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Biografía

Ralph Fiennes

Ralph Fiennes

57 años

Ralph Fiennes

Nació el 22 de Diciembre de 1962 en Ipswich, Suffolk, Inglaterra, Reino Unido

Cuestión de diplomacia

01 Marzo 2006

La especialidad de la casa parecen ser los tipos elegantes de películas de época y diplomáticos distinguidos. Pero si le piden “una de nazi psicópata”, responde “marchando” y nos sirve su estremecedora interpretación del nazi Amon Goeth, que le puso en bandeja una nominación al Oscar al mejor actor. Con muy pocos gestos, es capaz de expresar el conflicto moral de un concursante corrupto, la esquizofrenia de algún que otro asesino. Para los más pequeños, siempre será aquel no debe ser nombrado, pero lo cierto es que el nombre de Ralph Fiennes no para de sonar.

Nacido el 22 de diciembre de 1962 en Suffolk (Gran Bretaña), Ralph (pronúnciese algo así como “reif”) Nathaniel Fiennes fue el hijo mayor de un fotógrafo y una pintora y novelista. El talento no falta en la familia, pues casi todos sus hermanos se dedican a diferentes disciplinas artísticas, aunque los más conocidos son Joseph (protagonista de Shakespeare enamorado) y Martha, directora que trabajó con el propio Ralph en Onegin. Los Fiennes son religiosos, pues uno de los tíos de Ralph es sacerdote anglicano y profesor de teología en Cambridge, el actor tiene un tío-abuelo monje benedictino y él mismo estudió en un prestigioso centro religioso para chicos llamado Wordsworth School. Primero quiso ser pintor, por lo que se matriculó en la Escuela de Arte de Chelsea, pero enseguida lo dejó para estudiar interpretación, en la Royal Academy of Dramatic Arts. Como buen actor inglés, no tardó en pasar por la Royal Shakespeare Company, en 1988, y por supuesto interpretó a diversos personajes del genial dramaturgo. “Quise convertirme en actor porque me gustaba el teatro, más que el cine. Me encanta estar frente al público y cada función es completamente diferente. No soportaría dejar el teatro”, ha declarado Fiennes, autodeclarado “fanático de Shakespeare”. Además de hacer carrera en los escenarios, enseguida se le pudo ver en la pequeña pantalla, interpretando al mítico T. E. Lawrence en el telefilm Lawrence después de Arabia.

Ralph Fiennes debutó en el cine interpretando junto a Juliette Binoche al rencoroso Heathcliff en Cumbres borrascosas, versión de la novela de Emily Bronte más completa que la de William Wyler, pero infinitamente inferior. Pasó tan desapercibida que en España sólo se estrenó cuando el nombre de Fiennes empezaba a sonar. Tres cuartos de lo mismo ocurrió con El niño de Macon (rodada en 1993 y estrenada en España en 1998), un pretencioso drama de Peter Greenaway,  donde era el hijo de un obispo anglicano, seducido por Julia Ormond. Así las cosas, Ralph Fiennes era un completo desconocido para el gran público, cuando el exigente Steven Spielberg le escogió en un casting para interpretar al sádico nazi Amon Goeth, en La lista de Schindler. Fiennes aprovechó la oportunidad mostrando con su elaborado trabajo la complejidad de un personaje que se odia a sí mismo, lo que desencadena explosiones irracionales de violencia y locura. Convertido en estrella, Fiennes obtuvo también una nominación al Oscar al mejor secundario.

Parece ser que en ese momento, le empezaron a llover las ofertas. Supo atinar de nuevo, escogiendo Quiz Show, film de Robert Redford que advertía de la manipulación televisiva, en la que interpretaba a Charles Van Doren, tipo de buena familia que participaba en un concurso amañado. Aquí sorprendía la capacidad de Fiennes para mostrar con pocos gestos el complejo dilema moral al que se enfrentaba su personaje, lo que también supo hacer en El paciente inglés, de Anthony Minghella. Allí, encarnaba al conde Laszlo de Almassy, incapaz de frenar la pasión amorosa que sentía por la esposa de uno de sus ayudantes. Aunque volvió a optar al Oscar, esta vez como actor principal, y la sobrevalorada película se hizo con la exageradísima cifra de nueve estatuillas, Ralph Fiennes fue de los únicos nominados del film en quedarse viéndolas venir.

No todo a Fiennes le ha salido bien. Divorciado de la actriz Alex Kingston, una de las doctoras de la serie Urgencias,  acaba de romper con Francesca Annis, también actriz, con quien mantenía una relación desde hace once años. Ésta trabajó en un breve papel con el actor en Onegin, interesante adaptación de una novela del ruso Alexander Pushkin. Pasó injustamente desapercibida, mientras que el thriller de ciencia ficción Días extraños, Oscar y Lucinda y Sunshine supusieron pequeñas decepciones, y la adaptación de la serie Los Vengadores fue el fracaso artístico más estrepitoso de toda su carrera, y también de la Uma Thurman y Sean Connery. Acogida con la misma falta de entusiasmo, pero mucho más interesante es El fin del romance, en la que Neil Jordan llevaba al cine una obra de Graham Greene que había sido adaptada anteriormente con el título Vivir un gran amor. Fiennes volvía a brillar como novelista con numerosos elementos autobiográficos del propio Greene, y de nuevo entregado a una pasión extraconyugal. Dignos de mención son sus complejos retratos de psicópatas en El dragón rojo y Spider, y su incursión en la comedia romántica con Sucedió en Manhattan. El año pasado, Ralph Fiennes no paró de trabajar. Permanecen inéditas la tragicomedia The Chumscrubber, y el drama de época The White Countess, de James Ivory, con guión de Kazuo Ishiguro. “Es un film de otra época. Creo que será muy criticado por ser demasiado literario, porque incluye largos diálogos de los protagonistas. Pero Yasujiro Ozu también incluye largos diálogos en Cuentos de Tokio, considerada una obra maestra del Séptimo Arte”, comenta el actor. Tampoco se ha estrenado en nuestro país Chromophobia, segundo trabajo de su hermana Martha. Ofreció uno de los mejores trabajos del año como diplomático enamorado en El jardinero fiel. “Mi personaje, Justin, supuso un reto para mí. Porque es un diplomático forzado a reprimir sus emociones por su dedicación profesional, pero su relación con Tessa le permite explorar todas sus cualidades”, explica. Y tuvo tiempo para ponerle la voz al engreído cazador de Wallace y Gromit, la maldición de las verduras. También encarnó al diabólico Voldemor, el villano que acabó con la familia del protagonista, en Harry Potter y el cáliz de fuego, personaje que retomará en las siguientes entregas de la saga.

Filmografía
Sin tiempo para morir

2020 | No Time to Die

Bond ha dejado el servicio activo y disfruta de una vida tranquila en Jamaica, que se ve interrumpida de repente cuando aparece su antiguo amigo de la CIA Felix Leiter para pedirle ayuda. La misión de rescatar a un científico secuestrado resulta ser mucho más peligrosa de lo esperado, y conduce a Bond tras la pista de un misterioso villano armado con una nueva tecnología muy peligrosa.

The Dig

2020 | The Dig

The King's Man: La primera misión

2020 | The King's Man

Cuando un grupo formado por los tiranos y las mentes criminales más malvadas de la historia se une para desencadenar una guerra que matará a millones de personas, un hombre tendrá que luchar a contrarreloj para detenerlos. Los orígenes de la primera agencia de inteligencia independiente.

Holmes & Watson

2019 | Holmes & Watson

El mítico detective literario creado por Sir Arthur Conan Doyle va camino de convertirse en alguien más interpretado en el cine que el mismísimo Hamlet. Hay muchas películas sobre el inquilino de Baker Street, algunas magníficas –recuérdese Mr. Holmes–, y sus historias criminales han tenido versiones en géneros de todo tipo, desde el misterio (Sherlock Holmes contra Moriarty) al terror (El perro de Baskervilles), hasta la aventura (El secreto de la pirámide), la animación (Sherlock Gnomes) o el puro drama (La vida privada de Sherlock Holmes), pasando más últimamente por la acción (Sherlock Holmes) o la serie original (Elementary, Sherlock). Al israelí Etan Cohen le toca en este caso entregar una comedia absolutamente descerebrada, algo que a priori estaría en las antípodas de la idea racional, equilibrada y analítica que tenemos del protagonista. Pero por eso mismo Holmes se presta a ser parodiado hasta el extremo. Dicho lo cual, más que una comedia convencional queda claro que Holmes & Watson es una completa payasada, en la línea de las más chuscas películas de Will Ferrell, a quien Cohen ya dirigió en la infumable Dale duro. Aunque haya un leve hilo conductor –Holmes y Watson tienen un plazo de dos días para salvar a la reina Victoria de un complot mortal orquestado por el profesor Moriarty– en realidad puede decirse que en el guión de Cohen no hay una trama mínimamente consistente, tan solo una sucesión de banales gags, esperpénticos y ridículos, que salvo en contadas ocasiones no logran el objetivo de hacer reír, más bien producen vergüenza ajena. Lógicamente hay algunos momentos divertidos –los comentarios ante la reina, la referencia a Billy Zane–, pero son mucho más escasos de lo esperado y desde luego el abuso del humor soez, en ocasiones bastante grosero, denota una severa falta de creatividad. Los fans del histriónico y artificioso Will Ferrell están ante una película a su medida, para bien o para mal, pero sorprende ver en semejante ‘embolao’ a intérpretes de altura, como Ralph Fiennes o Rebecca Hall, bastante perdidos, aunque quizá sí se le saca un partido adecuado a ese gran actor llamado John C. Reilly.

3/10
Secretos de Estado

2019 | Official Secrets

2003. Katharine Gun trabaja para el ministerio de exteriores británico. La labor de su departamento es espiar e inspeccionar mensajes y ella se dedica especialmente a los que están redactados en chino. Su vida es tranquila, está casada con un turco que aún no posee la nacionalidad británica y que trabaja por en una cafetería. Pero la vida de Katharine va a cambiar cuando se entera en su trabajo de las sucias maniobras de los estados británico y estadounidense para cambiar los votos en la ONU y conseguir vía libre para atacar Irak. Katharine no podrá callar y filtrará la información a la prensa. Correcta película sobre la manipulación, la mentira y la integridad en torno a la Guerra de Irak, con toda esa parafernalia de fondo de las “armas de destrucción masiva” que tanto dio que hablar. El director sudafricano Gavin Hood, que ha mostrado su valía con filmes como Tsotsi o Espías desde el cielo, vuelve aquí a poner sobre el tapete las vergüenzas de ciertos gobiernos y gobernantes expertos en engañar a su población y capaces de llevar a cabo cualquier inmoralidad con tal de lograr sus objetivos. Para denunciar esta situación, el guión de Hood, escrito en colaboración con el matrimonio formado por Gregory y Sara Bernstein, se basa en la historia real de Katharine Gun, recogida en el libro de Thomas y Marcia Mitchell. El desarrollo de la trama es bastante clásico y no hay momentos especialmente vibrantes (la escena del aeropuerto parece la única concesión, algo forzada por lo demás). En realidad hay poco material, digamos, cinematográfico, pues estamos ante la denuncia de unos hechos bastante simples, contados escuetamente, con una trama que entronca con películas periodísticas (las dudas sobre la información recibida, las decisión sobre si publicar o no) y las judiciales (la estrategia de los abogados, la integridad de la acusada). Al resultado le falta algo de mordiente, aunque no dejan de tener fuerza las motivaciones de Katharine, su actitud valiente y responsable (magnífico el abrazo de su compañera), así como el planteamiento de fondo a la hora de afrontar el delito de traición. El reparto cumple, con una Keira Knightley contenida, un convincente Matt Smith en la piel del periodista de The Observer y un Ralph Fiennes al que le sobra oficio.

6/10
El bailarín

2018 | The White Crow

La trayectoria del bailarín de ballet ruso Rudolf Nureyev, hasta que pide asilo político en Francia en 1961. La película arranca precisamente en el momento en que las autoridades soviéticas piden explicaciones a quien ha sido su maestro, Alexander Pushkin, acerca de cómo ha podido ocurrir tal cosa, para retrotraerse al pasado, y desplegar varios hilos narrativos temporales distintos, el de su infancia, el de su formación bajo el ala de Pushkin, y el de su estancia en París con otros compañeros de danza del Kirov. Todos sirven para desplegar y dar a conocer la figura del artista: su indudable talento, la disciplina y esfuerzo con que se prepara, y un temperamento difícil, que anhela ahondar en la belleza, tiene ansias de libertad, y desarrolla una personalidad egocéntrica. El acierto del guión que ha escrito David Hare para Ralph Fiennes –quizá ha acudido a él por el notable trabajo que hizo en El lector, donde él actuaba– reside en que se evitan los simplismos, con muchos rasgos de Nureyev apuntados y sugeridos. De modo que el individualismo y soledad de Nureyev, no se explican sólo con el cliché tan manido de "así son los artistas", sino que tiene que ver con una infancia provinciana difícil, la tardanza en llegar a conocer a su padre, y su ingreso en una academia de ballet ya con cierta edad, lo que exige un esfuerzo suplementario. También se apunta a una reacción al colectivismo comunista, y a la asfixia de la libertad, tan importante para desarrollar la creatividad artística, o para ir más allá de la técnica, el seguimiento del consejo de Pushkin, "cuenta una historia", para sus bailes. Y además hay una necesidad de socializar en París, de salir con gente de ahí, los bailarines occidentales, y empaparse de lo que se le ha negado en la Unión Soviética. Es una pena que no respete el título original, "el cuervo blanco", una alusión a ese ser diferente, la dificultad para empatizar de alguien que ha evolucionado de un modo tan especial. Fiennes, que ha optado por rodar en ruso gran parte del metraje, no sólo hace una estupenda composición de Puhskin, usando ese idioma, sino que demuestra acierto en su tercer film tras la cámara, es muy selecto en lo que decide dirigir –antes abordó Coriolanus, sobre una obra poco conocida de Shakespeare, y The Invisible Woman, sobre el lado menos amable de Charles Dickens–, y aunque no sea brillante, va ganando en seguridad, y aquí entrega su mejor trabajo: se muestra seguro en los saltos temporales, y está soberbio en el clímax del aeropuerto, aunque el espectador conocedor sepa perfectamente lo que va a ocurrir. Además, parece tener clara la idea principal de su film, la necesidad de poder ejercer la libertad de todo ser humano, y se aferra a ella para destacarla, de modo que está presente en todo el metraje, sin que tampoco se tenga la sensación de un didactismo irritante. Acierta además al mostrar su talento artístico, pero sin caer en la trampa de que sus actuaciones anulen la trama dramática que se quiere desarrollar; y por supuesto, queda clara la sexualidad de Nureyev, pero sin convertirla en elemento de cansino adoctrinamiento, algo que se agradece en una época en que esto se hace con excesiva frecuencia y gran tosquedad. Funciona muy bien el reparto, con rostros pocos conocidos, el que más suena, aparte del de Fiennes, es el de Adèle Exarchopoulos, Claire Saint, la amiga chilena de Nureyev. Tiene mérito Oleg Ivenko, que debuta en la pantalla y aguanta bien el peso del protagonismo.

