Reportajes
Jürgen Prochnow: La conjura de El Escorial
Para los cinéfilos siempre será el capitán nazi Heinrich Lehmann, al mando de la joven tripulación de El submarino, una de las mejores películas bélicas de todos los tiempos. Pero Jürgen Prochnow (Berlín, 1941) es un prolífico actor capaz de enfrentarse a los papeles más variopintos, últimamente dedicado sobre todo a los secundarios. Prochnow estuvo en Madrid para promocionar La conjura de El Escorial, en la que interpreta a un alguacil, Espinosa, que investiga una compleja conspiración en la corte de Felipe II.
¿Qué hace un alemán como usted en una película española como ésta?
El film interesó mucho a un productor alemán, que decidió entrar en el proyecto y me mandó el guión. La verdad es que me pareció algo excepcional y acepté enseguida. Era una época que me apetecía explorar y me fascinó mi personaje.
Vine a Madrid mucho tiempo antes de empezar a rodar, y estuvimos diez días preparando muchos aspectos del film. Por ejemplo, estuve mucho tiempo montando en el caballo de mi personaje, para llegar a adquirir una gran familiaridad con él. Di lecciones de esgrima, puesto que mi personaje maneja la espada en una secuencia. También me acostumbré a llevar puesto el vestuario, que es muy pesado y requiere estar acostumbrado a llevarlo. Enseguida me di cuenta de que rodar esta película iba a ser una experiencia excepcional.
¿Qué tuvo de excepcional el rodaje?
Me fascinaron los lugares donde se rodó la película. Estuvimos en El Escorial, Toledo y Andalucía. Creo que fuimos unos privilegiados al poder trabajar en los lugares históricos donde estuvieron los personajes reales que salen en el film. Esto es buenísimo para un actor, porque le ayuda a situarse, y también para la película, que es más real. Odio las películas que abusan de los gráficos de ordenador. Por ejemplo 300, cuyos decorados son todos virtuales. Detesto esa película, y creo que el público se da cuenta de que está viendo algo que es falso.
Aparte del entrenamiento, ¿también se documentó sobre la época?
Creo que lo más importante que hice fue visitar el museo del Prado, para ver cuadros de Velázquez y Tiziano que me embelesaron. Tuve el honor de ir allí acompañado de Carlos Suárez, el director de fotografía del film, que estaba muy interesado en capturar la luz de las pinturas de estos artistas en sus imágenes. Desde mi punto de vista lo ha conseguido.
Espinoza es un hombre de la calle, rodeado de figuras históricas. ¿Cree que su personaje es el más cercano al espectador?
Creo que es un buen hombre que despertará simpatía entre el público. Sobre todo es una persona honesta. Se trata de un veterano de Flandes, que puede ver cómo se ha sacado tajada de la guerra, y hay gente que se ha enriquecido. Pero él no se ha traído nada de allí. Sólo recuerdos traumáticos y heridas de guerra. Por ejemplo, le faltan dos dedos.
De repente, se enamora. Pero la mujer a la que ama es ejecutada por un crimen que ella no ha cometido. Decide que llegará hasta el final como sea, y aunque sabe que hay muchas personas importantes implicadas en la trama, promete que sacará la verdad a la luz.
El objeto de su amor es una morisca llamada Blanca Jara, mucho más joven que él. ¿Cree que es posible una relación entre dos personajes entre los que hay tanta diferencia de edad?
Veo a parejas enamoradas de diferentes edades todos los días. Puede darse si se dan las circunstancias de la película. Ella se siente fascinada por Espinoza. Además, es una huérfana que echa de menos haber tenido un padre. En su pareja busca a alguien paternal que la proteja. Y Espinoza es el hombre ideal.
Este personaje está interpretado por la poco experimentada actriz Blanca Jara. ¿Cree que puede recibir malas críticas por ser la hija del director del film, Antonio del Real?
Yo creo que ha hecho un trabajo excelente, y que serían críticas injustas. Como no tenía mucha experiencia, yo traté de ayudarla en todo lo que pude. Espero que haya aprendido algo de mis consejos, porque yo siempre he aprendido muchísimas cosas de todos los compañeros con los que he trabajado que llevaban más años en esto.
¿Cuál fue la secuencia más difícil de rodar?
La secuencia de esgrima, porque fue duro tener que hacer tantos movimientos, vestido de época. Pero tengo un gran recuerdo de cuando rodamos esa secuencia, porque habían reconstruido una calle de la época, con animales y extras. Estaba todo tan bien hecho que daba gusto pasearse por allí. Tardamos dos días en rodarla, porque era complejo, mi personaje cae y rebota, y había que seguir la coreografía al pie de la letra.
El cine alemán vive un buen momento, con éxitos internacionales como La vida de los otros. ¿Cree que hay más posibilidades ahora de rodar películas en su país? Usted vive en Los Ángeles, pero ¿se ha planteado volver a rodar en Alemania?
