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Entrevistas

Álex de la Iglesia, un tipo afable y accesible

Juan Luis Sánchez 17 Enero 2008

Con De la Iglesia hemos topado pocos días antes del estreno de Los crímenes de Óxford, un thriller que ha rodado en inglés con John Hurt y Elijah Wood. El director de El día de la bestia se pone serio, abandonando por una vez el humor gamberro que siempre ha estado presente en sus trabajos anteriores. Álex de la Iglesia es un gran conversador que sabe ganarse a sus interlocutores por su ingenio y porque se muestra como un tipo afable y accesible.

¿Cómo descubriste la novela de Guillermo Martínez en la que se basa el film?

Leí un artículo en El País que decía que era mala. La crítica ponía muy mal la novela, porque decía que era un juego mental, que era pretenciosa. Decía que hablaba de matemáticas, de Wittgenstein, de Heisenberg, y que todo eso lo mezclaba con un crimen. Cuando leí eso recuerdo que pensé: ¡Debe de ser buenísima! ¡Tengo que leerla! Todo lo que el crítico veía como negativo, a mí me parecía interesante y atractivo. Me sorprendió que alguien tuviera las ganas, la ilusión y el riesgo de mezclar mundos tan complejos como el de la lógica y el mundo del crimen. Por eso la leí. Me gustó mucho.

Las visiones contrapuestas del mundo que tienen los protagonistas es lo más interesante de su película y ya estaban en la novela. ¿Fue eso lo que le decidió a llevar el libro al cine?

Precisamente eso me desanimó un poquito. La primera sensación que tuve tras leer el libro fue que no se podía hacer en cine. Era tremendamente mental. Todo lo que ocurría en la historia, era la lucha entre dos formas de ver el mundo, el mundo de Seldom y el mundo de Martin, los protagonistas.

Seldom tiene una visión cínica y pesimista de la vida, pero Martin tiene un punto de vista tremendamente optimista y se muestra confiado en que las cosas tienen un sentido. Seldom está convencido de que no se puede acceder a la verdad, porque el hecho mismo de que queramos ver las cosas, de alguna manera provoca que las transformemos. Es como si intentáramos ver un cuadro, pero al cogerlo con las manos, lo llenáramos todo de manchas; lo hemos destrozado y ya no es el mismo cuadro que antes. Eso es lo que piensa Seldom. Martin, sin embargo, está convencido de que existe un sentido secreto debajo de las cosas, al que podemos intentar llegar. Los números dan mucha información sobre las cosas. Si sabemos cómo funcionan los números, podremos saber cómo funcionan incluso las personas.

Eres licenciado en Filosofía, por la universidad de Deusto. ¿Nunca hasta ahora habías sentido la necesidad de hacer películas sobre temas de entidad?

Sí, fui estudiante de Filosofía, pero de aprobado (risas). No, en serio, estudié Filosofía porque me divertía mucho y leía muchas cosas interesantes. Además, mientras estaba estudiando trabajaba en el cineclub de la universidad, viendo películas y hacía cortos con amigos. Ése fue el germen de mi dedicación al cine. Mis películas suelen tener guiños a esta etapa de mi vida, como el profesor de El día de la bestia, que es de la Universidad de Deusto.

Creo que aparte de esto, sí que he hablado antes de estos mismos temas en otras de mis películas. Por ejemplo, Seldom es un tipo que al darse cuenta de que no puede llegar a la verdad, se encierra en sí mismo, en su propio mundo. Intenta no salir de él. También eso ocurría en 800 balas. El personaje de Sancho Gracia se recluía en un mundo de indios y vaqueros para evitar enfrentarse a la realidad. El niño se introducía en ese mundo e intentaba encontrar algún sentido a su vida. Ésa es la función que aquí tiene el personaje de Elijah Wood, Martin, que busca encontrar al asesino. Creo que la evolución del film es sorprendente porque se llega a la conclusión de que no está claro que tenga sentido buscar al asesino, que al buscarlo puedes llegar a ser responsable de lo que está ocurriendo. El hecho de vivir te obliga a ser culpable, a equivocarte, a cometer errores.

Llevar al cine una historia tan compleja e intentar que el público no se perdiera debió ser complicado.

