Entrevistas
El director de la epopeya bíblica se definió como "un ateo abierto a las posibilidades"
Ridley Scott afirma en la presentación de "Exodus" que la Ciudad de la Luz es el mejor estudio del mundo y que está infrautilizado
Un hotel céntrico de Madrid. Estamos en vísperas del estreno de “Exodus: Dioses y reyes”, la epopeya bíblica dirigida por Ridley Scott que cuenta la historia de Moisés.
Precisamente Ridley Scott, acompañado por su protagonista, Christian Bale, y los españoles María Valverde –que interpreta a Séfora, la esposa de Moisés– y Alberto Iglesias –compositor de la banda sonora de la película–, van a ofrecer una rueda de prensa dedicada a Exodus: Dioses y reyes, horas antes de la premiere española. Apenas veinte escasos minutos que saben a poco para el medio centenar de periodistas reunidos. Dominará Scott el encuentro, resulta inevitable, y serán frases breves, e incluso con algún momento de cortante tensión. Añoro el año 2001, cuando tuve ocasión de charlar más tranquilamente con el director junto a otros dos colegas, entonces presentaba en España Black Hawk derribado.
Bromea Scott diciendo que el proyecto arranca cuando el todopoderoso productor Peter Chernin le envía el guión de la película, que dice lee enseguida en un solo día, porque a él “no se le puede hacer esperar”. Y sorprende cuando afirma que en realidad “desconocía a Moisés, tenía una idea vaga de pequeño del colegio, la historia del niño en la canastilla en el río Nilo, cuando oía hablar de él en la iglesia, y por supuesto, lo que había visto en Los diez mandamientos. Desconocía su importancia y su legado.”
Cuando se le pregunta por qué representa a Dios como a un niño, explica que los pequeños a veces los consideramos “caprichosos, pero son valientes, inteligentes, sencillos, almas puras”. De todos modos explica que el niño es más bien un “mensajero” o “malach”, palabras que dice preferir a la de “ángel”. Y afirma que en cualquier caso “es un desafío representar a Dios 50 años de la última película a gran escala, y yo deseaba evitar los tópicos de mostrarle con voces en el cielo entre rayos y truenos, hacer otra cosa”, y a la vez ser “espiritual”.
Sobre la evolución en su fe en Dios, señala que “de pequeño me obligaban a ir a la iglesia, cantar himnos y aquello no me gustaba ya de adolescente. Tampoco mis padres eran especialmente fervorosos. Pero esa educación nunca me dejó, es un recuerdo poderoso, y creo que he desarrollado una especie de segunda conciencia, que se inició en el momento en que rodé El reino de los cielos, aquello me sacudió y me convertí en un ateo no tan seguro, en un ateo con reservas y dudas, abierto a las posibilidades” También comenta que aunque suene irónico, le parece adecuado contar con un guionista ateo para contar una historia religiosa, porque sabrá ver lo que cuenta con cierta distancia.
Puede sorprender, pero Ridley Scott piensa que España ofrece atractivos incentivos fiscales para rodar, al igual que en Reino Unido, saturado de producciones, lo que explica las localizaciones de Almería y Fuerteventura y el uso de la Ciudad de la Luz, piensa que “el paisaje de España es increíble”. No ahorra alabanzas para “el mejor estudio de cine del mundo”, el de Alicante, al tiempo que dice apenarle haberlo visto “vacío”, le parece “demencial”, “no entiendo por qué no se alquila o se le saca mayor partido, no sé qué problema hay”. Y en efecto, por mucho dinero público que se haya malgastado en el proyecto, algo habría que hacer para rentabilizarlo, piensa este cronista.
Sobre el supuesto contenido político de la película, Scott da la callada por respuesta, no quiere mezclar política y religión. Tampoco quiere hablar de si Javier Bardem fue considerado para el papel de Ramsés, recordemos que el director trabajó con el actor español en El consejero.
Christian Bale admite haber sentido una gran presión por interpretar a “una figura icónica” como Moisés, que ha tenido detrás a grandes actores. Afirma que “roba” de ellos y otros con los que trabaja todo lo que puede, incluido Ben Kingsley, pero también de La loca historia del mundo de Mel Brooks, Monty Python, o de libros como la Torah y el Pentateuco. En cualquier caso, se marcó la meta de que fuera “muy humano”, “complejo”, hacer justicia a lo que dice la Biblia. Como una causa por la que él daría la vida, afirma que ésa sería “mi familia”.
María Valverde define su personaje como “un oasis”, y que lo construyó con la idea de que “desea construir una familia como Moisés”. Estar en la película le parece “un sueño hecho realidad”, y se veía como “la princesa de la película” en escenas como la de la boda.
Alberto Iglesias compuso la música una vez visto lo rodado, y siguiendo las indicaciones del director, “siguiendo la escala de la película, pero también relatando la historia más íntima y verdadera”.
La figura de Moisés recuerda al espectador que los líderes hoy en día escasean, que dispongan a la gente a cruzar los mares si ellos lo piden. Para Ridley Scott las cosas han cambiado tras varios milenios, ahora se utiliza más la propaganda, se llega a siete mil millones de personas, y se busca seducir.
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