7/10
Sea Sorrow

2017 | Sea Sorrow

El debut de Vanessa Redgrave como directora de cine es una reflexión muy personal y dinámica sobre la crisis mundial actual de los refugiados a través de los ojos y las voces de los militantes y de los niños que mezclan el pasado y el presente, el documental y el teatro en su reflexión sobre la importancia de los derechos del hombre.

¡Ave, César!

2016 | Hail, Caesar!

Los hermanos Joel y Ethan Coen vuelven a transitar el terreno del cine dentro del cine que les valió la Palma de Oro en Cannes gracias a Barton Fink, pero en esta ocasión lo hacen con un tono muy diferente, detrás de la ironía amable se trasluce un auténtico homenaje al viejo sistema de los estudios de Hollywood, una fábrica de sueños que pese a sus inevitables defectos entregaba películas capaces de inspirar, entretener y conmover. No deja de tener su miga que el protagonista sea el jefe de Capitol Pictures, estupendo Josh Brolin, que duda entre seguir en la locura de producir películas o aceptar la oferta de irse a regentar otro tipo de fábrica, una de aviones, que le supondría un horario más humano y unos emolumentos bastante mayores. La excusa argumental es mínima –la estrella de una película bíblica titulada precisamente ¡Ave, César!, estilo Ben-Hur es secuestrado por un equipo de artistas con simpatías comunistas–, y sirve para ilustrar con estupendo sentido del humor la casa de locos de aquella época, los años 50. De modo que vemos cómo es el rodaje en estudio, el montaje con la moviola, el visionado de un copión... Lo que parecía un desastre mientras se rodaba, con un actor que parecía un inútil, en la pantalla cobra inesperada magia... Se nos ofrecen sentidos homenajes al musical, a las figuras caleidoscópicas en el agua de Esther Williams, al western de tono ingenuo... Se apunta la competencia de la televisión... Pululan las gacetilleras en busca de cotilleos, y hay escándalos que resulta necesario tapar... Las películas ofrecen contenidos, y hay que contentar a los representantes de los credos religiosos... Hay guionistas que, tremenda osadía, quieren ofrecer mensajes, algunos representas del peligro “rojo”... Todo eso está ahí, servido por dos cineastas que creen en las películas, aunque sepan al mismo tiempo reírse de esa influencia que ejercen sin lugar a dudas en los espectadores, lo sepan estos o no. Lo que tiene un gran mérito es la unidad que logran con personajes muy diversos y situaciones variopintas, todo casa y sirve a la idea de celebrar a la fábrica de sueños.

8/10
Spectre

2015 | Spectre

Alguien muy apreciado por James Bond le ha puesto sobre la pista de un criminal italiano al que sigue hasta México. Tras acabar con él, y arrebatarle un misterioso anillo con el símbolo de un pulpo, también acude a su funeral, en Roma, donde la viuda le revelará la celebración de una reunión clandestina en la que el agente con licencia para matar se enterará de la existencia de la siniestra Spectre, que engloba varios tentáculos, las organizaciones que ha combatido en el pasado. Sam Mendes salió tan bien parado de la saga de James Bond con Skyfall, que se ha animado a dirigir otra entrega. Y de nuevo acierta, pues Spectre supone un redondo colofón (con independencia de que se realicen más secuelas) de lo que hasta ahora ha sido el ciclo de Daniel Craig, con el que se ha reinventado el personaje desde que lo encarnó por primera vez en 007 Casino Royale. Sigue siendo brillante el trabajo de este actor, que se convierte en el personaje, un aparente matón sin escrúpulos, pero que esconde sentimientos. Aquí el espía sigue dolido por la muerte de la que fue la mujer de su vida, Vesper Lynd, y aunque eso no le ha impedido reconvertirse en un frívolo seductor en la línea tradicional de 007, volverá a reencontrar el amor… Pero la estrella no está sola, y se nota que la gran especialidad del responsable de American Beauty sigue siendo sacar petróleo de los actores. Tienen más papel de lo habitual Q (Ben Whishaw) y M (un genial Ralph Fiennes componiendo un jefe más duro que nunca), y están a un gran nivel las dos chicas Bond, una breve Monica Bellucci y Léa Seydoux. No habría un buen Bond sin un antagonista a la altura, y quién mejor para encarnar a un villano que Christoph Waltz. El coronel Hans Landa de Malditos bastardos consigue rendir tributo a los grandes enemigos de Bond, sin parecer forzado ni repetitivo, y también se debe mencionar al luchador de wrestling Dave Bautista, el mejor sicario del malo desde los míticos Oddjob y Tiburón. El resto del film sigue esta línea, pues se homenajea todo lo que salía en las viejas películas, con su humor en la onda del James Bond de Roger Moore, guiños para los entendidos, como el Rolls Royce Silver de Goldfinger, o el emblemático Aston Martin, y tópicos como los gadgets del departamento Q, o la superfortaleza del villano, que a pesar de haber sido parodiados hasta la saciedad resultan frescos. Como cabe esperar, el punto fuerte son las espectaculares secuencias de acción, desde que Spectre arranca con la caída de un edificio en la capital mexicana, y a partir de ahí, 007 protagoniza vibrantes persecuciones en otras localizaciones, como Italia, Austria y Tánger. También se entresaca una crítica a los políticos obsesionados por poner en marcha nuevas medidas de vigilancia y seguridad que está por ver si funcionan o encubren oscuros intereses.

7/10
El Gran Hotel Budapest

2014 | The Grand Budapest Hotel

Imaginativo juego de muñecas rusas a cargo del inclasificable y ocurrente Wes Anderson, que dice haberse inspirado en la obra del genial escritor Stefan Zweig, aunque igual podría afirmar que sus personajes de bigotes son deudores de Hergé y su álbum de Tintín “El cetro de Ottokar”, ya puestos. Una joven en la actualidad se siente profundamente conmovida por la novela “El Gran Hotel Budapest”; un autor, unos años antes, confiesa haber escuchado su historia en dicho hotel sito en una montaña solitaria, de labios del señor Mustafá; y Mustafá recuerda su época de botones del hotel, cuando era Zero, a las órdenes del señor Gustave, dueño del establecimiento y todo un caballero, cuando descubrió el amor y se vio sumergido en una vertiginosa aventura conspiratoria de crímenes a cuento de una herencia. Anderson entrega una narración aventurera de enorme dinamismo, con sugerentes toques surrealistas, en la época del desmembramiento del imperio austrohúngaro previa a la Segunda Guerra Mundial, aunque aludiendo siempre a países ficticios. Y a la hora de apostar por lo grotesco, se permite algún detalle gore o tosco, jugando así al contraste con los modales impecables del señor Gustave. Como hiciera ya en Moonrise Kingdom, el cineasta texano apuesta en El Gran Hotel Budapest por una visión romántica, con una paleta de colores pastel muy estudiada, y acudiendo a encuadres atrevidos y al uso de grandes angulares. En su cuidado guión hay espacio para una idealizada historia de amor, y una bonita relación patrón-subalterno de tipo casi paternofilial, que no paternalista. Destaca además un reparto coral de divertidos personajes estrambóticos, y riesgos como el de un formato de pantalla casi cuadrado, y efectos de miniaturas apenas disimulados, que dan al conjunto un adecuado aire naïf.

8/10
Turks & Caicos

2014 | Turks & Caicos

The Invisible Woman

2013 | The Invisible Woman

Nelly Wharton Robinson, esposa del director de un colegio, prepara en 1885 con un grupo de alumnos la representación de una obra teatral de Charles Dickens y Wilkie Collins. El dato casual en la conversación de que ella conoció al ya fallecido Dickens dispara sus recuerdos, las heridas no cicatrizadas aún de una relación amorosa del pasado con el célebre autor de “Oliver Twist”. Ella era entonces una joven actriz con otro nombre, Ellen Ternan, y se asomaba a los escenarios en compañía de su madre y hermanas, también dedicadas al mundo de la escena. Ralph Fiennes acomete su segundo trabajo como director tras Coriolanus, también asociado a un gran escritor inglés, William Shakespeare cede el paso a Charles Dickens. Aunque en esta ocasión no se trata de adaptar una obra de ficción, sino de evocar un episodio real y poco conocido del autor, uno de esos “secretos” que permiten conocer la naturaleza de un alma, en palabras del propio Dickens citadas en la película: su historia de amor con Ellen Ternan, mantenida en lo posible lejos del conocimiento de la opinión pública, y de cómo logró con ella una conexión de corazones que ya no tenía con Catherine, su esposa, con la que tuvo diez hijos. Abi Morgan, guionista de títulos como Shame y La dama de hierro, acomete la adaptación de una biografía de Claire Tomalin dedicada a esa “mujer invisible” que por las convenciones de la época habría sido una completa desconocida, Ellen Ternan, y que podría haber inspirado algunos personajes de Dickens, como el de Estella en “Grandes esperanzas”. Y Ralph Fiennes lo traduce en imágenes, reservándose además el papel de Dickens. La empresa es ambiciosa, y aunque se nos entregan escenas intensas, el resultado es irregular. Hay un gran esfuerzo por tratar de mostrar cómo un escritor que, en la cumbre de su carrera se siente infeliz en su matrimonio, ve despertar la pasión amorosa por una sensible jovencita. Se agradece que no se nos dore la píldora, Dickens es buena persona, pero tiene su lado egoísta, no sabe manejar su enorme popularidad, y teme el qué dirán. Pero en general la sensación es de cuadro incompleto, y a ratos incluso tosco. Se nos ofrecen pistas –la relación de Wilkie Collins con una viuda, la preocupación de la madre de Ellen por su futuro...– para que entendamos el puritanismo victoriano, las presiones sociales, pero a veces uno tiene la sensación de que la auténtica “mujer invisible” no es Ellen Ternan, sino Catherine, descrita de modo muy elemental, incluso ese fugaz plano de su desnudez que nos señala su falta de atractivo, ni siquiera físico. Al mismo Dickens le falta complejidad, hemos de creernos que no tenemos acceso a sus secretos: no le llegamos a conocer como padre de familia -ésta apenas parece contar en sus decisiones extramaritales-, ni siquiera vibramos con él como escritor, a excepción de una brillante escena donde hace una lectura pública de una de sus obras. En el capítulo interpretativo, además de secundarios notables como Kristin Scott Thomas –quien hizo con Fiennes El paciente inglés–, la que más brilla es Felicity Jones, que hace creíble su sufriente personaje reinventado en el presente, y enamorada arrobada en el pasado. Y ello a pesar de algunas escenas bruscas y chirriantes por culpa del guión, sobre todo cuando visita el nido de amor de Wilkie Collins y se siente insultada, lo que tira al suelo la imagen de mujer “libre” que se nos había querido ofrecer hasta ese momento.

5/10
Ira de titanes

2012 | Wrath of the Titans

Después de acabar con el Kraken, Perseo lleva una vida retirada, oculta su condición de semidios, en un pueblo de pescadores. Pero los dioses están perdiendo su influencia porque la gente no les reza, de modo que Hades y Ares hacen una alianza con Cronos para evitar perder su inmortalidad, lo que les lleva a traicionar a Zeus, padre de Perseo. Éste, para salvar a la humanidad, no tendrá más remedio que usar sus poderes para descender a las profundidades del infierno donde está cautivo Zeus. Cuenta con la ayuda de Agenor, hijo de Neptuno, y de la reina Andrómeda. Secuela de Furia de titanes, Ira de titanes rodada como ésa en 3D. De nuevo tenemos vistosas aventuras, con elaborados efectos especiales, en algunos casos rutinarios, en otros pasablemente originales. El problema del film, como a su precedente, es que le falta alma. Se ha querido armar la trama con un mínimo de dramatismo, a cuento de las relaciones paternofiliales y los sentimientos que surgen en ellas, donde no faltan el amor, los rencores y el perdón. Pero en general el guión es endeble: no emociona, y francamente, ignoramos las diferencias entre dioses y humanos, más allá de que los primeros son más poderosos. El mismo desconocimiento deben tener los autores de la historia, que llegan a decirnos que las almas de los hombres perviven para siempre, mientras que los dioses pueden terminar en el terrible vacío de la nada y el no ser. El porqué de tal diferencia es un misterio. Sobre el reparto, poco hay que decir, ya que los rasgos de los personajes son mínimos. Pero en fin, destaquemos el esfuerzo de Liam Neeson y Ralph Fiennes por dar cierta majestuosidad a Zeus y Hades, a ejemplo de lo que, en Furia de titanes (1981), hacían Laurence Olivier y compañía en lo que, como aquí, no dejaba de ser una serie B.

