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Nota decine21
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La Pasión de Cristo
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La Pasión de Cristo

The Passion of the Christ

Principales intérpretes

Crítica decine21.com

estrella
9
Doce horas que cambiaron el mundo
Doce horas que cambiaron el mundo

Muchas películas abordan la vida de Jesús de Nazaret, con más o menos fortuna. Todas se han enfrentado a diversos obstáculos, en cuanto a la posible acogida del público. Está el espectador cristiano, conocedor de los hechos históricos, que alimentan además su fe: público exigente, que no va a aceptar cualquier cosa a la hora de ver representado a su Señor. Luego existe un público amplio, más o menos creyente, que cree conocer el evangelio, aunque en el fondo sólo tiene una idea vaga del mismo, quizá por recuerdos de infancia. También hay que señalar al espectador agnóstico o ateo, con frecuencia reticente a un posible intento de ‘ser evangelizado’, y que no desea dedicar un minuto a algo que huela a religioso. A la dificultad de llegar a un público tan heterogéneo, se suma otra realidad: los evangelios incluyen multitud de relatos, parábolas, milagros, enseñanzas, invectivas, viajes..., en los que intervienen numerosos personajes. Dar unidad a todo, y presentarlo atractivo y creíble, no resulta sencillo. Y de pronto, llega Mel Gibson con una idea la mar de razonable, pero que nadie había acometido hasta ahora: hacer una película vibrante y minuciosa, nada relamida, que se centre en la Pasión. Pues, ¿no son a la postre los misterios pascuales los acontecimientos centrales del cristianismo? ¿Y no rememora anualmente la Iglesia en su liturgia, en una semana que llama ‘santa’, la pasión, muerte y resurrección de Jesús?

Acierta Gibson al dar con el elemento aglutinador del film: Cristo ha venido al mundo movido por el amor, para redimirlo del pecado; y acepta para ello, voluntariamente, su pasión y muerte. Tiene una misión que cumplir, con un sentido; y esos sufrimientos terribles no son un fracaso: liberan, y llevan a la resurrección. A partir de ahí, puede centrarse en la narración de las últimas 12 horas de Jesús, desde que acude con sus discípulos al huerto de Getsemaní, hasta su muerte en la cruz. Una narración que se basa sobre todo en los evangelios, seguidos con fidelidad, aunque también toma elementos de revelaciones privadas a dos monjas: la beata alemana Anna Katharina Emmerich, y la venerable española María de Ágreda.

El film resulta duro, muy duro. En ese sentido, la película discurre en la misma línea que otros títulos recientes, que tratan temas importantes, descritos sin falsos pudores, como Salvar al soldado Ryan (el horror de la guerra), La lista de Schindler (el holocausto), Te doy mis ojos (la violencia doméstica), Traffic (la drogadicción y el narcotráfico)… Desde que Jesús es prendido en el huerto de los olivos, es sometido a todo tipo de vejaciones. Y el guión de Gibson y Benedict Fitzgerald, no hurta los detalles que describe el evangelio: insultos, empujones, bofetadas, salivazos… Le obligan a colocarse vestiduras ridículas, le desnudan, le azotan salvajemente, le coronan de espinas... Una increíble sesión de tortura, mostrada con realismo, pero sin regodeo. “Pienso que nos hemos acostumbrado a ver preciosos crucifijos en las paredes, y hemos olvidado lo que pasó de verdad. Me refiero a que sabemos que Jesús fue azotado, que cargó con la cruz, que los clavos le traspasaron las manos y los pies, pero raramente pensamos en lo que eso significa”, comenta Gibson. Que la violencia no es recomendable para todos los públicos, es una idea que el director introduce en el film de modo ingenioso: cuando obligan a Simón el Cirineo a cargar con la cruz, pide a su hijo que vuelva a casa, que no contemple el triste espectáculo de los condenados a muerte.

La película aporta desde el principio la información clave: que todo lo padece Cristo para librar al hombre del pecado. Singularmente cuando el diablo le tienta en el huerto, diciendo que no puede pretender cargar sobre sí el peso del pecado de todos los hombres. Por otro lado, a lo largo de esas horas de suplicio, se introducen con acierto flash-backs que, además de permitir respirar al espectador, ayudan a conocer el mensaje de Jesús y el sentido de su sufrimiento: vemos que es verdadero hombre, con sentido del humor, en las escenas con su madre; que acoge al pecador arrepentido, cuando se pretende lapidar a María Magdalena; que el amor se desborda en la última cena, anticipo del sacrificio de la cruz...

