentino, cuya antropología tal vez sea limitada, pero sin duda que resulta plenamente sugerente, e invita con inteligencia a la reflexión. El director cautiva. Las limitaciones humanas de sus personajes –grandes Michael Caine, Harvey Keitel, Paul Dano, Rachel Weisz, Jane Fonda, pero también los secundarios– no impiden la concepción de escenas grandiosas, creíbles paradójicamente en la atmósfera irreal y mágica de la montaña donde hasta podría levitar un monje tibetano. Imposible e innecesario hacer una enumeración exhaustiva de tales momentos, pero citemos la bajada de la montaña, Venecia, y el precioso clímax que cierra el film.

7/10
La gran belleza

2013 | La grande bellezza

El intelectual Jef Gambardella acaba de cumplir 65 años y lleva a la ciudad en que vive, Roma, en sus venas. Ante los demás adopta con frecuencia una pose cínica, desgarradoramente sincera a la hora de decir lo que piensa, y da rienda suelta a su ingenio y afilada lengua tanto en sus artículos para revistas como en las reuniones con sus amigos. Le gusta recorrer las calles de Roma, fijarse en la gente que tiene a su alrededor. Ha conocido a muchas mujeres, tiene prestigio profesional, y disfruta con los destellos de belleza que le proporciona la vida... Pero al tiempo está insatisfecho, a su edad está de vuelta de todo, ríe por no llorar, y laten en el fondo de su alma las inevitables inquietudes existenciales, también espirituales, ante la certeza de la muerte. Cuando dice que le gustaría escribir un libro sobre la nada, está siendo muy claro acerca de la encrucijada vital en la que se halla. Las películas de Paolo Sorrentino nunca son banales, arriesga con historias de personajes sorprendentes pero muy humanos, en los que pugna por asomarse el amor, como motor vital, ya estemos ante un gángster -Las consecuencias del amor-, un presidente del gobierno -Il divo- o un rockero que se viste de mujer -Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place)-. En La gran belleza repite con su actor favorito Toni Servillo, otra vez maravilloso, aunque en esta ocasión le rodea de numerosos personajes maduros como él, que conforman un pequeño microcosmos romano de personajes cansados, gente de Roma presentados al modo en que también lo han hecho otros compatriotas de Sorrentino, como Federico Fellini y Ettore Scola. De modo que junto al protagonista desencantado vemos a la artista de performances dándose de cabezazos, desnuda, contra una columna, al amigo que declara que cuando ya no se tiene fe, sólo queda la nostalgia, la mujer que se engaña al tratar de autoconvencerse de que se ha realizado en la vida, profesionalmente y con su familia, al vecino apartado del mundo tras una puerta de seguridad, al cardenal hablando de platos exquisitos, e, impactante, a la santa, esa suerte de madre Teresa que le recuerda al protagonista la importancia de las raíces. Con un esteticismo preciosista, música con coros e imágenes impactantes, belleza y tosca sensualidad, con un aire surrealista que debe mucho a Luis Buñuel y al citado Fellini, Sorrentino nos invita a un paseo embriagador; y en él, tras la capa de la "dolce vita" y el "dolce far niente", y suscitados por personajes patéticos, llueven los interrogantes de una búsqueda necesaria para todas las personas. Su canto de amor a Roma, más que a orillar las grandes cuestiones, invita a mirarlas de frente.

8/10
Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place)