4/10
Skyfall

2012 | Skyfall

James Bond, con la asistencia de una agente, se encuentra de misión especial en Estambul, para recuperar un disco duro con el listado de todos los espías infiltrados en organizaciones terroristas. Un material muy sensible, que podría dar al traste con el trabajo de años y poner en peligro la vida de mucha gente. Todo apunta a que detrás de los hechos se encuentra alguien ligado al pasado de M, la jefa de 007, que se la tiene jurada. Entrega número 23 de la saga oficial de Bond, James Bond, el agente secreto salido de la pluma de Ian Fleming, y que los guionistas Neal Purvis, Robert Wade y John Logan siguen reinventando, bajo la batuta de Sam Mendes, para hacerlo atractivo al público del siglo XXI. Skyfall tiene la virtud de jugar a poner al día a 007 –proceso iniciado ya en los anteriores filmes, sobre todo en lo referente al machismo rampante del agente–, con una defensa de las canas, lo clásico, la veteranía: el factor humano es decisivo, ninguna tecnología puede sustituir a las personas, y su experiencia cuenta. Dentro de que en Skyfall estamos, no puede ser de otra manera, dentro de una película de entretenimiento, el director y los guionistas se las componen para dar peso específico a la historia. De modo que buceamos lo justo en el “background” de James Bond, pues resulta que hasta los agentes secretos mád duros han sido... niños. Vemos a M –siempre estupenda Judi Dench– enfrentada a decisiones difíciles, el MI6 supervisado por el recién llegado Mallory –Ralph Fiennes–, que mira a 007 un poquito por encima del hombro, algunos agentes “juveniles” –Naomie Harris y Ben Whishaw–, por así decir, y a un villano, Javier Bardem, con unas motivaciones más complejas de las manejadas por muchos de sus “colegas” de otras entregas bondianas. Y es que un poco en la línea marcada por Christopher Nolan en El caballero oscuro, los malos han cambiando, hay en ellos un punto de irracionalidad, y los enemigos ya no son fácilmente identificables como países, organizaciones criminales y cárteles de las droga, hay una zona de sombras cada vez más espesas donde el terror asoma de modo inesperado. Una cinta de Bond exige ritmo frenético, no parar. Sam Mendes no se queda corto en este apartado. Nos mueve por cinco puntos geográficos principales –Estambul, Londres, Shanghai, Macao, Escocia–, y con su gran equipo técnico –Roger Deakins, Thomas Newman, Stuart Baird, Dennis Gassner...– concibe momentos muy espectaculares, desde la clásica escena de apertura, persecución que deja sin resuello, a las que provocan los rascacielos de Shanghai, o el casi literal castillo de fuegos artificiales escocés, por citar algunos ejemplos. Y hasta hay lo que podrían interpretarse como guiños a Indiana Jones –Macao y el foso de las fieras– o a El silencio de los corderos, con personalidad. Las chicas Bond y alguna escena sexy forman parte del cine bondiano, y Skyfall no es la excepción. Quizá aquí la novedad con la oriental Sévérine sea que se integra en el engranaje de la historia, de modo que aparece y desaparece cuando toca, y eso está bien. Pero realmente momentos como el afeitado de Bond son más peajes sensuales de relativa sofisticación a la marca Bond, que necesidades del relato. En cuanto al inevitable tema musical para la secuencia de créditos, el tema “Skyfall” de Adele y Paul Epworth no decepcionará a los fans de la cantante.

7/10
Grandes esperanzas, según Mike Newell

2012 | Great Expectations

El desdichado huérfano Pip vive con su tiránica hermana mayor y su bondadoso cuñado herrero Joe. Cuando está en el cementerio ante la tumba de su madre irrumpe en la escena Magwitch, un preso fugado de aspecto amenazador que le pide algo de comer y una lima para romper sus cadenas. Asustado, pero también compadecido, le ayudará, aunque eso no impide que acabe detenido. En el futuro poco prometedor de Pip se abre una rendija a la esperanza cuando la excéntrica y amargada miss Havisham, encerrada siempre en su enorme mansión, le reclama a modo de entretenimiento, y le pide que juegue con su protegida Estella, una altiva chica de su edad, de la que se enamora. El contraste entre sus modales y educación y los de ella empujan a Pip a esforzarse por convertirse en un caballero. Cuidada adaptación de “Grandes esperanzas” de Charles Dickens, filmada en el año en que se cumple el bicentenario del escritor, y que ya había conocido potentes versiones cinematográficas, la mejor sin duda la firmada por David Lean, Cadenas rotas. Sorprende el enfoque realista que imprime a la historia Mike Newell, el director de Cuatro bodas y un funeral está lejos del tono de Harry Potter y el cáliz de fuego, y más cerca del cuento que filmó en 1992 con el título Escapada al sur. A la vez, su acercamiento en el diseño de producción y tratamiento visual no cae en los excesos de Cumbres borrascosas (Wuthering Heights) de Andrea Arnold, cuya estética sucia producía casi inevitablemente rechazo. El guión firmado por David Nicholls -One Day (Siempre el mismo día), donde adaptaba su propia novela- atrapa muy bien la idea que encierra el título original “Great Expectations”, de la que sería una traducción más exacta que la habitual la de “Grandes expectativas”, pues el film habla de eso precisamente, de las expectativas de los personajes, a veces ambiciones de corto vuelo -la de Pip de alcanzar una posición social, la de ayudarle que tiene su misterioso benefactor, la de la mujer recluida en su casa y que se proyecta en su protegidas...- que impiden ver el amor que están recibiendo y que podrían prodigar a los demás. Y sin embargo... la película no es redonda. Pese a la ambientación, pese a unos grandísimos actores -tanto los más conocidos, Ralph Fiennes, Robbie Coltrane y Helena Bonham Carter, como los emergentes Jeremy Irvine o Jason Flemyng, están muy bien...-, algo falla en el último tramo de la narración, donde los datos se embarullan y entregan de modo algo confuso y precipitado. Lo que no quita para que estemos ante una dignísima versión del clásico dickensiano que ayuda a que mantengamos “grandes esperanzas”.

6/10
Harry Potter y las reliquias de la muerte (2ª parte)

2011 | Harry Potter and the Deathly Hallows: Part II

Colofón de las aventuras de Harry Potter y sus amigos, basada en la serie de siete libros escrita por la británica J.K. Rowling. Todo tiene su final, y tras diez años en que las pantallas de cine han ido acogiendo las películas del joven mago con regularidad, llega el desenlace de la que ha sido probablemente las saga cinematográfica más importante de la historia. Después de Harry Potter y las reliquias de la muerte (1ª parte) –película que conviene tener fresca antes de disfrutar de esta segunda parte– Harry, Hermione y Ron prosiguen con su empeño de encontrar los horrocruxes que les faltan, para destruirles y poder acabar así con la vida de Voldemort. Entretanto, en Hogwarts se ha instalado el reino del terror con el ascenso de su nuevo director Severus Snape, asesino de Albus Dumbledore. Y por supuesto, Voldemort busca denodadamente el enfrentamiento personal con su archienemigo Harry Potter, pues sabe que si le destruye ya nadie podrá hacerle sombra y se convertirá en dueño y señor del mundo. Ante todo hay que tener en cuenta que esta película corresponde esencialmente a una conclusión, y se nota (no sólo porque tenga la menor duración de las ocho precedentes). El guión ha de leerse en sintonía con el film anterior, pues aquí la trama se desarrolla de modo absolutamente unívoco, desembocando en el único hilo argumental posible: el de la lucha final. Esto trae como consecuencia que hay muchas menos “distracciones” que en anteriores entregas, nada de hechizos nuevos, de introducción de personajes sorprendentes (aunque alguno leve hay), de grandes diálogos, de momentos de humor o relax... No, aquí sólo parece importar el material previo y eso hace pensar si, lamentablemente, no fue un craso error desdoblar en dos películas la última novela. Lo que más llama la atención de esta última parte es su oscuridad. Argumentalmente es comprensible, pues las fuerzas del mal se abaten cada vez más sobre el mundo, y parece que sólo un milagro podrá ya detenerlas, pero donde la falta de luz es más agobiante es sencillamente en el tratamiento fotográfico del portugués Eduardo Serra. Todo el metraje se desarrolla en una penumbra excesiva, de modo que a veces resulta hasta cansino mirar la pantalla, donde las imágenes siempre están en perpetua oscuridad. Por supuesto, y como era de esperar hay unos maravillosos efectos especiales, y es de justicia afirmar que la larga secuencia del ataque a Hogwarts es un espectáculo impresionantemente desde el punto de vista técnico. Por lo demás, en esta película no hay grandes alardes de los personajes, incluso Hermione y Ron tienen pocos momentos de gloria, más allá de las muestras de amor que se profesan. Aunque hay excepciones, y alguna conmovedora: muy logradas están las escenas protagonizadas por una imprevista y aguerrida profesora McGonagall (Maggie Smith), por el archiconocido y tenebroso profesor Snape (Alan Rickman) y por las heroicas apariciones del alumno Neville Longbottom (Matthew Lewis). Y hay, claro, una presencia eminente de Voldemort (Ralph Fiennes) y de Harry Potter, quien descubrirá su pasado de una vez por todas... A partir de ahora lo que falta es ver cómo se desenvolverán en el futuro los jóvenes actores Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint, que tendrán que emprender caminos separados. Pero eso ya es otra historia. La película, en fin, pone la guinda de despedida a una saga de ocho películas que han ofrecido una imaginería espléndida de personajes y mundos fantásticos, una creación de amplísima magnitud que, a través del mundo de la magia como excepcional metáfora, ha contado en definitiva lo más clásico entre lo clásico: la sempiterna lucha entre el bien y el mal, entre las virtudes y los pecados que pueblan el corazón y los actos humanos.

6/10
Coriolanus

2011 | Coriolanus

Caius Martius Coriolanus (Ralph Fiennes) es el orgullo de Roma, un general que mantiene el orden con mano dura y extraordinario patriotismo, y ha consagrado su vida a la guerra. Para salvaguardar la paz ha debido enfrentarse a numerosos enemigos en el campo de batalla. No obstante, como el pueblo demanda mayor justicia y se siente oprimido por los nobles, ciernen su odio sobre el héroe Coriolanus. Así, cuando éste es nombrado cónsul tras su última victoria sobre el rebelde pueblo volsco, comandado por el aguerrido Tullus Aufidius (Gerard Butler), los tribunos envidiosos, que ven en Coriolanus la amenaza de un líder que les haga perder influencia, verán la oportunidad de soliviantar al pueblo desafecto para que protesten y revoquen el nombramiento del triunfante militar. El actor Ralph Fiennes debuta como director trasladando a la pantalla la célebre tragedia “Coriolanus”, de su paisano William Shakespeare. Además de reservarse el protagonismo, Fiennes elige audazmente una puesta en escena realista y contemporánea, cuyo esfuerzo de producción es notable, de modo que al espectador bien podría parecerle que observamos acontecimientos bélicos procedentes de cualquier guerra urbana del siglo XX. Esta actualización temporal de una historia que originalmente corresponde a la Roma preimperial, remite a otros títulos cinematográficos como Ricardo III (1995), de Richard Loncraine; Titus, de Julie Taymor; o Hamlet (2000), con Ethan Hawke. A propósito de anacronismos, también llama la atención que en Coriolanus los diálogos mantengan el lenguaje original del bardo inglés, por lo que inevitablemente suena algo artificial en boca de militares que sostienen metralletas y senadores con chaqueta y corbata. Por otra parte, es claro que las palabras de Shakespeare siguen teniendo un ímpetu desbordante que los siglos no han mermado. Porque, por supuesto, la fuerza del film está sin duda en las pasiones humanas contenidas en la historia recreada por Shakespeare. Patriotismo, envidia, traición, ira, compasión, amor y asesinato son algunos de los temas que desprende Coriolanus. Todo esto basta para generar un film más que correcto, muy por encima de lo acostumbrado. Y, sin embargo, el resultado final no es memorable debido a su, digamos, asepsia, a su falta de catarsis. Al espectador le será difícil encontrar un personaje con quien identificarse mínimamente, de modo que la tragedia sólo emociona lo justo. Y no hace ningún favor al protagonista la composición adusta y angustiada de Ralph Fiennes, el cual resulta a veces desconcertante en su mudo interior. Quizá una interpretación más humana y natural le hubiera granjeado mayor complicidad. En cambio sí están muy logrados los trabajos de la veterana Vanessa Redgrave –cuya materna composición de Volumnia en la intensa escena de petición de perdón es seguramente lo mejor de la película–, y del fiel y desesperado Brian Cox, estupendo como el senador Menenius. Sorprende por último que Jessica Chastain tenga tan escasa presencia como la mujer del protagonista.

6/10
Entre líneas

2011 | Page Eight

Johnny Worricker es un veterano agente del MI5. Cuando su colega y jefe resulta muerto repentinamente, un archivo inexplicable hace su aparición y su contenido amenaza la estabilidad de toda la organización. Por casualidad, Johnny contacta además con una activista política llamada Nancy Pierpan, que resulta ser su vecina... No le quedará otra al agente que ocultar su identidad durante un tiempo e intentar averiguar la verdad sobre lo sucedido. Moderna película de espías adecuada a los nuevos tiempos. Producida por la BBC directamente para la televisión, sorprende la presencia de un reparto de mucho renombre, encabezado por Rachel Weisz y Bill Nighy. El guión es interesante y la trama resulta entretenida en todo momento. Planificada con elegancia, dirige y escribe David Hare, de cuyas manos salieron los guiones de Las horas o El lector, entre otros.