Gran acierto de Gibson es ofrecer la mirada de la Virgen María, muy bien interpretada por Maia Morgenstern. El espectador sufre con ella los dolores del hijo. Y a la vez, participa de su serenidad, de modo que momentos como la caída con la cruz, que retrotrae al pasado, o cuando recoge con unos lienzos la sangre de la flagelación, conmueven. El director tiene una habilidad especial para humanizar su historia. Cuando Pedro niega a su maestro, la mirada que éste le dirige –maravilloso Jim Caviezel– es más expresiva que mil discursos: una mezcla de lástima y algo de socarronería, como si dijera ‘¿no te lo había dicho?’. La conversación con Pilatos, el procurador romano, no tiene desperdicio, y entiendes bien las dudas de este hombre cruel, acrecentadas por las conversaciones con su esposa.

Si para un actor fue especialmente duro el rodaje, ese es Caviezel. El rodaje fue en invierno, y soportó las bajas temperaturas casi desnudo en las escenas de la cruz: “No podía aguantar más de 10 minutos, y aun así sufría muchas veces hipotermia. Los músculos te tiemblan de modo tan violento que te duele, pero no puedes pararlo”, comenta. Incluso en la flagelación, uno de los que hacía de soldado romano apuntó mal y le dio en la espalda. Explica Caviezel: “No pude ni gritar. No te sale el aire porque no puedes respirar”.

La película se rodó en Italia, en el estudio 5 de Cinecittà, y en la ciudad de Mattera, el mismo lugar donde Pasolini hizo El evangelio según san Mateo. El trabajo de dirección artística y fotográfico es asombroso. Caleb Deschanel, director de fotografía, de acuerdo con Gibson, tomó como referencia pictórica la obra de Caravaggio “en lo que se refiere a los rostros que usaba en sus cuadros, a la iluminación y a la composición. (...) También me inspiré en Géricault, Rafael y otros artistas.” Atrevida resulta la escena de apertura en el huerto de los olivos, con luz azulada que imita la luna y con niebla: rodada en estudio, no se ve el fondo, y da al lugar una indefinible sensación de infinitud, como de otro mundo. Precioso resulta también el plano que sigue a la muerte de Jesús: un plano cenital del Gólgota como borroso, en que vemos caer una gota de agua, el comienzo de una lluvia, pero que cabe interpretarse como una ‘lágrima’ de Dios, que llora la muerte de su hijo.

Pensaba Mel en un principio estrenar su film –rodado en las lenguas originales de la época–, sin subtítulos, confiando en la fuerza de las imágenes. Al final pesó la prudencia, y se pusieron los letreros justos. Su visionado en DVD proporciona ahora, a quien lo desee, la experiencia de ver el film desnudo, sin subtítulos, para así constatar que el impacto visual basta para seguir la historia.

¿Quién mató a Jesús?

Una de las acusaciones que ha recibido el film de Mel Gibson es su supuesto antisemitismo. Por eso cuando Diane Sawyer, de la cadena televisiva ABC, le preguntó quién mató a Jesús, su respuesta no pudo ser más contundente: “La gran respuesta es que todos los hicimos. Yo, el primero.” Así, recordaba que son los pecados de todos los hombres los que llevaron a Cristo a la cruz. Y dejó constancia gráfica de tal idea, haciendo que fuera su mano la que se ve en el plano en que se enclava a Jesús en la cruz. Gibson señaló que Jesús “era un hijo de Israel, en medio de otros hijos de Israel. En Israel había judíos y romanos. No había noruegos. Los judíos del sanedrín y quienes les respaldaban, y los romanos, fueron los agentes materiales de su muerte.” El propio Abraham Foxman, judío director de la Liga Antidifamación, y uno de los que más preocupación había mostrado por un posible contenido antisemita, admitió: “No creo que sea una película antisemita. Creo que tiene el potencial para alimentar el antisemitismo. Es su visión [de Gibson], su fe; es un verdadero creyente, y lo respeto.”

