1. Deacon Frost, en Blade. Una peli muy divertida en la que si te convierten en vampiro, no sólo te vuelves inmortal, sino que además aprendes de golpe kung-fu, aunque en vida no lo hubieras practicado jamás. De propina, Stephen Dorff interpreta a un villano con tantas luces que concibe un plan un tanto extraño: convertirá a todos los humanos de golpe en vampiros con los poderes del Dios Vampiro. Pero, ¿y entonces de dónde iban a sacar él y los suyos después sangre para alimentarse? No sé, no veo yo esa estrategia muy bien pensada…
2. Hector Hammond, en Green Lantern (Linterna verde). Toda la peli es ridícula, pero sobre todo el pobre Peter Sarsgaard, que parece que se ha puesto una máscara cutre comprada en el todo a cien. Acudí al junket para los medios sin leer a quién entrevistaría, y de repente me sentaron junto a este actor, al que admiraba por otras cintas, como El precio de la verdad, pero no sabía qué preguntarle porqué ignoraba a quién interpretaba, pues no le había reconocido. Mantuve con él un diálogo que parecía sacado de la escena de las entrevistas de prensa de Notting Hill. “¿Se siente usted identificado con su personaje?”, me aventuré a decir. “No”, respondió. “¿Por qué no?”, rematé. “Porque es un villano alienígena del espacio exterior”.
3. Galactus, en Los 4 Fantásticos y Silver Surfer. En los comics de superhéroes Marvel le retratan como un devorador de mundos temible. Pero a los responsables de esta película les pareció conveniente reconvertirle en una nube incorpórea y silenciosa. Sí, amigos… ¡una puñetera nube! Imagino que el creador de este villano, Pese a que aparecía en uno de sus habituales cameos (como invitado a una boda), suponemos que Stan Lee no vio la peli, porque le habría dado un infarto, y habría fallecido antes de tiempo!
4. Rhys Ifans, como El Lagarto, en The Amazing Spider-Man. El actor había compuesto personajes memorables, sin ir más lejos el amigo fumeta del protagonista de la citada Notting Hill. Pero aquí no pudo con un personaje mal escrito sobre el papel, pues no evoluciona, sino que parece pasar por tres fases distintas de forma súbita. En primer lugar, aparece como un científico poco fiable, luego pasa a ser un idealista torturado porque ha perdido un brazo, que llega a probar en sus propias carnes la fórmula que ha creado para regenerarlo. De ahí pasa a ser un psicópata asesino con aspecto de lagarto que aniquila a quien pilla en su camino.
5. El hombre de Malvavisco, de Los Cazafantasmas. Llega el clímax final de la peli, cuando los protagonistas se van a enfrentar a su mayor amenaza, y aparece… ¿un ridículo muñecajo gigante? Realmente, toma esa forma porque en la trama alguien debe imaginar la forma del destructor, los protagonistas intentan no pensar en nada, pero Raymond (personaje de Dan Aykroyd) imagina lo más inofensivo que ha visto en su vida, mascota de unos dulces que comía en su niñez. El caso es que esta cosa enorme de rostro bonachón y gorrito de marinero me parece patética, me echa por completo de la película, y siempre me ha recordado a la mascota de Michelín.
6. Voldemort, en la saga de Harry Potter. Se supone que iba a ser terrible, ya que antes de salir se refieren a él como “El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado”. Uno piensa las razones de que le llamen así y le entran escalofríos. Pero después resulta ser Ralph Fiennes con la cara pintada, y sin nariz, lo que me hizo pensar en cuando era niño y me hacían la broma de que me habían quitado la pituitaria, así que me entró la risa. Y no sé yo, pero, ¿si vosotros os convirtierais en el mago más poderoso del mundo qué ocuparías antes, la Casa Blanca, o un colegio lleno de chavalines frikis? No sé, a mí no me parece un plan infalible.
7. August de Wynter, en Los Vengadores (1998). Cuando Sean Connery tiene un mal día, elige proyectos terribles. Aquí daba vida al líder de una organización de villanos que para evitar ser reconocidos…. ¡se disfrazan de osos de peluche! Tiene un plan memorable, construir una máquina que controla el clima a nivel mundial, así que los gobiernos de los distintos países le tendrán que pagar una millonada si quieren que salga el sol. En cualquier caso, ¿qué se puede esperar de una película protagonizada por un tipo con paraguas y bombín típicamente británico (Ralph Fiennes) y una señora embutida en un traje de cuero (Uma Thurman)?
8. Psychlo, en Campo de batalla: la Tierra. Ya tiene bemoles que John Travolta se empeñara en rodar este despropósito, basado en una novela del creador de la Iglesia de la Cienciología, L. Ronald Hubbar, a la que el actor pertenece. Pero no se entiende por qué se empeñó en interpretar a un alienígena de tres metros de altura con zapatos de plataforma, chupa de motero macarra y pelo a lo rasta, que parece un auténtico mamarracho.
9. Cualquier zombie de Plan 9 del espacio exterior. Cuando los muertos regresan de la tumba en esa película parecen bobalicones que se mueven a trompazos, golpean a sus víctimas a manotazos –parece que estuvieran aplastando moscas–, y tienen todo el rato la boca abierta, como si hubieran visto un monstruo, pero, ¿no se supone que las criaturas que dan miedo deberían ser ellos? Un caos.
10. Rey Koopa, en Super Mario Bros. Infumable versión cinematográfica de las peripecias del personaje de las consolas. No se sabe por qué a alguien se le ocurrió convertir al rey Koopa, en los videojuegos un lagarto gigante con una corona en la cabeza, en Dennis Hopper –actor casi siempre memorable– con un maquillaje patético y lengua de lagarto. Lo peor, que grita todo el rato “¡Goomba!”, “¡Goomba!”, como si fuera idiota.