6/10
Cruce de destinos

2010 | Cemetery Junction

Años 70, un pueblo de la Gran Bretaña profunda. Freddie, Mike y Snork son tres jóvenes amigos algo gamberretes, que durante un verano se ven obligados a madurar. El primero empieza a trabajar como vendedor de seguros, y está concienciado de que quiere ser alguien en la vida; se reencuentra con su amiga Julie, que es además la hija del jefe. Mike adopta una actitud de ‘rebelde sin causa’, y no guarda el respeto debido a su padre, a quien culpa de la huida del hogar de la madre, según él no supo retenerla. Finalmente Snork es el típico graciosete, pero gordito y no muy agraciado, que no se atreve a corresponder a la única chica que se fija en él, una tímid camarera. Dirigen y escriben la película dos de los creadores de la serie cómica The Office. Pero aunque sigue existiendo espacio para el humor –en ocasiones un tanto zafio–, predomina el tono nostálgico de final de una etapa y comienzo de otra nueva. Los tres jóvenes protagonistas están bien, y actores maduros de categoría –Ralph Fiennes, Emily Watson, el propio Ricky Gervais– aceptan ser los secundarios de la función. La idea de fondo es la de saber afrontar las decisiones de acuerdo con las propias convicciones, por encima de convencionalismos y voces agoreras que invitan a actitudes acomodaticias.

6/10
Harry Potter y las reliquias de la muerte (1ª parte)

2010 | Harry Potter and the Deathly Hallows: Part I

Tras la muerte de Dumbledore, y la caída de la ‘careta’ de Severus Snapes, las cosas están más oscuras que nunca, tanto en el mundo de los magos como en el de los muggles. La vida de Harry Potter corre serio peligro, y sus amigos están dispuestos a arriesgar las suyas para ponerle a salvo, pues saben que él es la única opción para derrotar a Valdemort. Con la ayuda de Hermione y Ron tratará de dar con los horrocruxes, pedazos del pasado de tan poderoso enemigo, cuya destrucción resulta vital. Serán herramientas poderosas en tan desigual combate las que Dumbledore ha legado a los tres amigos en su testamento. Séptima entrega de la saga Harry Potter en cine, y primera parte de la última novela de J.K. Rowling “Harry Potter y las reliquias de la muerte”, pues se ha tomado la decisión de extraer de ella dos películas. A estas alturas resulta evidente que la adaptación al cine tiene a una legión de incondicionales que irán a verla, los fans de los libros, pues con unos actores ya conocidos y una trama de la que es celosa guardián la propia Rowling, muy mal deberían pintar las cosas para que se produjera una deserción de estos espectadores. Y es claro que básicamente el film cumple, hay una cuidada producción y elementos para entretener y atrapar el interés, gracias a un libreto del guionista habitual Steve Kloves. En el haber del film está una atmósfera que sigue creciendo en oscuridad, con la escuela Hogwarts dejada en el baúl de los recuerdos y los protagonistas puestos seriamente a prueba. De modo especial Ron, con su complejo de inferioridad y sus celos –le gusta Hermione, pero cree que ella le desprecia a favor de Harry–, que le invitan a dejar a sus amigos en la estacada. Y hay pasajes logrados, como a añagaza de un conjuro que nos muestra a múltiples Harry Potter, para proteger al auténtico. Sin embargo, continúan los síntomas de agotamiento en la saga, que ya se detectaban en Harry Potter y el misterio del príncipe. El director David Yates da la impresión de ser un director ‘a las órdenes de lo que digan los jefes’, y no resulta muy imaginativo en el uso de la parafernalia de efectos digitales –véase la enésima persecución fílmica en autopista en sentido contrario, sin nada vibrante que aportar–, además de empantanarse en los pasajes en que los personajes se encuentran como perdidos, como si él mismo se hubiera contagiado de dicha desorientación. De modo que aburre. Tampoco ayudan los personajes fugaces, con los que resulta difícil empatizar, de modo que ciertas muertes no producen el deseado efecto dramático; concretamente una casi se nos comunica de pasada, de modo que a la mayoría del público le importará sencillamente un bledo. Curiosamente, si Ron adolece de complejo de inferioridad, los impulsores de este film parecen estar aquejados del complejo de película no-adulta. Así parece explicarse la introducción de una imagen amorosa, fantasía y tentación provocada por los celos de Ron, suavizada y transfigurada eso sí, para evitar protestas de los que no la vean demasiado adecuada para la saga.

5/10
Furia de titanes

2010 | Clash of the Titans

Spyros, un humilde pescador, encuentra flotando en el mar un ataúd con el cadáver de una mujer y un bebé vivo. Criará a éste con el nombre de Perseo, como si fuera su propio hijo. Pero en realidad se trata de un semidiós, vástago de Zeus. Cuando Perseo ya es adulto, los hombres de Argos osan desafiar a los dioses olímpicos, ocasión que aprovecha la divinidad del inframundo Hades para pedir el sacrificio de Andrómeda; en caso de negativa, la ciudad sea destruida por el Craken, una terrible bestia. Perseo encabezará una expedición para evitar ese sacrificio y poder desafiar con éxito al Cracken, lo que le obliga a enfrentarse con increíbles criaturas. El cine en 3D se ha convertido en una gran atracción de feria, el relieve concede al cine de aventuras una nueva dimensión, nunca mejor dicho. Lo confirma Furia de titanes, grandioso espectáculo visual, reconvertido al formato de moda en la última fase de su producción, taquilla obliga. Tal decisión de última hora se nota, el uso del 3D no es tan perfecto como el de Avatar y Alicia en el País de las Maravillas, el juego plano-contraplano no parece hecho para la tridimensionalidad, y algunas escenas, como las del Olimpo, tienen un acabado extraño, un algo que chirría. No obstante, es previsible que el público general no se ande con demasiadas sutilezas técnicas, y acepte “subirse a la atracción”, sin más. Y es que, en muchas escenas, la cosa funciona perfectamente, a Louis Leterrier le va este tipo de cine, como ya probó en otra mitología, moderna, la de El increíble Hulk. Dentro del esquema de aventuras mitológicas al que da pie el viaje del héroe y sus compañeros, los guionistas – Travis Beacham, Phil Hay y Matt Manfredi– han dado primacía al conflicto interno de Perseo, que no quiere asumir su parte divina –cree que Zeus no le atendió y que su auténtico padre fue su padrastro–, lo que sirve para acentuar su condición humana, sobre todo el ejercicio de la libertad. Lo demás son fuegos de artificio más o menos vistosos, con guiños a sagas épicas como El Señor de los Anillos –esas expediciones por parajes increíbles– y La guerra de las galaxias –hay unas criaturas que se parecen mucho a los moradores de las arenas, y el gruñido de uno de ellos bien podría haberlo proferido Chewbacca–. Ha habido una apuesta por actores más bien desconocidos, a excepción de los “divinos” Ralph Fiennes y Liam Neeson, y el héroe de acción de moda –es su segunda película en 3D– Sam Worthington. Y a diferencia de títulos como 300, se evita la violencia desagradable, en busca del gran público.

6/10
La niñera mágica y el Big Bang

2009 | Nanny McPhee and the Big Bang

La actriz Emma Thompson vuelve a meterse en la piel de la niñera Nany McPhee, personaje de hadas creado por la escritora Christianna Brand, que ya interpretó en La niñera mágica. En este film la actriz inglesa participa muy activamente, ya que además de escribir por completo el guión, también ha llevado a cabo labores de producción. Dirige con mucho gusto Susanna White, hasta ahora responsable sobre todo de dramas y que ha triunfado definitivamente con la serie bélica de televisión Generation Kill. La historia, basada libremente en los personajes y libros de Brand, está ambientada en los años de la II Guerra Mundial y nos presenta a una familia inglesa que vive en una granja en medio del campo. La madre, la Sra. Green, está sóla porque su marido se encuentra en el frente y se las ve y se las desea para mantener a la familia y para gobernar con tranquilidad su casa, pues tiene tres hijos pequeños, Norman, Megsie y Vincent. La Sra. Green tiene que lidiar además a su cuñado que está empeñado en que ella firme la escritura de la granja para venderla... Pero las cosas van a complicarse más cuando llegan a pasar unos días con ellos sus dos jóvenes primos, unos remilgados que llegan de la ciudad. La convivencia comienza a ser catastrófica con cinco niños en casa. Una noche, cuando la situación ha llegado al límite para la Sra. Green llaman a la puerta. Y allí aparece una mujer muy fea, vestida de negro, que se presenta como Nanny McPhee y dice ser una niñera dispuesta a ayudarla. Film familiar destinado sobre todo al público infantil y que ofrece innumerables secuencias divertidas y llenas de acción, un idílico retrato de la vida en el campo y un tierna visión de la familia. Los personajes están bien perfilados y ayuda al interés de la historia la presencia varios conflictos dramático en la trama, como la incertidumbre del paradero del padre, las maquinaciones malévolas del cuñado, la complicada convivencia entre los pequeñuelos y, por supuesto, las enseñanzas de Nany McPhee. Ésta podría ser una especie de Mary Poppins por sus artes mágicas, y también por su modo de actuar con los niños, llevando con mano firme su educación y a la vez inculcándoles un buen puñado de virtudes y valores. Sin embargo, su aspecto exterior es todo lo contrario al bello personaje de Julie Andrews, ya que en este caso se oculta, con un espeso maquillaje de aspecto brujeril, el rostro Emma Thompson... Le acompañan en el reparto una genial Maggie Gyllenhaal como la Sra. Green y un divertido Rhys Ifans en el papel del ruin cuñado. Por lo demás, con bastante explicitud el film pone el dedo en la llaga en la lacra del divorcio y en el daño que éste produce en los niños, y por el contrario ofrece decididamente un amable elogio de la unidad familiar y del amor a los hijos.

5/10
Escondidos en Brujas

2008 | In Bruges

El inglés de padres irlandeses Martin McDonagh escribe y dirige esta singularísima película, que supone también un más que correcto debut cinematográfico. McDonagh demuestra sobre todo un gran dominio a la hora de concebir escenas y perfilar a los personajes, no en vano es un dramaturgo de prestigio –galardonado dos veces con el premio Olivier y cuatro veces nominado al Tony–, cuyas obras han sido estrenadas en más de 40 países. Dos asesinos a sueldo van a pasar unos días a la ciudad de Brujas tras realizar su último trabajo. La idea es que esperen allí la llamada de su jefe. Mientras que Ray (Colin Farrell) se siente absolutamente fuera de lugar y no puede evitar los remordimientos terribles provocados por su último ‘trabajito’, su compañero Ken (Brendan Gleeson) está encantado con el arte y la belleza de la célebre ciudad medieval. Y así pasan los días: Ray entablará amistad con una bella chica llamada Chloë y Ken sentirá que ese ambiente cultural serena su mente y su alma. El tono de la película un poquito desconcertante, para bien y para mal. Y es que, si los protagonistas se encuentran fuera de lugar en Brujas –un continuo leitmotiv del guión–, el espectador puede sentirse igualmente perdido al no saber si tomarse en serio o en broma la historia, pues McDonagh busca un casi imposible equilibrio entre comedia y thriller. Hay momentos hilarantes logrados, pero éstos siempre surgen de situaciones nada cómicas, sino más bien patéticas, excesivas, que definen perfectamente el carácter perdedor de los personajes. El resultado es algo así como una tragicomedia negra que remite en parte al cine de Quentin Tarantino o Guy Ritchie, aunque sin su disparatado surrealismo. Aquí es todo mucho más sosegado, y también más gris y tristón. Y McDonagh rueda con un estilo mucho más clásico y contemplativo, recreándose en la fabulosa fotografía de Eigil Bryld y en las bellísimas localizaciones de Brujas, un lugar que parece verdaderamente parado en el tiempo. Este aire reposado de la espera, y el estado taciturno que despiden los personajes a lo largo de los días, crea situaciones improbables a priori, como la de que dos asesinos se pregunten por el más allá, por el bien y el mal, por Dios y por el castigo de sus pecados. Y sobre todo que lo hagan en serio, sin el sarcasmo que aportaría un Tarantino, por seguir con el ejemplo. En el aspecto artístico destaca mucho Colin Farell, cada vez más alejado de los papeles de chulito que le han dado fama. Su personaje sufriente recuerda tremendamente al de Cassandra's Dream, pues también aquí tiene serios problemas de conciencia debido a sus actos pasados. Y hay que hacer mención a la extraordinaria música de Carter Burwell, que es de lo mejorcito que se puede escuchar hoy en día.