El decálogo roto
El decálogo roto

En Hollywood hay una especie de decálogo no escrito acerca de cómo hay que lanzar una película. La Pasión de Cristo de Mel Gibson ha roto todas las reglas:

1) Nunca estrenarás una película sólo en versión original subtitulada.

La película se ha rodado en arameo y latín.

2) Ficharás a grandes estrellas.

En el reparto no hay ningún actor estrella. Jim Caviezel y Monica Bellucci son los más conocidos, pero nunca antes han tenido un papel estelar. Y Mel Gibson no interpreta a ningún personaje.

3) Estrenarás a final de año, para tener opciones a los Oscar.

La película se estrenó en EE.UU. el 25 de febrero. Es rarísimo que un film con posibilidades de ganar el Oscar se lance tan pronto.

4) Promocionarás la película concediendo entrevistas y viajando por todo el mundo.

Mel Gibson ha concedido una sola entrevista con motivo del estreno, a la cadena televisiva americana ABC. No se han organizado los junkets y entrevistas que suelen acompañar al lanzamiento de cualquier película.

5) No matarás al protagonista.

Por supuesto, Jesús muere en la cruz.

6) No adaptarás una historia escrita hace 2.000 años, y si lo haces, la cambiarás y pondrás al día, dando tu óptica personal.

La película se basa en los cuatro evangelios, escritos en el siglo I.

7) Distribuirás tu película a través de una de las grandes empresas del ramo.

Por hache o por be, ninguna de las grandes distribuidoras de cine quiso hacerse cargo de La Pasión de Cristo. Al final la llevó una compañía independiente, Newmarket.

8) Serás políticamente correcto y te plegarás a las presiones, sobre todo si vienen de lobbies y grupos mediáticos capaces de poner en peligro la recepción del film. No importará, a tal efecto, traicionar tu concepto original.

El film ha resistido la campaña que lo ha acusado de antisemitista e hiperviolento, antes incluso de su estreno, siendo fiel a la historia que se pretendía contar.

9) No harás cine religioso, y menos una vida de Cristo.

Un repaso al cine hollywoodiense reciente confirma que no abundan los filmes espirituales. El último sobre Jesús con repercusión, La última tentación de Cristo, data de 1988, e introducía elementos escandalosos.

10) No invertirás dinero de tu propio bolsillo.

Se supone que en una superproducción hay que diversificar riesgos, buscar varias fuentes de financiación. Mel Gibson puso los 30 millones de dólares que costó el film.

Estas diez transgresiones de Mel Gibson se resumen en dos consignas: serás fiel a tus convicciones personales, y rodarás la película que deseas rodar, y no otra.

Tocando fondo

¿Qué hace que alguien como Mel Gibson, una de las grandes estrellas de Hollywood, se embarque en un film que puede causarle más de un quebradero de cabeza? Sus convicciones. El cineasta confiesa haber pasado una fuerte crisis hace 13 años, que le llevó a plantearse incluso el suicidio, hasta que encontró ayuda en su antigua fe católica: “Sencillamente, no quería seguir así. Todo el mundo tiene algo. Me volví adicto a una cosa, a lo que sea, ¿vale? Llámalo como quieras –el café, el tabaco, lo que sea... ¿Vale? Yo era uno de esos tipos. Tenía una debilidad. Fui a algunos sitios, y me libré. No armé revuelo con eso. No tenía sentido hacerlo. Si alguien se merece de verdad una medalla es mi esposa, que es una mujer maravillosa.” La crisis le llevó a revisar su cristianismo, y a plantearse esta película: “Es mi versión de lo que sucedió, teniendo en cuenta los evangelios y lo que yo quería mostrar. (...) Quería llevar al espectador al límite, para que viera la enormidad del sacrificio, lo que alguien puede soportar para regresar aún con amor y perdón.”

Un suplicio cruel
Un suplicio cruel

Algunos se han rasgado las vestiduras por lo gráficamente que se muestran los padecimientos de Jesús. Seleccionamos varias frases del forense José Antonio Lorente en que describe, para el Magazine de El Mundo, qué habría dicho una autopsia del cuerpo de Jesús. Espeluznante.