Qué gran película. Efectivamente, creo que ese peliculón no ha surgido por casualidad, sino que es un indicio de que se están haciendo las cosas bien. Se ruedan más producciones y el nivel de calidad es alto. Tanto es así que he aceptado volver a mi país para rodar con un compatriota, el director Lars Becker, el thriller Baader-Meinjof. Interpreto a un policía que persigue a un terrorista de la RAF (Fracción del Ejército Rojo). Le soplan que éste se ha escondido en Italia. Pero cuando mi personaje llega allí, a éste le ha dado tiempo de desaparecer. Me apetecía mucho rodar en mi país, ya que casi todo lo que hago es cine de Hollywood.
Es curioso. Es el mismo tema –los grupos terroristas de izquierdas como la RAF– que trata una de sus mejores películas, El honor perdido de Katharina Blum, de Volker Schlöndorff, un film muy representativo del llamado Nuevo Cine Alemán, de los 70. ¿El cine que se hace ahora en Alemania tiene tanta calidad como el de entonces?
No está de más recordar que la mejor etapa del cine alemán es el expresionismo, cuando rodaba películas Fritz Lang, que es el mayor genio que ha dado nuestro país en el terreno del cine. Dejando aparte esta etapa, es cierto que los 70 fueron un período excepcional. Y ahora estamos viviendo una etapa muy positiva, con muchos directores de gran talento.
No puedo opinar sobre cómo está la situación del cine en Alemania hoy en día, porque no participo. Me siento muy al margen. Casi no ruedo en Alemania. Pero sí que veo todas las películas porque formo parte de la Academia de Cine, y voto en los premios que se dan todos los años. No me pasaba lo mismo en los 70. Me sentía integrado en el Nuevo Cine alemán. Y eso que no he rodado con algunos de los directores más emblemáticos, como Wim Wenders. Pero sí con Schlöndorff. Incluso hice de extra en una película de Fassbinder: El mercader de las cuatro estaciones. Por eso puedo decir que me siento orgulloso de aquella época.
¿Qué recuerda de sus trabajos con su compatriota Wolfgang Petersen, director con el que trabajó en cinco ocasiones?
Todo son recuerdos agradables. Recuerdo con cariño la época en la que rodamos La consecuencia, que fue muy bien recibida. Pero lo mejor de todo fue el fenómeno en que se convirtió El submarino. Nunca había hecho una película con tanta repercusión internacional. Al día siguiente de que la estrenáramos en Estados Unidos, Wolfgang y yo ya teníamos contratos para el cine americano encima de la mesa. Yo conseguí ser representado por una de las agencias más fuertes.
Creo que le debo todo a El submarino. Sin esa película, mi carrera no habría sido la misma. Y Petersen también. Fue nuestro pasaporte a Hollywood.
También ha repetido con otro de los grandes, David Lynch, en Dune y Twin Peaks, el fuego camina conmigo. De hecho, los apasionados de la ciencia ficción le recuerdan como Leto Atreides, el padre del protagonista. ¿Es Lynch una persona tan extraña como las películas que rueda?
Trabajar con Lynch es una experiencia impactante, pero no porque él se salga de lo normal, sino por la gran cantidad de ideas que tiene. Se disfruta mucho rodando con el. Trabajé muy poco en Twin Peaks, el fuego camina conmigo, en un papel pequeño, y creo que es un film menor. Sin embargo, pienso que Dune está llena de hallazgos. Tuvo mala suerte con esa película porque era excesivamente larga y el productor se empeñó en recortarla, para su exhibición en cines. Y claro, eso la dañó brutalmente, porque tiene una trama muy compleja, muy difícil de hilar si se quitan secuencias. Ésa sí que no aportó mucho a mi carrera, porque pasó muy desapercibida, injustamente. La fotografía era excelente, porque la hizo Freddie Francis, uno de los grandes.
El rodaje fue complicado. Tuve que ir a Londres para que hicieran un molde de mi cuerpo. Con él hicieron los trajes del desierto, que se llevaban completamente ceñidos. Luego cuando lo llevaba puesto, con el calor que hacía, estaba sudando continuamente.
Se está especializando en papeles de época. ¿Puede adelantarnos algo del drama The Absinthe Drinkers, que tampoco transcurre en la actualidad?
Es mi otro proyecto. Rodaremos en primavera, después del film que voy a hacer en Alemania. Interpreto al padre de la protagonista, una joven de buena familia que vive en París. Ella quiere dedicarse al arte, y es una pintora excepcional, pero vive en una época, el siglo XIX, en la que la mujer no tenía posibilidades de triunfar, y a mi personaje no le gusta nada que se dedique a eso. Ella es una gran pintora, y acaba formando parte de un grupo de artistas que se reúnen para beber absenta, costumbre muy extendida entre los artistas de la época. Creo que va a ser un film al menos bastante interesante.
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