6/10
En tierra hostil

2008 | The Hurt Locker

La mejor película hasta la fecha sobre la guerra de Irak. Sigue las labores cotidianas en Bagdad de tres marines estadounidenses, que conforman una unidad de artificieros especialistas en desactivar bombas. Ellos son Will, muy individualista, que parece no conocer lo que es el miedo, y ha desarmado cientos de artefactos; Sanborn, un afroamericano muy racional, que piensa que la seguridad pasa por el trabajo en equipo; y Owen, el más joven, al que el conflicto está afectando, y que recibe ayuda psicológica de un coronel médico. Sus distintas misiones sirven para ahondar más en sus personalidades: tocamos su humanidad, también en lo que se refiere a los lazos familiares, buceamos en sus temores, y llegamos a atisbar un poco el daño tremendo que hace la guerra, en primerísimo lugar a los propios combatientes.Kathryn Bigelow es una excelente directora de escenas de acción, lo que atestiguan filmes como Le llaman Bodhi, Días extraños y K-19: The Widowmaker. Aquí suma a su talento para las secuencias adrenalíticas -todas sobresalientes, con una atmósfera de tensión casi insoportable, y sin maquillar jamás el horror bélico- el manejo de un sólido guión de Mark Boal, que ya había puesto previamente su granito de arena en el libreto de En el valle de Elah. Y el resultado de tal conjunción es muy notable. Ya la secuencia de apertura es modélica para explicar en qué consiste el infierno de Bagdad: soldados patrullando por todas partes y sus inevitables bromas procaces, civiles suspicaces, el pánico ante las amenazas de bombas, la desconfianza de unos y otros... y el traje de artificiero, que parece propio de un cosmonauta, y subraya la idea de que los marines están verdaderamente en otro planeta, cuyas claves de inteligibilidad se les escapan. Otros pasajes recuerdan al western, duelo al sol en el desierto bajo un calor infernal, lo que se subraya con la partitura de Marco Beltrami y Buck Sanders, suavemente evocadora de los filmes de Sergio Leone y Ennio Morricone. Gran mérito del film es su huida constante del tópico. No estamos ante el elemental heroísmo de tantas películas bélicas. Tampoco se cae en la simple desmitificación típica de los títulos sobre Vietnam, opción seguida por Redacted de Brian de Palma o la miniserie Generation Kill. Es todo más complejo, y por ello, más creíble. Con inteligencia, se deja de lado la cuestión política -no se menciona a Bush en ningún punto del metraje-, optando por entregar hechos harto elocuentes, que permitirán al espectador sacar sus conclusiones. Como la detención de un taxista con un arma apuntándole a la cabeza, con la ironía que explica en gran parte la tragedia de la ocupación americana, de que “o era insurgente, o ha pasado a serlo”. Tampoco se cae en la tentación de mostrar a unos mandos lerdos, que no se enteran de nada. Y los protagonistas están lejos de ser unos tarados: son personas normales, auténticos camaradas, con familia, capaces de congeniar con Beckham, un chaval nativo; no desprovistos de problemas, tal vez adictos a las emociones fuertes, o su contrario, intentan evitarlas, pero ni una cosa ni otra les llena de orgullo, simplemente procuran hacer lo que mejor saben, encajar en el puzzle iraquí. El reparto es perfecto, está hecho con inteligencia. El trío de actores principales resulta bastante desconocido -genial Jeremy Renner, que compone un personaje muy poliédrico; totalmente en su sitio Anthony Mackie y Brian Geraghty-, una astuta opción, como lo es la de apuntar a nombres que suenan para papeles pequeñitos -Guy Pearce, Ralph Fiennes-.

8/10
La duquesa

2008 | The Duchess

1772, Inglaterra. Con diecisiete años, Georgiana se promete con el duque de Devonshire, a instancias de su madre, lady Spencer. Ingenua e ignorante de las cuestiones de la vida, ella está encantada con este matrimonio, que supondrá una desahogada posición, y ser el centro de las relaciones sociales de su esposo. Pero realmente se diría que en lo que a su matrimonio se refiere, Georgiana ha sido tratada poco menos que como ganado, una hembra cuya función principal sería la de procurar descendencia masculina al duque, un heredero del título. Algo que no acaba de llegar, pues irán naciendo niñas. Lo que intensifica la frialdad e indiferencia con que el duque trata a Georgiana, lo que conduce a todo género de humillaciones, como la obligarle a criar como si fuera suya a una hija ilegítima, o la de convertir a Bessie, la mejor amiga de Georgiana, en su amante. Toda esta experiencia supone un proceso de maduración para Georgiana, que busca consuelo y distracción en las reuniones sociales. Película basada en hechos reales, contados por Amanda Foreman en su premiada biografía, que ha servido para confeccionar el guión. El desconocido Saul Dibb entrega un film que sabe atrapar la desdicha de un matrimonio concertado, sobre todo porque el marido no pone nada de su parte para que funcione la vida conyugal. Aunque se critica la discriminación de la mujer de antaño, y se juega a la contraposición entre lo que es una boda pactada y un amor natural y sincero, el director tiene la honradez de apuntar que lo primero podría funcionar si ambas partes se esforzaran, y que lo segundo puede ser aparcado cuando intereses superiores –los hijos– demandan tal sacrificio; no se cae en la frivolidad en tal aspecto, y ello contribuye a dar consistencia a la trama. De modo que se siguen con interés los altibajos sentimentales, las cuitas amorosas y las infidelidades, los dilemas que conllevan la atención de los propios retoños. Keira Knightley es perfecta como protagonista, se convierte en solidísima columna vertebral de la película. Y hay un buen respaldo de secundarios, entre los que destacan el perpetuamente distante Ralph Fiennes, y la pragmática madre encarnada por Charlotte Rampling; los menos conocidos Dominic Cooper y Hayley Atwell, variables añadidas al juego amoroso, cumplen. Por supuesto, se pinta con minucioso esmero la vida cortesana, prestando atención a las convulsiones políticas de la época, concretamente a luchas del partido whig al que el duque respalda. La dirección artística esta mimadísima a la hora de pintar las reuniones sociales, y no extraña que el vestuario de Michael O’Connor ganara un Oscar en la edición de 2009, pues los modelos que luce Keira Knightley son deslumbrantes, con especial atención para sus sombreritos –o mejor sería decir, sombrerazos–, una preciosidad.

6/10
The Reader (El lector)

2008 | The Reader

El peso de una relación inapropiada, aumentado por la dinámica de la Historia, a lo largo de toda una vida. En la Alemania de los años 50 Michael  Berg es un adolescente robusto y amante de la lectura, sensible y vitalista. Un día que se encuentra mal en la calle, le ayuda una mujer, Hanna Schmitz, revisora en un tranvía, atractiva, solitaria y enigmática. Cuando pasados unos días le lleva unas flores para agradecer su atención, comienza un juego de seducción por parte de ella. Atrapado en el recién descubierto vértigo del erotismo, comienza una larga relación clandestina, donde ninguno de los dos parece detenerse demasiado a considerar la diferencia de edad que media entre ambos -él tiene 15 años, ella 36-, los encuentros sexuales parecen convertirse en razón principalísima para levantarse cada mañana, aunque en ocasiones discutan, pues ella exhibe un extraño carácter con inesperados cambios de humor, y nunca habla mucho de sí misma. Como Hanna es analfabeta, uno de los aspectos más gozosos de la relación estriba en los momentos en que Michael le lee los libros que forman parte de sus tareas escolares. Un día, de repente, Hanna desaparece. Michael sigue con su vida, y estudia derecho en la universidad. El reencuentro con su antiguo amor se va a producir en circunstancias traumáticas, cuando Michael acude a un juicio contra antiguos criminales de guerra, que se celebra en Berlín.El director de Billy Elliot (Quiero bailar) continúa la línea de historias traumáticas y deprimentes marcada por su anterior film, Las horas. Stephen Daldry repite colaboración con el guionista David Hare a la hora de adaptar una novela del alemán Bernhard Schlink, que bucea en las heridas no cicatrizadas del traumático pasado nazi de su patria. Aunque Hare da algunas vueltas a la estructura narrativa, con saltos al pasado y al presente, la historia que se nos cuenta tiene tres etapas bien determinadas. Está esa apasionada relación entre un jovencito y una treintañera, narrada con consciente morosidad e innegable insistencia erótica, aunque se “revista” -es un decir, los actores aparecen desnudos en gran parte de estos pasajes- de preciosismo esteticista; un amor sin compromiso, corrupción de un menor inexperto, por tanto, poco amor, traspasado de gélida frialdad, porque no existe entrega mutua plena, Michael y Hanna son unos desconocidos el uno para el otro. Esto influye sobremanera en la segunda parte del film, alrededor del juicio, donde las sorpresas sobre la identidad de Hanna afectan aún más a un Michael que ya da la impresión de estar muy vacío en sus capacidades amatorias, véase la relación con sus padres y con una compañera de la universidad, su futura esposa. El tercer tramo de la historia es el que podría denominarse “carcelario”, donde la relación de los protagonistas continúa de una manera peculiar, los libros grabados en cassette; puede considerarse una idea bonita, al final lo que queda del “amor” es la búsqueda común en la superación del analfabetismo, más que una relación física, inevitablemente efímera.Deja este film -la última producción de los fallecidos en 2008 Anthony Minghella y Sydney Pollack- un regusto amargo, hay en él una especie de nihilismo fatalista que impregna cada fotograma. De algún modo se apunta a una culpa colectiva en el drama de la Alemania nazi, que no admite absolución, sólo queda pasar página, tratar de olvidar, meta imposible, y esperar que las nuevas generaciones, libres de dicha culpa, lo hagan mejor. Por lo visto sus artífices, por razones difíciles de entender, decidieron dejar fuera de la trama cualquier mención expresa a la redención o al perdón. Lo que no deja de ser paradójico, porque la escena final del encuentro de Michael con una víctima del holocausto está pidiendo a gritos ambas actitudes, y de hecho, tácitamente se hallan presentes. Queda pues una película bien narrada, con buenas interpretaciones, sobre todo de Kate Winslet, David Kross y Ralph Fiennes, pero que no conduce a ninguna parte.

6/10
Harry Potter y la Orden del Fénix

2007 | Harry Potter and the Order of the Phoenix

Han pasado cinco años desde que Harry Potter ingresó en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, al que se accede desde el andén 9 y 3/4. Ya no es un niño, ni tampoco sus fieles amigos Hermione y Ron, y las aventuras y peligros con los que se tienen que enfrentar están más acorde con su mayor madurez. Después de la terrible aventura del pasado año, en la que Harry tuvo que enfrentarse al malvado Voldemort, la sorpresa del chico de la cicatriz es que a su vuelta nadie cree que “el que no debe ser nombrado” haya regresado al mundo de los magos para establecer su tiranía de terror. Por otra parte, el Ministro de Magia, temeroso de que el director de Hogwarts, Albus Dumbledore, le birle el puesto, nombra a una nueva profesora de Defensa contra las Artes Oscuras, Dolores Umbridge, que apenas enseña a defenderse a los alumnos. Al sentirse desvalido ante la inminente lucha, Harry comprende que tendrá que prepararse por su cuenta y decide fundar el llamado “Ejército de Dumbledore”. Tras la cuatro primeras entregas, un nuevo director –el inglés David Yates– toma el mando en la adaptación a la pantalla de esta quinta novela de J.K. Rowling. Además se despide el guionista Steve Kloves y debuta en la serie Michael Goldenberg, responsable de los libretos de Contact o Peter Pan. Yates ha seguido la estela de sus predecesores Mike Newell y Alfonso Cuarón, al imprimir un gran ritmo al film y dotarlo de una atmósfera muy oscura y tenebrosa. Destaca en este aspecto el espléndido y sobrecogedor comienzo en el parque despoblado y el posterior ataque de los dementores. Quizá pueden achacarse al guión algunos descuidos al dejar o sugerir cabos sueltos, y también que en torno al desenlace reine un poco la confusión respecto a la profecía y al papel que juegan algunos personajes. Por lo demás, es interesante comprobar las evoluciones en la vida de Harry: a la vez que nota que los años no pasan en balde y que se siente cada vez más atraído por la bella jovencita Cho Chang, descubrirá que en el amor no es oro todo lo que reluce. Y también se llevará una enorme sorpresa al descubrir ciertos aspectos desconocidos de la vida de su padre, en una original escena que arroja luz a la hora de comprender los modales del profesor Snape. Por otro lado, aunque Hermione y Ron tienen menos protagonismo en la aventura, su profunda amistad se revelará esencial para el mago de cicatriz. Y hay que elogiar a la actriz Imelda Staunton, que ofrece una fantástica, divertida y repelente composición de la profesora Umbridge.

6/10
Bernard y Doris

2006 | Bernard and Doris

Reconstrucción de la historia real de la millonaria Doris Duke y su mayordomo de los últimos años, al que acabó legando toda su fortuna, para sorpresa de propios y extraños. Tras la muerte de su padre, acaecida cuando ella tenía 13 años, Doris Duke heredó una gran fortuna y el imperio tabacalero American Tobacco Company. Tiene a su servicio a Bernard Lafferty, un mayordomo homosexual con problemas con el alcohol. Bob Balaban, actor de títulos como La joven del agua y también prolífico director, aprovecha el talento de la pareja protagonista, magníficos Susan Sarandon y Ralph Fiennes. Realmente su trabajo es lo mejor de la anodina cinta. Babalan admite que ha imaginado cómo fue la relación entre Doris y Bernard, a falta de información de primera mano, y pinta a la primera como a una mujer adinerada, en continua actividad, dotando de fondos a fundaciones y organizaciones caritativas; pero que al tiempo está muy sola, y paga a un morenazo cachas para tener sexo con él. Mientras que sobre Bernard planea la ambigüedad, la sombra de la duda de si pretende manipular a su ama. Quizá la mayor debilidad del film sea el interés de lo que se cuenta, pues una vez planteada la situación –la exigente dama tiene un mayordomo complaciente, que adivina siempre sus necesidades–, todo consiste en abundar en la triste vida de los protagonistas.

4/10
Tierra de sangre (2006)

2006 | Land of Blind

Thorne es un recluso internado en un presidio de máxima seguridad. El motivo del aislamiento de este brillante escritor, según descubre Joe, el guardia que le custodia, tiene que ver con su actividad clandestina que le llevó a intentar derrocar al dictador de un país innombrado, de aires algo bananeros. A través de varios flash-backs contará su intrigante historia, salpicada aquí y allá de curiosos detalles humorísticos. Sobresale el reparto, donde Donald Sutherland y Ralph Fiennes son respectivamente el escritor y su vigilante, mientras que la bastante desaparecida Lara Flynn Boyle da vida a la primera dama del citado régimen dictatorial.

