Reportajes
La literatura de Javier Cercas y Marguerite Duras llega al Festival
San Sebastián 2017, día 23: cuando autor rima con dolor
El caldo de cultivo del que surgen las obras de arte puede tener orígenes muy diferentes. Es lo que sugieren las dos películas a competición proyectadas hoy en San Sebastián, “El autor” de Manuel Martín Cuenca, y “El dolor”, de Emmanuel Finkiel.
¿El escritor nace o se hace? Alrededor de esta idea se mueve la novela “El motivo” de Javier Cercas, ahora adaptada al cine por Manuel Martín Cuenca, que coescribe el guión de la película con Alejandro Hernández. El director vuelve al Festival de San Sebastián con El autor tras competir por la Concha de Oro hace cuatro años con Caníbal.
El protagonista de su film, Álvaro, ha acudido a mil talleres de escritura de guión, sueña con ser un grande de la novela, pero no se arranca, sus intentos de escritura no pasan de mediocres. No sólo se ahoga en la grisura de su trabajo en una notaría de Sevilla, sino que para colmo su esposa, que nunca tuvo ninguna pretensión literaria ha escrito un libro que se ha convertido en best-seller, y acaba poniéndole los cuernos. En plena crisis existencial, se toma unos meses de vacaciones, alquila un piso y se encierra a escribir la que debe ser su gran obra. Pero no sale nada, hasta que decide seguir los consejos de su profesor de escritura de novela, escribir sobre la vida, fijarse. Lo que le lleva a observar a los vecinos de su nuevo inmueble. Y en efecto, descubre que ahí tiene personajes para abordar su personal “colmena”.
La trama engancha, y hay ideas visuales ingeniosas, como la de jugar con las sombras de los vecinos, como un teatrillo en el que el aspirante a autor idea o recrea aquello de lo que está siendo testigo. Pero falta sutileza, por ejemplo a la hora de denunciar las injusticias que padecen los inmigrantes. Tampoco hay un punto de vista moral, domina el egocentrismo, del autor, pero también de los demás personajes, en que cada uno va a lo suyo. Por eso uno tiene la sensación de ver una película de ingenioso mecanismo bien engranado, pero a la que falta alma, como esas películas de robos sofisticados, que a pesar de su brillantez formal, no acaban de calar del todo. Sobre los actores, a veces parecen un tanto pasados de rosca Javier Gutiérrez y Antonio de la Torre, aunque sin duda, es lo que se les pide. Sorprende entre los secundarios Adelfa Calvo como la portera fisgona.
La larga espera
Emmanuel Finkiel, director y guionista, acude con frecuencia a la voz en off de la protagonista, encarnada por Mélanie Thierry, y juega con planos ingeniosos en que ella se mira a sí misma mientras, un fantasmagórico desdoblamiento. La película se sigue con interés, aunque algunos personajes aparecen y desaparecen caprichosamente -el policía, la mujer judía que se aloja en su casa...-, y el epílogo en que nos explica que fue de marido y esposa deja al espectador un tanto perplejo, sobre todo porque echa por tierra de algún modo cualquier sentido a la espera. ¿Nos quiere decir Finkiel que el sufrimiento fue en vano, que del dolor no se puede sacar nada positivo? Misterio misterioso.
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