Al guionista Jorge Guerricaechevarría y a mí nos asustaba mucho la adaptación, porque casi toda la novela está construida con diálogos. Teníamos miedo de que en la película conversaran mucho, pero no avanzara la acción. Lo importante era llevar la historia a la pantalla de una forma atractiva y amena. Intentamos quitar parte del material, no hablar de algunos temas que aparecen en la novela, pero entonces nos dábamos cuenta de que cualquier eliminación le quitaría al film todo el sentido. Por ejemplo, teníamos que hablar de que las series lógicas pueden tener cualquier tipo de continuación. Siempre es posible encontrar una fórmula que valide esa serie. Si quitábamos eso, la película dejaba de tener gracia. Para explicarlo sin dormir hasta a las piedras, decidimos contarlo en un flash-back, y lo planteamos como un pequeño corto dentro de la película.

¿Supone un cambio radical en su carrera rodar una cinta de intriga como ésta totalmente en serio?

Es un film distinto a mis anteriores trabajos. Hasta ahora no me había atrevido a tocar el género directamente. Siempre lo he visto a través de la comedia, de la farsa, como en Crimen Ferpecto o La comunidad. Igual es porque soy un poco como Seldom, no me atrevo a tomarme las cosas en serio. Nunca me había atrevido, hasta ahora. He pensado que en vez de hablar del género, esta vez iba a hacer ese género. Y he disfrutado mucho haciéndolo.

Junto con la película televisiva La habitación del niño, de la serie Películas para no dormir, esta cinta, Los crímenes de Oxford, es tu primera película en la que prescindes por completo de tu característico humor negro. ¿Decepcionará a tu público habitual o crees que tus incondicionales habrán ido madurando contigo?

A mí me encanta todo lo que he hecho. Me gusta la comedia, y probablemente la vuelva a hacer, pero no todos tenemos ganas de reírnos todo el tiempo. Billy Wilder era el gran maestro de la comedia, pero también hizo Días sin huella, que era un drama terrible. No me quiero comparar con él, pero su público iba a ver la película y decía que no entendía nada, porque no veían dónde estaba la gracia. Espero que a mí no me pase y que no se decepcionen conmigo. Es cierto que conozco a mucha gente que se ha acostumbrado a que ruede un tipo determinado de cine, y que se van a quedar completamente descolocados.

Creo que todos evolucionamos en la vida, todo eso influye, así como el hecho de haber tenido hijas. Y aunque tengo alguna que otra idea para alguna comedia, también tenía ganas de probar cosas nuevas. Era un reto, y una lucha contra la imagen que yo estoy dando de mí mismo.

Siempre habías querido hacer un film en serio, pero al parecer no había sido posible. Recuerdo haber leído tu libro ‘La bestia anda suelta’, en el que contabas que El día de la bestia querías hacerla en tono de cine de terror, pero no fue posible. ¿Tenías clavada la espinilla de no haber rodado una película seria?

Sí, de hecho, antes de ser una comedia iba a ser una cinta de terror puro y duro. Teníamos previsto un akelarre terrible en las torres Kio. Cuando el cura llegaba, se encontraba al niño rodeado de sacos, todos llenos de bebés muertos. Entre todos los cadáveres, él veía que uno de los bebés seguía vivo y trataba de salvarle. Era todo mucho más brutal.

¿Por qué no pudo rodarla así ni ha podido hacer hasta ahora un film en serio?

Lo cambiamos por una comedia, a ver si así teníamos más posibilidades. Pero los productores seguían sin querer apostar por eso ni por nada. Todo el mundo me decía que era una película totalmente errónea. Recuerdo que el que la produjo, que era uno de los máximos responsables de Sogecine en aquel momento, me dijo que la película era una tontería. Que por favor fuera al cine a ver una que acababan de rodar ellos para que me enterase de lo que era el cine de verdad.

¿Qué película era?

Eso no te lo voy a decir. Pero me dio una entrada y todo. Me dijo que la viera, que aprendiera lo que era el cine, y que luego le volviera a llamar. Pero no le volví a llamar. Lo que pasa es que después, Lolafilms dio luz verde al proyecto, y entraron en coproducción con Sogecine, así que paradójicamente ese personaje tuvo que producir la película. Cuando la terminé de rodar me dijo: “¡Vaya gamberrada has hecho!”. Supongo que cuando vio las cifras de recaudación ya no le parecía tan gamberrada.