2011 | This Must Be the Place

La vida de la antigua estrella de rock Cheyenne es triste y aburrida. Aunque tiene una fantástica y enamorada esposa desde hace muchos años y posee una fortuna suficiente como para vivir toda la vida, aún no repuesto de un trágico suceso, y se arrastra cada día como alma en pena, con su maquillaje a cuestas, sus cueros y sus botas negras y una melancolía de elefante que invade cada uno de sus movimientos. Cheyenne un cincuentón con alma un adolescente. Sin embargo, al recibir la noticia de la muerte de su padre, al que no ve desde hace décadas, acabará de rebote por emprender un periplo por todo Estados Unidos, en busca de una persona que su padre buscó durante 50 años y que no pudo encontrar... El director Paolo Sorrentino (Il Divo, Las consecuencias del amor) escribe y dirige Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place), una película bastante original, con personajes marginales y un protagonista rarito, muy rarito. Estructura el film en dos partes diferenciadas y las muestra con su parsimonia característa: la primera retrata el modo de vida de la antigua estrella de rock, con sus rutinas aburridas, su no hacer nada constantemente, con ese arrastrar los pies como un zombi por la vida, con su dicción temblorosa y ese tono de voz a punto de extinguirse, con su amistad con la joven fan Mary (Eve Hewson, hija del cantante Bono) y también con su estrecha unión conyugal con su vitalista y simpática mujer, Jane. Pero en una segunda parte, el film cambia de repente cuando Cheyenne realiza un viaje para visitar a su padre en el lecho de muerte. A partir de ese momento la historia se convierte en una 'road-movie' en toda regla, en donde el ex rockero demuestra que su cabeza todavía funciona a la perfección y que su corazón tiene mucha más vida, más amor, más generosidad de lo que parece a simple vista. El espectador se sentirá sin duda exigido por el lánguido “tempo” del film y más de una vez tendrá unas ganas impresionantes de zarandear y abofetear al protagonista, que siempre parece un pelele empastillado hasta las trancas, como un muerto viviente. Pero si tiene paciencia, verá cómo la historia va ganando enteros a cada minuto, cómo una galería de personajes ricos van entrando en escena y cómo el guión ofrece poco a poco unas cuantas lecciones de humanidad que acaban por conceder al conjunto un calado poco previsible. Y frente a temas de trágico realismo, como el del Holocausto y sus consecuencias, el del amor y desamor paterno-filial, el de las consecuencias de la fama, el del perdón y la culpa, el del silencio de Dios y el de la difícil aceptación, se introducen logrados momentos de humor –alguno tronchante– que vienen como anillo al dedo. Además de la meritoria interpretación de Sean Penn, hay que destacar el contrapunto alegre que desprende Frances McDormand con su maravilloso personaje, así como el buen trabajo de otros secundarios, como Harry Dean Stanton o Kerry Condon. Capítulo aparte merece la música de Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place), escasa aunque muy bien elegida, y memorable en algunos momentos, como en esa escena donde el cantante David Byrne interpreta la canción que da título al film, de composición propia.