5/10
Alta sociedad (Chromophobia)

2005 | Chromophobia

Muchos años después de Onegin, su debut como directora, que data de 1999, Martha Fiennes vuelve a ponerse tras la cámara, para una ambiciosa película que compone un mosaico de la sociedad londinense actual, a través de numerosos y variopintos personajes. Iona Aylesbury es una mujer desnortada, obsesionada con la cirugía estética, que se distancia cada vez más de su marido, Marcus, abogado implicado en oscuras operaciones, relacionadas con un ministro. El hijo de ambos pasa mucho tiempo con Stephen Tulloch, homosexual y especialista en arte, que será acusado injustamente de pederastia, y también será agredido por adolescentes violentos. En la trama también tienen un gran peso personajes como Edward, el padre de Marcus, un juez retirado que vive en una lujosa mansión, y Gloria, una prostituta que sufre graves problemas económicos, a la que diagnostican un cáncer terminal. La directora maneja temas interesantes, y define bien los personajes, con ayuda de un reparto realmente excepcional, que incluye a su hermano Ralph, y a la española Penélope Cruz, en un registro similar al de la película No te muevas, donde encarnaba a otra prostituta. Martha Fiennes pretende llamar la atención sobre muchos problemas de la sociedad actual. Quizás pretende abarcar demasiados asuntos: la belleza artificial, la corrupción, la violencia juvenil, la discriminación, la desestructuración familiar. Pero se nota que es una guionista primeriza y tarda mucho en abordar los conflictos y en hilar las tramas, lo que da como resultado un film premioso, que no se sabe dónde va.

4/10
Historia de un secuestro

2005 | The Chumscrubber

Dean es un adolescente sin muchos horizontes vitales que vive en una zona residencial de California. Un día, descubre que Troy, su único amigo, se ha suicidado, y ni su madre parece demasiado preocupada por la noticia. Tres jóvenes delincuentes, que andaban con negocios ilegales con Troy, obligan a Dean a buscar unas drogas que éste ocultó en algún sitio. Debut en el largometraje del canadiense Arie Posin, que obtuvo buenas críticas con este retrato de la juventud marginal, en tono agridulce. Describe a los personajes de un barrio similar al de American Beauty, película que ha servido claramente como modelo para el director. Cuenta con Jamie Bell, protagonista de Billy Elliot (Quiero bailar), un buen actor, que está acompañado por Glenn Close. 

4/10
Harry Potter y el cáliz de fuego

2005 | Harry Potter And The Goblet Of Fire

Harry Potter asiste con sus amigos al Campeonato Mundial de Quidditch, donde aparecen los mortífagos, crueles seguidores de Lord Voldemort, que proyectan en el cielo la marca de su señor. Poco después, los chicos vuelven a Hogwarts, donde empieza el curso académico. Y el profesor Dumbledore anuncia una novedad: este año Hogwarts es el escenario elegido para el Torneo de los Tres Magos, una competición tradicional entre hechiceros. Con ayuda de un oficial del ministerio de Magia, Dumbledore pone en marcha un curioso objeto, el cáliz de fuego, que elige tres estudiantes (uno de Hogwarts y los restantes de otras escuelas de magia) para participar en una sucesión de pruebas. Curiosamente, escoge a Harry Potter, a pesar de que tiene sólo catorce años y se supone que los participantes deben tener diecisiete. Las pruebas consisten en eludir a un dragón que escupe fuego, sumergirse en un lago para rescatar a un ser querido y entrar en un misterioso laberinto. Pero Harry se enfrenta a una prueba que para él será aún más difícil: pedir a Cho Chang, una encantadora estudiante que le hace ‘tilín’, que sea su pareja en el baile de Navidad. La cuarta entrega del mago más famoso del mundo, con permiso de Tamariz, suponía un reto sin precedentes. Por un lado, el listón estaba muy alto, y aunque Mike Newell, director de Cuatro bodas y un  funeral, ha demostrado ser un correcto artesano, parecía menos indicado para este proyecto que sus predecesores, el director de Solo en casa y el de La princesita. La novela de J.K. Rowling no sólo está considerada de los mejores, sino que es una de los más cruciales. Y su argumento es tan complejo, que se suponía una enorme dificultad condensarlo en un film de unas dos horas y media. De hecho, Newell barajó dividir la historia en dos películas distintas, aunque esta idea se desechó, porque chocaba con la intención inicial de los productores de rodar una película por libro. Tan oscura como la entrega anterior, trata sobre el fin de la inocencia de los personajes, su iniciación amorosa y las inseguridades propias de esta etapa. También gira en torno a la superación personal y el mantenimiento de la amistad por encima de las adversidades. El desarrollo de la trama sorprenderá a quienes no hayan leído el libro, pero el punto fuerte son las espectaculares recreaciones de escenarios y criaturas, y sobre todo, las vistosas secuencias de acción, como el impagable partido de quidditch.

6/10
La condesa rusa

2005 | The White Countess

Tras la agradable experiencia de ver adaptada con maestría su obra Los restos del día, titulada para el cine Lo que queda del día, el novelista japonés Kazuo Ishiguro ha escrito para el mismo director, James Ivory, su primer guión cinematográfico. No alcanza el nivel del film citado, pero la relación entre Sofia, una condesa rusa venida a menos (Natasha Richardson), y Todd, un ex diplomático ciego en el Shanghai de los años 30 (Ralph Fiennes), permite a Ivory desplegar el academicismo marca de fábrica de su trabajo. El cineasta, apoyado en un guión rico en matices, y en dos actores muy inspirados, logra que los personajes protagonistas cobren vida. Entendemos los esfuerzos de ella por salir adelante, primero como 'mujer de la calle', y luego como anfitriona de postín en el local 'The White Countess', puesto en marcha por Todd. El proyecto de ese lujoso garito de comida y música, en el que el invidente pone toda su ilusión, conecta bien con los intereses de Ishiguro. Igual que sucedía con ese mayordomo que servía con todo esmero y profesionalidad a su señor en Lo que queda del día, sin cuestionarse si su amo era digno de sus servicios, aquí tenemos a un personaje, Todd, que se está construyendo un mundo artificial de esparcimiento, para cerrar los ojos (y no olvidemos, que el personaje es ¡ciego!) a un entorno donde la guerra es inminente. Tampoco podrá ignorar Todd las necesidades de su empleada Sofia, viuda con una hijita: su pacto de intimar, ni siquiera en los mínimos términos que marca la cortesía, será imposible de cumplir. Y llevará al clímax en el puerto de un caótico Shanghai, que recuerda al recreado por Steven Spielberg en El imperio del sol.

6/10
El jardinero fiel

2005 | The Constant Gardener

El prestigioso director de Ciudad de Dios (2002) prueba de nuevo su valía tras las cámaras, pero esta vez con un producto más comercial y encabezado por un reparto de célebres estrellas. Y si en su anterior film había indagado en el mundo de las favelas brasileñas, ahora se mete hasta las cachas en los barriadas de Nairobi, para contar una historia de corrupción de altas esferas y con implicaciones internacionales de grave índole moral, con referencias directas a la falta de escrúpulos de las compañías farmacéuticas y a la explotación del tercer mundo. La película comienza con una muerte sangrienta. En una zona desolada del norte de Kenia encuentran el cuerpo de Tessa Quayle, una de las activistas humanitarias de mayor energía y convicción, casada con un importante diplomático de la embajada británica. Tessa ha sido asesinada mientras viajaba en compañía de un médico con el que trabajaba y todas las sospechas inducen a que ella no era completamente sincera con su marido Justin. Las más importantes personalidades del alto comisionado británico consuelan a su colega, pero Justin no entiende la causa de la muerte de Tessa y se niega a aceptar que ha sido la víctima al azar de un acto criminal. Además, el sentimiento de que su mujer le ocultaba ciertos aspectos de su vida, le empuja a investigar por su cuenta. Y aunque las consecuencias de sus pesquisas pronto se revelan peligrosas, Justin está decidido a llegar hasta el final. A partir de la novela homónima de John Le Carré, Fernando Meirelles vuelve a dar una lección de cómo narrar una historia dramática y cargarla de intensidad, al modo de un thriller. Su estilo visual resulta inconfundible, con ese vibrante manejo de la cámara y el montaje con frecuentes saltos de imagen, un modo de filmar y editar que ya dejó sello con la historia de Buscapé, el protagonista de Ciudad de Dios. Este atractivo visual corrige ciertas carencias del guión que, en aspectos clave, puede resultar en ocasiones algo esquemático. De cualquier manera, se trata de una historia intensa y atractiva, dolorosa y romántica. Las composiciones de Ralph Fiennes y Rachel Weisz son muy convincentes, y destaca también Danny Huston (Silver City) en su ambiguo personaje.

6/10
Spider

2002 | Spider

Con su habitual elegancia siniestra, el canadiense David Cronenberg nos propone un desasosegante viaje al interior de la mente de un esquizofrénico. Dennis Cleg, conocido como Spider por su extraña afición a tejer telas con hilos, como si de una araña se tratase, está a punto de ser dado de alta, tras pasar años en una institución psiquiátrica. Pero antes tiene que recluirse una temporada en un hospicio. Allí es ignorado por la gobernanta, lo que provoca que no se tome la medicación que le impedía recordar los trágicos sucesos de su infancia que le empujaron a la locura. Cuando era un muchacho de mente frágil, su madre fue asesinada por su padre, que la reemplazó por una prostituta. No se trata de una película convencional, su atmósfera es oscura y propia del cine de terror, y obviamente resulta imposible identificarse con el protagonista, pero tampoco con ningún otro personaje. Sin embargo, el espectador quedará atrapado por su original narrativa, que poco a poco le va alertando para que se pregunte: ¿es cierto lo que estoy viendo o producto de la mente enfermiza del protagonista? Interpretar a tan singular personaje suponía todo un reto, del que sale airoso el siempre impresionante Ralph Fiennes.

5/10
El dragón rojo

2002 | Red Dragon

Will Graham. Un avispado agente del FBI, que tiene la virtud de meterse en la mente de los asesinos: piensa como ellos, al investigar un caso ve lo que otros no ven. Anda tratando de resolver el caso de un asesino en serie muy particular: mata a sus víctimas, y les quita alguna víscera. Cuando consulta las pistas que maneja con su amigo, el médico forense y psiquiatra Hannibal Lecter cae en la cuenta de que su perfil de exquisito gourmet se ajusta bastante al del asesino buscado. Quizá demasiado. A punto está a convertirse en nueva víctima, pero se salva por los pelos y Hannibal va a dar con sus huesos en la cárcel. Años después, Will está retirado y vive feliz con su mujer y su hijo en un pueblecito costero. Pero su antiguo jefe Jack Crawford le pide ayuda para detener a un nuevo “serial killer” que mata familias enteras, y coloca en sus ojos trocitos de espejo. Aunque reticente, Will acepta volver al tajo por una vez. Y puede que lo lamente. Adaptación de la novela de Thomas Harris, la primera de las suyas en que aparece el doctor Hannibal Lecter, con una presencia más bien secundaria (aunque en el film se le ha concedido más cancha, naturalmente). Había sido llevada ya al cine en 1986 bajo el título de Hunter, una versión muy poco conocida de Michael Mann. En esta ocasión se ha contado el guión con Ted Tally, ganador de un Oscar por su libreto de El silencio de los corderos. El chico se ha esmerado, y aunque hay elementos comunes con El silencio (el principal, que un Lecter recluido ayuda a Will a resolver el caso lanzando crípticas pistas), también existen importantes novedades. Will (fantástico Edward Norton) es un tipo más sólido que la frágil Clarice, y aunque Lecter trata de penetrar en su cabeza, al tenerla muy bien amueblada soporta mejor sus envites. Por otra parte se presta más atención a Francis Dolarhyde (asesino que parece un primo hermano del Norman Bateman de Psicosis: la figura autoritaria e insultante de su abuela, con la que se crió, le afectó a la chaveta), al mostrar que también los psicópatas tienen su corazoncito. La redención a través del amor puede venir gracias a Reba, una compañera del trabajo, ciega, pero capaz de ver los restos de bondad que quedan en Francis. Y está presente un periodista de tabloide, encarnado con convicción por el orondo Philip Seymour Hoffman, que sirve para poner en la picota a los que hacen de la venta del morbo la razón de sus vidas. Brett Ratner es conocido sobre todo por las comedias de acción Hora punta y su secuela (el director bromea asegurando que si Hopkins no hubiera estado disponible, habría dado su papel a Jackie Chan), Aunque la sombra de Jonathan Demme y Ridley Scott, responsables de El silencio de los corderos y Hannibal, es alargada, Ratner sale airoso del reto de entregar un buen film. Del buen manejo de los mecanismos del suspense dan prueba la secuencia de apertura, la reproducción de los pasos de un crimen, o la doble resolución del film. Asegura el director que le tranquilizó mucho, al hablar con Demme, que éste le dijera: “Si esto fuera El padrino, te daría mi bendición.” El perfeccionista Anthony Hopkins cuenta que, debido a que han pasado diez años desde el primer film, temía que su voz pareciera avejentada comparada con la de El silencio de los corderos (en teoría, su personaje es más joven, pues los sucesos que se narran transcurren antes de que conociera a Clarice); tuvo entonces que emplearse a fondo para que el tono monótono de la voz tan característico de Lecter sonara relativamente juvenil. Mientras que Ralph Fiennes afirma que lo que le gustó de su personaje es que es “una figura trágica. No necesariamente simpática, pero tiene un corazón de verdad.”