¿Por qué hemos tenido siempre tanto miedo en España a hacer cine de género?

En España la gente tiene mucho miedo a hacer cine, en general. Es arriesgado. No tienes un capital detrás que te permita equivocarte. si cometes un error, puede que no vuelvas a hacer cine. Es tu última película. Es lógico que queramos hacer cosas, estando seguros de que no vamos a morir. Los productores se sienten presionados e intentan ir sobre seguro. Pero eso es muy difícil, porque en realidad los productores no saben qué funcionará en taquilla. Los directores tampoco lo sabemos, porque nunca nos planteamos eso. Nos llena el hecho mismo de rodar una película. Creo que nos concentramos en la parte creativa y nos olvidamos del mundo. Queremos hacer una película y punto. Si luego da dinero, mejor. El hecho de hacerla nos hace felices. Es como comer. El simple hecho de comer nos llena, no es necesario que nos aplaudan. Si luego te aplauden, fenomenal.

¡Parece increíble haber fichado a Elijah Wood como protagonista!

¡A mí también me parece mentira! De hecho, no pensaba que una cosa así sería posible. Me enfadé mucho con los productores cuando me dijeron que le habían mandado el guión porque me parecía que íbamos a invertir demasiado tiempo para nada. Y resulta que por casualidades de la vida, al final le llegó el guión, y al día siguiente nos llamó. Lo leyó en una noche. Cogió un avión para entrevistarse con nosotros y nos dijo que quería hacer la película. Yo, como ya soy un poco ‘perro apaleado’ le pedí por favor que no me dijera eso, porque no me lo creía. Él no podía asegurarme algo así, porque no le había dicho cuánto iba a cobrar. Probablemente no podríamos pagar su caché. Así que él me respondió que eso no iba a ser un problema. Que iba a intentar cobrar todo lo posible, por supuesto, pero que al final la iba a rodar. Le di un gran abrazo y le di las gracias.

El hecho de que Elijah Wood aceptara os obligó a reescribir el papel para él, probablemente, porque en la novela su personaje es un argentino. ¿Fue así?

Sí que lo tuvimos que adaptar, pero fueron modificaciones menores, porque encajaba muy bien en la trama pasarle de argentino a estadounidense. Lo importante es que es alguien de fuera de Oxford, que es rechazado porque no forma parte de la élite británica. Le pegaba mucho al personaje ser un americano, que viene de Arizona, y que vive en una extraña roulotte.

Fue una gozada trabajar con Elijah. No sólo es un buen actor, sino una delicia de persona que me ha ayudado muchísimo a hacer la película. Es una estrella, porque ha iluminado mi vida. Tiene una bondad y una forma de trabajar que no había visto nunca, caracterizada por una entrega absoluta y una confianza ciega en lo que yo estaba haciendo.

Normalmente, cuando hago una película, mi labor suele consistir en convencer a los demás de lo que tienen que hacer. Eso llega a ser agotador. Al final te tienes que imponer, porque te cansas de tener que ir dándole explicaciones a los actores, a los técnicos, a los eléctricos, al maquillador. A nadie le basta conque le digas ‘haz esto’. Todos me preguntan por qué, y les tengo que explicar todas las razones. Eso es destructivo. Sin embargo, Elijah me dijo que él sería quien me iba a hacer preguntas para intentar adivinar qué es lo que yo quería. El motor no era yo. No hacía falta que yo pusiera en marcha las cosas para intentar que las cosas se produjeran, sino que era él el que intentaba sonsacármelo. Es una gozada trabajar con él, y me daba fuerzas para seguir adelante, porque me dio la impresión de que ese tío creía en lo que yo estaba haciendo.

Por su parte, John Hurt saca adelante un papel de profesor carismático que muy pocos actores podrían haber interpretado.

Pensamos también en Ian McKellen, pero vi El código Da Vinci y decidí que no. Me desencantó por completo. Yo creo que el problema era el guión, pero eso lastraba toda la película. Nos lanzamos a por John Hurt.

A juzgar por sus interpretaciones, parece un hombre fascinante.