6/10
Il Divo

2008 | Il Divo

Para Paolo Sorrentino, “Giulio Andreotti es el político más importante que ha dado Italia en el último medio siglo”. Tal declaración explica que el director y guionista se haya atrevido a hacer una película sobre el conocido estadista, a sabiendas de la complejidad de la empresa; concretamente centra su atención en la ambigüedad que muchos comentaristas conceden a Andreotti como rasgo esencial de su carácter, una especie de astuta frialdad que habría alimentado aún más las elucubraciones sobre sus supuestas relaciones con la mafia, acusaciones por las que fue juzgado y absuelto en un complejo periplo legal entre 1999 y 2003. Sorrentino articula una estructura narrativa inteligente, en torno a un paseo de madrugada casi fantasmal de Andreotti, que fiel a sus convicciones religiosas -es católico- acude a rezar y confesarse en una iglesia. Esa confesión sirve para retrotraerse al pasado, y mostrar a Andreotti, el político inescrutable, muy distinto a sus colegas, vividores o vehementes, el suyo es un estilo suave, tranquilo, irónico, inteligente. No pierde detalle de lo que sucede a su alrededor, y apenas muestra emociones, tal vez nunca las tuvo, se sugiere, en detalles como la relación con su esposa Livia. Punto de inflexión en su vida se supone que es el asesinato a manos de la mafia del empresario Salvo Lima, con el que mantenía lazos Andreotti, aunque el film sugiere que le pesa más la muerte de Aldo Moro, como si se autoconcediera cierta responsabilidad, de no haber hecho lo suficiente para lograr que saliera con vida del secuestro de las Brigadas Rojas.El director hace un ejercicio ciertamente singular con su película, buena muestra de cine político. Le da un curioso aire de irrealidad, por los modos de moverse en un escenario de Andreotti, y por un estilo visual casi padrinesco, una fotografía a lo Gordon Willis en la trilogía de Coppola en lo referente a la paleta de colores, con personajes presentados por letreros que incluyen sus alias, como si de una panda de delincuentes se tratara. Todo ello subrayado por una magnífica partitura musical de Teho Teardo. Y al mismo tiempo, hay un estudiado equilibrio, un deseo de hacer justicia al personaje, de poner todas las cartas boca arriba en lo relativo a las acusaciones de connivencia con la mafia, lo que supone no dejar de recordar que las únicas pruebas aducidas contra él fueron las declaraciones de criminales arrepentidos; pese a todo se sugiere que al menos el político hizo la vista gorda a algunas actuaciones de la mafia, y que fue un cambio de actitud, una mano más dura contra estos criminales, la que habría conducido al asesinato de Lima. Por supuesto, es imposible atrapar toda la carrera de un político vivo -Andreotti es senador vitalicio-, que ha presidido en siete ocasiones el gobierno italiano, pero sabe apuntarse su madera de superviviente -no le salpicará la tristemente famosa “tangentópolis”-, mostrar su modo de tratar a las personas, conceder toda su emoción al momento en que estuvo a punto de convertirse en Presidente de la República, lo que coincidió con el asesinato del juez Giovanni Falcone. Puede ser repudiable que se aluda a escándalos mil, y se sugiera que tal vez hubo una conexión Andreotti, o tal vez no, pero la apuesta es nunca hacer una acusación directa que no esté probada, o en todo caso ponerla en boca de la persona real que la hizo. Una película que se titula Il Divo, tiene que sostenerse necesariamente sobre un actor sólido. Y Toni Servillo, que ya trabajó con Sorrentino en la notable Las consecuencias del amor, saca adelante un papel difícil, con un personaje perpetuamente encogido de hombros, hermético, que se prestaba a la grotesca caricatura, felizmente evitada.

7/10
L'amico di famiglia

2006 | L'amico di famiglia

Geremia, un hombre uraño y despreciable, vive en una casa destartalada con su madre enferma. Él se dedica a conceder préstamos con intereses altísimos, por lo que todos lo consideran un usurero. Un día un hombre le pide dinero para la boda de su hija, pero Geremia se enamora inmediatamente de ella... Paolo Sorrentino, el prestigioso cineasta italiano, recibió una nominación a la Palma de Oro de Cannes en 2006 por esta película: una obra que explora el lado más humano de un hombre, a priori, deleznable.

6/10
Las consecuencias del amor

2004 | Le conseguenze dell'amore

Titta es un tipo con pinta de funcionario gris. Vive en la habitación de un hotel de cinco estrellas, tiene un coche estupendo, y aparentemente vive de las rentas, matando el tiempo en el vestíbulo de su alojamiento, en sitio fijo, donde parece observar con indiferencia a todo el que pasa por ahí. Así, la visita inesperada de un hermano puede ser una molestia que debe ser solventada cuanto antes. Aunque quizá no todo le sea indiferente. No puede dejar de fijarse en Sofia, la atractiva chica del bar; pero pese a todo la trata con calculada frialdad, como si no pudiera permitirse el lujo de dedicarle una sonrisa, o un poco de conversación. Algún misterio se trae sin duda este hombre, al que de vez en cuando dejan, en la puerta de su habitación, unas maletas con dinero contante y sonante, que debe enseguida ingresar en determinado banco, donde no hacen engorrosas preguntas. ¿Se puede vivir perpetuamente en una burbuja, procurando que nada venga a complicar la vida, que las cosas no te afecten? ¿Es una opción posible, tomada después de que la existencia haya traído consigo los inevitables desengaños, que le han condenado al ostracismo? Es el modo imposible de desenvolverse del protagonista de este film, escrito y dirigido de modo impecable por el italiano Paolo Sorrentino, que ganó con justicia los premios David de Donatello en los apartados de película, director y guión. Mezcla feliz de historia intrigante con gangsters de por medio, repleta de sorpresas y engaños, con una atractiva historia romántica, que humaniza a los personajes, el cineasta despliega en ella una asombrosa capacidad narrativa, que sorprende por su minimalismo, acorde con la parquedad de palabras de Titta. Los actores responden a la sobriedad del guión, y ello ayuda de modo sorprendente a la intensa vitalidad de la historia, que conduce a la tesitura de los riesgos que conlleva el amor. Sorrentino sabe jugar con la curiosidad que suscita el personaje entre las personas del hotel, una curiosidad que es, también, la del espectador. Y logra un ritmo medidísimo, donde los silencios y las cadencias musicales cuentan mucho.