“En la cabeza destacan múltiples pequeñas heridas punzantes (pinchazos), incisas (cortes) e inciso-contusas (cortes unidos a golpes). (...) En el tronco, tanto en su parte anterior (pecho) como en la posterior (espalda) se aprecian múltiples lesiones, donde predominan las contusiones en forma de equimosis, equimomas y hematomas (cardenales). (...) A la altura de las manos, en la zona carpiana, se aprecia una herida punzante transfixiante (que atraviesa), con bordes contusos y signos de desgarramiento por haber soportado gran peso, probablemente el del cuerpo. En las extremidades inferiores se aprecia, en ambos pies, una herida punzante transfixiante de bordes contusos. (...) No se han descrito lesiones mortales, o sea, aquéllas que por afectar a un órgano o función vital, son causa inmediata y fundamental de muerte. Todo ello nos lleva a considerar la muerte de Jesús de Nazaret como el resultado de un largo proceso agónico.”

¿Y después?

La polémica por el film ha remitido con el paso del tiempo. Vistas ahora las cosas con perspectiva, resulta increíble que periódicos como The New York Times se mostraran tan belicosos. Páginas y páginas dedicó el diario al film; lo más asombroso fue una entrevista con Hutton Gibson, padre de Mel, un anciano de 84 años que hacía pintorescas declaraciones sobre el holocausto, usadas para descalificar... ¡a su hijo! Tanto se caldeó el ambiente, que alguno se preguntaba si Mel Gibson volvería a trabajar en Hollywood. Martin A. Grove, en The Hollywood Reporter, afirmaba con sorna que la pregunta correcta era ‘si necesita trabajar de nuevo’. En efecto, La pasión de Cristo ha recaudado 700 millones de dólares (370 en EE.UU.), frente a los 30 que costó. Y en una semana, ha vendido en EE.UU. 6 millones de copias en DVD y vídeo. Si a eso se suman los beneficios de la banda sonora y el libro oficial, la compañía de Gibson, Icon, ha ganado mucho, mucho dinero. Hasta el punto de que podría vivir de las rentas el resto de su vida. No parece ser ése su plan: aunque no tiene anunciados filmes para interpretar o dirigir, las próximas producciones de Icon incluyen una trilogía fílmica sobre el mundo del fútbol, y varias series televisivas.

Música, maestro

Ofrecemos una entrevista con John Debney, compositor de la banda sonora, realizada por Sergio Benítez. Nuestro agradecimiento a www.bsospirit.com por su cesión.

¿Cómo te involucraste?

Si al comienzo de la producción hubiese existido una lista de 20 compositores, seguro que yo no estaría en ella. No soy famoso por hacer películas dramáticas. Pero entonces [Mel Gibson] pensaba en un score sin música original, con sonidos indígenas de todo el mundo. Y se dieron cuenta de que necesitaban a alguien que escribiera una partitura que unificara todo eso

Sería complicado enfrentarse a esta película, con los antecedentes de Alfred Newman (La historia más grande jamás contada) y Miklós Rozsa (Rey de reyes).

Me propuse no ver esas películas... No quería ir por ese terreno. No era el estilo de música que Mel quería. Él pretendía un score más contemporáneo. Sólo me inspiré en el trabajo de Peter Gabriel para La última tentación de Cristo, y fue porque a Mel le gustaba el sonido del doble violín que aparece en esa banda sonora, y las partes vocales.

¿Te aislaste para componer?

Siempre suelo estar aislado escribiendo mi música junto al director. Y en esta ocasión me encerré más en mí mismo, si puede decirse así... Así, para la escena de la crucifixión estaba teniendo muchos problemas. Mel no estaba contento con las ideas que le presentaba. No sabía qué hacer. Cuando llegas al punto donde lo has probado todo y no se te ocurre nada más, ¿qué haces? Así que me puse a rezar. Soy un católico de toda la vida, así que me puse a rezar con fuerza...

¿Bromeas?

No (risas), lo hice. Pensé: ‘nada me ha funcionado’, así que empecé a rezar a María. Ella inspiró mi música. Después de rezar tres días me levanté una mañana con esa pieza en mi mente y el texto en inglés. Cuando se la mostré a Mel, vi que tenía lágrimas en los ojos. Así escribí esa pieza. No creo que se me ocurriera a mí, creo que se le ocurrió a alguien más.

Alguien de ahí arriba.

Alguien muy especial.

DVD
Distribuye: Aurum
Extras: Arameo y latín 5.1, con subtítulos en español.
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