Es un tipo fascinante. Cuando nos reunimos con él la primera vez, ya se sabía partes del guión. Un mes después, nos volvimos a ver en Ibiza, porque estaba haciendo algo por allí. Su copia del guión parecía un manuscrito del siglo XVII. Estaba totalmente machacado a notas. Todo lleno de notas. Tenía un control absoluto de su personaje. Gracias a Dios, su visión coincidía con mi manera de ver la película, y no tuve que discutir con él nada, porque habría sido imposible hacerle ceder. Todo lo veía de una forma muy clara. De hecho hubo un par de pequeñas ocasiones en las que tuve que convencerle de que las cosas saldrían mejor de otra manera, y eso me costó muchísimo, porque lo tenía todo muy trabajado. Normalmente no hizo falta, pues su aproximación era muy inteligente.

Lo que quería que hiciera es difícil de interpretar, porque su personaje dice una cosa, pero piensa otra. Quería que se notara sutilmente no sólo que miente, sino que está diciendo algo en lo que no piensa. Además, se tenía que notar cierto sufrimiento, porque improvisa, aunque no puedo contar más sin desvelar parte de la trama. Prefiero que la gente vaya a ver el film si les interesa saber más.

Junto a estos dos actores, parece arriesgado colocar a Leonor Watling.

Quizás era la apuesta más importante, porque no formaba parte de ese mundo anglosajón. Pero se ha desenvuelto de maravilla. La contraté porque es buena actriz, pero también porque como su madre era inglesa, su inglés es perfecto. Me funcionaba muy bien en la trama su aspecto físico, porque se debate entre el amor de Elijah y de John Hurt. Ella es demasiado madura para Elijah, y sin embargo, demasiado joven para John. Está desubicada entre los dos, y esta idea me gustaba mucho. No encaja del todo con ninguno de los dos. Se da la paradoja de que resulta que no es ella quien les da calabazas a ellos, sino que parece que son ellos los que la rechazan. El personaje de John Hurt parece que ha pensado que una relación no saldría bien y le ha dicho que lo tenían que dejar. Por su parte, el personaje de Elijah parece más interesado en el juego intelectual que en mantener una relación con ella. Me han llegado a preguntar que si es homosexual, porque prefiere a Hurt que a Leonor. Pero no es así. En realidad lo que ocurre es que se quiere más a sí mismo que a Leonor, y no quiere lanzarse a por ella.

Al parecer, estás preparando la adaptación al cine de La marca amarilla, un legendario cómic de la serie ‘Blake y Mortimer’, del belga Edgard P. Jacobs. Los aficionados a las viñetas la consideran una de las grandes obras maestras, junto con los álbumes de Tintin. Se comenta que Kenneth Branagh va a ser el protagonista. ¿Qué hay de cierto?

No me lo creo todavía. Hasta ahora, lo que pasa es que el productor quiere que la haga, y se le ha mandado parte del guión, porque no lo hemos terminado. Si no nos sale, existen otros actores que podrían hacerlo. Es una adaptación muy complicada, porque el cómic tiene muchos fans. Entre ellos yo. No quiero estropearlo.

De hecho, me enfrento al problema de que no quiero cambiar nada, pero tengo que hacerlo. Está escrito en un tono muy concreto, ideal para la época en que se publicó, en los 50. Un montón de cosas no funcionan ahora como cuando se hizo. Tengo que darle otra perspectiva, pero el reto es que nadie note los cambios. Quiero ser increíblemente fiel al espíritu. Muchas secuencias van a parecer calcadas de las viñetas.

¿Te consideras parte de esta nueva generación de directores que son fans del material que adaptan? Por ejemplo, Peter Jackson era apasionado de El señor de los anillos, y Guillermo del Toro llevo al cine Hellboy, un cómic que adoraba.

Elijah me va a llevar a Nueva Zelanda a ver a Peter Jackson y conocer sus estudios. Yo ya le conocía, porque presentó Criaturas celestiales en San Sebastián. Igual me voy en febrero. A Guillermo también le conozco. Recuerdo que cuando hice El día de la bestia, él hacía Cronos, y ya por aquel entonces nos sentíamos cerca. Salvando las distancias, creo que tenemos gustos parecidos y una forma de hacer las cosas similar. Por supuesto que de alguna manera me siento parte de esa generación.

Juan Luis Sánchez
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