7/10
L'uomo in più

2001 | L'uomo in più

The New Pope

2019 | The New Pope | Serie TV

Más de lo mismo. The New Pope confirma lo que ya se intuía en The Young Pope. Que el creador de ambas series papales, el italiano Paolo Sorrentino, tiene entre manos una única idea, que estira innecesariamente como un chicle, y que daba como máximo para una película. Una película que ya filmó años atrás con más modestia y talento un compatriota suyo, Nanni Moretti, con el título de Habemus Papam. El papa estadounidense Pío XIII, Lenny Belardo en la vida civil, está en coma, y no parece que vaya a salir de este estado. Lo que preocupa al todopoderoso secretario de estado, el cardenal Angelo Voiello, que piensa que el pontífice se está convirtiendo en objeto de idolatría, mientras no se afrontan problemas acuciantes, como el fundamentalismo islámico o los escándalos sexuales. Urge elegir un nuevo papa, y nadie mejor que él para acceder al puesto. Pero se encuentra con la oposición en el cónclave de otro papa latino con su misma cara, y al final es escogido alguien que se espera que sea un hombre de paja, pero que con el nombre de Francisco II, empieza a tomar medidas como la de regalar objetos valiosos a los pobres y acoger refugiados en el Vaticano. Comienza una nueva intriga para colocar en la sede papal al británico sir John Brannox, admirador del cardenal Newman, y que acabará accediendo a la sede papal con el nombre de Juan Pablo III. Con The New Pope, Paolo Sorrentino acaba hundiéndose en las aguas de las más inane vacuidad. Se suceden las escenas de corte surrealista e irreverente, con impostado tono envarado y solemne, subiendo el tono erótico de las relaciones de monjas y curas, empujados por la pasión y el tirón sensual. A veces uno tiene la sensación de que el creador y director de la serie se limita a hilar una colección de chistes tontos –la huelga de las monjas y su encierro en la capilla Sixtina, los padres de Brannox en silla de ruedas y con respirador, el fantasma de Pío XIII pululando por ahí, los monjes franciscanos asaltando los desvanes del Vaticano...–, mientras da rienda suelta a su vocación de esteta, con escenarios suntuosos y vistosas vestiduras eclesiásticas. En The Young Pope aún colaba la idea de que, entre bromas y veras, Sorrentino hablaba de la angustia existencial del ser humano, que se agarra como a un clavo ardiendo a un sistema de creencias, a la fe cristiana. Aquí la mirada a la fe está vacía de contenido, el italiano no tiene ni idea ni quién es Jesús, ni de qué va eso de rezar. Y por supuesto, el papel de obispos, cardenales y pape se ve como simple ejercicio de poder, nunca como verdadero servicio a los fieles, grandes ausentes de esta propuesta. Incluso los actores parecen moverse con desconcierto irónico en sus interpretaciones, especialmente John Malkovich y Cécile de France, esta última luciendo con frecuencia una sonrisita que vale más que mil palabras.