6/10
Sucedió en Manhattan

2002 | Maid in Manhattan

Para sacar adelante a su hijo, Marisa, una madre soltera, se deja la piel con su trabajo como sirvienta en un hotel de primera categoría de Manhattan. Un día se lleva a su hijo al hotel, y animada por una compañera, se prueba los lujosos trajes que una clienta le ha pedido que lleve a la tintorería. En ese momento, aparece el candidato a senador Christopher Marshall, que acompaña al pequeño para pedirle a su madre que le deje ir a pasear el perro con él. Christopher confundirá a Marisa con una huésped del hotel. “J Lo” (como le gusta que le llamen a Jennifer López) le saca más partido que nunca a su atractivo latino, en esta comedia romántica que actualiza Pretty Woman, Vacaciones en Roma, La Cenicienta, y otros clásicos del amor entre clases sociales distintas. Le acompaña otra de las estrellas del momento, Ralph Fiennes, aunque la clave del film estriba en que el siempre sutil realizador Wayne Wang, autor de Smoke, aprovecha un típico argumento de comedia romántica, concebido inicialmente para Julia Roberts, para describir dos mundos totalmente opuestos: el del personal de un hotel, y el de la política norteamericana. De esta forma, cobran mucha importancia los secundarios de ambos lados, interpretados por secundarios de lujo, como Stanley Tucci y Bob Hoskins.

6/10
El fin del romance

1999 | The End of the Affair

Adaptación de la celebérrima novela de Graham Greene. Situada en Londres durante los inicios de la Segunda Guerra Mundial, describe la relación adúltera entre Sarah Miles, una mujer casada y aburrida de su gris marido Henry, y el escritor Maurice Bendrix. La aventura amorosa de ambos es muy apasionada, pero el bombardeo de su nidito de amor cambiará las cosas de un modo inesperado. Neil Jordan (Juego de lágrimas, Entrevista con el vampiro) ha optado por ser muy gráfico al mostrar las andanzas de los protagonistas en la alcoba. Pese a todo, es fiel al espíritu de la novela de Greene, mostrando la fe católica atormentada de Sarah, que es testigo de un auténtico milagro que no nos parece oportuno desvelar aquí. La historia está bien narrada, y tiene un plantel de actores maravilloso: Fiennes, Moore y Rea están soberbios; además tiene la virtud de plantear con cierta hondura los dilemas morales de los personajes. 

5/10
Sunshine (1999)

1999 | Sunshine

La Historia del siglo XX a través de tres generaciones de una familia húngara de origen judío. Odios y amores, risas y lágrimas, el deseo de lograr una posición en la sociedad y el precio que se puede (o se debe) pagar. El director húngaro István Szabó se enfrenta a una complicada película donde encajan a la perfección las intimidades de los personajes, con el marco histórico en el que transcurren sus vidas. Szabó pinta un cuadro de personajes vivos, creíbles, y conmueve, hace que nos interesen sus cuitas. Cuenta con un reparto estupendo donde Ralph Fiennes se muestra muy inspirado al dar vida a varios personajes distintos de la citada familia, sin que resulte forzado o ridículo. Como el actor, asegura, este film "analiza las más profundas emociones humanas". Una película a lo grande, al estilo de Doctor Zhivago o El barbero de Siberia.

7/10
Onegin

1999 | Onegin

San Petersburgo, Rusia. Año 1820. Eugeny Onegin es un cínico empedernido, soltero de oro incapaz de comprometerse. Un golpe de fortuna pone en sus manos las propiedades de su tío al poco de fallecer éste. Allí traba amistad con un vecino, que le presenta a Olga, su prometida. La hermosura de Tatiana, la hermana de Olga, no va a pasarle desapercibida a Onegin. Y se debatirá entre un amor creciente y la frialdad calculadora que ha dictado hasta ahora su código de conducta. Interesante adaptación de la célebre novela de Alexander Pushkin, que mezcla hábilmente tragedia y romanticismo. Ralph Fiennes (El paciente inglés, Quiz Show (El dilema), La lista de Schindler) está dirigido por su hermana Martha. La música la pone otro Fiennes, de nombre Magnus. La cosa así queda "en familia".

5/10
Los vengadores

1998 | The Avengers

El agente John Steed es convocado en el Ministerio. Un tipo rico y misterioso, Sir August De Wynter ha desarrollado una terrible tecnología para manejar el tiempo a su antojo: heladas, ventisca, tormentas, todo está a su alcance, para chantajear a la humanidad. Con la ayuda de Emma Peel, metereóloga experta en artes marciales, Steed debe detener los maquiavélicos planes de De Wynter. Jeremiah S. Chechik recupera a los televisivos Steed y Peel, dos agentes muy británicos: él muy flemático, con traje y bombín; ella inteligente y consciente de su 'sex appeal'. El director define este film como de acción sofisticada, como un cruce de Breve encuentro de Noel Coward (llevada al cine por David Lean), los films de James Bond y Alicia en el país de las maravillas. Asegura que ha tratado de hacer "un film popular inteligente". El paisaje, sorprendente y algo psicodélico, parece transportar a otra dimensión. Londres aparece vacío, con aire casi surrealista. Ha habido un importante trabajo de dirección artística, para reproducir la capital inglesa en miniatura. Uma Thurman define su personaje como "una mujer-niña de los 60, falsamente tímida, muy diferente de las de hoy. Me gusta. Es verdaderamente una mujer de los 60, liberada y sin embargo femenina." Le acompañan los prestigiosos Ralph Fiennes y Sean Connery.

2/10
Oscar y Lucinda

1997 | Oscar & Lucinda

El azar lleva a un adolescente a hacerse clérigo anglicano. A partir de entonces se aficiona al juego: el dinero ganado lo dona a obras de caridad. Ya sacerdote, conoce a una joven. Pero la fatalidad quiere que no se manifiesten su amor. Singular relato sobre los caprichos del destino (amor no declarado, paternidad sorprendente, muerte inesperada). Falta a la religión el personalismo de la relación hombre-Dios. Las imágenes de una iglesia de metal y cristal que, en una barca, se transporta a tierras de misión, son fascinantes: remiten a Aguirre, la cólera de Dios y Fitzcarraldo de Werner Herzog.

4/10
El paciente inglés

1996 | The English Patient

En los años de la Segunda Guerra Mundial, un inglés sobrevive milagrosamente a un accidente aéreo. Aparentemente amnésico, con el rostro desfigurado, el conde Laszlo de Almassy recuerda su apasionada relación amorosa, en el desierto egipcio, con Katherine Clifton. Ella es la esposa de uno de los hombres que le ayudan a trazar mapas para la Sociedad Geográfica Británica. Adaptación de una novela de Michael Ondaatje, ganadora del Booker Prize. Logró doce nominaciones al Oscar, de los que materializó nueve, incluido el de mejor película. Los entusiastas han elevado la película a la altura de Casablanca, la quintaesencia del cine romántico. Más dura será la caída, pues El paciente inglésno es la maravillosa historia de amor que algunos pretenden. Consiste, en todo caso, en el hábil relato de una pasión amorosa, teñida de fatalismo, a la que Almassy es incapaz de poner freno, y donde los intentos de Katherine por detenerla apenas son apuntados. Al marido engañado, tercer vértice del triángulo amoroso sobre el que pivota el film, apenas se le dedican unas tenues pinceladas. La habilidad está en la estructura del guión –Anthony Minghella elabora muy bien el entramado de flash-backs–, en el apoyo de la hermosa fotografía del desierto –debida a John Seale– y de los demás departamentos artísticos. Los actores están muy bien seleccionados y encarnan muy bien sus personajes, ya sean principales o secundarios. Donde debería amor, apenas hay otra cosa que egoísmo. Se puede entender que Almassy se enamore de una mujer casada, pero la ausencia de principios al enfocar la atracción, la disposición a sacrificar todo –la lealtad a la patria, la amistad, la propia vida mediante el suicidio o la eutanasia– en aras a ese supuesto amor, lastran al film privándolo de su teórica razón de ser: mostar un amor que va más allá de la muerte. Hay momentos emotivos –el amor entre la enfermera Hana y el militar hindú Kip propicia la hermosa escena de la contemplación de los frescos de una iglesia–, pero la película se resiente de su larga duración y de su planteamiento amoral de fondo.

6/10
Días extraños

1995 | Strange Days

A punto de cambiar de milenio, Lenny Nero (Ralph Fiennes) es un ex policía que trafica con cintas de recuerdos, proporcionados por la más avanzada tecnología. Una conocida suya es asesinada y alguien le envía la grabación de su muerte, por lo que Lenny intentará por todos los medios descubrir quién está detrás del crimen. Para ello sólo cuenta con la ayuda de Marce, una agente de seguridad y de su amigo Max. Lenny tiene la certeza de que su ex novia, Faith puede ser la próxima en morir. Espectacular mezcla de thriller y ciencia ficción, con unos personajes bien trazados, un rasgo habitual en la obra de la realizadora Kathryn Bigelow (Acero azul, Le llaman Bodhi). El guión de la cinta está escrito por el que entonces era el marido de la realizadora, James Cameron (Terminator, Mentiras arriesgadas, Titanic).

4/10
Quiz Show (El dilema)

1994 | Quiz Show

Las películas de Robert Redford tienen la característica de ser diferentes y de explorar con profundidad aspectos importantes del ser humano. En Quiz Show, nominada a cuatro Oscar, indaga en el afán de lograr la fama, en la honestidad y en el poder de los medios de comunicación. Ralph Fiennes (La lista de Schindler, El paciente inglés) y John Turturro (Barton Fink) interpretan a dos concursantes enfrentados en un programa de preguntas: el veintiuno. Hay mucho dinero en juego y cuando comienzan a surgir rumores de que las respuestas están amañadas surge un escándalo que salpica a la cadena de televisión y sobre todo hiere la honestidad de los concursantes. Memorables interpretaciones, entre las que hay que destacar la del veterano Paul Scofield (Un hombre para la eternidad), en un papel memorable como padre del principal concursante implicado. Una radiografía dura de la vida moderna, en uno de sus aspectos más característicos, el de los medios de comunicación, y con la firma inconfundible de Robert Redford. El film está basado en hechos reales.

7/10
El niño de Macon

1993 | The Baby of Mâcon

1650. En una ciudad azotada por el hambre, una mujer da a luz a un niño. Su hermana, físicamente virgen, aprovecha para atribuirse la maternidad, a causa de un supuesto milagro. De esta forma sacará tajada económica. El hijo del obispo se da cuenta del engaño, pero ella le seduce. Pretenciosa cinta de Peter Greenaway, que esta vez se inspira al parecer en un suceso real. A nivel visual, es barroca e imaginativa, aunque llega a agotar. A nivel narrativo no está muy claro qué pretende contar.

3/10
La lista de Schindler

1993 | Schindler's List

Clavado en la memoria tenemos el angustiado rostro de Liam Neeson, con ojos llorosos y gesto desesperado, mientras a su alrededor se aglomera un grupo de hombres y mujeres dramáticamente enternecidos: “El coche. ¿Por qué me quedé el coche? Valía diez personas. Diez personas. Diez personas más… Esta pluma. Dos personas. Es de oro… Dos personas más… Él me hubiera dado dos personas por ella, al menos una. Una persona más. Una persona, Stern. Por esto… ¡Pude haber salvado a una persona más y no lo hice! ¡Y… y no lo hice…!”. Steven Spielberg nos ha estado preparando para ese final durante tres horas de película. Un final melodramático que expresa algo terrible: hasta dónde ha podido llegar la bajeza humana, capaz de vender la vida de un semejante por… una pluma. La lista de Schindler es probablemente la mejor película sobre el Holocausto jamás filmada y también la más triste. Cuando se estrenó en 1993 muchos pensaron que a partir de ese momento ya no habría más películas sobre el mismo tema. Con La lista de Schindler ya todo estaba contado. Y, pese a que nos equivocamos, ninguna hasta el momento ha podido superar la entidad dramática y cinematográfica de la obra maestra de Spielberg. El director recibió por la película una recompensa largamente acariciada. La Academia se volcó con ella, otorgándole siete Oscar, entre ellos los correspondientes a la mejor película, mejor guión y mejor dirección. Antes Spielberg había fracasado –en cuanto a premios se refiere– con El color púrpura (11 nominaciones y ningún premio), E.T., el extraterrestre, En busca del arca perdida y Encuentros en la tercera fase. Ahora se consagraba definitivamente para un sector de la crítica, que siempre le había considerado el niño mimado por el público, un experto en hacer dinero con historias infantiles que ensalzaban los sueños y las aventuras por encima de las historias reales y los conflictos dramáticos. El director de Cincinnati necesitaba una película grande, monumental, un proyecto definitivo para demostrar su impresionante talento. Y lo encontró gracias a un libro del australiano Thomas Keneally donde se narraba la historia de Oskar Schindler, el empresario alemán que salvó a cientos de judíos de una muerte segura durante la II Guerra Mundial. Septiembre de 1939. Los nazis invaden Polonia. Los judíos son internados en guetos, son asesinados en las calles, son enviados a los campos de concentración. El alemán Oskar Schindler ve en la situación un medio de prosperar económicamente y comienza una interesada relación con los militares más poderosos para poner en marcha una fábrica. La mano de obra no es problema, ya que procederá de los campos de concentración… Schindler logra hacerse con los servicios de Itzhak Stern, un judío que se hará realmente cargo del negocio, mientras que él se ocupará de la labor de salón con la cúpula nazi, con el objetivo de elaborar una lista de trabajadores judíos que estarán únicamente bajo su protección. Sin embargo, lo que empieza como un medio lucrativo acaba convirtiéndose en la obsesión –empeñando su dinero y su futuro– por arrancar a cuantas más personas mejor de la garras psicópatas de Amon Goeth, oficial al mando de uno de los campos. La lista de Schindler es la historia de un héroe y un monumento a la dignidad humana, pero ambas cosas se hacen patentes poco a poco, tras un denso y trágico velo. Spielberg muestra a un Oskar Schindler nada ejemplar: vanidoso, mujeriego y hedonista. Un dandy oportunista que tardar cierto tiempo en comprender la barbarie nazi y en implicarse totalmente contra el holocausto. Además es el mismo horror el que produce una toma de partido por todo aquello que tenga aliento de vida. El asco y la repulsión de algunas imágenes no son aptas para paladares muy sensibles. La elección de actores es realmente acertada. Tipos como Harrison Ford, Bruno Ganz o Stellan Skarsgård fueron considerados para el papel de Schindler, pero fue Neeson quien finalmente bordó el itinerario interior de su personaje. Ralph Fiennes, por su parte, es un Amon Goeth estremecedor y acaba siendo como una reencarnación del Mal. Los distintos apartados técnicos funcionan a la perfección, desde el guión de Steven Zaillian, que presta atención minuciosa a los numerosos personajes y a la riqueza de sus diálogos, hasta la meticulosa labor de montaje, obra de Michael Kahn. Pero, ante todo, Spielberg sabe cómo jugar con los sentimientos de modo admirable y algunos pasajes quedan grabados para siempre en la memoria (los niños buscando refugio, las mujeres en las duchas de Auschwitz, los juegos asesinos de Goeth…). La formidable fotografía en blanco y negro de Janusz Kaminski aporta a la cinta una sólida entidad histórica, próxima en ocasiones al género documental, como en las escenas del gueto. Y la música del maestro John Williams suena como un desgarrador lamento imposible de olvidar.

8/10
Lawrence después de Arabia

1992 | A Dangerous Man: Lawrence After Arabia

1919. Lawrence de Arabia se ha convertido en una celebridad mundial. Acudirá a la Conferencia de Paz de París, donde espera convertir en rey de Siria a Emir Feisal, su compañero de armas, y asegurar la independencia de los árabes. Pero sus pretensiones chocan con intereses económicos, al haberse descubierto campos petrolíferos en Oriente Medio. Primer papel protagonista del actor Ralph Fiennes, que había rodado anteriormente el telefilm Prime Suspect. Se trata de un interesante acercamiento a la figura del carismático personaje, también llevado antes a la pantalla por David Lean.

5/10
Cumbres borrascosas (1992)

1992 | Wuthering Heights

En la Inglaterra del siglo XIX, los niños Cathy y Hindley Earnshaw son sorprendidos un día por su padre, que trae a un chiquillo sucio con el propósito de adoptarlo. Se trata de Heathcliff. Con el paso del tiempo y la muerte del padre, Hindley, amo de "Cumbres Borrascosas", desprecia a Heathcliff, convertido en mozo de cuadras. Pese a todo, se mantiene el afecto mutuo entre Cathy y Heathcliff. Pero parece un amor imposible por la barrera social que les separa. La célebre novela romántica de Emily Brontë ha sido llevada al cine con fortuna en varias ocasiones. Entre ellas, la versión de William Wyler, de 1939, comprendía con habilidad la mitad de la novela. La de Luis Buñuel (Abismos de pasión, 1957), era una visión bastante libre, sitúada en Mexico. Peter Kosminsky intenta abarcar la obra completa, y lo hace, pero con resultados muy irregulares. Momentos esenciales, como la llegada de Lockwood a "Cumbres Borrascosas" en una noche desapacible, o la conversación entre Cathy y el ama de llaves, que Heathcliff escucha escondido, no están bien concebidos. Además, el film aparece demasiado fragmentado, y Kosminsky no logra imprimir a la historia de amor su tono trágico y tumultuoso. Aun contando con actores de la talla de Juliette Binoche y Ralph Fiennes, a Cathy le falta pasión, y a Heathcliff el mostrarse atormentado. No bastan el hermoso marco del film, o su pegadiza banda sonora, para mantenerlo a flote.

4/10
El bailarín

2018 | The White Crow

La trayectoria del bailarín de ballet ruso Rudolf Nureyev, hasta que pide asilo político en Francia en 1961. La película arranca precisamente en el momento en que las autoridades soviéticas piden explicaciones a quien ha sido su maestro, Alexander Pushkin, acerca de cómo ha podido ocurrir tal cosa, para retrotraerse al pasado, y desplegar varios hilos narrativos temporales distintos, el de su infancia, el de su formación bajo el ala de Pushkin, y el de su estancia en París con otros compañeros de danza del Kirov. Todos sirven para desplegar y dar a conocer la figura del artista: su indudable talento, la disciplina y esfuerzo con que se prepara, y un temperamento difícil, que anhela ahondar en la belleza, tiene ansias de libertad, y desarrolla una personalidad egocéntrica. El acierto del guión que ha escrito David Hare para Ralph Fiennes –quizá ha acudido a él por el notable trabajo que hizo en El lector, donde él actuaba– reside en que se evitan los simplismos, con muchos rasgos de Nureyev apuntados y sugeridos. De modo que el individualismo y soledad de Nureyev, no se explican sólo con el cliché tan manido de "así son los artistas", sino que tiene que ver con una infancia provinciana difícil, la tardanza en llegar a conocer a su padre, y su ingreso en una academia de ballet ya con cierta edad, lo que exige un esfuerzo suplementario. También se apunta a una reacción al colectivismo comunista, y a la asfixia de la libertad, tan importante para desarrollar la creatividad artística, o para ir más allá de la técnica, el seguimiento del consejo de Pushkin, "cuenta una historia", para sus bailes. Y además hay una necesidad de socializar en París, de salir con gente de ahí, los bailarines occidentales, y empaparse de lo que se le ha negado en la Unión Soviética. Es una pena que no respete el título original, "el cuervo blanco", una alusión a ese ser diferente, la dificultad para empatizar de alguien que ha evolucionado de un modo tan especial. Fiennes, que ha optado por rodar en ruso gran parte del metraje, no sólo hace una estupenda composición de Puhskin, usando ese idioma, sino que demuestra acierto en su tercer film tras la cámara, es muy selecto en lo que decide dirigir –antes abordó Coriolanus, sobre una obra poco conocida de Shakespeare, y The Invisible Woman, sobre el lado menos amable de Charles Dickens–, y aunque no sea brillante, va ganando en seguridad, y aquí entrega su mejor trabajo: se muestra seguro en los saltos temporales, y está soberbio en el clímax del aeropuerto, aunque el espectador conocedor sepa perfectamente lo que va a ocurrir. Además, parece tener clara la idea principal de su film, la necesidad de poder ejercer la libertad de todo ser humano, y se aferra a ella para destacarla, de modo que está presente en todo el metraje, sin que tampoco se tenga la sensación de un didactismo irritante. Acierta además al mostrar su talento artístico, pero sin caer en la trampa de que sus actuaciones anulen la trama dramática que se quiere desarrollar; y por supuesto, queda clara la sexualidad de Nureyev, pero sin convertirla en elemento de cansino adoctrinamiento, algo que se agradece en una época en que esto se hace con excesiva frecuencia y gran tosquedad. Funciona muy bien el reparto, con rostros pocos conocidos, el que más suena, aparte del de Fiennes, es el de Adèle Exarchopoulos, Claire Saint, la amiga chilena de Nureyev. Tiene mérito Oleg Ivenko, que debuta en la pantalla y aguanta bien el peso del protagonismo.

7/10
The Invisible Woman

2013 | The Invisible Woman

Nelly Wharton Robinson, esposa del director de un colegio, prepara en 1885 con un grupo de alumnos la representación de una obra teatral de Charles Dickens y Wilkie Collins. El dato casual en la conversación de que ella conoció al ya fallecido Dickens dispara sus recuerdos, las heridas no cicatrizadas aún de una relación amorosa del pasado con el célebre autor de “Oliver Twist”. Ella era entonces una joven actriz con otro nombre, Ellen Ternan, y se asomaba a los escenarios en compañía de su madre y hermanas, también dedicadas al mundo de la escena. Ralph Fiennes acomete su segundo trabajo como director tras Coriolanus, también asociado a un gran escritor inglés, William Shakespeare cede el paso a Charles Dickens. Aunque en esta ocasión no se trata de adaptar una obra de ficción, sino de evocar un episodio real y poco conocido del autor, uno de esos “secretos” que permiten conocer la naturaleza de un alma, en palabras del propio Dickens citadas en la película: su historia de amor con Ellen Ternan, mantenida en lo posible lejos del conocimiento de la opinión pública, y de cómo logró con ella una conexión de corazones que ya no tenía con Catherine, su esposa, con la que tuvo diez hijos. Abi Morgan, guionista de títulos como Shame y La dama de hierro, acomete la adaptación de una biografía de Claire Tomalin dedicada a esa “mujer invisible” que por las convenciones de la época habría sido una completa desconocida, Ellen Ternan, y que podría haber inspirado algunos personajes de Dickens, como el de Estella en “Grandes esperanzas”. Y Ralph Fiennes lo traduce en imágenes, reservándose además el papel de Dickens. La empresa es ambiciosa, y aunque se nos entregan escenas intensas, el resultado es irregular. Hay un gran esfuerzo por tratar de mostrar cómo un escritor que, en la cumbre de su carrera se siente infeliz en su matrimonio, ve despertar la pasión amorosa por una sensible jovencita. Se agradece que no se nos dore la píldora, Dickens es buena persona, pero tiene su lado egoísta, no sabe manejar su enorme popularidad, y teme el qué dirán. Pero en general la sensación es de cuadro incompleto, y a ratos incluso tosco. Se nos ofrecen pistas –la relación de Wilkie Collins con una viuda, la preocupación de la madre de Ellen por su futuro...– para que entendamos el puritanismo victoriano, las presiones sociales, pero a veces uno tiene la sensación de que la auténtica “mujer invisible” no es Ellen Ternan, sino Catherine, descrita de modo muy elemental, incluso ese fugaz plano de su desnudez que nos señala su falta de atractivo, ni siquiera físico. Al mismo Dickens le falta complejidad, hemos de creernos que no tenemos acceso a sus secretos: no le llegamos a conocer como padre de familia -ésta apenas parece contar en sus decisiones extramaritales-, ni siquiera vibramos con él como escritor, a excepción de una brillante escena donde hace una lectura pública de una de sus obras. En el capítulo interpretativo, además de secundarios notables como Kristin Scott Thomas –quien hizo con Fiennes El paciente inglés–, la que más brilla es Felicity Jones, que hace creíble su sufriente personaje reinventado en el presente, y enamorada arrobada en el pasado. Y ello a pesar de algunas escenas bruscas y chirriantes por culpa del guión, sobre todo cuando visita el nido de amor de Wilkie Collins y se siente insultada, lo que tira al suelo la imagen de mujer “libre” que se nos había querido ofrecer hasta ese momento.

5/10
Coriolanus

2011 | Coriolanus

Caius Martius Coriolanus (Ralph Fiennes) es el orgullo de Roma, un general que mantiene el orden con mano dura y extraordinario patriotismo, y ha consagrado su vida a la guerra. Para salvaguardar la paz ha debido enfrentarse a numerosos enemigos en el campo de batalla. No obstante, como el pueblo demanda mayor justicia y se siente oprimido por los nobles, ciernen su odio sobre el héroe Coriolanus. Así, cuando éste es nombrado cónsul tras su última victoria sobre el rebelde pueblo volsco, comandado por el aguerrido Tullus Aufidius (Gerard Butler), los tribunos envidiosos, que ven en Coriolanus la amenaza de un líder que les haga perder influencia, verán la oportunidad de soliviantar al pueblo desafecto para que protesten y revoquen el nombramiento del triunfante militar. El actor Ralph Fiennes debuta como director trasladando a la pantalla la célebre tragedia “Coriolanus”, de su paisano William Shakespeare. Además de reservarse el protagonismo, Fiennes elige audazmente una puesta en escena realista y contemporánea, cuyo esfuerzo de producción es notable, de modo que al espectador bien podría parecerle que observamos acontecimientos bélicos procedentes de cualquier guerra urbana del siglo XX. Esta actualización temporal de una historia que originalmente corresponde a la Roma preimperial, remite a otros títulos cinematográficos como Ricardo III (1995), de Richard Loncraine; Titus, de Julie Taymor; o Hamlet (2000), con Ethan Hawke. A propósito de anacronismos, también llama la atención que en Coriolanus los diálogos mantengan el lenguaje original del bardo inglés, por lo que inevitablemente suena algo artificial en boca de militares que sostienen metralletas y senadores con chaqueta y corbata. Por otra parte, es claro que las palabras de Shakespeare siguen teniendo un ímpetu desbordante que los siglos no han mermado. Porque, por supuesto, la fuerza del film está sin duda en las pasiones humanas contenidas en la historia recreada por Shakespeare. Patriotismo, envidia, traición, ira, compasión, amor y asesinato son algunos de los temas que desprende Coriolanus. Todo esto basta para generar un film más que correcto, muy por encima de lo acostumbrado. Y, sin embargo, el resultado final no es memorable debido a su, digamos, asepsia, a su falta de catarsis. Al espectador le será difícil encontrar un personaje con quien identificarse mínimamente, de modo que la tragedia sólo emociona lo justo. Y no hace ningún favor al protagonista la composición adusta y angustiada de Ralph Fiennes, el cual resulta a veces desconcertante en su mudo interior. Quizá una interpretación más humana y natural le hubiera granjeado mayor complicidad. En cambio sí están muy logrados los trabajos de la veterana Vanessa Redgrave –cuya materna composición de Volumnia en la intensa escena de petición de perdón es seguramente lo mejor de la película–, y del fiel y desesperado Brian Cox, estupendo como el senador Menenius. Sorprende por último que Jessica Chastain tenga tan escasa presencia como la mujer del protagonista.

6/10

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