4/10
The Young Pope

2016 | The Young Pope | Serie TV

Mirada personalísima del italiano Paolo Sorrentino a las bambalinas del Vaticano y la Iglesia Católica en forma de miniserie. Arranca con el recién elegido Papa Pío XIII, el joven estadounidense Lenny Belardo, cuyas intenciones para el nuevo pontificado son un enigma, se aguarda con expectación su primera alocución desde el balcón de San Pedro, que de momento ha diferido. De hecho el primer doble episodio está enmarcado por dicho discurso, pues arranca con él como parte de una pesadilla del Papa, y termina con la pronunciación real de dicho discurso. Entremedias seguimos a un Papa de modos decididamente diferentes, fumador y amante de la cherry coke, que rompe el saque al cardenal secretario de estado ignorando sus consejos y trayendo junto a sí a la monja que le educó de niño, cuando era huérfano y ella ejerció un papel casi materno. La serie encaja bien en el personal universo de Sorrentino, un esteta nato que cuida siempre de modo sorprendente todo lo formal, visual y sonoro, abordando cuestiones serias, el sentido de la existencia, la búsqueda de la felicidad, el anhelo de amor, con una mirada irónica con tintes surrealistas. Parece evidente que el cineasta italiano no tiene fe, no exhibe desde luego maneras de católico de comunión diaria, pero sí se encuentra fascinado por el papel espiritual de la Iglesia y guardián de ciertos valores, a menudo a contracorriente de modas. Y se sumerge en la paradoja de lo bello y bondadoso que hay en la Iglesia, que conviviría con luchas de poder, escándalos y comportamientos hipócritas. Se diría que hay un esfuerzo sincero por explorar lo que no entiende, pero no deja de ser la suya una mirada mundana, algo superficial, con un afán de provocación demasiado forzado, inspirado en algunos escándalos que han minado el multisecular prestigio de la Iglesia. El director ignora quién es Jesús o qué son los sacramentos, algo que no dejará de observar el espectador creyente. Sorrentino tiene junto a sí a un atractivo reparto internacional encabezado por Jude Law, pero pesa una sensación de artificial pose, el juego de la contradicción vuelve una y otra vez, componiendo así un entramado argumental que reposa sobre arenas movedizas. Quizá es el deseo del cineasta, hablar desde la modernidad de lo vano que resulta buscar seguridades de fe, doctrinales, en las personas, para decir una y otra vez "no sabemos", nos movemos en un misterio donde tal vez haya un Dios, pero donde la angustia no nos deja en paz ni un segundo. Y para sobrellevar tan sombrío panorama, apenas puede ofrecer algo más que un humor un tanto socarrón, con una puesta en escena que no deja de rendir todo el tiempo una especie de muda admiración a la liturgia católica, más mil intrigas que parecen insistir en la pequeñez y mediocridad del ser humano.

6/10
El caimán

2006 | Il caimano

Bruno, un conocido productor de películas de serie B, atraviesa una mala racha. Tiene problemas económicos para sacar adelante un nuevo film, y se está separando de su esposa Paola, lo que no se atreve a comunicar a sus hijos pequeños. En tal tesitura llega a sus manos un guión titulado “El caimán”, que parece más fácil de producir que su anterior proyecto sobre Colón, de modo que comunica a la novata autora del libreto su disposición a respaldarla, incluso con una entrevista con capitostes de la Radiotelevisión Italiana. En realidad ha leído muy superficialmente el guión, pues se trata de una sátira sobre el presidente Silvio Berlusconi, lo que supone perder ciertos apoyos para a cambio obtener otros inesperados. Irregular cinta de Nanni Moretti, una mirada al cine dentro del cine, que al tiempo quiere ser muy crítico con la política de Berlusconi, quien al entender del cineasta estaría velando exclusivamente por sus propios intereses, comportándose como un bufón ante Europa, y hablar de las crisis que sacuden a las familias. Demasiados temas que no logra conciliar demasiado bien, y eso que Moretti toma la decisión de permanecer fuera de la cámara casi todo el tiempo, esta vez su papel de actor es muy pequeño. Resulta arriesgado el cuestionamiento del todopoderoso Berlusconi, y no faltan pasajes de fino humor, y otros paródicos sobre el cine de género, pero el estilo Moretti de divagar un tanto juega una mala pasada a la película en algunos momentos, por ejemplo con la idea de convertir a un personaje en lesbiana sin que venga demasiado a cuento ni aporte argumentalmente nada a la película. Sí resulta sincero y conmueve la impotencia del protagonista por mantener a flote su matrimonio, con los pasajes con los hijos, y la dificultad para explicar y admitir el estado de las cosas entre marido y mujer. Y es que el propio cineasta sabe en propia carne lo que es una separación.

5/10

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